Yoani Sánchez: “Tengo miedo a vivir con miedo”

Entrevista de Magdalena Piñera a Yoani Sánchez que apareció publicada hoy, 30/04/2015 en el diario Publimetro.

¿Quién es esta mujer que estuvo por primera vez en Chile y que habló con jóvenes, políticos, intelectuales, empresarios y medios de comunicación, transmitiendo esperanzas respecto al futuro cercano de Cuba? “Yo soy una mujer del siglo XXI y Fidel Castro un hombre del siglo XX”. Buena síntesis de su currículum es el que nos entrega- con mucha sensatez y claridad- esta filóloga nacida en 1975 y convertida en bloguera que, desde La Habana misma, a través de la tecnología a su alcance (su Blog ha sido traducido voluntariamente a 17 idiomas, seguido por varios millones y elegido por CNN entre los 25 mejores del mundo) aboga por cambios urgentes y necesarios para Cuba. Elegida por la revista TIME como una de las 100 personas más influyentes del mundo el 2008, aquí nos habla de sus miedos, de la postal retro de La Habana, pero -sobre todo- de sus sueños. “Los cubanos tenemos derecho de vivir otra realidad” dice con una fuerza que convence.

Partimos esta entrevista en un café del Museo Precolombino de Santiago como parte de nuestro recorrido cultural por la ciudad. “En este breve tiempo he podido sentir la solidaridad de los chilenos, tenemos mucho más similitudes de lo que se pueda pensar, porque aunque nos diferenciamos bastante en el marco de libertades, muy restringido en el caso cubano, la libertad es algo que se da como la genética. Ha sido un poco un viaje en el tiempo. Un viaje a esa Cuba donde ya el tema principal no será salir de una dictadura, sino cómo mantener una democracia y como hacer una democracia más efectiva, menos corrupta, más transparente”, nos dice con esa simpleza y tranquilidad de quien está dispuesta a esperar aún más por los cambios necesarios para su patria.

¿Cuándo nace la Yoani disidente?

Yo soy una persona incómoda. He sentido esa sensación de que la situación y la realidad es demasiado opresiva y, en lugar de escapar, me dediqué a volcar todo eso en la herramienta que encontré más a mano que mi Blog Generación Y. Así llegué a convertirme en una “actora” social y cívica, ¡por casualidad! Cuando empecé ese camino me di cuenta que tenía una gran responsabilidad, porque estaba hablando para una comunidad muy lastimada y que mucha gente que no se atrevía a poner aquello por escrito. Entonces lo que empezó como un ejercicio de necesidad personal dió paso a una responsabilidad colectiva.

¿Y cuántos riesgos has tomado y estás dispuesta a tomar?

A lo que más miedo le tengo es a vivir con miedo. Precisamente abrí un blog porque me cansé de tener miedo. Eso me ha provocado situaciones que generan otros tipos de miedo como puede ser el acoso y la represión de la policía política del gobierno, me preocupa y me genera mucha desazón cómo pueden lastimar a mi familia y a mis amigos. Ya yo creo que cuando uno asume ciertas responsabilidades públicas, aunque siguen los temores individuales y personales, empiezas a padecer unos temores mayores que es el costo que van a pagar las personas que quieres. Trato de que eso no me paralice.

¿Cuánto han ayudado las nuevas tecnologías?

Los cubanos somos hoy ciudadanos más informados no por voluntad gubernamental, sino porque nos han llegado toda una serie de artilugios que han permitido que hoy sepamos más. Por si misma la tecnología no decide ser verdugo o víctima. La misma tecnología que libera puede ser utilizada para vigilar, controlar, intimidar. Para mí la tecnología ha sido una verdadera infraestructura al servicio de la libertad.  El Twitter  se ha convertido en una herramienta efectiva para el activismo en Cuba. Nuestro diario digital “14ymedio” nos permite contar- en palabras sencillas y en base a la cotidianeidad- lo que ocurre en nuestra Isla hoy, a 56 años de la Revolución. Ahí decimos una verdad tan sencilla como insoportable: dos jornadas completas de trabajo de un obrero cubano, le dan para comprar una libra de cebolla.

¿Qué sistema vive Cuba?

Es un engendro al que ellos le llaman socialismo. Yo lo llamo totalitarismo, porque es la situación en que un estado, un gobierno y un partido controla absolutamente cada detalle de la vida de los ciudadanos. Es un capitalismo salvaje de Estado que se disfraza con un discurso supuestamente socialista y de izquierdas y bajo un epíteto que es revolución, donde hay un patrón propietario de todas las fábricas y propiedades del país que decide qué producir, en qué cantidad, a qué precio vender, con largas horas laborales para sus trabajadores que no tienen prácticamente ningún derecho. No señor, las revoluciones no duran 56 años. Las revoluciones son un impulso, son un latido de corazón que generan vida y progreso. Por tanto las revoluciones no pueden prolongarse en el poder.

¿Cuántas esperanzas tienen puestas en el acuerdo con Estados Unidos?

No podemos poner nuestras esperanzas en manos de otros. El gobierno norteamericano tiene la intención de facilitar el emprendimiento dentro de la Isla, pero también hay que hacer algo desde la ciudadanía. No podemos quedarnos sentados a esperar que partan Obama y Raúl para el futuro nuestro, porque es nuestro el futuro. Repartir el pastel hacia afuera y no dar ni una migaja hacia adentro me parece que no lleva ningún lado.

¿Cuánto están dispuestos a perder y a ganar? Porque desde fuera muchos ya empiezan a preocuparse del patrimonio y de que La Habana siga siendo la ciudad que hoy conocemos…

Habitar una postal color sepia es algo muy difícil porque cuando se mira desde fuera puede ser bonita las ruina, los autos antiguos, pero cuando uno tiene que trasladarse por toda La Habana en un Chevrolet  de 1948 o cuando un cubano no puede comprar un auto moderno y tiene que conformarse con esa chatarra rodante que hay en las calles, empieza a ver la postal en color sepia de un color gris. La generación de mi hijo está dispuesta a un cambio profundo radical. La generación mía va con mucha más cautela porque siente que sus mejores años profesionales ya están pasando. La generación de mis padres tienen miedo, porque piensa que no podrá sobrevivir o competir en una sociedad donde no sea el Estado el que ponga las normas, donde hay más competitividad, donde dependa más del esfuerzo. Los cubanos somos mucho más diversos de lo que nos pintan.

Fuente: Publimetro