Entradas

El retorno de Mario Vargas Llosa a Chile

El escritor peruano visitará Chile entre el 1 y 6 de mayo, y tendrá un encuentro con Piñera en La Moneda.

En septiembre de 2017, en plena campaña presidencial, el escritor peruano Mario Vargas Llosa visitó Chile por última vez. Habló de la “derecha cavernaria” frente al aborto y respaldó la opción del entonces candidato Sebastián Piñera.

Ocho meses después -entre el 1 y el 6 de mayo- el Premio Nobel de Literatura en 2010 retornará al país, esta vez con Piñera instalado en La Moneda. “Me hace mucha ilusión ir a Chile en esta nueva etapa, con el Presidente Sebastián Piñera gobernando el país y a las actividades organizadas por Fundación para el Progreso y La Otra Mirada que fomentan la libertad en la región”, dijo Vargas Llosa.

Una de las principales actividades del escritor será precisamente un encuentro oficial con el Presidente en La Moneda, donde recibirá un reconocimiento.

Vargas Llosa también participará de una actividad en el Centro Cultural de La Moneda -organizado por la Fundación para el Progreso (FPP)- con 800 estudiantes secundarios de distintos establecimientos escolares de la región. En esa cita también participará el ministro de Educación, Gerardo Varela.

Además, será parte de los 44 invitados al evento “Solidaridad democrática en América Latina”, organizado por la FPP junto a la Fundación Forum 2000.

 

Autor: Equipo de Reportajes LaTercera.com

Nuevas inquisiciones: El feminismo es hoy el más resuelto enemigo de la literatura, que pretende descontaminarla de machismo, prejuicios múltiples e inmoralidades

Trato de ser optimista recordando a diario, como quería Popper, que, pese a todo lo que anda mal, la humanidad no ha estado nunca mejor que ahora. Pero confieso que cada día me resulta más difícil. Si fuera disidente ruso y crítico de Putin viviría muerto de miedo de entrar a un restaurante o a una heladería a tomar el veneno que allí me esperaba. Como peruano (y español) el sobresalto no es menor con un mandatario en Estados Unidos como Trump, irresponsable y tercermundista, que en cualquier momento podría desatar con sus descabellados desplantes una guerra nuclear que extinga a buena parte de los bípedos de este planeta.

Pero lo que me tiene más desmoralizado últimamente es la sospecha de que, al paso que van las cosas, no es imposible que la literatura, lo que mejor me ha defendido en esta vida contra el pesimismo, pudiera desaparecer. Ella ha tenido siempre enemigos. La religión fue, en el pasado, el más decidido a liquidarla estableciendo censuras severísimas y levantando hogueras para quemar a los escribidores y editores que desafiaban la moral y la ortodoxia. Luego fueron los sistemas totalitarios, el comunismo y el fascismo, los que mantuvieron viva aquella siniestra tradición. Y también lo han sido las democracias, por razones morales y legales, las que prohibían libros, pero en ellas era posible resistir, pelear en los tribunales, y poco a poco se ha ido ganando aquella guerra —eso creíamos—, convenciendo a jueces y gobernantes que, si un país quiere tener una literatura —y, en última instancia, una cultura— realmente creativa, de alto nivel, tiene que tolerar en el campo de las ideas y las formas, disidencias, disonancias y excesos de toda índole.

Ahora el más resuelto enemigo de la literatura, que pretende descontaminarla de machismo, prejuicios múltiples e inmoralidades, es el feminismo. No todas las feministas, desde luego, pero sí las más radicales, y tras ellas, amplios sectores que, paralizados por el temor de ser considerados reaccionarios, ultras y falócratas, apoyan abiertamente esta ofensiva antiliteraria y anticultural. Por eso casi nadie se ha atrevido a protestar aquí en España contra el “decálogo feminista” de sindicalistas que pide eliminar en las clases escolares a autores tan rabiosamente machistas como Pablo Neruda, Javier Marías y Arturo Pérez-Reverte. Las razones que esgrimen son tan buenistas y arcangélicas como los manifiestos que firmaban contra Vargas Vila las señoras del novecientos pidiendo que prohibieran sus “libros pornográficos” y como el análisis que hizo en las páginas de este periódico, no hace mucho, la escritora Laura Freixas, de la Lolita de Nabokov, explicando que el protagonista era un pedófilo incestuoso violador de una niña que, para colmo, era hija de su esposa. (Olvidó decir que era, también, una de las mejores novelas del siglo veinte).

Naturalmente que, con ese tipo de aproximación a una obra literaria, no hay novela de la literatura occidental que se libre de la incineración. Santuario, por ejemplo, en la que el degenerado Popeye desvirga a la cándida Temple con una mazorca de maíz ¿no hubiera debido ser prohibida y William Faulkner, su autor, enviado a un calabozo de por vida? Recuerdo, a propósito, que la directora de La Joven Guardia, la editorial rusa que publicó en Moscú mi primera novela con cuarenta páginas cortadas, me aclaró que, si no se hubieran suprimido aquellas escenas, “los jóvenes esposos rusos sentirían tanta vergüenza después de leerlas que no podrían mirarse a la cara”. Cuando yo le pregunté cómo podía saber eso, con la mirada piadosa que inspiran los tontos, me tranquilizó asegurándome que todos los asesores editoriales de La Joven Guardia eran doctorados en literatura.

En Francia, la editorial Gallimard había anunciado que publicaría en un volumen los ensayos de Louis Ferdinand Céline, quien fue un colaborador entusiasta de los nazis durante los años de la ocupación y era un antisemita enloquecido. Yo no le hubiera dado jamás la mano a ese personaje, pero confieso que he leído con deslumbramiento dos de sus novelas —Voyage au bout de la nuit y Mort à Crédit— que, creo, son dos obras maestras absolutas, sin duda las mejores de la literatura francesa después de las de Proust. Las protestas contra la idea de que se publicaran los panfletos de Céline llevaron a Gallimard a enterrar el proyecto.

Quienes quieren juzgar la literatura —y creo que esto vale en general para todas las artes— desde un punto de vista ideológico, religioso y moral se verán siempre en aprietos. Y, una de dos, o aceptan que este quehacer ha estado, está y estará siempre en conflicto con lo que es tolerable y deseable desde aquellas perspectivas, y por lo tanto lo someten a controles y censuras que pura y simplemente acabarán con la literatura, o se resignan a concederle aquel derecho de ciudad que podría significar algo parecido a abrir las jaulas de los zoológicos y dejar que las calles se llenen de fieras y alimañas.

Esto lo explicó muy bien Georges Bataille en varios ensayos, pero, sobre todo, en un libro bello e inquietante: La literatura y el mal. En él sostenía, influido por Freud, que todo aquello que debe ser reprimido para hacer posible la sociedad —los instintos destructivos, “el mal”— desaparece sólo en la superficie de la vida, no detrás ni debajo de ella, y que, desde allí, puja para salir a la superficie y reintegrarse a la existencia. ¿De qué manera lo consigue? A través de un intermediario: la literatura. Ella es el vehículo mediante el cual todo aquel fondo torcido y retorcido de lo humano vuelve a la vida y nos permite comprenderla de manera más profunda, y también, en cierto modo, vivirla en su plenitud, recobrando todo aquello que hemos tenido que eliminar para que la sociedad no sea un manicomio ni una hecatombe permanente, como debió serlo en la prehistoria de los ancestros, cuando todavía lo humano estaba en ciernes.

Gracias a esa libertad de que ha gozado en ciertos períodos y en ciertas sociedades, existe la gran literatura, dice Bataille, y ella no es moral ni inmoral, sino genuina, subversiva, incontrolable, o postiza y convencional, mejor dicho muerta. Quienes creen que la literatura se puede “adecentar”, sometiéndola a unos cánones que la vuelvan respetuosa de las convenciones reinantes, se equivocan garrafalmente: “eso” que resultaría, una literatura sin vida y sin misterio, con camisa de fuerza, dejaría sin vía de escape aquellos fondos malditos que llevamos dentro y estos encontrarían entonces otras formas de reintegrarse a la vida. ¿Con qué consecuencias? El de esos infiernos donde “el mal” se manifiesta no en los libros sino en la vida misma, a través de persecuciones y barbaries políticas, religiosas y sociales. De donde resulta que gracias a los incendios y ferocidades de los libros, la vida es menos truculenta y terrible, más sosegada, y en ella conviven los humanos con menos traumas y con más libertad. Quienes se empeñan en que la literatura se vuelva inofensiva, trabajan en verdad por volver la vida invivible, un territorio donde, según Bataille, los demonios terminarían exterminando a los ángeles. ¿Eso queremos?

MARIO VARGAS LLOSA
18 MAR 2018 – 00:00
fuente: https://elpais.com/elpais/2018/03/16/opinion/1521215265_029385.html

Guillermo Lasso, ex candidato ecuatoriano, visita Chile

Noticia de El Mercurio
2017-05-14
“La Batalla por la Libertad: El Caso Ecuatoriano”, así se llama la conferencia que dictará el 26 de mayo, en Chile, el ex candidato presidencial de Ecuador Guillermo Lasso, quien perdió tras una estrecha segunda vuelta frente al abanderado oficialista Lenín Moreno.

En la instancia también participará el ex Presidente y precandidato de Chile Vamos, Sebastián Piñera.

No es la primera vez que estarán juntos, pues ambos líderes políticos se reconocen como amigos, han participado juntos en otros seminarios, y Lasso, públicamente, ha manifestado su admiración por el gobierno del ex Mandatario.

La conferencia es organizada por “La Otra Mirada”, parte de las fundaciones que lidera Nicolás Ibáñez.

2017-05-14
Noticia de El Mercurio

Interesante Conferencia

Noticia de Cosas
2017-01-13
En el Hotel Ritz se realizó la conferencia de Jonathan Haidt “¿Oué hace el capitalismo de nosotros y por nosotros?”, organizado por La Otra Mirada en conjunto con CEP. Después de la charla hubo un cocktail donde los asistentes pudieron comentar y debatir sobre la presentación.

Noticia de Cosas
2017-01-13

Charla internacional con Jonathan Haidt

Noticia de www.administracionpanoptica.blogspot.cl

FOTOGRAFÍAS, ELISA GARCÍA- HUIDOBRO FOTOGRAFÍAS, ELISA GARCÍA- HUIDOBRO

Un numeroso público repletó uno de los salones del Hotel Ritz-Carlton Santiago para escuchar al destacado intelectual estadounidense Jonathan Haidt, quien ofreció la charla “¿Cómo nos afecta el capitalismo y qué hace por nosotros?”, organizada por “La Otra Mirada” y el Centro de Estudios Públicos, CEP , y patrocinada por “El Mercurio”.
Personeros de gobierno, ex ministros, personalidades de los más diversos ámbitos reflexionaron en torno a las palabras del profesor de la Stern School of Business de la New York University, considerado uno de los principales psicólogos morales de la actualidad, cuyas investigaciones abordan las emociones y la moralidad, y cómo estas varían entre culturas.
Tras la actividad en que el conferencista defendió el capitalismo y su relación con la felicidad, se ofreció una animada recepción en la terraza del lugar.

El capitalismo y su efecto en la élite chilena

Noticia de www.administracionpanoptica.blogspot.cl
miércoles, 11 de enero de 2017

Jonathan Haidt: Fundamento psicológico del capitalismo y su efecto en la élite chilena

Varios fueron los conceptos de análisis que utilizó Jonathan Haidt, psicólogo social estadounidense, en la conferencia “Qué hace el capitalismo de nosotros y por nosotros?” frente a un público convocado por los think thanks vinculados a la élite chilena, aquella de los “apellidos de cuna” y que está anclada en las representaciones sociales heredadas de sus clanes familiares, cuya principal característica es que cuenta con una monolítica visión de mundo que hasta cierto punto abre sus espacios a nuevas categorías ideológicas, siempre y cuando sean funcionales a sus intereses.
Así, el ambiente dispuesto para recibir la charla del académico se caracterizó por contar con un homogéneo y glamouroso público de socialité local, invitado por el Centro de Estudios Públicos, perteneciente al grupo económico de la familia Matte, y a la plataforma denominada “La Otra mirada”, controlada por el clan empresarial de los Ibáñez, cuyo director es Nicolás Ibáñez Scott, reconocido pinochetista que ahora -paradojalmente- coquetea con las ideas de John Locke.
Esta diatribosa introducción fue parte del ambiente que se apreció subrepticiamente durante la presentación de Haidt, cuyo trabajo se ha centrado en plantear que nuestras opciones morales se fundan en condicionamientos psicológicos que provienen desde nuestra formación genética, lo que a nivel social conduce al conflicto político. Su obra se sostiene en el biologicismo, tanto así que al hablar de capitalismo lo hace pensando en la corriente biológica, por lo que vincula este fenómeno con ciencia cerebral, programación neuronal y hormonal.
Su premisa es que el capitalismo tiene dos grandes polos interpretativos que se basan en supuestos valóricos: Para unos no es más que un fenómeno depredatorio y productor de explotación económica, opresión política y desigualdad social, mientras que para otros es el principal motor de progreso y desarrollo que ha abierto mayores espacios a la libertad del individuo.
La polarización de estas dos macro ideas es una constante evolutiva en la historia del capitalismo, las cuales según Haidt han superado a los individuos, quienes intentan dar soluciones contextuales a partir de valores que terminan siendo encargados a especialistas. En este sentido, siguiendo el análisis de Haidt los problemas económicos son problemas capciosos, en que los puntos de vista son influidos por los dos macro supuestos valóricos en torno al capitalismo: explotación y libertad.
Uno de los puntos más interesantes en la exposición de Haidt fue cuando pidió a los asistentes que levantaran la mano para manifestar si su posición ideológico-política era de derecha o izquierda. Fue ahí cuando en los salones del Hotel Ritz casi la totalidad de los espectadores levantó la mano identificándose en el espectro de la derecha, mientras que 5 personas lo hicieron para mostrar su inclinación a la izquierda. Este ejercicio Haidt también lo realiza en sus conferencias en Estados Unidos, donde la mayoría de los asistentes levanta la mano para identificarse con el liberalismo, que en la cultura política estadounidense está ubicado en el espectro de la centro izquierda, mientras que la minoría se considera conservador y tradicionalista, a la derecha del espectro ideológico. Pero lo más destacado de este ejercicio es que este psicólogo, en Estados Unidos, pide que también se identifiquen los libertarianos, una opción ideológica, en su sentido amplio que involucra un estilo de vida, alzándose no pocas manos, algo impensado en el público chileno, por lo que el mismo Haidt ni se molestó en preguntar si existían libertarianos entre los asistentes invitados.
Haidt se mostró sorprendido de la diferencia registrada (quizás no sabía que las opciones ideológico-políticas en Chile también responde a la segregación social fuertemente arraigada en nuestra cultura política), pero esto demostró la operatividad de algunos de sus conceptos, como el de la diversidad moral que se genera en torno al capitalismo dentro de las sociedades, aunque si nos concentramos en la élite chilena, lo cierto es que su tribalismo filo-endógamo los lleva a compartir ciertos valores entre ellos mismos, no importando que estos tengan una considerable dosis de racismo, clasismo, intolerancia y preopotencia, las que se ha destilado a los llamados grupos “arribistas” o aspiracionales, que se encuentran siempre cerca de los apellidos de cuna o de buen tono. En fin, Haidt señala que esta cohesión axiológica genera una psicología de equipo que cierra el pensamiento de una mente abierta respecto a la sociedad. con lo que se llega a una psicología moral que no viene en blanco, sino que viene con un registro heredado. Los grupos sociales en el capitalismo generan cambios en los valores en torno a la supervivencia, de acuerdo a ciertos modelos culturales, lo que permite reconocer que la ideología guarda una relevante cuota de herencia, que proviene desde la información genética, como si fuera una doctrina de predestinación, pasando por el hogar y las primeras instancias de socialización como el colegio y las redes sociales entre personas del mismo entorno socio económico y cultural, lo que también se relaciona con la apertura o hermetismo hacia la experiencia.
Dentro de su exposición en Chile Jonathan Haidt se refirió a la evolución desde un mal hacia un buen capitalismo, mostrando el caso de países que han dado el famoso salto al desarrollo, lo cual en Chile lleva discutiéndose por décadas debido justamente al rechazo de la élite a considerar otros elementos de análisis, como la antropología cultural y la crítica sociológica, respecto al modelo de desarrollo económico, que es claramente incompleto. En este sentido Haidt planteó que la evolución al llamado “buen capitalismo” supone un proceso axiológico que incorpora la innovación institucional y normativa, aspectos que tampoco han sido considerados por la élite política y sus representantes en el empresariado y en la clase política.
Haidt además sostuvo que un “mal capitalismo” se apoya en la visión de que todos estamos mejor solo si algunos pocos están aún mejor, lo que justamente se sostiene en Chile a través de los think tanks de la élite. Un capitalismo bien trabajado, con mayores niveles de confianza social y de redes sociales que operen transversalmente en el campo cultural es un activo que la formación económica moldeada por las élites se ha negado a impulsar, justamente a causa de su comportamiento tribal de supervivencia, si es que seguimos la línea propuesta por Haidt.
Otra idea de Haidt entregada al glamouroso público del CEP y de La Otra Mirada es que el capitalismo crea riqueza, pero nunca igualdad, lo que provoca una brecha de felicidad en las sociedades y en las naciones. Justamente Chile es uno de los países que muestra un sostenido aumento de ingreso per cápita mientras que al mismo tiempo la percepción de felicidad de sus habitantes es una de las más insatisfechas, de acuerdo a lo que muestran los estudios internacionales. Para sorpresa de los asistentes el profeso de liderazgo ético de la Universidad de Nueva York mencionó que la felicidad está relacionada con la presencia de un estado de derecho y redes sociales, siendo otro déficit del desarrollo chileno en su capitalismo sui generi. Incluso Haidt planteó que el capitalismo actual tiende al fortalecimiento de la creatividad por sobre la disciplina, en circunstancias de que en Chile muy pocas empresas estimulan o incentivan la creatividad de sus trabajadores, la cual es subyugada por una visión del trabajo que privilegia el disciplinamiento. Estas problemáticas se insertan en lo que Haidt denomina como capitalismo ético, en que el factor de la prosperidad material se relaciona directamente con la producción cultural de un modo más amplificado debido a los mecanismo psicológicos de reacciones emocionales más susceptibles en su visión de supervivencia frente a los cambios de corto plazo que se generan en la sociedad. Así, surgen las reacciones contra los abusos del mercado o se desencadena la producción del miedo por parte de las élites respecto a sus modelos de gobernabilidad más allá del aparato productivo-económico.
La asimilación es uno de los traumas de la sociedad chilena producto de las relaciones sociales que se han dado a partir de las opciones morales en torno al capitalismo construido en Chile, donde las identidades de tribalismo social se han profundizado, ensanchando las brechas de satisfacción en los individuos y grupos sociales puesto que se registra un rechazo a seguir asimilando ciertos valores instalados por las élites dentro de la sociedad y por el empresariado en el mundo laboral.
El malestar global que menciona Haidt considera los factores extra económicos que la misma élite chilena que lo invitó ha dejado de lado históricamente y que se plasman en el reconocimiento del otro, ya sea en el mundo del trabajo y sus relaciones sociales entre distintos grupos socio-culturales y socioeconómicos, o en otros fenómenos como la inmigración que amplifica estos mecanismos psicológicos.
Las redes sociales de internet en este sentido son el campo en que se amplifican aún más estas reacciones sociales, que se entienden como dispositivos de poder para enfrentar al mismo poder y que son catalogadas por Haidt que si bien son útiles también muestran lo peor de la psicología moral. Un ejemplo de esta tendencia es la frase cliché que se ha tomado lo titulares de noticas en los Medios de comunicación, que se han acostumbrado a registrar múltiples hechos que “enfurecen a las redes sociales”.
Habrá que ver cómo influyeron las ideas de Haidt entre el público invitado por los centros de pensamiento de la élite local, para ver si hay mayores espacios de autocrítica y, a partir de eso, abrir el pensamiento y la experiencia tribal de estos grupos sociales a otros grupos, especialmente a nivel de las redes sociales cotidianas que se viven en el mundo del trabajo y las problemáticas éticas que se generan más allá de las instancias económicas. Pero también está siempre presente el riesgo de que los asistentes a esta conferencia solo se hayan enfocado al glamour del cocktail final para perpetuar sus herméticas relaciones sociales, a la espera de que queden plasmadas en fotos sociales.

Noticia de www.administracionpanoptica.blogspot.cl

Capitalismo, redes sociales, inmigración y globalización: Las claves del mensaje que dejó Jonathan Haidt en Chile

Noticia de www.ellibero.cl

El investigador de la Universidad de Nueva York estuvo la semana pasada en nuestro país, invitado por la fundación La Otra Mirada y el CEP.
Publicado el 09.01.2017

La semana pasada estuvo en nuestro país el destacado psicólogo social Jonathan Haidt, quien aterrizó en Santiago -invitado por la fundación La Otra Mirada y el CEP- para presentar su charla “¿Cómo nos afecta el capitalismo y qué hace por nosotros?”.

En esta instancia, el autor de “The Righteous Mind” (2012) y “The Happiness Hypothesis“ (2006),  analizó los cambios que se están generando a nivel global, las movilizaciones, los cuestionamientos al capitalismo, el rol de las empresas, la situación de los trabajadores, y cómo todos esos factores se relacionan con la política. “Nuestro país no está ajeno a estos cuestionamientos”, señaló Nicolás Ibáñez, presidente ejecutivo de La Otra Mirada, quien introdujo la conferencia destacando que “Haidt desafía el culto a la razón, y nos llama a ser más conscientes de nuestros sesgos morales, y de cómo dominan a los seres humanos mucho más de lo que creemos”.

El profesor e investigador del Programa de Liderazgo Ético de la Universidad Nueva York, desarrolló la idea del valor moral en la sociedad que se forma desde los primeros años de vida. De ello depende la preferencia por un modelo económico social como el capitalismo o el comunismo. Harald Beyer, director del CEP, señaló que “la forma en que nosotros interactuamos tiene relación con nuestro sistema moral, formamos alianzas con sus virtudes o defectos. El tema es aprender a convivir y respetar las distintas visiones”.

Dentro de las principales Ideas de Haidt se pueden destacar cuatro:

Redes Sociales

Es de alta importancia para la construcción moral el rol que tienen los medios de comunicación y las redes sociales, donde prácticamente las fronteras se pierden, la sociedad tiene una mayor comprensión y empoderamiento de lo que sucede en su país u otros de su interés. Hay una mayor polarización de los discursos, por eso es más difícil complacer a la mayoría, sin caer en prédicas populistas. Según los estudios de Haidt, las personas tienen una gran reacción emocional respecto al abuso (del tipo que sea), lo cual comparten abiertamente en las redes sociales, marcando aún más las diferencias entre los grupos.

Sistema Capitalista

Según Haindt el sistema capitalista debe sufrir algunas modificaciones para perpetuarse en el tiempo. Por ejemplo, al principio la única preocupación era aumentar el capital de la empresa o nación, pero actualmente hay mayores cuestionamientos y exigencias por las diferencias sociales. El psicólogo social señala que el capitalismo genera riqueza y progreso, pero no igualdad. Por ende, es ahí donde los Estados y las organizaciones privadas o públicas deben escuchar las demandas sociales para generar cambios significativos, pero sin caer en populismos. Que las empresas o instituciones públicas no hagan sólo lo estipulado por ley, sino que su guía sea un mayor estándar ético. O que lo países no sólo se preocupen de disminuir el nivel de pobreza (que ha sucedido en casi todos los que adoptaron el modelo de libre mercado), sino que generen una mejor calidad de vida para las personas. El capitalismo bien ejecutado lleva a alcanzar la felicidad, sostiene.

Inmigración

Si bien es una situación que no se puede frenar, se debe regular, dice Jonathan Haidt, ya que la inmigración representa un buen cambio para la economía, pero hay un fuerte impacto en la cultura de cada país. El conflicto se presenta durante el proceso de adaptación al nuevo lugar, ya que los residentes extranjeros deben adoptar costumbres y creencias distintas a las de origen. Durante ese período se acentúan las diferencias en la calidad de vida de los diversos grupos, lo que puede generar discursos radicales en el ámbito político y social, indica.

Globalización versus nacionalismo

El psicólogo social indica que generalmente las personas que se sienten más atraídas por la izquierda tienden a ser más cosmopolitas y globalizadas. Pero hay otro grupo de ciudadanos más conservadores, que valoran el discurso autoritario y proteccionista de su nación. Eso es lo que pasó en Estados Unidos con la reciente elección de Donald Trump, y en Gran Bretaña con el Brexit. Pero podría expandirse aun más esta tendencia, dice.

Noticia de www.ellibero.cl

Jonathan Haidt: “No estoy en desacuerdo con la inmigración, pero hay que controlarla”

Noticia de Las www.economiaynegocios.cl

jueves, 05 de enero de 2017

Catalina Ramos
Internacional
El Mercurio

El autor de “The Righteous Mind” defendió el capitalismo y su relación con la felicidad, en una conferencia convocada por La Otra Mirada, el CEP y “El Mercurio”.

A pesar de toda la evolución que ha experimentado la sociedad actual, el destacado psicólogo social estadounidense Jonathan Haidt sostiene que los seres humanos seguimos siendo tribales.

Pero este tribalismo se puede expandir o contraer dependiendo de las coyunturas, algo que se está haciendo evidente con la globalización de las personas y ya no solo de los bienes, ideas y comunicaciones.

La inmigración, por ejemplo, si bien trae beneficios asociados a la diversidad cultural y la eventual inyección de recursos a la economía, también puede activar cierta preocupación de la comunidad si no hay una respuesta que permita la integración de los recién llegados.

“No estoy en desacuerdo con la inmigración, pero hay que controlarla para que la gente no se vea amenazada”, dijo ayer Haidt en el marco de su conferencia “¿Cómo nos afecta el capitalismo y qué hace por nosotros?”, organizada por La Otra Mirada, el Centro de Estudios Públicos y “El Mercurio”.

“El Brexit no hubiese ocurrido sin la inmigración”, añadió, al recordar una de las razones que tuvieron los británicos que votaron el año pasado por salirse de la Unión Europea.

Como autor de los libros “The Righteous Mind: Why Good People Are Divided by Politics and Religion” y “The Happiness Hypothesis: Finding Modern Truth in Ancient Wisdom”, Haidt ha investigado con profundidad el origen de las divisiones que separan a los individuos y sobre las cuales se relacionan para, a pesar de todo, lograr vivir en sociedad.

Según este profesor de la Stern School of Business de la New York University, las intuiciones morales son primero, y después viene el razonamiento estratégico que busca justificarlas. Claro que las intuiciones varían en cada cultura, y también entre la derecha e izquierda.

Entre sus nuevos temas de estudio están las implicancias del capitalismo en las sociedades.

“El capitalismo divide políticamente a las personas”, admitió, aunque, agregó, “el capitalismo bien logrado crea sociedades felices”.

Recordó el Informe Mundial sobre la Felicidad de 2016, que ubica en el tope de la tabla a países europeos continentales y naciones anglosajonas (Chile está en el lugar 27).

En ese sentido, admitió que no ve cómo reformar el capitalismo en Rusia.

Noticia de www.economiaynegocios.cl

Teórico de la moral compartió con políticos y empresarios

Noticia de Las Últimas Noticias
País: Chile
Fecha: 2017-01-04
Medio: Las Últimas Noticias
Sección: POLÍTICA

Jonathan Haidt dicta charla hoy

Teórico de la moral compartió con políticos y empresarios

A noche el sicólogo social estadounidense Jonathan Haidt llegó hasta la galería Jorge Carroza para sostener una tertulia con políticos como el diputado UDI Jaime Bellolio, el RN José Manuel Edwards y el ex ministro de Educación Harald Beyer, entre otros. El profesor de la escuela de Negocios de la universidad de Nueva York, fue Invitado a Chile por la fundación ‘La otra mirada’, que es presidida por el empresario Nicolás Ibáñez y el centro de estudios CEP.

‘La reunión permitió profundizar en las preguntas que surgen a partir de la tesis del libro (The Righteous Mind) donde habla de la moral política y sobre cuáles son los ejes por los que la izquierda y la derecha se dividen’, comentó Bellolio

Este miércoles, el autor de ‘The Righteous Mind’ dictará la conferencia ‘Qué hace el capitalismo de nosotros y por nosotros’ en el hotel Ritz Carlton a las 19 horas.
Noticia de Las Últimas Noticias