Entradas

Ayaan Hirsi Ali: “Emancipar a las mujeres es la mejor manera de terminar con el islamismo radical”

Durante su visita al país, la activista ex musulmana hoy firme defensora del liberalismo clásico, fue enfática en recalcar la importancia del rol de la mujer como factor central para terminar con el fundamentalismo religioso.

SANTIAGO.- Hasta hace unas semanas, la figura de Ayaan Hirsi Ali era casi completamente desconocida en Chile. Hoy, no es que a todos les suene su nombre, pero ya hay círculos que comienzan a seguir sus postulados, que están leyendo sus libros y se están interesando por los temas que plantea. Y es simple y claro: Ayaan Hirsi Ali se propuso advertir del tremendo problema que podría significar para el mundo el avance del radicalismo islámico.

Habla con la propiedad y seguridad que otorga la experiencia. Creció en una familia que practicaba profundamente el islam en la Somalía de los ’70; tuvo que arrancar del país con sus cercanos y ser nómada en Arabia Saudita, Etiopía y Kenia; sufrió la ablación a los 5 años; en su juventud siguió fervientemente a los Hermanos Musulmanes; en 1992 su padre concertó su matrimonio con un primo que residía en Canadá, al que nunca había visto. “La historia de cualquier muchacha del lugar de donde provengo”, ha sostenido en numerosas ocasiones. Pero ella se rebeló.

Camino a Canadá su avión hizo escala en Alemania y escapó a Holanda, donde pidió la residencia argumentando ser una refugiada. Consiguió la ciudadanía, aprendió el idioma, trabajó de intérprete para los refugiados somalíes que pedían ayuda, reviviendo todo tipo de historias propias. Estudió Ciencias Políticas, hasta que llegó a ser diputada en ese país. Hizo un documental con Theo Van Gogh titulado “Sumisión” (la traducción literal de la palabra árabe Islam), obra que le costó la vida a su socio holandés: fue asesinado por un marroquí en pleno Amsterdam en 2004, mismo año que estrenaron el video en la televisión pública holandesa.

Hoy, Ayaan Hirsi vive en Estados Unidos, trabaja en la Universidad de Harvard y se mueve con un equipo de seguridad que la protege de todas las amenazas a muerte que ha recibido. “Es cierto que he pagado un precio alto por todo esto. Pero yo soy feliz sintiendo que estoy luchando por la libertad de muchos otros”, comentó en La Tercera hace unas semanas.

Islam como doctrina y musulmanes como personas

Este lunes, en un almuerzo en Santiago organizado por Fundación Para el Progreso -que la trajo a Chile para dictar una charla-, Ayaan Hirsi fue clara con los comensales: “Yo distingo entre el islam como doctrina y los musulmanes como personas. No todos los que siguen al Corán son extremistas”. Y este punto es central en su pensamiento, porque hasta el 2011, ella estaba convencida de que el problema era el Corán y por ende, toda persona que siguiera a Alá, estaba condenada a ser fundamentalista. Sin embargo, llegó la llamada “Primavera Árabe” y con ella cambió su visión.

“En 2011 me di cuenta que hay una corriente reformista, que hay musulmanes que se atreven a decir públicamente que no hay que tomar el Corán literal, sino que poner las palabras escritas en contexto”, explicó. “Es como lo que hizo Lutero: si uno analiza el Antiguo Testamento de la Biblia también es muy fuerte, pero no lo toman literal”, continuó.
Y ahí viene una de sus principales teorías y por la que recorre el mundo -ahora Chile- creando consciencia: “Si no se toma literalmente el Corán, puede empezar a permear el pensamiento crítico, que es lo único que lleva a la libertad. No hay que enseñar qué pensar, sino cómo pensar. Y eso es lo que ha hecho (hasta ahora, recalca, con un dejo de escepticismo en su cara) Occidente”. Así, sigue la conversación hasta que llega a su punto central. Explica que permitir relativizar el Corán puede terminar con la opresión a la mujer. Si esto ocurre, dice, “la mujer musulmana puede aspirar a ser igual al hombre y ahí vendrá el verdadero cambio. Emancipar a las mujeres es la mejor manera de terminar con el islamismo radical”, sentenció.

Y este mismo postulado dicho directamente hoy en un almuerzo es el que sostiene en su primer libro, que retrata su historia. “A las mujeres se les niegan sus derechos sociales y económicos en nombre del islam, y mujeres ignorantes crían hijos ignorantes. Los hijos que ven cómo sus madres son golpeadas aprenden a usar la violencia”, describe en el texto Infiel.

En este contexto, la noticia de que las mujeres recién en 2018 tuvieran permiso para manejar en Arabia Saudita, para ella no es nimia: “es un hecho trascendental para toda musulmana, la sociedad se empieza a abrir a pensar que las mujeres quizás pueden tener libertad”. Y se ve esperanzada.

En definitiva, Ayaan Hirsi Ali es una activista que a través de su historia quiere hacer consciente a los demás de por qué la libertad es un fin en si mismo y los fundamentalismos -todos ellos- son corrosivos para la humanidad. Ella lo hace poniendo como ejemplo el islamismo duro, pero no tiene problema en extenderlo a los ultra nacionalismos, las políticas identitarias extremas y “todos esos términos que son una manufactura hecha para prohibir cosas y terminar así con el pensamiento crítico. Que se publique todo y luego debatamos, habiendo enseñado a nuestros niños a pensar”, sentencia.

Lecciones de una sobreviviente

Prensa Escrita  La Tercera – Tendencias

Ayaan Hirsi Ali es una somalí que sufrió los tormentos de la cultura islámica y que se ha convertido en una de las voces más críticas del Islam. Elegida por la revista Time como una de las personas más influyentes del mundo, vive hoy entre autos blindados y guardaespaldas que la protegen de una fatua que la condena a muerte. En esta entrevista cuenta parte de su increíble vida y las razones por las que muchos la consideran una amenaza. Llega a Chile a mediados de enero, invitada por La Otra Mirada.

Pocos días antes de viajar a Estados Unidos, recibo un mail firmado por un asistente de Ayaan Hirsi Ali, donde me explica que el lugar de la entrevista sólo será comunicado 24 horas antes.

Y me recuerda que, por motivos de seguridad, no puedo referirme al lugar ni a la ciudad donde estaremos. Sólo puedo decir que el encuentro sucedió en California. El día en cuestión ya me sentía viviendo una suerte de película cuando entré a un lujoso hotel en California. Siguiendo las instrucciones, esperé en el lobby.

Al poco rato apareció un personaje inconfundible para cualquiera que sigue series de acción norteamericanas: hombre, dos metros de alto, otro de ancho, pelo corto, traje azul y una insignia con la bandera de Estados Unidos en la solapa. Pensé que sería sometido a un interrogatorio, en un cuarto oscuro, lleno de seguridad.

Pero el hombre se limitó a saludarme y llevarme a la terraza del hotel. ‘Tienes 30 minutos’, me dijo y desapareció. Al instante, se me acerca una mujer alta y muy guapa, vestida con un impecable traje de dos piezas, con un elegante pañuelo de seda al cuello. Me tiende la mano y me dice: ‘Andrés, como estás, soy Ayaan’.

Mi cara de sorpresa debe haber sido muy notoria, porque ella sonríe como diciendo: ya sé, imaginabas una mujer con burka y te encuentras conmigo. Y claro, yo no pensaba encontrarme con una fundamentalista, pero tampoco con una mujer sacada de una revista.

-Perdón, es que cuesta asimilar el personaje con la persona real…
-Te entiendo, a muchos les pasa. Pero, al final, todo depende de la forma como mires mi historia. Es cierto, mi vida nunca ha sido fácil, pero mira donde estamos: un lugar precioso, en un país increíble, donde puedo gozar de la libertad, de muchas cosas. Incluso de mi nuevo Iphone -dice, riendo. ‘Mujer. Negra. Musulmana. Nací en 1969 y me crié en Somalia, Arabia Saudita, Etiopía y Kenia.

Vine a Europa en 1992, a la edad de 23 años y fui elegida diputada por el Parlamento holandés. Hice una película con Theo y ahora vivo con guadaespaldas y circulo en coches blindados’. Ayaan Hirsi Ali resume así sus 49 años de vida. Críptica, de pocas palabras, casi como queriendo esconder su verdadera historia, una que nunca ha dejado de bordear los límites: dolor, desesperanza, temor, muerte, fe.

Pero también carácter, lucha, pasión y mucha valentía. Si su vida fuera una película, sería mala Porque supera los espacios de la imaginación. ‘Es poco menos que un milagro que Ayaan Hirsi Ali, una de la heroínas de nuestro tiempo, esté todavía viva’, sentencia Mario Vargas Llosa en un artículo publicado en el diario El País.

Y tiene razón, por su historia llena de sufrimiento y dolor, como por su presente, viviendo entre guardaespaldas, luego de que fanáticos musulmanes le pusieron una fatua que la condena a muerte por su participación en el documental Submission que filmó en 2004 junto al director Theo van Gogh.

En la cinta se describen los horrores de una mujer musulmana que es sometida a la sumisión, el maltrato e incluso la violación por varones musulmanes. Provocó tal furia en los fundamentalistas que, a los pocos meses, Van Gogh fue acribillado a balazos, degollado y su cuerpo fue abandonado con una nota que advertía que Ayaan sería la próxima.

De ahí su vida pasó de refugio en refugio, protegida siempre por equipos de seguridad, con pocos espacios de libertad. Esa que le había costado más de 30 años conseguir. Parte de esta historia y su visión sobre la libertad es la que Ayaan Hirsi Ali expondrá en Chile el martes 15 de enero, en un evento organizado por La Otra Mirada, plataforma que busca incentivar el debate en nuestro país y que con esta visita celebra su décima conferencia.

No es casualidad que así sea. Porque la primera de estas conferencias, en 2014, correspondió al historiador británico Niall Ferguson, que tuvo gran repercusión. En esa ocasión, alguien me comentó: ‘Ferguson es espectacular, pero mejor aún es su mujer: Ayaan Hirsi Ali’.

Alguien de la organización tomó nota de aquello, pero no fue fácil. Pasaron casi cinco años de gestiones y preparativos para que Ayaan pudiera concretar su visita a Chile, con una conferencia que tiene un sugerente título: ‘Infiel. Nómada. Hereje.’ I. Infiel ‘Esta niña no va a vivir’, fueron las primeras palabras de su madre al verla nacer en el hospital de Digfer de Mogadiscio, Somalia.

Tampoco iba a vivir cuando al tiempo se enfermó de malaria y neumonia. Ni cuando, a los cinco años, le extirparon sus genitales para ‘purificarla’ y creyó morir de dolor, y después de una herida que no cicatrizaba. También iba a morir cuando su maestro de Corán le fracturó el cráneo. Pero vivió. Supo encontrar ‘salidas de emergencias’, como ella dice.

-Sorprende su dura infancia y aún más que se haya podido recuperar de una vida plagada de miedos y dolores.
-Sigo viva y eso es mucho más de lo que pueden decir millones y millones de mujeres musulmanas que han tenido que rendirse, que viven encerradas en una jaula llamada Islam.

¿Cuántas mujeres nacidad en el hospital donde yo nací siguen vivas? ¿Y cuántas de ellas tienen su propia voz? No quiero que mis argumentos se consideren sólo por las experiencias terribles que he vivido. En realidad mi vida ha estado marcada por la buena fortuna.

Quizá lo que ella llama buena fortuna es haber escapado del horror en que vivía y, mucho después, liberarse del Islam. Porque su historia parte con una educación enmarcada dentro de la más severa observancia musulmana: fue obediente, leyó el Corán, uso la burka, celebró la fatua que condenaba a muerte a Salman Rushdie. Pero luego vinieros las dudas. Primero, a la forma como se menospreciaba el rol de la mujer.

Después al fanatismo religioso. Por eso, cuando a sus 23 años sus padres quisieron casarla con un lejano pariente en contra de su voluntad -como es la costumbre-, dijo basta: huyó y pidió asilo en Holanda. ‘Julio del 1992 es la fecha clave de mi vida. Fue cuando finalmente pude salir de África y llegar primero a Alemania y luego a Holanda’, dice.

-¿Cuál fue la reacción de su familia?
-Inicialmente fue muy mala. Mi padre me envió un carta donde me recordaba que había deshonrado a toda la familia y me dijo que había pedido a Alá que me castigara. Mi madre, sorpresivamente, fue más comprensiva, pero igualmente muy firme. Por suerte, el tiempo fue limando las cosas.

-En su libro cuenta que adaptarse a Occidente no fue fácil. Incluso le costó mucho cambiar su vestimenta.
-Es verdad. Lo de la ropa fue divertido, porque yo quería aprender a andar en bicicleta y con las largas faldas era imposible. Entonces me compré unos pantalones muy grandes para que no se marcara mi cuerpo.

Así me sentía que no estaba contradiciendo las enseñanzas de mis padres. No sólo logra comenzar una nueva vida, sino que además algo inesperado en ese tiempo para una refugiada: terminar un magíster en Ciencias Políticas. ‘Todos me decían que no era posible, pero yo insistí porque para mí era muy importante entender y participar de la sociedad en que estaba viviendo’.

Como nunca antes, su vida era grata y apacible y parecía encaminarse hacia los libros, la academia y los estudios. Y así, su historia hubiera sido heroica, pero desconocida. Pero el destino se cruzó nuevamente en su camino.

Esta vez de manera insospechada. Ayaan, como miles de millones de personas en el mundo, se encontraba viendo con horror las imágenes del atentado del 11 de septiembre del 2001. Hay una toma que la marca para siempre. Es una escena filmada en la ciudad holandesa de Ede, donde había vivido: un grupo de musulmanes celebraba el atentado.

Se enfureció. De la ira pasó a rebelión cuando sus amigos holandeses y analistas de todo el mundo llamaban a no responsabilizar al Islam por lo ocurrido. ‘Son grupos marginales, locos, pero la mayor parte de los musulmanes no creen en esto’, decían. Ella miraba esto con espanto; en su fuero interno había llegado a la conclusión contraria: el problema de fondo es el Islam.

Partió escribiendo un artículo al respecto sin grandes pretensiones. Pero la cosa ardió como pólvora y la llevó a las portadas de los principales diarios y canales de televisión. Se convirtió en una figura en toda Europa, donde era invitada a dar charlas. Ayaan decidió que ésta sería su cruzada contra el Islam. ‘Cualquier creencia que elimina la libertad política, de educación y de las mujeres es retrógrada y debe ser condenada. Y eso es el Islam’, repetía.

Llegó la fama. Le ofrecieron postular como diputada al Parlamento holandés y salió elegida con una de las primeras mayorías. Pero también llegó el miedo. Al comienzo pequeñas amenazas, luego situaciones preocupantes. Después del asesinato de Theo van Gogh, su situación es insostenible. La policía decretó que su nivel de riesgo era máximo. II. Nómada

-Se podría decir que siempre fue una nómade. Su infancia transcurrió en muchos países: Somalia, Kenia, Arabia Saudita.
-Fue un período muy violento en la zona, con dictaduras muy sangrientas, lo que nos obligaba a trasladarnos constantemente, viviendo en campos de refugiados y de la caridad del clan de mi familia. La mayoría de las veces no teníamos casa propia. Había que aprender nuevos idiomas y culturas.

-Tras la muerte de Theo comienza a vivir de nuevo lo mismo.
-Es cierto, pero esta vez fue un comienzo muy duro porque durante meses la policía me obligó a vivir en casas distintas cada noche. Incluso estuve un tiempo en una base militar, la única forma que pensaron podía estar segura. Lo peor era la incomunicación: mis movimientos, llamadas, visitas estaban totalmente restringidos.

No podía ver a mis amigos; nadie podía saber dónde estaba. La sacaron del país y la llevaron a Estados Unidos por un tiempo para protegerla. Allí la situación no fue distinta. Hoteles clandestinos, diversas ciudades, cada vez un peligro distinto. Cuando finalmente volvió a Holanda, todo había cambiado.

Ya no era una figura grata. Le quitaron su nacionalidad, acusándola de haber mentido al momento de solicitar asilo. Sus vecinos pidieron que la expulsaran de su casa por considerarla un peligro para su seguridad. Así las cosas, el año 2006 no dudó en aceptar un puesto que le ofrecieron en el American Enterprise Institute en Washington. Ese mismo año, la revista Time la eligió entre las 100 personas más influyentes del mundo. III. Hereje

-En su libro sobre su vida, usted dice que alcanzó la libertad cuando llegó a Holanda. Uno diría que es relativo, ya que vive rodeada de seguridad, guardias y coches blindados. No sé si ello es vivir en libertad.
-Es cierto que he pagado un precio alto por todo esto. Pero yo soy feliz sintiendo que estoy luchando por la libertad de muchos otros. Es el camino que escogí y no me arrepiento.

-¿Cómo es vivir sabiendo que está amenazada de muerte?
-Siempre digo que debe ser parecido a enterarse que se tiene una enfermedad crónica. Puede recrudecerse y matarte, o puede que no. Tal vez suceda en una semana o tal vez tarde años. O no suceda nunca y muera de manera natural. A diferencia de Occidente, yo nací en África, donde la muerte está en cada esquina. Por eso hoy, incluso amenazada y con guardaespaldas, siento un privilegio el estar viva.

-Estados Unidos la acogió, pero igual ha sufrido la ira de grupos liberales que no aceptan sus críticas al Islam. Como cuando la Universidad de Brandeis decidió quitarle la invitación a ser doctor Honoris Causa por la presión de grupos de estudiantes que la consideraron casi una hereje.
-Lo que pasa es que hay una gran incompresión del Islam en el mundo occidental. Y ello es un reflejo de un problema grave en la educación de Occidente. Y es la incapacidad de discutir los temas.

Estamos atrapados en lo políticamente correcto, que para mí es la mejor definición de la ignoracia y comodidad. Por eso uno de los ejes de mi fundación (AHA Foundation, creada en 2007) es el desarrollo del pensamiento crítico. Ese que nos hace entender y mirar las cosas desde diferentes ángulos, para desafiar los argumentos y no quedarnos en ideas preconcebidas.

-Una de las costumbres más violentas que usted sufrió y relaciona con el Islam es la ablación genital femenina. ¿Cuál es el sentido de esa práctica?
-Mi abuela decidió que nos sometería al rito junto a mi hermana. Todo esto, en contra del deseo de mi padre, pero él no estaba. De eso sólo recuerdo el dolor.

En Somalia, donde casi todas las niñas están mutiladas, esta práctica se justifica siempre en nombre del Islam. Si las niñas no son purificadas, serán poseídas por los diablos, caerán en el vicio, la perdición y se prostituirán. Es un horror por el cual miles de niñas mueren durante o después de la ablación, a causa de las infecciones.

-Con frecuencia se invoca que cosas como ésas son inherentes a la cultura musulmana. Que nosotros debemos respetarlas.
-Ése es un error fundamental. Yo sufrí muchas cosas bajo el argumento que era parte de mi cultura. Yo no quería que me cortaran los genitales, no quería ser tratada como un ser inferior por ser mujer, ni quería que me obligaran a casarme contra mi voluntad.

Y ninguna de las mujeres que conocí y conozco quería aquello. Entonces, el punto central no es la cultura, sino la libertad de las personas. Las sociedades que dicen defender la libertad no pueden estar de acuerdo con las prácticas del Islam, que fomenta justo lo contrario.

-¿No cree que puede haber un Islam moderado?
-¿Parece civilizado o moderado provocar un sufrimiento intolerable a las mujeres? ¿Es civilización violar los derechos humanos haciendo de las esposas y las hijas una propiedad?

-Hablando de los derechos de las mujeres, ¿que opinión tiene del ‘Me Too’?
-No tengo una opinión definida porque no entiendo bien lo que busca, ni qué piensan sus líderes porque no sabemos tampoco quiénes son. ‘Me Too’ es como una avalancha de situaciones muy diversas, algunas muy válidas, pero otras más bien discutibles, que al final pueden dejar a las mujeres en un papel disminuido.

Y lo peor es que de pronto se asemeja a un movimiento político, lo cual lo desdibuja y lo hace perder su esencia. Amablemente, la asistente de Ayaan me recuerda que el tiempo se acabó.

Y que si necesito fotografías no tendrían problemas en mandármelas. Pero en un arrebato de confianza le digo que es importante tener una foto con ella. Que debe haber un testimonio visual de la entrevista. Se miran las dos y luego acceden, con una condición: la fotografía no debe mostrar nada que delate el lugar donde estamos. Y claro, lo único que tenemos para sacarla es el teléfono. El trámite dura unos segundos, pero cuando miro la imagen me fijo en la expresión de Ayaan. Ella sí sabe mirar con convicción. Es una estrella.

Y entonces recuerdo el final del texto de Vargas Llosa: ‘Que extraordinario es que sea una somalí, educada en Arabia Saudí y Kenia, capaz de romper el oscurantismo y la barbarie que quisieron imponerle, quien defienda con tanta convicción y tanto fuego la cultura de la libertad, la mejor contribución de Occidente al mundo, ante unos auditorios occidentales apáticos y escépticos, que ignoran lo privilegiados que son y el tesoro que poseen, y que tenga que ser Ayaan Hirsi Ali, después de pasar por el infierno, quien venga a recordárselo’.

 

Infiel. Nómada. Hereje

Fuente: www.latercera.com

Ayaan Hirsi Ali es una somalí que sufrió los tormentos de la cultura islámica y que se ha convertido en una de las voces más críticas del Islam. Elegida por la revista Time como una de las personas más influyentes del mundo, vive hoy entre autos blindados y guardaespaldas que la protegen de una fatua que la condena a muerte. En esta entrevista cuenta parte de su increíble vida y las razones por las que muchos la consideran una amenaza. Llega a Chile a mediados de enero, invitada por La Otra Mirada.
Pocos días antes de viajar a Estados Unidos, recibo un mail firmado por un asistente de Ayaan Hirsi Ali, donde me explica que el lugar de la entrevista sólo será comunicado 24 horas antes. Y me recuerda que, por motivos de seguridad, no puedo referirme al lugar ni a la ciudad donde estaremos. Sólo puedo decir que el encuentro sucedió en California.

El día en cuestión ya me sentía viviendo una suerte de película cuando entré a un lujoso hotel en California. Siguiendo las instrucciones, esperé en el lobby. Al poco rato apareció un personaje inconfundible para cualquiera que sigue series de acción norteamericanas: hombre, dos metros de alto, otro de ancho, pelo corto, traje azul y una insignia con la bandera de Estados Unidos en la solapa. Pensé que sería sometido a un interrogatorio, en un cuarto oscuro, lleno de seguridad. Pero el hombre se limitó a saludarme y llevarme a la terraza del hotel. “Tienes 30 minutos”, me dijo y desapareció.

Al instante, se me acerca una mujer alta y muy guapa, vestida con un impecable traje de dos piezas, con un elegante pañuelo de seda al cuello. Me tiende la mano y me dice: “Andrés, como estás, soy Ayaan”.

 

Mi cara de sorpresa debe haber sido muy notoria, porque ella sonríe como diciendo: ya sé, imaginabas una mujer con burka y te encuentras conmigo. Y claro, yo no pensaba encontrarme con una fundamentalista, pero tampoco con una mujer sacada de una revista.

-Perdón, es que cuesta asimilar el personaje con la persona real…
-Te entiendo, a muchos les pasa. Pero, al final, todo depende de la forma como mires mi historia. Es cierto, mi vida nunca ha sido fácil, pero mira donde estamos: un lugar precioso, en un país increíble, donde puedo gozar de la libertad, de muchas cosas. Incluso de mi nuevo Iphone -dice, riendo.

“Mujer. Negra. Musulmana. Nací en 1969 y me crié en Somalia, Arabia Saudita, Etiopía y Kenia. Vine a Europa en 1992, a la edad de 23 años y fui elegida diputada por el Parlamento holandés. Hice una película con Theo y ahora vivo con guadaespaldas y circulo en coches blindados”. Ayaan Hirsi Ali resume así sus 49 años de vida. Críptica, de pocas palabras, casi como queriendo esconder su verdadera historia, una que nunca ha dejado de bordear los límites: dolor, desesperanza, temor, muerte, fe. Pero también carácter, lucha, pasión y mucha valentía. Si su vida fuera una película, sería mala. Porque supera los espacios de la imaginación.

“Es poco menos que un milagro que Ayaan Hirsi Ali, una de la heroínas de nuestro tiempo, esté todavía viva”, sentencia Mario Vargas Llosa en un artículo publicado en el diario El País. Y tiene razón, por su historia llena de sufrimiento y dolor, como por su presente, viviendo entre guardaespaldas, luego de que fanáticos musulmanes le pusieron una fatua que la condena a muerte por su participación en el documental Submission que filmó en 2004 junto al director Theo van Gogh.

En la cinta se describen los horrores de una mujer musulmana que es sometida a la sumisión, el maltrato e incluso la violación por varones musulmanes. Provocó tal furia en los fundamentalistas que, a los pocos meses, Van Gogh fue acribillado a balazos, degollado y su cuerpo fue abandonado con una nota que advertía que Ayaan sería la próxima. De ahí su vida pasó de refugio en refugio, protegida siempre por equipos de seguridad, con pocos espacios de libertad. Esa que le había costado más de 30 años conseguir.

Parte de esta historia y su visión sobre la libertad es la que Ayaan Hirsi Ali expondrá en Chile el martes 15 de enero, en un evento organizado por La Otra Mirada, plataforma que busca incentivar el debate en nuestro país y que con esta visita celebra su décima conferencia.

No es casualidad que así sea. Porque la primera de estas conferencias, en 2014, correspondió al historiador británico Niall Ferguson, que tuvo gran repercusión. En esa ocasión, alguien me comentó: “Ferguson es espectacular, pero mejor aún es su mujer: Ayaan Hirsi Ali”. Alguien de la organización tomó nota de aquello, pero no fue fácil. Pasaron casi cinco años de gestiones y preparativos para que Ayaan pudiera concretar su visita a Chile, con una conferencia que tiene un sugerente título: “Infiel. Nómada. Hereje.”

I. Infiel

“Esta niña no va a vivir”, fueron las primeras palabras de su madre al verla nacer en el hospital de Digfer de Mogadiscio, Somalia. Tampoco iba a vivir cuando al tiempo se enfermó de malaria y neumonia. Ni cuando, a los cinco años, le extirparon sus genitales para “purificarla” y creyó morir de dolor, y después de una herida que no cicatrizaba. También iba a morir cuando su maestro de Corán le fracturó el cráneo. Pero vivió. Supo encontrar “salidas de emergencias”, como ella dice.

-Sorprende su dura infancia y aún más que se haya podido recuperar de una vida plagada de miedos y dolores.
-Sigo viva y eso es mucho más de lo que pueden decir millones y millones de mujeres musulmanas que han tenido que rendirse, que viven encerradas en una jaula llamada Islam. ¿Cuántas mujeres nacidas en el hospital donde yo nací siguen vivas? ¿Y cuántas de ellas tienen su propia voz? No quiero que mis argumentos se consideren sólo por las experiencias terribles que he vivido. En realidad mi vida ha estado marcada por la buena fortuna.

Quizá lo que ella llama buena fortuna es haber escapado del horror en que vivía y, mucho después, liberarse del Islam. Porque su historia parte con una educación enmarcada dentro de la más severa observancia musulmana: fue obediente, leyó el Corán, uso la burka, celebró la fatua que condenaba a muerte a Salman Rushdie. Pero luego vinieros las dudas. Primero, a la forma como se menospreciaba el rol de la mujer. Después al fanatismo religioso. Por eso, cuando a sus 23 años sus padres quisieron casarla con un lejano pariente en contra de su voluntad -como es la costumbre-, dijo basta: huyó y pidió asilo en Holanda.

“Julio del 1992 es la fecha clave de mi vida. Fue cuando finalmente pude salir de África y llegar primero a Alemania y luego a Holanda”, dice.

-¿Cuál fue la reacción de su familia?
-Inicialmente fue muy mala. Mi padre me envió un carta donde me recordaba que había deshonrado a toda la familia y me dijo que había pedido a Alá que me castigara. Mi madre, sorpresivamente, fue más comprensiva, pero igualmente muy firme. Por suerte, el tiempo fue limando las cosas.

-En su libro cuenta que adaptarse a Occidente no fue fácil. Incluso le costó mucho cambiar su vestimenta.
-Es verdad. Lo de la ropa fue divertido, porque yo quería aprender a andar en bicicleta y con las largas faldas era imposible. Entonces me compré unos pantalones muy grandes para que no se marcara mi cuerpo. Así me sentía que no estaba contradiciendo las enseñanzas de mis padres.

No sólo logra comenzar una nueva vida, sino que además algo inesperado en ese tiempo para una refugiada: terminar un magíster en Ciencias Políticas. “Todos me decían que no era posible, pero yo insistí porque para mí era muy importante entender y participar de la sociedad en que estaba viviendo”.

Como nunca antes, su vida era grata y apacible y parecía encaminarse hacia los libros, la academia y los estudios. Y así, su historia hubiera sido heroica, pero desconocida. Pero el destino se cruzó nuevamente en su camino. Esta vez de manera insospechada. Ayaan, como miles de millones de personas en el mundo, se encontraba viendo con horror las imágenes del atentado del 11 de septiembre del 2001. Hay una toma que la marca para siempre. Es una escena filmada en la ciudad holandesa de Ede, donde había vivido: un grupo de musulmanes celebraba el atentado. Se enfureció.

De la ira pasó a rebelión cuando sus amigos holandeses y analistas de todo el mundo llamaban a no responsabilizar al Islam por lo ocurrido. “Son grupos marginales, locos, pero la mayor parte de los musulmanes no creen en esto”, decían. Ella miraba esto con espanto; en su fuero interno había llegado a la conclusión contraria: el problema de fondo es el Islam.

Partió escribiendo un artículo al respecto sin grandes pretensiones. Pero la cosa ardió como pólvora y la llevó a las portadas de los principales diarios y canales de televisión.

Se convirtió en una figura en toda Europa, donde era invitada a dar charlas. Ayaan decidió que ésta sería su cruzada contra el Islam. “Cualquier creencia que elimina la libertad política, de educación y de las mujeres es retrógrada y debe ser condenada. Y eso es el Islam”, repetía.

Llegó la fama. Le ofrecieron postular como diputada al Parlamento holandés y salió elegida con una de las primeras mayorías. Pero también llegó el miedo. Al comienzo pequeñas amenazas, luego situaciones preocupantes. Después del asesinato de Theo van Gogh, su situación es insostenible. La policía decretó que su nivel de riesgo era máximo.

II. Nómada

-Se podría decir que siempre fue una nómade. Su infancia transcurrió en muchos países: Somalia, Kenia, Arabia Saudita.
-Fue un período muy violento en la zona, con dictaduras muy sangrientas, lo que nos obligaba a trasladarnos constantemente, viviendo en campos de refugiados y de la caridad del clan de mi familia. La mayoría de las veces no teníamos casa propia. Había que aprender nuevos idiomas y culturas.

-Tras la muerte de Theo comienza a vivir de nuevo lo mismo.
-Es cierto, pero esta vez fue un comienzo muy duro porque durante meses la policía me obligó a vivir en casas distintas cada noche. Incluso estuve un tiempo en una base militar, la única forma que pensaron podía estar segura. Lo peor era la incomunicación: mis movimientos, llamadas, visitas estaban totalmente restringidos. No podía ver a mis amigos; nadie podía saber dónde estaba.

La sacaron del país y la llevaron a Estados Unidos por un tiempo para protegerla. Allí la situación no fue distinta. Hoteles clandestinos, diversas ciudades, cada vez un peligro distinto. Cuando finalmente volvió a Holanda, todo había cambiado. Ya no era una figura grata. Le quitaron su nacionalidad, acusándola de haber mentido al momento de solicitar asilo. Sus vecinos pidieron que la expulsaran de su casa por considerarla un peligro para su seguridad.

Así las cosas, el año 2006 no dudó en aceptar un puesto que le ofrecieron en el American Enterprise Institute en Washington.

Ese mismo año, la revista Time la eligió entre las 100 personas más influyentes del mundo.

III. Hereje

-En su libro sobre su vida, usted dice que alcanzó la libertad cuando llegó a Holanda. Uno diría que es relativo, ya que vive rodeada de seguridad, guardias y coches blindados. No sé si ello es vivir en libertad.

-Es cierto que he pagado un precio alto por todo esto. Pero yo soy feliz sintiendo que estoy luchando por la libertad de muchos otros. Es el camino que escogí y no me arrepiento.

-¿Cómo es vivir sabiendo que está amenazada de muerte?
-Siempre digo que debe ser parecido a enterarse que se tiene una enfermedad crónica. Puede recrudecerse y matarte, o puede que no. Tal vez suceda en una semana o tal vez tarde años. O no suceda nunca y muera de manera natural. A diferencia de Occidente, yo nací en África, donde la muerte está en cada esquina. Por eso hoy, incluso amenazada y con guardaespaldas, siento un privilegio el estar viva.

-Estados Unidos la acogió, pero igual ha sufrido la ira de grupos liberales que no aceptan sus críticas al Islam. Como cuando la Universidad de Brandeis decidió quitarle la invitación a ser doctor Honoris Causa por la presión de grupos de estudiantes que la consideraron casi una hereje.
-Lo que pasa es que hay una gran incompresión del Islam en el mundo occidental. Y ello es un reflejo de un problema grave en la educación de Occidente. Y es la incapacidad de discutir los temas. Estamos atrapados en lo políticamente correcto, que para mí es la mejor definición de la ignoracia y comodidad. Por eso uno de los ejes de mi fundación (AHA Foundation, creada en 2007) es el desarrollo del pensamiento crítico. Ese que nos hace entender y mirar las cosas desde diferentes ángulos, para desafiar los argumentos y no quedarnos en ideas preconcebidas.

-Una de las costumbres más violentas que usted sufrió y relaciona con el Islam es la ablación genital femenina. ¿Cuál es el sentido de esa práctica?
-Mi abuela decidió que nos sometería al rito junto a mi hermana. Todo esto, en contra del deseo de mi padre, pero él no estaba. De eso sólo recuerdo el dolor. En Somalia, donde casi todas las niñas están mutiladas, esta práctica se justifica siempre en nombre del Islam. Si las niñas no son purificadas, serán poseídas por los diablos, caerán en el vicio, la perdición y se prostituirán. Es un horror por el cual miles de niñas mueren durante o después de la ablación, a causa de las infecciones.

-Con frecuencia se invoca que cosas como ésas son inherentes a la cultura musulmana. Que nosotros debemos respetarlas.
-Ése es un error fundamental. Yo sufrí muchas cosas bajo el argumento que era parte de mi cultura. Yo no quería que me cortaran los genitales, no quería ser tratada como un ser inferior por ser mujer, ni quería que me obligaran a casarme contra mi voluntad. Y ninguna de las mujeres que conocí y conozco quería aquello. Entonces, el punto central no es la cultura, sino la libertad de las personas. Las sociedades que dicen defender la libertad no pueden estar de acuerdo con las prácticas del Islam, que fomenta justo lo contrario.

-¿No cree que puede haber un Islam moderado?
-¿Parece civilizado o moderado provocar un sufrimiento intolerable a las mujeres? ¿Es civilización violar los derechos humanos haciendo de las esposas y las hijas una propiedad?

-Hablando de los derechos de las mujeres, ¿que opinión tiene del “Me Too”?
-No tengo una opinión definida porque no entiendo bien lo que busca, ni qué piensan sus líderes porque no sabemos tampoco quiénes son. “Me Too” es como una avalancha de situaciones muy diversas, algunas muy válidas, pero otras más bien discutibles, que al final pueden dejar a las mujeres en un papel disminuido. Y lo peor es que de pronto se asemeja a un movimiento político, lo cual lo desdibuja y lo hace perder su esencia.

Amablemente, la asistente de Ayaan me recuerda que el tiempo se acabó. Y que si necesito fotografías no tendrían problemas en mandármelas. Pero en un arrebato de confianza le digo que es importante tener una foto con ella. Que debe haber un testimonio visual de la entrevista. Se miran las dos y luego acceden, con una condición: la fotografía no debe mostrar nada que delate el lugar donde estamos. Y claro, lo único que tenemos para sacarla es el teléfono. El trámite dura unos segundos, pero cuando miro la imagen me fijo en la expresión de Ayaan. Ella sí sabe mirar con convicción. Es una estrella.

Y entonces recuerdo el final del texto de Vargas Llosa: “Que extraordinario es que sea una somalí, educada en Arabia Saudí y Kenia, capaz de romper el oscurantismo y la barbarie que quisieron imponerle, quien defienda con tanta convicción y tanto fuego la cultura de la libertad, la mejor contribución de Occidente al mundo, ante unos auditorios occidentales apáticos y escépticos, que ignoran lo privilegiados que son y el tesoro que poseen, y que tenga que ser Ayaan Hirsi Ali, después de pasar por el infierno, quien venga a recordárselo”.

Ayaan Hirsi Ali, “la infiel, nómada y hereje” que visitará Chile en enero

ellibero.cl
Invitada por La Otra Mirada, la ex diputada holandesa de origen somalí estará en el país para abordar la necesidad del Islam de renovarse y hablar de cómo la sociedad musulmana ha tratado a las mujeres. “Ha dedicado su vida al activismo, a defender los valores de la sociedad occidental“, señala el director de Relaciones Internacionales de la Fundación para el Progreso.

 

“Su vida ya dice mucho“, explica Rafael Rincón-Urdaneta -director de Estrategia y Relaciones Internacionales de la Fundación para el Progreso y miembro del equipo de La Otra Mirada-, sobre la visita que realizará la intelectual y activista somalí Ayaan Hirsi Ali a Chile el próximo 15 de enero para dictar una charla organizada por la entidad creada por Nicolás Ibáñez.

“Infiel, nómada, hereje” se llama la cita que encabezará la activista, un nombre que para Rincón-Urdaneta resume muy bien la vida de la somalí que a los 23 años se refugió en Holanda para evitar evitar un matrimonio forzado. “Ella es una persona valiente, que ha dedicado su vida al activismo, a defender la libertad en Occidente, a reivindicar los valores de la sociedad occidental“, señala el director de Relaciones Internacionales de la FPP.

Nacida en 1969 en Mogadiscio, la capital de Somalia, Hirsi Ali tuvo una infancia marcada por el exilio que sufrió junto con su familia en diversos países de África y Medio Oriente. Arabia Saudita, Etiopía y Kenia fueron los países que los acogieron, a raíz de la militancia de su padre en el Frente Democrático de Salvación Somalí. Otro aspecto que marcó su niñez fue la mutilación genital femenina a la fue sometida -al igual que la mayoría de las niñas musulmanas africanas-, experiencia que la motivó a convertirse en una opositora de esta práctica.

En medio del exilio, Hirsi Ali abrazó el Islam impulsada por “La Hermana Aziza”, una profesora de religión de una escuela coránica en la estuvo durante su paso por Kenia. Aunque comenzaría a cuestionar su fe al terminar su formación escolar. No obstante, el giro en su vida se produciría en 1992, año en el que su padre concertó su matrimonio con un primo lejano que vivía en Canadá. Sería el comienzo de otro exilio.

Inicialmente estaba presupuestado que ella viajara hasta Alemania para luego tomar rumbo a América, pero el itinerario nunca se concretó pues la futura activista puso como objetivo Holanda, país en el que pidió refugio, condición que le sería concedida un año después.

En los Países Bajos, la joven somalí estudió Ciencias Políticas y trabajó en el Wiardi Beckman Stichting, el centro de estudios del Partido Laborista Holandés. Fue en 2001, tras los atentados del 11 de septiembre, que Hirsi Ali comenzó a a cuestionar su fe y a ganar protagonismo en la política holandesa. De hecho, dos años después fue electa como diputada del Parlamento, apoyada por el Partido Popular por la Libertad y la Democracia.

Fue en 2004, que la activista y política somalí publicó su primer libro The Caged Virgin (traducido al español como “Yo acuso”), texto en el que recopila una serie de ensayos en los que expone la situación que viven las mujeres en las sociedades musulmanas, desde las mutilaciones genitales en la niñez pasando por los matrimonios forzados hasta los asesinatos de honor. En su libro no solamente critica la violencia y maltrato de la sociedad musulmana en general, sino que también lo hace a través de su propia historia y su familia.

El 29 de agosto de ese año, se emitió en la Televisión Pública Holandesa el cortometraje “Sumisión”, realizado por el cineasta Theo van Gogh a partir del guión de Hirsi Ali, en el que una actriz interpreta a cuatro mujeres que fueron abusadas de diferentes maneras. El metraje causó que varios musulmanes amenazaran a la entonces diputada holandesa e incluso motivó que los embajadores Arabia Saludí, Malasia, Sudán y Pakistán solicitaran que fuera expulsada de su partido. Tres meses después, el 2 de noviembre, Van Gogh fue asesinado por Mohammed Bouyeri, un musulmán holandés de origen marroquí, quien en el cuerpo del cineasta dejó una nota con amenazas a la activista somalí.

 

“Su vida ya dice mucho“, explica Rafael Rincón-Urdaneta -director de Estrategia y Relaciones Internacionales de la Fundación para el Progreso y miembro del equipo de La Otra Mirada-, sobre la visita que realizará la intelectual y activista somalí Ayaan Hirsi Ali a Chile el próximo 15 de enero para dictar una charla organizada por la entidad creada por Nicolás Ibáñez.

“Infiel, nómada, hereje” se llama la cita que encabezará la activista, un nombre que para Rincón-Urdaneta resume muy bien la vida de la somalí que a los 23 años se refugió en Holanda para evitar evitar un matrimonio forzado. “Ella es una persona valiente, que ha dedicado su vida al activismo, a defender la libertad en Occidente, a reivindicar los valores de la sociedad occidental“, señala el director de Relaciones Internacionales de la FPP.

Nacida en 1969 en Mogadiscio, la capital de Somalia, Hirsi Ali tuvo una infancia marcada por el exilio que sufrió junto con su familia en diversos países de África y Medio Oriente. Arabia Saudita, Etiopía y Kenia fueron los países que los acogieron, a raíz de la militancia de su padre en el Frente Democrático de Salvación Somalí. Otro aspecto que marcó su niñez fue la mutilación genital femenina a la fue sometida -al igual que la mayoría de las niñas musulmanas africanas-, experiencia que la motivó a convertirse en una opositora de esta práctica.

En medio del exilio, Hirsi Ali abrazó el Islam impulsada por “La Hermana Aziza”, una profesora de religión de una escuela coránica en la estuvo durante su paso por Kenia. Aunque comenzaría a cuestionar su fe al terminar su formación escolar. No obstante, el giro en su vida se produciría en 1992, año en el que su padre concertó su matrimonio con un primo lejano que vivía en Canadá. Sería el comienzo de otro exilio.

Inicialmente estaba presupuestado que ella viajara hasta Alemania para luego tomar rumbo a América, pero el itinerario nunca se concretó pues la futura activista puso como objetivo Holanda, país en el que pidió refugio, condición que le sería concedida un año después.

En los Países Bajos, la joven somalí estudió Ciencias Políticas y trabajó en el Wiardi Beckman Stichting, el centro de estudios del Partido Laborista Holandés. Fue en 2001, tras los atentados del 11 de septiembre, que Hirsi Ali comenzó a a cuestionar su fe y a ganar protagonismo en la política holandesa. De hecho, dos años después fue electa como diputada del Parlamento, apoyada por el Partido Popular por la Libertad y la Democracia.

Fue en 2004, que la activista y política somalí publicó su primer libro The Caged Virgin (traducido al español como “Yo acuso”), texto en el que recopila una serie de ensayos en los que expone la situación que viven las mujeres en las sociedades musulmanas, desde las mutilaciones genitales en la niñez pasando por los matrimonios forzados hasta los asesinatos de honor. En su libro no solamente critica la violencia y maltrato de la sociedad musulmana en general, sino que también lo hace a través de su propia historia y su familia.

El 29 de agosto de ese año, se emitió en la Televisión Pública Holandesa el cortometraje “Sumisión”, realizado por el cineasta Theo van Gogh a partir del guión de Hirsi Ali, en el que una actriz interpreta a cuatro mujeres que fueron abusadas de diferentes maneras. El metraje causó que varios musulmanes amenazaran a la entonces diputada holandesa e incluso motivó que los embajadores Arabia Saludí, Malasia, Sudán y Pakistán solicitaran que fuera expulsada de su partido. Tres meses después, el 2 de noviembre, Van Gogh fue asesinado por Mohammed Bouyeri, un musulmán holandés de origen marroquí, quien en el cuerpo del cineasta dejó una nota con amenazas a la activista somalí.

Su período como diputada terminó de forma anticipada en el 16 de mayo de 2006, cuando la ministra de Inmigración holandesa, Rita Verdonk, decidió retirar la nacionalidad a Hirsi Ali debido a que la activista somalí falsificó su nombre y fecha de nacimiento en la solicitud de refugio que presentó en 1992. La decisión de la secretaria de Estado, quien pertenecía al mismo partido que la ex diputada provocó una crisis en el gobierno neerlandés, debido a que la coalición política se dividió frente a la decisión de retirarle la ciudadanía. De hecho, el entonces Primer Ministro holandés, Jan Peter Balkenede, presentó su renuncia renuncia un mes después, luego que la escritora somalí recuperara la nacionalidad holandesa.

A raíz de este hecho, Hirsi Ali decidió radicarse en Estados Unidos, país en el que trabajó en la organización no gubernamental American Enterprise Institute, que asesoró al gobierno del Presidente George W. Bush. Ese mismo año publicó la primera parte de su autobiografía Infidel (“Mi vida, mi libertad”, en español), la cual sería completada en 2010 con el libro Nomad (“Nómada”).

Esto será parte de lo que la activista contará en su charla del próximo 15 de enero, comenta Rincón-Urdaneta, quien tuvo la oportunidad de hablar con ella y entrevistarla, en una publicación que saldrá próximamente. El director de Estrategia y Relaciones Internacionales de la Fundación para el Progreso además cuenta que Hirsi Ali abordará la advertencia que realiza sobre la necesidad del mundo musulmán de renovarse. Ideas que plantea en sus dos últimos textos: Heretic (“Hereje”, 2015) y The Challenge of Dawa: Political Islam as Ideology and Movement and How to Counter It (2017).

Ayaan Hirsi Ali, “la infiel, nómada y hereje” que visitará Chile en enero

Pais: Chile

Sección: Actualidad Informática

Invitada por La Otra Mirada, la ex diputada holandesa de origen somalí estará en el país para abordar la necesidad del Islam de renovarse y hablar de cómo la sociedad musulmana ha tratado a las mujeres. “Ha dedicado su vida al activismo, a defender los valores de la sociedad occidental’, señala el director de Relaciones Internacionales de la Fundación para el Progreso.
‘Su vida ya dice mucho’, explica Rafael Rincón-Urdaneta -director de Estrategia y Relaciones Internacionales de la Fundación para el Progreso y miembro del equipo de La Otra Mirada-, sobre la visita que realizará la intelectual y activista somalí Ayaan Hirsi Ali a Chile el próximo 15 de enero para dictar una charla organizada por la entidad creada por Nicolás Ibáñez.

‘Infiel, nómada, hereje’ se llama la cita que encabezará la activista, un nombre que para Rincón-Urdaneta resume muy bien la vida de la somalí que a los 23 años se refugió en Holanda para evitar evitar un matrimonio forzado. ‘Ella es una persona valiente, que ha dedicado su vida al activismo, a defender la libertad en Occidente, a reivindicar los valores de la sociedad occidental’, señala el director de Relaciones Internacionales de la FPP.

Nacida en 1969 en Mogadiscio, la capital de Somalia, Hirsi Ali tuvo una infancia marcada por el exilio que sufrió junto con su familia en diversos países de África y Medio Oriente. Arabia Saudita, Etiopía y Kenia fueron los países que los acogieron, a raíz de la militancia de su padre en el Frente Democrático de Salvación Somalí. Otro aspecto que marcó su niñez fue la mutilación genital femenina a la fue sometida -al igual que la mayoría de las niñas musulmanas africanas-, experiencia que la motivó a convertirse en una opositora de esta práctica.

En medio del exilio, Hirsi Ali abrazó el Islam impulsada por ‘La Hermana Aziza’, una profesora de religión de una escuela coránica en la estuvo durante su paso por Kenia. Aunque comenzaría a cuestionar su fe al terminar su formación escolar. No obstante, el giro en su vida se produciría en 1992, año en el que su padre concertó su matrimonio con un primo lejano que vivía en Canadá. Sería el comienzo de otro exilio.

Inicialmente estaba presupuestado que ella viajara hasta Alemania para luego tomar rumbo a América, pero el itinerario nunca se concretó pues la futura activista puso como objetivo Holanda, país en el que pidió refugio, condición que le sería concedida un año después.

En los Países Bajos, la joven somalí estudió Ciencias Políticas y trabajó en el Wiardi Beckman Stichting, el centro de estudios del Partido Laborista Holandés. Fue en 2001, tras los atentados del 11 de septiembre, que Hirsi Ali comenzó a a cuestionar su fe y a ganar protagonismo en la política holandesa. De hecho, dos años después fue electa como diputada del Parlamento, apoyada por el Partido Popular por la Libertad y la Democracia.

Fue en 2004, que la activista y política somalí publicó su primer libro The Caged Virgin (traducido al español como ‘Yo acuso’), texto en el que recopila una serie de ensayos en los que expone la situación que viven las mujeres en las sociedades musulmanas, desde las mutilaciones genitales en la niñez pasando por los matrimonios forzados hasta los asesinatos de honor. En su libro no solamente critica la violencia y maltrato de la sociedad musulmana en general, sino que también lo hace a través de su propia historia y su familia.

El 29 de agosto de ese año, se emitió en la Televisión Pública Holandesa el cortometraje ‘Sumisión’, realizado por el cineasta Theo van Gogh a partir del guión de Hirsi Ali, en el que una actriz interpreta a cuatro mujeres que fueron abusadas de diferentes maneras. El metraje causó que varios musulmanes amenazaran a la entonces diputada holandesa e incluso motivó que los embajadores Arabia Saludí, Malasia, Sudán y Pakistán solicitaran que fuera expulsada de su partido. Tres meses después, el 2 de noviembre, Van Gogh fue asesinado por Mohammed Bouyeri, un musulmán holandés de origen marroquí, quien en el cuerpo del cineasta dejó una nota con amenazas a la activista somalí.

Su período como diputada terminó de forma anticipada en el 16 de mayo de 2006, cuando la ministra de Inmigración holandesa, Rita Verdonk, decidió retirar la nacionalidad a Hirsi Ali debido a que la activista somalí falsificó su nombre y fecha de nacimiento en la solicitud de refugio que presentó en 1992. La decisión de la secretaria de Estado, quien pertenecía al mismo partido que la ex diputada provocó una crisis en el gobierno neerlandés, debido a que la coalición política se dividió frente a la decisión de retirarle la ciudadanía. De hecho, el entonces Primer Ministro holandés, Jan Peter Balkenede, presentó su renuncia renuncia un mes después, luego que la escritora somalí recuperara la nacionalidad holandesa.

A raíz de este hecho, Hirsi Ali decidió radicarse en Estados Unidos, país en el que trabajó en la organización no gubernamental American Enterprise Institute, que asesoró al gobierno del Presidente George W. Bush. Ese mismo año publicó la primera parte de su autobiografía Infidel (‘Mi vida, mi libertad’, en español), la cual sería completada en 2010 con el libro Nomad (‘Nómada’).

Esto será parte de lo que la activista contará en su charla del próximo 15 de enero, comenta Rincón-Urdaneta, quien tuvo la oportunidad de hablar con ella y entrevistarla, en una publicación que saldrá próximamente. El director de Estrategia y Relaciones Internacionales de la Fundación para el Progreso además cuenta que Hirsi Ali abordará la advertencia que realiza sobre la necesidad del mundo musulmán de renovarse. Ideas que plantea en sus dos últimos textos: Heretic (‘Hereje’, 2015) y The Challenge of Dawa: Political Islam as Ideology and Movement and How to Counter It (2017).

Vargas Llosa ante 850 estudiantes: “La educación en el mundo está en crisis”

LaTercera

Ayer el Nobel peruano, de 82 años, dialogó con su hijo Alvaro en el Instituto Nacional, donde habló de sus inicios en la literatura y de su pensamiento político.

En La Moneda recibió la Orden al Mérito Pablo Neruda. Hoy será nombrado Miembro Honorario de la U. Adolfo Ibáñez y mañana presenta La llamada de la tribu.

Ayer en la mañana dos caras recibían al transeúnte que pasaba frente al Instituto Nacional, en pleno centro de Santiago. En la entrada principal un grupo instalaba sillas entre las rejas y gritaba consignas contra el sistema de educación. A pocos metros, al remodelado Centro de Extensión del emblemático liceo ingresaban más de 850 estudiantes, la mayoría de la Región Metropolitana. Entre ellos, alumnos de los colegios Cumbres y Everest, Liceo 1, Liceo 7, Arzobispo Manuel Vicuña y Colegio Alemán de Valparaíso.

Organizado por La Otra Mirada y Fundación para el Progreso, ayer el Premio Nobel de Literatura 2010, el peruano Mario Vargas Liosa (82) sostuvo un diálogo con su hijo periodista, Alvaro. Entre los presentes estaban el alcalde de Santiago, Felipe Alessandri; el rector del Instituto Nacional, Fernando Soto y el empresario Nicolás Ibáñez, presidente de la Fundación para el Progreso.

El encuentro comenzó a las 10.30 con la puesta en escena de una pieza de teatro basada en Día domingo, cuento juvenil de Vargas Llosa, una historia que habla sobre el valor de la amistad y que estuvo a cargo de la compañía La Vereda. “Estaba tan bien hecha y fiel al texto. Me ha emocionado mucho”, dijo más tarde el autor de La casa verde, quien cumple una agenda de numerosas actividades en Chile.

Pasado el mediodía, en La Moneda, recibió la Orden al Mérito Cultural Pablo Neruda de manos del Presidente Sebastián Piñera y la ministra de Cultura, Alejandra Pérez. A las 18.45 sostenía una conversación con Axel Kaiser en el Hotel W (ver pág. 41). Hoy será nombrado Académico Honorario de la U. Adolfo Ibáñez (UAI) y mañana, a las 12.00, en la Biblioteca Nicanor Parra de la UDP, presentará su libro La llamada de la tribu. Ayer, cerca de las 11.00, uno de los escritores centrales del boom latinoamericano subió al escenario junto a su hijo Alvaro, quien le propuso dividir el diálogo en dos partes: literatura y política.

Así, el narrador recordó cuando estudiaba en el Colegio Militar Leoncio Prado, a inicios de los años 50, experiencia que inspiró su primera novela, La ciudad y los perros. “Era probablemente la única institución en el Perú que reproducía, en el nivel escolar, la sociedad peruana y toda su complicación, diversidad y prejuicios”, señaló. Por esos años, ya estaba presente su vocación literaria. “La lectura fue fundamental, una exaltación y una felicidad. La idea de escribir para mí nació de la lectura”, dijo, para después referirse a sus estudios de Derecho y Literatura en la Universidad Mayor de San Marcos.

“La literatura no parecía alimenticia. No era una profesión que la sociedad reconociera y estimulara”, dijo y citó la “suerte” de obtener una beca para estudiar en Madrid, España. “Allá tomé una decisión importante. Si me dedicaba a una carrera nunca llegaría a ser escritor. Entonces decidí dedicar el grueso de mi tiempo a escribir”, apuntó. Ante el presente de la ficción narrativa, Alvaro le señaló que “hoy la literatura tiene muchas más formas de expresarse” y habló de las series de TV y el cine.

El novelista dijo que también ve series y películas, pero cree que “la lectura exige una participación intelectual mayor que la actitud más pasiva de las historias contadas en imágenes”. Y concluyó que las historias que cuentan las pantallas son más efímeras que las que narran las obras de, por ejemplo, Shakespeare, Cervantes y Víctor Hugo. Cinco esquinas (2016) fue su última narración larga. Ahora trabaja en una nueva novela, pero ayer fue esquivo para hablar de ella: “La estoy escribiendo, pero soy supersticioso y creo que si le hablo de ella ya no la escribiré”.

A mitad del diálogo, Alvaro hizo una introducción para hablar del pensamiento de Vargas Llosa, ferviente defensor del liberalismo. Así se refirió a su participación en el grupo Cahuide, fracción del Partido Comunista, en su época universitaria; a su posterior desencanto con la Revolución Cubana, en 1966, y la importante experiencia del gobierno de Margaret Thatcher en el Reino Unido.

El escritor afirmó que la democracia es imperfecta, pero superior a las dictaduras: “No hay razón para que los jóvenes se resignen a ese sistema mediocre que es la democracia. Y es mediocre porque acepta en su seno la diversidad humana; no quiere la perfección, sino una sociedad donde sea posible el progreso sin violencia”. Y agregó : “La educación en el mundo está en crisis.

Por primera vez países desarrollados y subdesarrollados comparten esta experiencia. Con la excepción quizá de Finlandia, que está a la altura de las necesidades de nuestra época”. Entre los presentes, escuchó atento Marcelo Zúñiga, de la Academia de Letras del Instituto Nacional, quien valoró la actividad pero extrañó un diálogo de los estudiantes con el Nobel.

Mario Vargas Llosa: “Hay una lucha entre las pantallas y los libros”

El Mercurio

En diversas actividades de ayer, el escritor peruano habló, en una nueva visita a Chile, de su último libro y de la importancia de defender la cultura escrita.
Ante un grupo de editores periodísticos en la sede de la Fundación para el Progreso, en Providencia, se realizó la primera actividad del escritor Mario Vargas Llosa en su nueva visita a nuestro país. Esta vez, el tenor de sus encuentros estará centrado en su arista de defensor de las ideas del liberalismo, tema de su último libro, ‘La llamada de la tribu’, un conjunto de ensayos biográficos de pensadores de la tradición filosófica liberal que han ido marcando al autor, a través de su vida, en su propia definición política.

La conversación sobre diversos temas de actualidad tuvo, sin embargo, un acento en la preocupación del Nobel de Literatura por la expansión sin control de las redes sociales, a las que juzga ‘la peste de nuestro tiempo’, detallando algunas experiencias personales acerca del peligro que ve en su actual diseminación como portadoras de posverdades, o mentiras, muy difíciles de desmentir o neutralizar.

‘Yo espero que nazca alguna tecnología que permita controlarlas, que nos permita al menos conocer desde dónde nacen estas falsas informaciones’, decía, negando, de paso, terminantemente, llegar a pensar en un tipo de control político o del poder público, como lo insinuara Karl Popper, uno de sus autores reverenciados, respecto de la televisión. ‘Hoy la censura es imposible, pero a costa del fin de la jerarquía de la información’, afirmó. En esa misma línea, Vargas Llosa concluía que, a pesar de que hay intelectuales, como Lipovetsky, que ven efectos más bien positivos en la expansión de internet y las redes sociales —como la imposibilidad de la censura—, cree que hasta hoy el fenómeno ha tenido un efecto muy importante en la banalización y superficialización de los contenidos. ‘Hoy estamos en un período de confusión por efecto de las redes sociales, una suerte de limbo que no sabemos qué rumbo va a tomar’.

Yendo más allá en su preocupación, indicó que hoy ‘hay una lucha entre las pantallas y los libros, y hay que dar la batalla para que las pantallas no prevalezcan y pueda el libro coexistir en este nuevo ambiente. Si no, nos encaminamos a una catástrofe, pues las pantallas superficializan la realidad y marginan las ideas’.

En otro orden, ante la consulta sobre la penetración de las ideas liberales en las sociedades de América Latina, su postura es más bien optimista, pues ve una mayoría de gobiernos democráticos instalados y un franco retroceso de las dictaduras. ‘Es verdad que la izquierda ha conseguido hacer del liberalismo una mala palabra en América Latina y también en Europa, pero debemos pensar que este no es una ideología ni una religión laica, sino una serie de principios básicos, como la prevalencia de la democracia, la libertad de expresión, la tolerancia, la oposición al colectivismo, la defensa de las libertades de las personas, etcétera, que han ido infiltrando a las masas que los aceptan cada vez más’.

FEMINISMO Y MACHISMO
Temas sensibles de la pauta actual, feminismo y machismo, fueron objeto de juicios de parte del escritor peruano. El mismo ha estado en el centro de la polémica, como autor de una columna contra el feminismo extremo, que quiere marginar a grandes autores de la literatura universal, por el supuesto carácter machista de sus obras.

‘La buena literatura siempre va a ser políticamente incorrecta, como es el caso de la novela ‘Lolita’, de Nabokov’, señala. Pero junto con rechazar posturas extremas del feminismo, hay otro que sí es bandera del liberalismo, pues, por ejemplo, ‘no sé de ningún país, hasta ahora, que haya igualado los salarios de hombres y mujeres frente a un mismo trabajo. América Latina es un continente marcado por una tradición machista y eso debe ser combatido desde el Poder Judicial’.

Por último, requerido sobre la afirmación que hiciera el Presidente Piñera en torno al aborto, en su entrevista al diario ‘El Mercurio’, (‘no hay nada más progresista que proteger la vida y no hay nada más cavernario que despreciar la vida’), Vargas Llosa, respondió que, dentro del liberalismo —por no ser una ideología dogmática— puede haber pensamientos contradictorios entre personas que piensan dentro de este cuerpo de ideas, y una de estas son el aborto y la eutanasia. Citando a Popper, concluyó diciendo que ‘la verdad solo existe mientras pueda ser refutada’.

Durante el día, Vargas Llosa cumplió una serie de compromisos para el público. Durante la mañana habló de medios y de literatura ante más de 800 estudiantes en el Instituto Nacional. Posteriormente, se dirigió a La Moneda, donde fue condecorado, en presencia del Presidente Sebastián Piñera, con la Orden al Mérito Artístico y Cultural Pablo Neruda, distinción que fue entregada por la ministra de Cultura, Alejandra Pérez. La última actividad de su primer día fue su conferencia realizada en el hotel W, en torno a la identidad de la persona liberal ante más de mil personas.

Mario Vargas Llosa, escritor peruano y Nobel de Literatura en 2010: “Hay una derecha civilizada en Chile que gana espacios y una cavernaria que retrocede”

Autor: Víctor Cofré, Buenos Aires

Latercera.com

El novelista vuelve en los próximos días a Chile. Presentará su último libro y hablará sobre liberalismo. Como anticipo, aquí describe su propia transformación, se interna en la política chilena, alaba a Piñera y enumera sus preocupaciones para América Latina.

A sus 82, Mario Vargas Llosa pretende demostrar que el Premio Nobel de Literatura que obtuvo en 2010 no lo transformó en una estatua. “Estoy escribiendo una novela. No pregunte sobre qué, eso no se lo voy a decir, porque soy supersticioso y tengo la impresión de que si cuento la historia, ya no podré escribirla”, dice al terminar 31 minutos de conversación en el señorial hotel Alvear, en la capital argentina. El peruano exponía ayer en la Feria del Libro de Buenos Aires su último trabajo, La llamada de la tribu, un ensayo en que presenta a siete pensadores -Smith, Ortega y Gasset, Von Hayek, Popper, Aron, Berlin y Revel- que influyeron en su propio tránsito ideológico hacia el liberalismo, tras su desencanto con el comunismo y la revolución cubana. Sobre ese libro y sobre esas ideas expondrá la próxima semana en su regreso a Chile, invitado por la Fundación para el Progreso y La Otra Mirada, quienes le propusieron responder la pregunta ¿Qué es ser liberal?

¿Nos podría anticipar su respuesta? ¿Qué es ser liberal?

Es creer en la libertad. Liberalismo y libertad son como el anverso y el reverso de una moneda; creer en la democracia, creer que las libertades son una sola, que son indivisibles y que una sociedad que quiere ser libre tiene que serlo en el campo político, en el campo social, en el campo económico, en el campo cultural. El liberalismo es no una ideología, porque las ideologías son como religiones laicas y el liberalismo no cree que tiene respuestas para todo. Hay un puñado de valores que defiende el liberalismo: el individuo, la propiedad privada, la libertad política, pero no tiene respuestas para todo, y reconoce, por lo tanto, la posibilidad del error.

¿El liberalismo es un monopolio de la derecha?

No. Mire, el liberalismo ha sido atacado por la derecha primero y luego por la izquierda. Piense usted en lo que ocurría en el siglo XIX, cuando el liberalismo luchaba por separar a la Iglesia y el Estado, no porque estuviera contra la religión, sino porque si la religión y el Estado se identifican, desaparece la libertad. La religión cree verdades absolutas y no admite entonces la posibilidad del error. En el siglo XX, es la izquierda, sobre todo la extrema izquierda, la que ataca al liberalismo. ¿Por qué lo ataca? Porque el liberalismo ha estado siempre en contra de las dictaduras y la izquierda representaba a la dictadura casi emblemática, que era la sociedad comunista, una sociedad totalmente reñida con los principios de la libertad democrática, que son los que ha defendido siempre el liberalismo. Es una de las razones por las que yo he escrito este libro. El liberalismo ha sido tergiversado, caricaturizado, ridiculizado a través del llamado neoliberalismo, que nadie sabe exactamente qué quería ser. Y se ha presentado al liberalismo como una fachada de la explotación, del imperialismo, del colonialismo, algo que estaba totalmente en entredicho con la verdad. Entonces, ¿cuál es la verdad del liberalismo? Que dentro de la democracia es la corriente que ha impulsado quizás las transformaciones más importantes, por ejemplo, los derechos humanos. Esa es una conquista liberal. El liberalismo siempre estuvo a favor de la igualdad de género. Creo que al liberalismo se deben quizás los avances mayores de la civilización dentro de una estructura democrática.

En el tránsito suyo desde el marxismo al liberalismo, ¿se arrepiente de pensar como pensó en su juventud?

En mi juventud era muy difícil para un joven latinoamericano que tenía inquietudes, que descubría la problemática social, las injusticias sociales, no ser de izquierda y no sentirse muy cerca del marxismo. Todo lo que teníamos al frente eran dictaduras, con poquísimas excepciones, que eran Costa Rica, Chile, Uruguay y pare de contar. (…) Si uno quería salir de eso, si veía que esa situación era una situación de horror, se sentía dentro de la izquierda, y eso me ocurrió a mí. Pensaba que el socialismo, que el comunismo, era la única manera de salir de ese pozo en el que estábamos. Esa fue una equivocación y descubrí militando en el Partido Comunista, un año, en que el comunismo estaba marcado por el estalinismo, por la intransigencia, por la intolerancia, y entonces me aparté, pero seguí siendo socialista en gran parte por la revolución cubana, que a mí me entusiasmó muchísimo, como a muchísimos jóvenes latinoamericanos de mi generación. Luego, ya a mediados de los años 60 comencé a ver que la realidad no era tan bella como lo había querido, empecé a ver aspectos de la revolución cubana que me desencantaron muchísimo, hasta que vino la ruptura a partir del llamado caso Padilla. Yo conocí la URSS más o menos en esa época, fue otro desencanto mayúsculo, y luego viví un período de mucha confusión, de mucha incertidumbre política, en el que, primero, hubo una revalorización de la democracia, descubrir que la democracia no era lo que decía el marxismo, la máscara de la explotación, que en realidad tener libertad de prensa, tener elecciones libres, vivir en la diversidad es algo que hace la vida mucho más respirable, más tolerable. Y luego llegué al liberalismo, como lo explico en este libro, básicamente a través de un proceso intelectual, a través de determinados pensadores. El liberalismo es una doctrina política que admite la diversidad en su seno. Yo diría que quizás el mérito mayor del liberalismo es esa transigencia, esa tolerancia con la diversidad humana, salvo el puñado de verdades que constituyen la esencia de la posición liberal.

Derecha e izquierda incivilizadas

Usted es amigo y adherente del Presidente Piñera. ¿Qué debería hacer distinto en su segundo gobierno respecto del primero?

Bueno, el primer gobierno fue un muy buen gobierno, fue excelente. Hechas las sumas y las restas, fue un gobierno muy positivo, creó cientos de miles, por lo menos un millón, de empleos; las inversiones acudieron a Chile de una manera impresionante. Los niveles de vida subieron en Chile durante esa época y hay que desearle que por lo menos en esta segunda oportunidad Chile siga creciendo. Nos conviene a todos los latinoamericanos que Chile crezca, es un modelo que está allí, que es exitoso, que le costó a Chile muchos sacrificios, pero ahí está, es una locomotora que avanza y América Latina tiene el ejemplo de que aquello es posible, se puede hacer, se ha hecho en Chile.

Hace unos meses, usted habló en Chile de la derecha civilizada y la derecha cavernaria, que se oponía al aborto. ¿Cuál tiene la hegemonía?

Mi impresión es que hay una derecha civilizada en Chile que gana cada vez más espacios y una incivilizada y cavernaria que va retrocediendo y encogiéndose. Y ojalá que eso continúe y se extienda a partir de ahora.

¿El Presidente Piñera le reprochó esas palabras en ese momento?

No me las reprochó. Yo tengo muchas coincidencias con el Presidente Piñera y yo hubiera votado por él si yo hubiera sido chileno. Ahora, tenemos también discrepancias: él no cree en el aborto, él no cree en el matrimonio gay, pues yo sí creo. Estoy seguro de que no cree tampoco en la legalización de las drogas; yo sí creo en la legalización de las drogas. Esas discrepancias entre liberales son normales. Hay liberales creyentes y hay liberales que no somos creyentes, como yo: podemos coincidir perfectamente porque sí estamos de acuerdo en los valores esenciales para el liberalismo, que son la democracia, el individuo, la propiedad privada, la economía de mercado, la libre competencia, la igualdad de oportunidades, esos son los valores centrales, esenciales del liberalismo, y dentro de eso, caben todas las discrepancias habidas y por haber.

En Chile, después del aborto, hoy se discute el matrimonio homosexual; una película repuso el debate sobre la identidad de género de los transexuales; la izquierda propone legalizar la eutanasia. ¿Donde se sitúa un liberal en esas discusiones?

Yo le digo el liberal que soy yo, porque hay liberales que piensan distinto. Me repugna el aborto, como creo que les repugna el aborto sobre todo a las pobres mujeres que tienen que recurrir a él, pero estoy a favor del aborto hasta los tres meses de gestación, porque creo que es una mentira, se suprime solamente para las mujeres pobres, y para las mujeres ricas el aborto es una realidad que está al alcance de las manos. Esa es una terrible injusticia. Estoy a favor de la legalización de las drogas, porque creo que la política represiva no ha servido para que disminuyan ni el consumo ni el comercio, sino todo lo contrario. Estoy a favor de la eutanasia también. Una persona que decide que la vida no vale la pena ser vivida en las condiciones execrables en las que se encuentra, hay que reconocer el derecho a poner fin a su existencia que considera intolerable. Desde luego que estoy de acuerdo con el matrimonio homosexual, creo que es un derecho el poder elegir con toda libertad la vida sexual que se quiere tener. Esa es una gran conquista y creo que es una gran conquista liberal.

¿Por qué estos temas tienen hoy la relevancia que no tenían hace 10 o 20 años?

Porque somos más civilizados, menos bárbaros de lo que éramos antes. No se olvide: a los homosexuales en la Edad Media los quemaba la Inquisición. Hoy no se quema a las personas ya. Y ha avanzado la libertad lo suficientemente como para que aceptemos que la vida sexual debe ser libre, debe ser una libre elección del individuo y debe ser respetado, dentro, por su puesto, de la legalidad. En eso hemos avanzado muchísimo y creo que esas son pequeñas batallas que todavía cuestan trabajo, pero que poco a poco los países más civilizados del mundo, esas batallas ya están ganadas. Y eso es muy importante, eso hace la vida menos cruel para un sector muy importante de la sociedad.

Usted en 2010 habló de una derecha democrática y liberal que reemplazaba a una izquierda democrática y liberal…

Yo creo que es verdad eso: hay una izquierda democrática y liberal y hay una derecha democrática y liberal que se tocan. Un país que llega a tener una mayoría que está en esa posición es un país que avanza muchísimo más rápido en el desarrollo y la civilización.

¿Y esa izquierda ha cambiado? Ahora hay más de una izquierda en Chile, con el Frente Amplio como un símil del Podemos español…

Yo tenía la impresión precisamente, en la época del Presidente Lagos, que la izquierda en Chile se había vuelto una izquierda civilizada y democrática, en buena hora para Chile. Desafortunadamente, esa corriente no se ha seguido expandiendo, ha habido una especie de regresión y me alegro muchísimo de lo ocurrido en estas elecciones, porque precisamente estas elecciones han corregido esa desviación de una línea democrática de una izquierda que es indispensable que exista y esté ahí, y que su identificación con la libertad y la democracia sea indiscutible. Creo que es absolutamente esencial para que el progreso y el desarrollo avancen rápidamente.

 

 

Mario Vargas Llosa on freedom, liberalism, dictatorship and ideas

Lea la entrevista en su original en español aquí

The Economist: Reading this book, I felt as though I were back at university, in the best sense, because you spent a lot of time rereading all the works of these thinkers.

MVLL: Well yes, of course, the texts cover many years [of reading]. I looked over some notes again, reread certain parts and so on.

The Economist: Why did you do it?

MVLL: I explain in the book that the first time that the idea occurred to me—even though what came out was quite different—was after reading a book written by Edmund Wilson called “To the Finland Station”. It impressed me a lot, because apart from anything else, it’s so well written. It seems like a novel, only the characters aren’t characters, rather, they are ideas. So I thought since then, wow, how marvellous it would be to write a story about liberalism, taking this model. A story that began in a small Scottish village with the birth of Adam Smith, in which the evolution of liberal ideas was expressed through characters and facts.

In practice, from this remote model, something very different came about. Look, I wrote the book basically because I believe there’s nothing that has been so misrepresented, so slandered, so distorted as liberalism, both in the Latin American world and in Europe, as well as throughout the entire world in reality.

Liberalism has been presented as being identical to conservatism, yet more reactionary, like a mask for exploitation. Furthermore, there has been a lot of confusion as to what liberalism truly is. So my idea was to write a kind of intellectual and ideological autobiography, starting with my great disillusion with socialism, with the leftist ideas of my youth that were also of great importance to me and to those of my generation.

And then my great disillusion with socialism led little by little to my arrival at liberalism, after my disillusion with the Cuban revolution, with the USSR. And, as I say in the book, I lived in England in the time of Margaret Thatcher and for me those years were a fundamental experience of the utmost importance. For example, I read Popper for the first time because of some statement by Margaret Thatcher, who said, I believe, that Popper is the great philosopher of freedom of our time, and she spoke of “The Open Society and its Enemies” … and I remember having read it and being extremely impressed with Popper. So it’s the story of an evolution through the essays that appear there.

The Economist: Yes, you do indeed explain this in the first chapter. But I was thinking that authors write books for themselves—but also with the idea that someone else will read the work. What type of readers did you have in mind for this book? Who did you want to reach?

MVLL: Well, I’m never sure what type of reader I’d like to reach. I mean, I think all writers would like to reach everybody or at least the most intelligent readers or readers capable of reading without bias, of arguing with the book, let themselves be persuaded by it, or not, but let’s say that an author aspires to have intelligent, intuitive and creative readers…that’s what one would like most, isn’t it?

But above all, I think there’s a lot of ignorance in Latin America in relation to liberalism, what it means…there are so many caricatures, completely deformed accounts of liberalism. And, above all, I think that today in Latin America the ideals of military dictatorships, developmentalist dictatorships, the socialist revolution and “guevarista” guerrillas have been completely destroyed. I think that today most of Latin America understands that these formulas have failed completely. The examples of Cuba and Venezuela are there.

And so there is a great opportunity, which in fact is materialising, in favour of democracy. So this moment seemed to be an opportune one in Latin America to defend the liberal option and to explain that some things that are happening there have liberal origins, that liberalism is the most advanced, progressive form of democracy. That liberalism is the complete opposite of the caricatures that present it as the most extreme form of conservatism, the defence of Manchesterian capitalism and things like that.

So that’s more or less the idea of the book. And also to explain to myself an entire evolution, an evolution over many years. I’ve chosen the seven authors who made the biggest impression on me. Of course, there are other important thinkers, but let’s say that these were the ones who marked me, and that’s why I say that, in a way, it’s an autobiographical book.

The Economist: Yes, because I assumed the list was a personal selection. Because, one misses, I’d say John Stuart Mill and [John] Rawls, for example…

MVLL: There are plenty of others, of course. Many are missing. But the book doesn’t try to be a history of liberalism by any means, but rather a personal book about authors that influenced me immensely after my great disappointment with socialism. In addition, they are authors who didn’t always agree, there are many differences between them. And that was precisely a way to show how liberalism isn’t an ideology, nor a secular religion, nor a dogma with answers for everyone.

Rather, from certain beliefs come a great diversity and a tolerant, very open attitude. This aspect of liberalism has been much ignored in our time: tolerance, accepting that one might be wrong, that one’s adversary might be right. I believe that some of these writers were exemplary in that sense. Isaiah Berlin, for example. He was so tolerant, so much so that he dedicated his life more to studying his opponents than those close to him.

The Economist: I like the fact that you mentioned his unworthy behaviour towards Isaac Deutscher.

MVLL: It’s an interesting case, no?

The Economist: I liked that you included your criticisms of these people you admire.

MVLL: Yes, of course.

The Economist: I think there’s a fundamental tension between liberalism and libertarianism. And I’ve seen this tension in many of your newspaper articles over the years. There are times when you are enthused by…

MVLL: That I’m more libertarian than liberal, let’s say…

The Economist: …and there are times that you’re more of a liberal social democrat…

MVLL: (chuckles)

The Economist: My problem with [Friedrich] Hayek, as understood in Latin America, through the Cato Institute and the Francisco Marroquín University [in Guatemala] and those kinds of places, is that I think he is used to represent a blessing of privilege in an unjust order.

MVLL: It wasn’t his intention. What happens is that he had a faith, a religious faith in the market… I think the nuances get lost in the case of Hayek. For example, he got to the point of saying something outrageous, that there was more freedom [in Chile] with [General Augusto] Pinochet [the military dictator] than with [Salvador] Allende [the Socialist president who was overthrown]. He said that twice, in Chile and England.

Well, I believe that is outrageous. It’s nonsense, because there was a free market during the time of Pinochet but there was torture, killings, there wasn’t any freedom of expression, the press was completely controlled. So, let’s say, I think that was an exaggeration.

The Economist: But you criticise, several times in the book, the–I don’t like the world “neoliberal”–but the view that identifies liberalism purely with the market.

MVLL: with the market, no, I don’t agree with that. But I don’t think it’s true either. Furthermore I don’t think that liberalism in its origins represented this idea.

The Economist: Of course, but perhaps it’s Hayek more than anyone else who represents that view, in the way he is interpreted.

MVLL: Yes, that has been the interpretation. And, to a large extent, I believe because of his statements in favour of Pinochet. I think that was very damaging for Hayek…

The Economist: But also because, as with everyone, he was a man of his time. Aren’t we all?

MVLL: Exactly, it was the age of the Cold War also, which is important to keep in mind.

The Economist: And the Soviet Union and the Nazis, and he was a victim of this, so it’s understandable, but he saw the state as necessarily bad.

MVLL: He believed the state was a necessary evil. That’s what he said (laughs).

The Economist: But he also thought it was essentially evil too, right? (laughs).

MVLL: Yes, the less state intervention, the more freedom there is. Of course, this is unfortunately incompatible with a world in which terrorism has become a main protagonist and in which the development of weapons technology has reached monstrous proportions in our time. It’s incompatible, let’s say if this is what Hayek believed, in these times it wouldn’t be possible to believe it.

The Economist: Clearly a large state restricts liberty, and is also very inefficient, etc. But you highlight, and I absolutely agree with you, the importance for liberalism of equality of opportunity

MVLL: This is the most important thing. I believe that this is the most forgotten part of liberalism. Nevertheless, I think that all the great liberal thinkers were in agreement with equality of opportunity. This topic is repeated many times by Popper, for example, as well as by Revel, Raymond Aron.

The Economist: and Adam Smith…

MVLL: Equality of opportunity is to start [in equal conditions] from a certain point…and for this, education is absolutely fundamental. In fact, the most advanced societies, the Nordic ones for example, have this equality of opportunity, there is high-quality public education that prepares each generation for a certain equality at the outset.

So I believe that when a society perceives that there is equality of opportunity, it accepts difference in wealth. It accepts that there are those who contribute much more to the development of a society and therefore receive higher income.

What is unfair, what is unacceptable, is that there isn’t equality of opportunity. That there are those born with privilege that guarantees them success, or that others are guaranteed failure from the beginning. That is unacceptable. But I believe this is a liberal idea, deeply liberal.

The Economist: I missed a concluding chapter to the book.

MVLL: Conclusions? Yes, some people have mentioned that to me, but, well, this is open, and open-ended book. (Laughs) It’s an open-ended book like Popper’s open society, that can go on renewing itself, reintegrating, modernising, chapters can be added. I would like to add chapters about a Latin American liberal, for example.

The Economist: Exactly, that’s what I would have liked to see.

MVLL: But unfortunately there aren’t many. For example, a great thinker like Octavio Paz wasn’t a liberal, he was democratic but the idea of relegating culture to the market horrified him. The idea that poetry could be subject to market supply-and-demand horrified him.

The Economist: He was an elitist in this sense. But Ortega y Gassett too.

MVLL: Ortega y Gassett too. Of course, many intellectuals are democrats. But they aren’t liberals, in the sense that they don’t accept that culture be democratic. And there are some fears that are justified, because the democratisation of culture can reach extreme, even ridiculous levels. It’s happening in our own time, we can see it. (Laughs)

The Economist: You yourself have suffered this.

MVLL: I wrote an essay about this called “The Civilisation of the Spectacle” about pseudo-democratisation, in which culture disappears in the end, where it all becomes gossip, a farce, a circus.

The Economist: You mention, at one point in the book, that perhaps the liberal tradition in Latin America is so limited because of inequality…

MVLL: And moreover, for another reason. It’s that the liberals of the 19th century didn’t believe in the free market and, yes, they believed in tolerance. They were against the church, against the religious state. But they didn’t believe in the market. And so the democracies that resulted, that called themselves liberal, were democracies that failed economically. Precisely because of the lack of free markets, there wasn’t the free play of supply and demand.

That was the great limitation of liberalism in Latin America. And in modern times, I believe the limitation is that the so-called developmental dictatorships presented themselves as liberal dictatorships because they allowed the market. But this is a monstrous caricature of liberalism. Because liberalism….once political freedom disappears, liberalism is no longer possible.

The Economist: You’re thinking of Argentina, of Pinochet, of Peru, Brazil…

MVLL: Yes, the Argentinian military leaders called themselves developmentalists, and they were an absolutely ferocious dictatorship, that didn’t allow a free press, that in addition exterminated and tortured their opponents. In no way can this be considered liberalism.

The Economist: I think, in addition, that liberal democracy in Latin America at the end of the 19th century was kidnapped by positivism…

MVLL: Without a doubt. And this discredited liberalism a lot. This meant that liberalism became associated with conservatism, with an intolerant, reactionary right wing.

The Economist: You mentioned that, looking at Latin America today, you see an opportunity.

MVLL: Without a doubt. I do believe that currently, regimes like those in Chile, for example…Chile today is a democratic society, one oriented towards liberal attitudes, both in the economy as well as in social reforms. I believe Argentina has a similar tendency, right? That’s what [President Mauricio] Macri represents, a liberal democracy. Yes, it’s difficult, because there are many interests and the state has grown in an absolutely distorted way. Yet the reforms that are being made, they are in part based on what is possible, but they are liberally oriented reforms.

I think Mexico is the big problem, because the rise of [Andrés Manuel] López Obrador is extremely dangerous. He’s a populist, he’s an unpredictable person. He could push Mexico in the direction of Venezuela, for example. It would be a catastrophe for Latin America.

The Economist: I’m quite optimistic about Latin American society at the moment. Yet I see the political path as being difficult. It will be hard for liberalism to advance unless there is a renewed political version of liberalism.

MVLL: More modern and more…well, yes, without a doubt. Liberalism has to have very concrete effects in order to change the great distortion that exists in the Latin American mentality with respect to what it is. However, I do believe that the idea of democracy is very widespread in Latin America, and for me, this is inseparable from liberalism.

The political aspect of liberalism is democracy, a democratic society, a society with free elections, political parties, with freedom of the press and human rights. This is the liberal democratic society. I’m also optimistic in this sense, I think Latin America is moving in this direction.

There may be some bumps in the road and setbacks. But what happened in Cuba, and especially in Venezuela recently, I think it has contributed decisively to the destruction of the utopian, socialist, collectivist models. Who wants their country to turn into a second Venezuela? Nobody in their right mind. Except for very small factions, marginalized fanatics.

The Economist: The problem is that there is a kind of contest between the Venezuelan failure and the spectre of Odebrecht [a corrupt Brazilian construction company] that has sadly discredited democracy.

MVLL: Yes, but at the same time Odebrecht has done a great service. It has brought all the rot to the surface, now we can see where is the gangrene of democracy, and the need to combat corruption in a much more energetic way. I think it’s quite clear, Odebrecht has been very useful in that way, don’t you think? It has shown how far-reaching the corruption was, in a terrible manner…presidents, ministers and employees of important businesses. I believe this had to be done. It’s a way of cleansing democracy of one of its worst defects, which is corruption.

The Economist: All of your thinkers you mention are men from the 20th century, right?

MVLL: Exactly. Except Adam Smith.

The Economist: Are there liberal thinkers in the world now that you find interesting?

MVLL: Well, of course there are liberal thinkers from the 20th century, there are many, for example, Rawls in the United States.

The Economist: No, in today’s world, the 21st century.

MVLL: That is difficult to say, many of them have died…but there is no important political philosophy in the 21st century.

The Economist: It’s a time of confusion, isn’t it?

MVLL: Let’s say there is an almost incomprehensible slang among Marxist philosophers, aimed at small intellectual, academic circles. Alain Badiou for example, who is so fashionable in France. He is unreadable. He is a person who writes for a very restricted number of readers, with his Marxism of the 21st century. I don’t think this gets to anyone. It’s completely marginal.

What was the big audience for Marxist thinkers in the 20th century has long passed with socialism, collectivism and statism. Today’s there’s no intellectual foundation for this, because all models of this nature have failed in such a resounding way. But what there is is a vacuum, because ideas are much less important in our age than in the past. I believe that unfortunately, images prevail today.

The Economist: Yes, reading the book, I thought that one of its virtues is that you’re saying that ideas matter.

MVLL: Ideas matter, I think that’s fundamental—that ideas are what do most to change history. I think all liberal thinkers are convinced of the primordial importance of ideas: that is that ideas lie behind events, both good and bad. But ideas are always there.

I’m completely convinced of that, that behind [Nicolás] Maduro [the president of Venezuela] and [Hugo] Chávez [his predecessor] there were ideas. Very bad ideas, of course. The proof is that they’ve brought catastrophe upon the country. But there were ideas…it wasn’t just improvised creativity, it was a particular model… And the results have been so terrible that I believe they have served as a preventative lesson for Latin America.

So I think the socialist fantasy has suffered more from Venezuela than from all the arguments that the foes of socialism, of Marxism, might make. You can see there what this supposed 21st-century socialism has done to Venezuela. It’s so tragic, so terrible, that I think it acts as a vaccine, a real vaccine against socialism and collectivist ideas, except in very small factions or groups. They’re groups that today have very little influence on what is happening in Latin America.

The Economist: Almost all the great rationalists that I know are people who at bottom are governed by passion, and I see that in you, a man who is so passionate, as expressed in your novels, but a great rationalist at the same time. Am I right, or not?

MVLL: Look, I think that reason…in this sense I am a liberal. Reason should govern society, we must avoid passion, we must avoid the purely instinctive, the irrational. In contrast, unlike some liberal thinkers I don’t believe that the irrational and passions can be supressed in life.

On the contrary, they must find an outlet because they are part of the human condition. And I think culture is the privileged vehicle for this aspect of human nature to find its place, in poetry, in painting, in music, in literature. I think this uncontrollable essence of personality should find an outlet and society should accept it as it is, even though it releases monsters from their cages and shows us our monsters.

I believe this is an important issue, because now feminism wants to establish a sort of censorship of all things they call machismo, and so this is a new inquisition that would simply put an end to literature and culture, if what we want to establish is a kind of ideologically correct literature, or ideologically correct painting…

I think it’s a battle that must be fought. It’s very good, the struggle of women is very just because it aims to get rid of discrimination, but wanting culture to submit to these rules of a moral or political kind is simply going to finish off culture. It’s a new inquisition. I think we must fight this energetically. The idea of politically correct literature is dangerous for the future. Extremely dangerous.

The Economist: You have been active on the issue of Catalonia.

MVLL: Yes, very active.

The Economist: In the United Kingdom many people look at Catalonia through the prism of Scotland…

MVLL: But that isn’t fair. Scotland was an independent kingdom and chose to become part of the union, to join England. Catalonia was never independent, not in its entire existence, never in its history. This is the most important thing, you know.

The Economist: Some people argue that it is illiberal to be against the right of self-determination.

MVLL: The right of self-determination is regulated by the constitution. It is unjust for a province to give itself the right of self-determination thereby foregoing the rights given to all Spanish citizens. But why? If Catalonia has prospered thanks to Spain as a whole, to all those Spaniards who went to work in Catalonia and that have contributed just as much as native Catalans to the progress, industrialisation and modernisation of Catalonia. But, furthermore, there are historical facts. At what point was Catalonia independent? Never! Catalonia was part of France, and has been part of Spain for 500 years. So this is a historical fabrication that has no real foundation. It is a big mistake to compare the case of Scotland with Catalonia. Scotland was an independent monarchy that decided, by means of its parliament, to become part of Great Britain. This has never happened in the case of Cataluña.

The Economist: But what motivated you to take such an active role?

MVLL: Because I’ve got…look, I believe that the great danger in our age is nationalism, it’s no longer fascism, nor communism. These ideologies have become completely outdated. But in contrast, nationalism is a defect that is always there under the surface and above all, at moments of crisis, can be very easily exploited by demagogues and power-hungry leaders. Nationalism is the great tradition of humankind; unfortunately it’s always present in history.

And so, I believe that it’s the great enemy of democracy. It’s the great enemy of freedom and a terrible source of racism. If one believes that being born into or forming part of a particular community is a privilege, then that is racism. I believe that one must fight nationalism energetically if one believes in democracy, in freedom, especially in this age of mixing and the building of great blocks.

So the Catalan independence movement is a big danger for Spanish and European democracy. Because if secession had succeeded, imagine the precedent that would have set in Europe. Brexit was already something dangerous. Brexit represents a very dangerous form of nationalism, which has already done a lot of damage to the European Union, and I think to Great Britain as well. But in Spain the triumph of secession would have set a terrible example, just imagine, for Hungary, Poland, Denmark, wherever there are outbreaks of nationalists operating today.

I think that the most ambitious political construction that exists in the democratic world today is the European Union, with all the limitations that it might have. But it’s a feat that is very important. It has already kept Europe at peace for 70 years for the first time in its history, and enemy number one of that is nationalism. Therefore we must fight it, confront it.

I lived in Barcelona for five years. Back then, there weren’t any nationalists. Nationalists were small minority factions. What there was, was a great democratic movement to get rid of the dictatorship, to turn Spain into a democracy. Unfortunately, this has been artificially created, by an autonomous [regional] government that had a clear political scheme and to which was given control over education. This was decisive for them to create, artificially on the basis of historical lies, the nationalist argument. My impression is that fortunately, the worst is behind us. But it’s still there, and it’s a latent danger.

The Economist: When we look at Spain, this year will mark 40 years of the constitution. The constitution gave Spain 30 wonderful years, the best in its history.

MVLL: Without a doubt.

The Economist: After 10 years of problems, it has overcome one of them, the economic crisis. But it looks very difficult for the country to resolve its political conflicts at the moment.

MVLL: Permanently resolve conflicts, no. That never happens. Conflicts can be overcome, but they always leave traces that can sprout up again. And there has been nationalism for a long time in Catalonia, but it had never prospered like this.

The Economist: But I don’t think it’s going to disappear so fast, nor die down much.

MVLL: It won’t disappear, but I think it has diminished already. The damage that nationalism is generating in Catalonia, what with the flight of businesses, the fall in tourism. Economically it’s hurting Catalonia in a terrible way. That will have an effect on the population. It’s very interesting that business people, who didn’t dare oppose nationalism… Since the results have been so catastrophic for Barcelona, for Catalonia, there are business owners that have begun to take a stand… And then there are many Catalans who aren’t in favour of independence, but who were as if paralysed by an inferiority complex in relation to nationalism. However look at the demonstrations that have taken place in Barcelona with millions of Catalans going out to protest against nationalism, declaring themselves enemies of nationalism. I think that is very positive. Now, my impression is that the worst is over, but the problem will continue. Yes, surely the problem will continue for a long time.

The Economist: Anther problem is that with the political fragmentation that there is now in Spain, achieving governance to make the necessary changes is going to be difficult. We see it now even to approve the budget…

MVLL: Yes, it’s going to be very difficult. But there is an important trend that I see, which is what Ciudadanos [Citizens, a newish liberal party] represents for me. I’m supporting Ciudadanos a lot, because Ciudadanos is centre-right, or liberal, and they are attracting many people who haven’t participated in politics, people who didn’t want to participate, who have clean credentials, and this renewal is, I believe, necessary in Spain.

The Economist: I think it may be difficult for Ciudadanos to win a majority in Congress.

MVLL: You don’t think so. At the next election?

The Economist: It’s going to be challenging. Spain is probably going to have a coalition government, which is going to be complicated.

MVLL: Well, it will be a gridlock…a coalition government.

The Economist: What Felipe González [a former Spanish prime minister] said after the 2015 elections—that Spanish citizens have chosen an Italian political system, but lack Italians to operate it—seems to me to remain true.

MVLL: I’m more optimistic. The ideal thing would be an agreement between Ciudadanos and the Peoples’ Party [the ruling conservative party] in the next election, which may happen. To form a government that can function. I don’t think it’s impossible, I believe the numbers show more or less that the electorate is moving in this direction.

The Economist: Yes, there seems to be a turning point.

MVLL: This is going to be very important, of course, a new generation…The great threat was Podemos, that there might come about a kind of fascination with a completely obsolete model, “21st-century socialism” in Spain. That would have been a disaster. I don’t think the country is up for that. Spain has evolved quite a bit. Then, the resounding fall of Podemos and the effort it is making now to hide its Chavista, revolutionary credentials is a sign that they have realised they are losing support. And so they are trying to modernise, to hide their least presentable side, and that seems to me to be a positive sign, too.

The Economist: What are you working on now? Aside from Catalonia.

MVLL: I’ve been wanting to get back to a novel, because this book took me about two years, two years and a bit, working purely on this essay. I’m beginning a new novel.

The Economist: You’re going to continue writing forever, aren’t you?

MVLL: Until my last day I hope. I hope to die with a pen in hand. That would be part of my ideal. The ideal thing would be to keep going as if I were immortal and all of a sudden die of an accident. (Laughs)

The Economist: Reading the book, I felt as though France made you democratic and England made you a liberal?

MVLL: Exactly. Without any doubt. For me, the 11 years of Margaret Thatcher [in power as Britain’s prime minister] were decisive. In those 11 years I became a liberal. I read Hayek and Popper above all; Isaiah Berlin I had already read before. But my most important liberal readings were in England. I began to read The Economist when I became a liberal. It was the English experience, and perhaps that’s why Brexit traumatised me so much. Brexit caused in me, you can’t imagine, a real trauma. I never would have believed that Brexit was possible and that the arguments of Brexit could triumph electorally in England. It was a true surprise. But look, this just goes to say that no country is immune to the populist fantasy, ever.

The Economist: How long did you live in London?

MVLL: I lived in London for many years. On and off, because I left and came back. I was in France for eight years. I left France in 1967 and I went to live in London and I was there for many years. I went to teach. I worked as a journalist in France, in RTF and before that in Agence France Presse, and I was offered a teaching post at the University of London. I went to Queen Mary College first, and later on to King’s College. And I was in Cambridge for a year. It was a very interesting experience.

The Economist: Lastly, of writers in Spanish today, who do you find most interesting?

MVLL: Javier Cercas, I think he’s a magnificent writer; he’s one of the most interesting here in Spain.

The Economist: And in Latin America?

MVLL: In Latin America, the truth is I don’t know the new writers so well. There is a Colombian writer I’ve read, Juan Gabriel Vázquez, who is very interesting.

The Economist: It seems to me that young Latin American authors are becoming more and more universal and less provincial. I think that’s positive.

MVLL: It’s very positive. Emerging from the tribe is important.

The Economist: Don’t you think you left one tribe and joined another?

MVLL: No, I think I have achieved something that I aimed for at a young age, which was to be a citizen of the world. The truth is I feel at home in France, in England and in Spain. Wherever I am, as long as I can write, I feel at home.

link original