Entradas

Mario Vargas Llosa (Arequipa, Perú, 1936)

Es uno de los más grandes escritores contemporáneos y uno de los intelectuales públicos más influyentes en el mundo. Su vida, como el mismo la describe, ha sido de pasión por el vicio y la maravilla que es escribir, y crear vidas paralelas como refugios contra la adversidad. Ha contado intensas y preciosas historias, dando vida a personajes de todas las almas y destinos.


Mario Vargas Llosa ha vivido, pensando y compartido sus ideas al ritmo de los más importantes sucesos del mundo y de América Latina, con sus encantos y desencantos. Fue marxista y creyó que el socialismo sería el remedio para la explotación y las injusticias sociales.  Su decepción con la utopía colectivista, gracias al testimonio de realidad y de sus víctimas, y el encuentro con pensadores liberales como Raymond Aron, Jean François Revel y Karl Popper, le llevaron a revalorizar la cultura democrática y de las sociedades abiertas. Vargas Llosa, el autor, el Nobel, el pensador… el liberal.

Mario Vargas Llosa: el rebelde liberal


Publicado en El Pulso, 28.03.2016
Autor: Mauricio Rojas

Mario Vargas Llosa cumple hoy 80 años y quisiera celebrarlo con una breve reflexión sobre su pensamiento político y, en particular, su forma de ser liberal.

Para ello quiero partir de dos grandes pensadores franceses que jugaron un papel clave en su desarrollo intelectual: Jean-Paul Sartre y Albert Camus.

De Sartre, que fue un gran héroe cultural para el joven Vargas Llosa, no sobrevivió mucho con el tiempo. Sus artificios dialécticos no fueron, finalmente, capaces de justificar lo injustificable, es decir, la supuesta distinción entre la “opresión progresista”, hecha a nombre de un futuro paraíso sobre la tierra, y la opresión a secas.

Sin embargo, de Sartre sí sobrevivió la idea del escritor comprometido con su tiempo, aquel que toma partido, que no calla, que no mira para otro lado. Nada más ajeno a Mario Vargas Llosa que la indiferencia frente a su mundo.

Esa actitud ha sido rectora en una vida en que la política nunca ha estado ausente. Lo que no significa confundir la política con la literatura, que son actividades esencialmente diferentes, tal como el mismo Vargas Llosa no se cansa de explicar: el escritor, y el artista en general, parte de la soberanía de su imaginación para forjar “realidades irreales”, ficciones tan convincentes que las vivimos, por un instante, como reales. Quien hace política debe, por el contrario, so pena de caer en la política-ficción y causar grandes perjuicios, partir siempre de la soberanía de lo realmente posible. Paso ahora a Albert Camus. Con él asocio aquella vena rebelde que, a mi juicio, hace de Vargas Llosa quien es y siempre ha sido. Rebelde en el sentido de Camus, es decir, aquel que no acepta la indignidad, la injusticia, la opresión. Que dice no y les planta cara a los tiranos de toda condición. Aquel que no se somete, que no calla frente a una realidad que envilece al ser humano.

El rebelde no es un revolucionario que sueña con paraísos terrenales u hombres nuevos. No, el rebelde actúa por ese hombre que somos, aquel ser imperfecto y limitado, como toda sociedad humana que podamos construir. Pero en ningún caso se resigna a que no seamos lo que sí podemos y debemos ser: dignos, respetados, libres.

La vena rebelde de Vargas Llosa ha derivado en lo que ha sido su lucha más constante, su verdadero predicamento existencial ya desde la niñez: su oposición férrea, visceral, al autoritarismo, a la tiranía, a la dictadura.

Él mismo lo ha expresado mejor que nadie en diversas ocasiones. Como ejemplo tomo algunas palabras de una conversación con Enrique Krauze: “Si hay algo que yo odio, que me repugna profundamente, que me indigna, es una dictadura.

No es solamente una convicción política, un principio moral: es un movimiento de las entrañas, una actitud visceral, quizá porque he padecido muchas dictaduras en mi propio país, quizá porque desde muy niño viví en carne propia lo que es esa autoridad que se impone con brutalidad”.

Creo que no exagero al decir que muy poco en la vida de Mario Vargas Llosa sería comprensible si no considerásemos este aspecto. Escribir, como nos lo recuerda en “El pez en el agua”, también fue un acto de rebeldía ante “esa autoridad que se impone con brutalidad”, un acto vital de resistencia frente, en este caso, a la violencia de su padre a fin de reivindicar aquella dignidad y libertad que nos debemos y que le debemos a todo ser humano.

De allí su repulsión absoluta a todos los tiranos. Desde el general Odría, el dictador peruano cuyo régimen marcó la juventud de Vargas Llosa, hasta los dictadores y caudillos de izquierdas o derechas que han jalonado nuestro tiempo, llámense estos Brezhnev o Pinochet, Castro o Batista, Chávez, Jomeini o Gadafi.

Esta consideración nos permite abordar la naturaleza misma del pensamiento liberal de Vargas Llosa, aquello que él ha llamado “liberalismo integral”. Se trata de algo fundamental, ya que se desmarca y denuncia una tentación suicida de un cierto “liberalismo”, no poco común en América Latina, que ha tendido a reducir aquel árbol frondoso que es el de la libertad a la economía.

Esto no quiere decir que Vargas Llosa menosprecie la importancia fundamental de una economía basada en la libertad, aquella que ha permitido, al extenderse recientemente por casi todo el planeta, elevar el nivel de vida de los seres humanos de una manera nunca antes vista. Eso es evidente, y provoca la ira de quienes creen que, al menos en economía, la libertad no es la mejor opción que tenemos.

Pero esto no significa transformar esa libertad en la única digna de defenderse o en una especie de libertad superior ante la cual las demás libertades deban postrarse.

Esta toma de posición ha llevado a Vargas Llosa a definir el liberalismo de una manera que nos recuerda el sentido más original, hispánico, de lo que es ser liberal, aquel que Octavio Paz recordó en 1981 al recibir el Premio Cervantes: “La palabra liberal aparece temprano en nuestra literatura. No como una idea o una filosofía, sino como un temple y una disposición del ánimo; más que una ideología, era una virtud”.

Esta virtud, esta forma de ser liberal con la cual nos identificamos está, como Vargas Llosa lo expresó en un texto donde reivindica la herencia intelectual de Ortega y Gasset, “fundada en la tolerancia y el respeto, en el amor por la cultura, en una voluntad de coexistencia con el otro, con los otros, y en una defensa firme de la libertad como un valor supremo”.

Escribiendo en tiempos de campaña


Publicado en El Líbero, 04.010.2017
¿Debe un novelista participar activamente en política, o le conviene desentenderse de ella y dedicarse sólo a escribir ficción? ¿Debe entrar a esa compleja arena o es mejor que se ocupe de sus personajes, tramas, ediciones y traducciones? Esta es una pregunta que, como escritor, me hago en esta época de campaña, y también mientras presento con Mauricio Rojas nuestro Diálogo de conversos 2 (la continuación) en algunas ciudades latinoamericanas.

Un experimentado editor, comunista gran parte de su vida, de izquierda democrática cuando mayor, solía recomendarme a comienzos de los 1990 no opinar de política, eludirla, no tomar posiciones. Me lo recomendaba con la mejor de sus intenciones. Lleva a perder lectores, afirmaba . Los que piensan como tú seguirán leyéndote, pero los que no, dejarán de hacerlo, sentenciaba. Era el pragmatismo de alguien a quien estimé mucho, golpeado por la derrota de Salvador Allende y decepcionado por el desplome de los socialismos reales.

Considero que ambas alternativas son legítimas para un novelista: tanto opinar como callar en términos políticos. En democracia es posible escoger el camino de opinar y participar activamente en política, de abrazar un partido, incluso, pero también lo es refugiarse en la ficción o el escritorio y negarse a emitir preferencia alguna. No existe una obligación en un sentido u otro. La libertad individual es una realidad práctica y practicable en democracia.

¿Y en dictadura? Mi experiencia en dictaduras totalitarias, como las de Cuba y la extinta Alemania oriental, me enseñó que simplemente no había espacio para que un escritor disidente pudiera alzar su voz. El control estatal total sobre la sociedad lo impedía. Diferente es el caso en las dictaduras autoritarias, igualmente condenables. Estas últimas suelen tolerar espacios donde disidentes logran manifestarse de modo restringido. En el caso de las dictaduras una cuestión es poder decir lo que uno piensa y la otra es atreverse a manifestarlo. Quien da este último paso corre graves riesgos y sufre represalias, y por lo mismo nadie desde fuera, desde un sistema democrático, puede erigirse en juez de escritores que callan en una dictadura.

En las dictaduras existe a menudo un exilio externo y otro, no menor en el mundo cultural, interno. Creo que pocos artistas simbolizan mejor el caso del exilio interno como el extraordinario escultor expresionista alemán Ernst Barlach, que siguió creando reservadamente en su casa hasta 1938, siendo tolerado durante el régimen nacional-socialista mientras no actuara públicamente. En Cuba, José Lezama Lima y Heberto Padilla, entre otros, vivieron decenios de exilio interno bajo Castro. Otros, como Miguel Barnet o Pablo Armando Fernández, también vivieron marginados de la cultura oficial (única legal), aunque después fueron perdonados y reintegrados a ella.

¿Meterse o no como novelista en política? En América Latina, el Premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa es un modelo inspirador para muchos colegas: une la calidad superior de su obra de ficción con algo que hoy escasea entre escritores: la lucidez para el análisis político mundial, el conocimiento de la historia de las ideas políticas, un liderazgo innegable en el desarrollo del liberalismo. Lo demostró una vez más en su reciente gira por Chile, aunque algunos periodistas prefirieron concentrarse en una frase de una entrevista y desplazar a segundo plano sus notables y aleccionadores discursos, ricos en contenidos y forma. No es usual en nuestro continente la existencia de novelistas (o artistas) que a su vez logran una proyección importante en el ámbito de la política y las ideas políticas. En ese sentido Vargas Llosa es hoy una excepción y una inspiración, y también un aldabonazo: en una era iliberal en que la clase política esta desprestigiada a nivel internacional, los escritores y artistas se enfrentan a un desafío nuevo y de envergadura, que es opinar sobre la realidad de la polis y su futuro desde una perspectiva diferente a la del político.

En los años sesenta y setenta la situación era diametralmente opuesta en la región: los escritores izquierdistas priorizaban su compromiso político con ideas de cambio revolucionario. Según el zeitgeist, el escritor debía identificarse con la izquierda, sus causas e interpretaciones. Los demás eran lacayos de la burguesía y el imperialismo. Se bebía de Karl Marx, la Escuela de Frankfurt, la generación revolucionaria europea de 1968, Jean Paul Sartre, Mao Tse Tung, Ho Chi Minh, Che Guevara y Fidel Castro, y se miraba con disimulada simpatía a la Unión Soviética y sus “democracias populares”.

Con el correr de los años aquel compromiso devino abrazo del oso. El quiebre inicial y gradual con ese compromiso revolucionario en América Latina tiene lugar a partir del “caso Heberto Padilla”, en Cuba, donde el régimen castrista impuso al poeta una auto-confesión similar a las que el mundo vio con estupor bajo el estalinismo. “El caso” dejó al desnudo una verdad oculta por la hegemonía cultural “progresista”: que el castrismo era una versión caribeña del estalinismo. Vargas Llosa se volvió el crítico latinoamericano más claro y corajudo de la dictadura cubana y su violación sistemática (hasta hoy) de derechos humanos. Eso le significó durante decenios ser denostado por la izquierda. En esta denuncia inicial del castrismo, otro novelista jugó un papel destacado: nuestro Premio Cervantes Jorge Edwards a través de su impactante libro Persona non grata.

Probablemente la distancia que se percibe hoy entre muchos escritores de izquierda de la región con los gobernantes de La Habana, Caracas, Managua o Pyongyang se debe a esa experiencia traumática que significó celebrar a líderes revolucionarios que terminaron convertidos en dictadores o figuras autoritarias, o condujeron, en lugar del socialismo utópico, a regímenes de partido único y economía de mercado, como los casos de China y Vietnam.

En sus memorias (El intruso. Mi vida en clave de intriga), el popular novelista de suspenso Frederick Forsythe opina que “el periodista y el escritor deben guardar distancia (del poder político y económico)… observar el mundo, fijarse, sondear a la gente, comentar cosas, pero nunca sumarse. En resumen, deben convertirse en intrusos”. Para Forsythe, el escritor debiera ser siempre un narrador incómodo de lo que ocurre, no tomar partido, aprovechar el escenario real y relatarlo.

En una posición opuesta se halla el Nobel alemán Heinrich Böll, quien narró como pocos la tensión entre nacionalsocialistas y anti nacionalsocialistas, así como la vida de las personas corrientes en las primeras décadas de la República Federal de Alemania. Böll respaldó al canciller federal socialdemócrata Willy Brandt y a escritores perseguidos por regímenes dictatoriales, y se identificó siempre con la izquierda mundial. Günter Grass, otro Nobel alemán, que abordó temas similares en sus novelas, participó también activamente en política. Tenía un compromiso mayor: militaba en el partido socialdemócrata y se codeaba con sus líderes, y estimaba que no podía desentenderse de la política y que la literatura no le permitía incidir de plano en ella. Para hacerlo debía pasar de la pluma literaria a la pluma del ciudadano militante de ciertas causas políticas.

¿Opinar o callar como escritor en relación con la política? A mi juicio, aquí no cabe el cálculo estrecho en torno a los lectores que uno puede perder por opinar como un ciudadano más, que se preocupa por el presente y el destino de su país. ¿Si uno no opina en democracia, de qué estamos hablando entonces? El reto crucial para un novelista, en este sentido, es separar las aguas con claridad: una cosa son las novelas, la literatura y sus claves y tiempos; y otra la política con sus demandas, programas y retórica. El novelista deja preguntas, el político ofrece respuestas y quiere convencer a los demás de que tiene razón.

Mientras presento con Mauricio Rojas Diálogo de conversos 2, muchos lectores que, tras la presentación del libro, solicitan el autógrafo, agradecen nuestra reflexión política sobre Chile y el mundo, pero me preguntan asimismo: ¿Y cuándo viene la próxima novela?

Es muy satisfactorio saber que los lectores tampoco confunden los planos.

Vargas Llosa: ensayo y ficción

“Cuando Vargas Llosa va poco a poco abrazando el liberalismo, la convicción de que no hay verdades únicas, lo que le está ocurriendo es un impulso profundo a ser fiel a sí mismo, fiel a quien siempre fue como novelista…”.

Mucho del tremendo impacto que tuvieron las primeras novelas de Vargas Llosa en los años sesenta se debió a que, en un continente acostumbrado a una literatura maniquea, de protagonistas simplones en sociedades estereotipadas, él optara por expresar la humanidad en toda su laberíntica complejidad. El ámbito novelístico de Vargas Llosa fue desde el comienzo pródigo en ambigüedades, en abismos que separan las apariencias de la escurridiza realidad; un mundo multipolar, insondable y ferozmente adverso a dictámenes autoritarios, vinieran de las autoridades del Colegio Militar Leoncio Prado, o de la corrupta dictadura de Manuel Odría. Por eso no es sorprendente, creo yo, que hacia fines de la década se diera lo que algunos -¡entre ellos el mismo Vargas Llosa!- ven como el comienzo de una “conversión” ideológica, gatillada por las dudas que empezó a tener de la revolución cubana, de su constructivismo autoritario, a veces violento y en esa época cada vez más mendaz. Sin duda fue importante esto de Cuba, pero cuando Vargas Llosa de allí va poco a poco abrazando el liberalismo, la sociedad abierta, la convicción de que no hay verdades únicas, lo que le está ocurriendo es menos una “conversión”, pienso, que un impulso profundo a ser fiel a sí mismo, fiel a quien siempre fue como novelista.

En “El llamado de la tribu”, su último libro, Vargas Llosa nos brinda siete magníficos ensayos sobre los pensadores que lo ayudaron en este proceso que yo insisto no es uno de conversión, sino de convergencia con sus propios instintos de creador. Están Hayek o Adam Smith para respaldarlo en la intuición de que algunas de las instituciones que más valen -el lenguaje, el mercado, el derecho consuetudinario- no son el producto de un plan forjado por una élite iluminada, sino el desenlace de infinitas interacciones humanas, en gran parte anónimas y espontáneas. Está Popper para confirmar su preferencia por una sociedad abierta y plural cuyos fines no están predeterminados por una élite, y en que nadie sobra en la tarea de ir descubriendo y mejorando el futuro a través de procesos de ensayo y error. Están Aron, Ortega y Gasset y Revel para confirmar la convicción de que en un mundo en que nadie es dueño de la verdad, y en que la verdad es siempre provisoria, lo lógico es ser moderado, evitando extremismos. Y está Isaiah Berlin, el liberal más afín de todos.

Vargas Llosa comenta que a primera vista Berlin no tiene ideas propias. Describe con empatía las ideas de otros pensadores, pero sin inmiscuirse él, como si fuera un novelista cuyo narrador -como el de Flaubert- logra “invisibilizarse”, dándonos la ilusión de que las historias que cuenta son “autogeneradas”. Es que la idea central de este pensador con atributos de novelista que es Berlin es que no hay una sola y única verdad, que lo que hay son verdades múltiples que a veces son incluso contradictorias. Para un pensador así, ¿qué mejor que “invisibilizarse” mientras deja que las ideas luchen entre ellas, como el novelista que deja que sus personajes se batan por sí mismos?

Al comparar a un pensador liberal como Berlin con Flaubert, al concederle a Berlin atributos de novelista, Vargas Llosa está, creo yo, de alguna manera confirmando lo que yo creo es la afinidad entre el liberalismo y su propia forma de escribir novelas. El novelista que es Vargas Llosa no podría sino ser liberal, pienso. Y eso le da un ímpetu, una convicción muy especial a estos ensayos, cuya excelencia lo confirma como el eximio expositor que es del pensamiento liberal.

Pensamiento que asusta a algunos porque, frente al vértigo que les genera la libertad, añoran “la llamada de la tribu”, cuando se vivía en plácida subordinación a la colectividad.

“El principal problema que tendrá Lenín Moreno es el propio Correa”

Noticia de La Tercera
2017-05-26

Guillermo Lasso, ex candidato de la oposición en Ecuador

“El principal problema que tendrá Lenín Moreno es el propio Correa”

Tras perder el balotaje, Lasso está de visita en Chile y expondrá hoy junto a Sebastián Piñera.

De todas formas, insiste en que fue víctima de fraude electoral. ‘Hoy Ecuador es un país partido en dos’, asegura.
Agrandar Tamaño Texto Disminuir Tamaño Texto
Fiorella Aste G.
Estuvo cerca de un mes fuera de la vida pública desde que perdió el balotaje del 2 de abril en Ecuador. Pero Guillermo Lasso reapareció en Chile esta semana -la misma en que asumió quien fuera su rival, Lenín Moreno- tras el llamado de un amigo cercano: Sebastián Piñera, a quien conoce hace años y con el que dará una charla hoy.

‘Coincidimos en el mismo hotel en un foro en Madrid y tuve la audacia de acercarme e invitarlo a cenar. Salimos y caminamos por el casco histórico de Madrid. Y obviamente tengo identidad con él’, dice Lasso sobre su vínculo con el ex mandatario chileno. En esta entrevista con La Tercera, da su mirada sobre su país y América Latina a un mes de las elecciones, que perdió por poco más de dos puntos.

¿Latinoamérica está girando hacia la derecha?
No están dejando la izquierda, están dejando estos populismos totalitarios, llamados gobiernos del Socialismo del Siglo XXI. No tienen nada de izquierda tampoco: son gobiernos populistas que actúan atropellando la institucionalidad del país, controlándolo todo, manejando mal la economía y siendo cómplices de la corrupción. América Latina se da cuenta que hay un hartazgo respecto de esos modelos.

¿Ecuador se dio cuenta de eso en las elecciones?
Se dio cuenta. Y nosotros ganamos las elecciones, pero es tal el descaro que se produjo un fraude.

¿En qué quedaron las denuncias que usted presentó?
El Consejo Nacional Electoral no aceptó el pedido de recuento total de votos y luego, de acuerdo con la ley, acudimos a la última instancia que es el Tribunal Contencioso Electoral, y ni siquiera admitieron nuestra denuncia. Ahí, desde el punto de vista legal, terminó el proceso. Políticamente, nosotros hemos dicho ‘damos vuelta la página’, lo que no es decir ‘arrancamos la página del libro’.

El miércoles, al asumir, el nuevo Presidente Lenín Moreno dijo que iba a entregar una lista de involucrados en los sobornos de Odebrecht. Esa es una de las medidas que usted sugirió ¿Significa que podría haber un acercamiento al nuevo gobierno?
Hemos planteado 10 medidas. Una de ellas es justamente presentar al Ecuador la lista de Odebrecht y llevar a cabo todas las investigaciones necesarias para que los culpables sean sancionados. Si Moreno hace eso, me parece que es un buen paso en función de la moral pública.

¿Usted buscará acercarse?
No, yo no buscaré acercarme. Lo que estoy dispuesto en función del interés de los ecuatorianos es dialogar públicamente una vez que hayan tomado algunas medidas que den legitimidad al gobierno y demuestren seriedad frente al futuro del Ecuador, que hoy es un país partido en dos.

¿Moreno se va a distanciar de Rafael Correa?
Yo anticipo que el principal problema que va a tener Lenín Moreno no es la oposición, sino el propio Correa y su partido. El puede estar cargado de buenas intenciones que no serán aplicables fácilmente, por este condicionamiento de un correísmo que durante los últimos 10 años le ha causado problemas al Ecuador.

¿Postulará nuevamente a la Presidencia de su país?
Acabo de terminar una elección, faltan cuatro años. Responder esa pregunta es muy anticipado.

Noticia de La Tercera
2017-05-26

“Los problemas de Ecuador no se arreglan con matices; requieren un cambio de fondo”

Noticia de El Mercurio
2017-05-21
Ex candidato Guillermo Lasso, ad portas del cambio de mando en su país: Ex candidato Guillermo Lasso, ad portas del cambio de mando en su país:

“Los problemas de Ecuador no se arreglan con matices; requieren un cambio de fondo”

El ex postulante llega esta semana a Chile. Insiste en que le robaron la elección, y fija tres condiciones para arribar a eventuales acuerdos con el gobierno de Lenin Moreno: liberar a los presos políticos, y derogar la ley de medios y el decreto que regula a las organizaciones sociales

Margaret Valenzuela

“Nosotros seguiremos en la lucha”, dice el empresario Guillermo Lasso ad portas de que asuma un nuevo gobierno en Ecuador. El pasado 2 de abril, Lasso fue derrotado en las elecciones presidenciales por el heredero de Rafael Correa, Lenin Moreno, en una reñida contienda electoral. La estrecha diferencia, de tres puntos, llevó al candidato opositor a pedir el reconteo total de los votos, que no le fue concedido.

Lasso dice tener la “absoluta convicción” de haber triunfado, pese a que los resultados oficiales le dieron el 48,8% de los votos, frente al 51,16% obtenido por Moreno. Y señala al “apagón electoral” del 2 de abril -un lapso de 20 minutos en la página web con los cómputos, después del cual cambiaron las tendencias- como un indicio del supuesto fraude que acusa. “Nosotros sostenemos que logramos una victoria por encima del 50% que no fue reconocida por las instituciones del correísmo”, afirma.
En cualquier caso, dice que la alta votación obtenida le impone una responsabilidad, pues “lo que dijeron los ecuatorianos fue ‘queremos un cambio’ “. Un viraje, agrega, no solo político, sino también económico, en un país donde temas como el empleo inquietan fuertemente a la ciudadanía, al punto que “lo que pudo ser un proyecto político que comienza en la trinchera de la derecha, liderado por un empresario, como algunos dicen, terminó siendo un proyecto político amplio, liderado por un demócrata”.

Lasso aterrizará en Chile este miércoles, el mismo día en que Moreno jurará como nuevo Presidente de Ecuador. Invitado por la plataforma de reflexión y debate “La otra mirada” (ligada a las fundaciones de Nicolás Ibáñez), dará una conferencia junto a su amigo, el ex Presidente Sebastián Piñera, este viernes, cuyo tema central será “América Latina, la batalla por la libertad”. También participará en un almuerzo con autoridades de la Universidad del Desarrollo y dictará una charla en la Universidad de los Andes. Eso, además de una cena privada en la casa del ex Presidente el próximo jueves.
-Más allá de la controversia por los resultados, ¿será diferente el gobierno de Lenin Moreno del que lideró Rafael Correa?
-Yo creo que el problema no es una persona, sino el modelo, y el modelo es de un gobierno que controla todas las instituciones en el ámbito judicial, electoral, instituciones de control como la Contraloría, Fiscalía, el Procurador. Es un problema de fondo de un modelo que no respeta la democracia liberal. Un modelo que se basa en un Estado de propaganda, que utiliza medios de comunicación públicos incautados para agredir a las personas que pensamos distinto, y para hacer propaganda que haga percibir, en lo interno y externo, una eficiencia en lo social que no existe.

-¿Pero ni siquiera ve un matiz entre Moreno y Correa, como el que algunos analistas señalan?
-Quizás habría que esperar, pero los problemas de Ecuador son tan serios, que no se arreglan con matices; lo que requieren es un cambio de fondo.
-¿Existe alguna posibilidad de construir acuerdos con el nuevo gobierno?
-Mire, yo soy un ecuatoriano que ama a mi país y estoy dispuesto a hacer lo necesario para producir aquel cambio que requiere la sociedad ecuatoriana, pero no puedo tener reuniones que no conduzcan a cambios de fondo en materia institucional, económica e incluso social. No podemos pensar que haya democracia en un país donde hay perseguidos políticos. El actual gobierno, si quiere convocar a un apoyo de la oposición que nosotros lideramos, debería comenzar por indultar a todos los perseguidos políticos. Si el gobierno los indulta a todos, no a uno o a dos, sino a todos, y deroga la ley de comunicación y el decreto 16 (que regula y registra las organizaciones sociales), yo empezaría a creer que hay un cambio.
-¿Será Ecuador uno de los últimos bastiones del chavismo o piensa que a la larga puede haber un viraje?
-Como le dije, el modelo será el mismo, habrá que esperar si hay matices, pero con matices no se arregla un problema de fondo de falta de empleo, de una economía que no crece, de unos prejuicios ideológicos y personales que no le permiten a Ecuador mantener relaciones abiertas, activas, frontales con países desarrollados como Estados Unidos o como la propia Unión Europea, con la que se firmó un acuerdo de comercio, pero casi de mala gana.
-¿Y cómo observa el panorama del ‘chavismo’ en la región, luego de los últimos procesos electorales en distintos países?
-Está debilitado, porque los precios de los principales productos que exportan estos países han caído, y creo que en el mundo global va a terminar esa etapa de bajas tasas de interés que de alguna manera beneficiaron un modelo económico populista. Ahora, la gran pregunta es qué es el poder chavista, y si usted se pone a reflexionar, llega a la conclusión de que es nada: nada más que populismo, totalitarismo; de hecho, no es de izquierda.
-¿Por qué lo dice?
-No comparto las ideas del socialismo, pero respeto al socialismo moderno, que usted lo puede ver en Europa o en el período de la Concertación chilena también. El socialismo del siglo 21 no tiene nada de izquierda ni de socialista; lo que tiene es de totalitarismo, de abuso, de atropello, de mal manejo de la economía y eso se expresa en lo que estamos viendo en la Venezuela de hoy, y lo que se va a ver más profundizado en Ecuador también.
-¿Qué lecciones le deja su campaña a la centroderecha en la región y de cómo debe enfrentar a una coalición de izquierda como ocurrirá en noviembre en Chile?
-Yo le diría que sí se puede, que hay que luchar y que no hay que quedarse en el mundo de las ideas, sino en el mundo de la acción. En mis recorridos he conversado con los jóvenes sobre cuál es su futuro y siempre me han hablado de emprendimiento, de la necesidad de asumir el destino de sus vidas en sus propias manos.
-¿No cree que le pesó su condición de empresario en la elección?
-Esa fue parte de una campaña sucia del propio gobierno desde hace 7 años, cuando yo manifesté mi intención de dedicarme a la vida política, pero no ha pesado en el pueblo ecuatoriano, porque por mí votó la mayoría. Es un prejuicio que quieren instalar en la mente de los ciudadanos para defender el modelo de partido único.
-¿Cómo se ve la situación de Chile desde el exterior?
-Le voy a contar un pequeño chiste. Un amigo le decía a otro: “¿Cómo está tu esposa?”, y el amigo le preguntó: “¿Comparada con quién?”. Entonces, si usted me pregunta cómo se ve a Chile, lo veo estupendamente bien comparado con países de América Latina. Que obviamente se pueden hacer mejor las cosas, claro que sí, y por eso está ahí la opción de Sebastián Piñera, pero comparado con América Latina… Yo creo que los chilenos debieran sentirse orgullosos.
-¿Qué visión tiene de la administración Bachelet? Siendo un gobierno de izquierda, ¿cabe algún punto de comparación con el gobierno de Correa?
-Sería injusto compararla con Correa. Yo creo que la Presidenta Bachelet es una demócrata que respeta las instituciones. Recuadro : “La Presidenta Bachelet es una demócrata que respeta las instituciones. Sería injusto compararla con Correa”, afirma el ex candidato opositor ecuatoriano.
“El socialismo del siglo 21 no tiene nada de izquierda ni de socialista; lo que tiene es de totalitarismo, de abuso, de atropello, de mal manejo de la economía”.
“La gran pregunta que les hice a los ecuatorianos fue: ¿Qué te piden a cambio de regalarte todo? ¿Tu libertad?”.
—Posición de Correa frente a juicio Chile-Perú:”A mí también me sorprendió, no correspondía a la tradición”-Durante el gobierno de Correa, a raíz del juicio por la demanda marítima peruana, existió un distanciamiento en las relaciones Chile-Ecuador. ¿Lo considera un error?
-Las relaciones internacionales entre Chile y Ecuador han sido siempre muy cercanas. No quisiera hacer una crítica a mi país en política internacional, pero al igual que a los chilenos, a mí también me sorprendió la decisión del gobierno de Correa sobre ese punto, porque no correspondía a la tradición de las relaciones entre ambos países.
“AMÉRICA LATINA NECESITA LÍDERES COMO ÉL”, DICE:–Su larga caminata con Piñera por las calles de MadridLasso cuenta que conoció al ex Presidente Piñera cuando este último daba una conferencia en Argentina. Después, en marzo de 2016, ambos coincidieron en Madrid, en la Fundación para la Libertad, de Mario Vargas Llosa, donde Piñera fue invitado como orador principal.
“En ese encuentro yo lo invité a cenar y él aceptó. Después de esa cena, tuvimos una larga caminata por el sector antiguo de Madrid y fue muy interesante porque fue una conversación para mí muy aleccionadora. Caminamos cerca de una hora y yo le pregunté mucho sobre su vida política, y siento que es una persona de la cual se puede aprender mucho y que tiene gran sentido del humor”, recuerda Lasso, quien el año pasado volvió a invitar al ex Presidente, ahora a Guayaquil.
Convencido de las opciones del ex Mandatario en los comicios de noviembre, dice que “América Latina necesita líderes como él”.
-¿Cómo debe enfrentar Piñera esta nueva elección presidencial?
-Yo no me atrevería a darle ningún consejo. Más bien, lo que quisiera decirles a los chilenos, al igual que a los españoles y probablemente a muchos otros países de América Latina, es que hay que tener mucho cuidado con las fórmulas populistas de los que se presentan como buenos y que hablan de libertad de expresión, pero que una vez en el poder quieren controlar a los medios de comunicación independientes. La gran pregunta que yo les hice a los ecuatorianos (y muchos se la respondieron y por eso votaron por nosotros) fue: “¿Qué te piden a cambio de regalarte todo? ¿Tu libertad?”.
-¿Qué candidato podría representar en Chile ese populismo que usted menciona?
-No estoy tan compenetrado con la política chilena del día a día y, por lo tanto, no me atrevo a poner un nombre, pero sí creo que Sebastián Piñera representa la libertad, la democracia y la prosperidad. Respetando a los chilenos y sin ánimo de inmiscuirme en política chilena, desearía que él vuelva a ser el Presidente de Chile, lo hizo muy bien y creo que con toda esa experiencia se puede convertir también en uno de aquellos líderes latinoamericanos que nos ayuden y nos apoyen en la defensa de la democracia y la libertad en toda América Latina.
-Su equipo sostuvo reuniones con Piñera y con algunos de sus ex ministros como Larroulet y Larraín. ¿En qué aspectos de su campaña terminó influyendo el ex Presidente?
-No le puedo señalar uno en particular, pero entiende muy bien cómo funciona la economía, y mi pensamiento es coincidente con el de él en muchos aspectos, sobre todo en materia de crecimiento económico, de generación de empleos y construir una red de oportunidades para el emprendimiento. Entonces, obviamente son ideas de libertad económica en las que yo coincido con el pensamiento del Presidente Piñera y de Felipe Larraín
-Piñera rescató de su campaña el sistema “Carpool Karaoke” y lo usó en la elección municipal…
-Cuando nos visitó en Guayaquil, después del almuerzo, le pedí al Presidente Piñera su autorización para que en el auto que yo iba a manejar existieran cámaras que fueran filmando nuestro diálogo. Él lo aceptó, y luego vi que aplicó esto en las elecciones municipales con los candidatos a alcaldes, lo cual me resultó muy interesante.

Noticia de El Mercurio
2017-05-21

Ex presidenciable de Ecuador identifica a los populistas

Noticia de Las Últimas Noticias
2017-05-26

Guillermo Lasso, de visita en Chile, salió segundo en la elección presidencial ecuatoriana

Ex presidenciable de Ecuador identifica a los populistas: “Son los candidatos que plantean refundar todo un país”

“América Latina está dividida: hay gobiernos democráticos, hay otros gobiernos de izquierda, que son respetables, y hay un tercer segmento que yo diría que son del socialismo del siglo XXI”, plantea.

Agrandar Tamaño Texto Disminuir Tamaño Texto
WASHINGTON GUERRA M.
Guillermo Lasso tiene bien claro que seguirá en política pese a la derrota que sufrió en abril pasado, cuando se concretó la elección presidencial en Ecuador que dio por ganador a su contrincante Lenín Moreno. El ex presidenciable no asistió al cambio de mando en su país, más bien prefirió viajar a Chile, invitado por la fundación La Otra Mirada, para dar una conferencia sobre populismo.

En abril, Lasso logró el 48,84% de los votos en su país, mientras que el candidato oficialista Lenín Moreno llegó al 51,16%. Lasso, no obstante, asegura que hubo un fraude en la elección: ‘El 2 de abril las encuestas a boca de urna nos daban una ventaja de seis puntos, y el conteo oficial de votos inicial marcaba esa tendencia. Pero hubo un apagón informático de 20 minutos y luego aparecieron escrutados el 90% de los votos y con la tendencia totalmente cambiada’, reclama. Por eso impugnó la elección, sin embargo, los resultados fueron ratificados.

‘No descarto presentarme nuevamente como candidato a presidente. Pero faltan cuatro años. Sí tengo claro que seguiré en política’, dice. Y acusa: ‘En la campaña, que no fue fácil, debí competir con el Estado candidato , es decir, con el candidato del oficialismo, que gobierna en mi país, y que utilizó todos los poderes del Estado en favor de ese candidato y en contra de la oposición’.

-Usted ha sido crítico de gobiernos de izquierda como el venezolano y el cubano. ¿Qué crítica les hace a esos regímenes?

-Los gobiernos de Venezuela y Cuba son populistas porque atropellan o abusan de las instituciones, despilfarran dineros públicos y, de alguna manera, protegen la corrupción. La batalla por la libertad es la batalla contra aquellos gobiernos populistas.

-Además de Venezuela y de Cuba, ¿encasilla a otro país en ese lote?

-A Ecuador, especialmente por el gobierno que recién terminó de Rafael Correa. Pero más allá de eso, América Latina está dividida: hay gobiernos democráticos, hay otros gobiernos de izquierda, que son respetables, y hay un tercer segmento que yo diría que son del socialismo del siglo XXI, que de socialistas no tienen nada y de izquierda tampoco.

-A propósito del populismo, del cual es muy crítico. Ningún candidato, en ninguna parte del mundo, se va a declarar populista. ¿Cómo se puede determinar a un candidato populista?

-Cuando en planteamientos concretos dicen vamos a refundar el país , necesitamos una nueva constitución; y cuando llegan a esa asamblea constituyente, empiezan a plantear, por ejemplo, mecanismos de participación ciudadana, ofrecen una democracia directa donde es el ciudadano el que decide todo lo que sucede en el gobierno. Cuando llegan a gobernar, el poder lo tiene totalmente el presidente de la República. Los populistas son los candidatos que plantean refundar todo un país.

-O sea, ¿está en contra de cambiar la Constitución de un país?

-Mire, cuando se escuchan los conceptos de asambleas constituyentes, nueva Constitución y la necesidad de una participación directa de los ciudadanos yo diría prendan un foco amarillo porque es riesgo de ser gobierno populista.

-¿Qué otras características se pueden encontrar en un gobierno populista?

-Los gobiernos populistas tienen un manual muy claro que desfavorece la inversión local e internacional porque generan desconfianza bajo un concepto de que el Estado es todo y empiezan a gastar más allá de lo que produce el gobierno. Por eso, cuando hablo con los jóvenes les digo asume el destino de tu vida en tus propias manos . No dependas de las ofertas como educación gratuita, estudia con bonos, becas, cuidado: todo el que ofrece eso, quiere algo a cambio y eso es su libertad.

-En otro tema, ¿pertenecer a la prelatura del Opus Dei le jugó en contra en la última elección?

-No influyó, ni siquiera estuvo en el debate.

-¿Por qué está a favor de la unión civil de dos personas del mismo sexo, pero en contra del matrimonio homosexual?

-Porque el matrimonio es la unión de dos personas de distinto sexo. Pero el Estado ecuatoriano es laico y dije que no voy a inmiscuirme en influir en las opciones de cada ecuatoriano.
Recuadro :
‘Los gobiernos de Venezuela y Cuba son populistas porque despilfarran dineros públicos’

Guillermo Lasso

 

Noticia de Las Últimas Noticias
2017-05-26

“Necesitamos vigilar la intolerancia, tanto de la derecha como de la izquierda”

Noticia de El Mercurio
2017-01-08

Jonathan Haidt, destacado psicólogo social estadounidense:

“Necesitamos vigilar la intolerancia, tanto de la derecha como de la izquierda”

El autor de “The Righteous Mind” aborda el creciente tribalismo en la sociedad actual y llama a valorar la diversidad política como el tipo de diversidad más importante.

Agrandar Tamaño Texto Disminuir Tamaño Texto
HARALD BEYER y ALVARO FISHER Para “El Mercurio”
Esta semana visitó Chile, invitado por el Centro de Estudios Públicos y La Otra Mirada, el destacado psicólogo social Jonathan Haidt, profesor de la Stern School of Business de la Universidad de Nueva York. En los últimos años ha estado estudiando los fundamentos morales de la política y las formas de superar las “guerras culturales” de forma de promover una mayor civilidad en la política. Sobre estos asuntos conversó el profesor Haidt con “El Mercurio”.

-¿Por qué es importante estudiar los fundamentos morales de la política?

“Mucho de lo que nos divide está relacionado con estos fundamentos. Por ejemplo, las personas de izquierda tienden a ver los fenómenos sociales principalmente a partir de un eje altruismo versus daño y opresión, porque esos son los fundamentos centrales de su propia moralidad. Le puede parecer incomprensible, entonces, que otros no vean dichos fenómenos a través del mismo prisma. Las personas de derecha tienden a enfocarse en asuntos tales como el honor, el respeto o la lealtad y pueden encontrar insólito que estos estén ausentes en la izquierda. Pero ambos grupos están compuestos de seres morales y no inmorales como a menudo estos grupos se ven unos a otros”.

-¿Cómo se logra crear un terreno común en el que se pueda hablar sobre moralidad en términos más generales?

“Muchas personas han tratado de buscar la moralidad universal a nivel de actos. ¿Qué actos son universalmente malos? ¿Matar a los padres de uno? No necesariamente. ¿Matar a los hijos de uno? No necesariamente. No creo que sea útil buscar actos universales. Lo que yo he hecho a partir de la antropología y la psicología evolucionista es entender las bases fundantes, provistas por el entorno y la evolución, sobre las cuales podemos construir moralidades culturalmente variables. Este ejercicio nos permite encontrar muchos puntos en común, a los que llamamos fundamentos morales. De modo que en cada sociedad las personas le otorgan gran importancia al cuidado y a la crianza, a la justicia, encontrándose en todos lugares en grandes cantidades. Los otros fundamentos son más variables. Así, gran parte de las sociedades le asignan énfasis a la libertad, pero no todas. Otra parte importante privilegia la autoridad, pero no todas. Otras sociedades le dan importancia a la lealtad. Si se miran los fundamentos, es fácil darnos cuenta de que sí, somos una sola especie y que también tenemos las mismas ‘papilas gustativas’, pero comemos comidas distintas”.

-En su libro “The Righteous Mind”, usted introduce la idea de que nuestros actos y opiniones son a menudo el resultado de nuestras intuiciones morales, aunque después intentemos racionalizarlos.

“En efecto, somos buenos para encontrar justificaciones para cualquier cosa que hemos hecho, e igualmente somos muy buenos para criticar y quejarnos ante cualquier persona con la que tengamos una diferencia. Ahora si bien esto es natural, bajo ciertas circunstancias puede conducir a situaciones poco deseadas. Como señalaba antes, somos criaturas tribales, y de un momento a otro nos agrupamos y enfrentamos los valores de otro grupo. Por eso construimos instituciones que nos permiten superar ese tribalismo. Pero es muy fácil corromper las instituciones y llevarlas a la política partidista y tribalismo”.

-Este tribalismo parece estar en ascenso. ¿Qué lo explica?

“En Estados Unidos hay muchas causas. Entre otras, un proceso de ‘purificación’ de nuestros principales partidos. Desde la década de los 90, un partido se ha derechizado y el otro se ha izquierdizado. Se ha producido una desconexión entre ambos y entre los votantes de estos partidos. La evolución de los medios también ha jugado un rol. Han crecido aquellos que permiten confirmar los peores prejuicios de cada uno de nosotros. También el término de la Guerra Fría; la pérdida del eterno rival que era una fuente de cohesión del país relevante. También la inmigración, que después de un período largo de estancamiento creció rápidamente en los años 70 y 80, ha producido incomodidad. Por último, mencionaría la forma en que han impactado las redes sociales que aceleran las tomas de posiciones y el tribalismo”.

-Usted ha insinuado que junto con este fenómeno se ha instalado en la sociedad estadounidense el imperio de lo políticamente correcto, e incluso se amenaza la libertad de expresión. ¿Podría explicar este fenómeno?

“Necesitamos vigilar la intolerancia, tanto de la derecha como de la izquierda. En la derecha, esta se encuentra relacionada con el fundamentalismo. En la izquierda, está emergiendo una nueva y potente moralidad durante los últimos diez o veinte años que pretende decirle a la gente qué puede pensar o hacer. No deja de ser inquietante que en los Estados Unidos, donde creemos ser los campeones de la libertad de expresión, esta libertad sea vista como una herramienta para que poderosos hombres blancos puedan decir cosas racistas y sexistas. Al mismo tiempo, al privilegiarse a toda costa la protección de los sentimientos de grupos específicos en nuestras universidades se está corriendo el riesgo de limitar la libertad de expresión. Si esto se instala, es el fin de las universidades como las conocemos”.

-De cierto modo, parece que tanto la intolerancia en la izquierda como en la derecha es una expresión de tribalismo y guerra.

“¡Exactamente! Se ve el mundo dividido por las fuerzas del bien y del mal; las fuerzas de la luz y de la oscuridad. Se están hiperactivando nuestros sentimientos tribales morales, ¡mientras que la tradición liberal era lo opuesto! Era un modo de permitirle a la gente vivir en conjunto a pesar de sus diferentes objetivos y deseos en la vida”.

-¿Cuáles son las diferentes herramientas de las que disponemos para deshacernos de los elementos que nos dividen en el siglo XXI? ¿Tenemos herramientas con las que trabajar?

“Creo que tenemos que cambiar la forma en que pensamos la diversidad. En Estados Unidos, diversidad se relaciona generalmente con raza, género y orientación sexual. Nos falta mucho, pero hemos avanzado en eso; a la vez, nuestras divisiones políticas están empeorando cada vez más. Ahora tenemos que abordar la diversidad política como el tipo de diversidad más importante. En segundo lugar, está el tema de las redes sociales. Necesitaremos enseñarles a nuestros jóvenes algo de responsabilidad digital, y también a las empresas. Eso significa enseñar a las personas a dar el beneficio de la duda para no tirar bencina sobre incendios y no unirse a linchamientos colectivos”.
Recuadro :
”Se están hiperactivando nuestros sentimientos tribales morales, ¡mientras que la tradición liberal era lo opuesto! Era un modo de permitirle a la gente vivir en conjunto a pesar de sus diferentes objetivos y deseos en la vida”.
Harald Beyer es director del Centro de Estudios Públicos y Álvaro Fisher es presidente de la Fundación Ciencia y Evolución.

 

Noticia de El Mercurio
2017-01-08

Jonathan Haidt: “Trump habla de una manera que sintoniza con las personas autoritarias”

Noticia de www.cnnchile.com

Jonathan Haidt: “Trump habla de una manera que sintoniza con las personas autoritarias”

29 de Diciembre, 2016 – 23:45 Hrs.

Psicólogo aseguró que la estrategia del presidente electo “debería funcionar en casi todos los países”.

El psicólogo social estadounidense, Jonathan Haidt, conversó con CNN Chile desde Nueva York y analizó diversos termas que abarcaron la agenda internacional, como la crisis de confianza en la política y la inmigración.

Sobre este último punto, el especialista afirmó que en Estados Unidos la asimilación entre culturas “en los años 20 EE.UU. cerró la puerta y tuvimos una actitud general de asimilación”, la que a su juicio funcionó en el siglo XX pero no necesariamente en el siglo XXI.

Sobre el mandatario electo, Donald Trump, dijo que “pareciera tener algo muy personal que hace que sienta miedo de todo”.

“Algo particular sobre la psicología de Donald Trump es que tiene esta alta sensibilidad de desagrado y que habla de una manera que sintoniza con las personas autoritarias, que son partidarios de mantener las divisiones y alejar a cualquiera es diferente y eso es algo dañino”, complementó.

En esa línea, dijo que esa es una estrategia que “debería funcionar en casi todos los países”.

Sobre el escenario político mundial, Haid dijo que “la democracia está enfrentando una serie de desafíos”.

Noticia de www.cnnchile.com

Jonathan Haidt y el choque entre globalización y nacionalismo

Noticia de Pulso Economía & Dinero
2016-12- 27

ENTREVISTA CON EL PSICÓLOGO SOCIAL DE LA ESCUELA DE NEGOCIOS DE LA U. DE NUEVA YORK

Jonathan Haidt y el choque entre globalización y nacionalismo: “Soy pesimista sobre la posibilidad de que la disputa disminuya”

 

Una entrevista de FRANCISCA GUERRERO Una entrevista de FRANCISCA GUERRERO EL CONFLICTO es eterno, según Jonathan Haidt, psicólogo social de la Escuela de Negocios Stern de la Universidad de Nueva York, que no se siente optimista respecto a la disputa moral que se libra en nuestros tiempos. Globalización versus nacionalismos, la irrupción de las redes sociales y el aumento de la inmigración son factores que generan cada vez más tensiones en el mundo desarrollado, escenario en el que no descarta una confrontación más violenta.
El académico, que el próximo 4 de enero ofrecerá la conferencia ‘¿Cómo nos afecta el capitalismo y qué hace por nosotros?’, organizada por el CEP y La Otra Mirada, también trabaja en torno al sistema ético de las organizaciones. En ese marco, asegura que si muchos quebrantan la ley en una industria, como en los casos de colusión, no se puede culpar a manzanas podridas sino a todo el cajón.
Usted ahonda en la diputa moral que existe entre las personas respecto a su percepción sobre la economía, ¿podría explicar este concepto?
—Siempre va a haber conflictos en los grupos humanos, a veces simplemente es por los recursos, pero incluso en esos casos la gente tiende a entenderlo como una disputa moral, donde se tiene cierto derecho que otro está violando. La disputa es eterna, lo ves en el budismo, hinduismo, en la biblia.
En general los conflictos son específicos en cada país, pero estos conflictos son cada vez más similares unos de otros. Están creciendo los populismos en Gran Bretaña, Estados Unidos, Polonia, Hungría, en realidad en toda Europa y algunos están ganando fuerza. Personalmente, creo que en el siglo XXI habrá varios conflictos, uno de ellos en torno a la globalización, que se ha expandido con la prosperidad pero que ha intensificado la desigualdad en muchos países.
Otro tiene que ver con las redes sociales, que solo en los últimos años han permitido que todos sepamos lo que está pasando al otro lado. Con esto, la política se está volviendo algo mucho más personal. Lo tercero es el aumento de la inmigración en todos los países, lo que tiene un amplio efecto sociológico.
Hay varios países que están experimentando estas tres tendencias, lo que se traduce en ira política y polarización.
¿Forman parte de esto los cuestionamientos al libre comercio que atraviesan el triunfo de Donald Trump y del Brexit?
— Claro, es parte de la división emergente entre globalización y nacionalismos. Los partidarios de la globalización están generalmente en el ala izquierda de la moral, mientras que los nacionalistas están más cercanos a la derecha. Es fundamentalmente una discusión sobre la legitimidad del levantamiento de muros.
Los partidarios de la globalización no se sienten cómodos con la idea de los muros, creen en el libre movimiento de las personas, lo que se liga bastante a la idea que defiende la Unión Europea. En tanto, los nacionalistas tienden a ser más patriotas, más hostiles frene a la influencia extranjera en sus propios países, por lo tanto la sola idea de sobrepasar las líneas fronterizas es perturbador para los nacionalistas.
Si el comercio hubiera cumplido las promesas que hizo el siglo pasado, no habría tanta discusión al respecto. Pero debido a que al menos en Estados Unidos los tratados de comercio son negociados por miles de lobbies que representan interesas corporativos, no es claro quién realmente está hablando por la clase trabajadora.
En EEUU hay una división muy grande en relación a la gente que se ha visto beneficiada por la globalización, especialmente en ciudades donde la gente se ha visto dañada, por ejemplo en zonas rurales, en el medio oeste, en esos lugares donde triunfó Donald Trump.
¿Cree que esta disputa moral pueda llegar a una confrontación más violenta?
— En general soy muy pesimista sobre la posibilidad de que esta disputa disminuya en lugar de ponerse peor, bastante peor. La única esperanza que tengo es que los niveles de violencia en estos términos son mucho menores a los que vimos, por ejemplo, en los años ‘60.
En esos años Estados Unidos también estaba muy dividido pero había mucha más violencia, hubo mucha más muerte como respuesta a la ira política. Hasta el momento acá tuvimos elecciones muy divididas y en el peor de los casos, algunas peleas entre personas, pero nadie fue asesinado por las elecciones. Los niveles de violencia aún son muy bajos, pero no sé cuánto va a durar eso.
En su trabajo también aborda los sistemas éticos para las empresas ¿A qué se refiere exactamente?
— Es una forma de mirar a las compañías como sistemas complejos compuestos de personas individuales. Por lo tanto, si quieres mejorar los activos de una organización no puedes sólo hablar de ello, no puedes solo incentivarlos. Hay que mirar los diferentes niveles de análisis (individual, grupal y social), contar con una mirada sistémica.
Eso es lo que estamos tratando de hacer: aplicar el comportamiento de la investigación científica a los sistemas para mejorar la ética en los negocios.
¿Cómo una empresa puede desarrollar un sistema ético?
— Cada empresa tiene su propia cultura, por lo tanto, sus líderes tienen que estar atentos a ella y preguntarse qué pueden hacer para mejorarla. Actualmente en Estados Unidos la ética se aboca casi completamente al cumplimiento de los objetivos que impone la ley, tienen sistemas operando para medirlo y una capacitación que apunta en esa dirección. Cuando se piensa solo en cumplir la ley, los asuntos éticos se transforman en un obstáculo y estamos tratando de cambiar eso, que la ética vaya más allá del cumplimiento de esos estándares legales.
En ese marco, ¿cuáles son los temas más importantes para los sistemas regulatorios?
— Los sistemas regulatorios debiesen preocuparse de que no se incentiven las cosas equivocadas. La mayoría de los sistemas regulatorios son desarrollados por economistas, que no saben mucho de psicología. Por ejemplo en Estados Unidos en 1992 la ley se cambió para que cuando una compañía quiera pagar a un ejecutivo más de US$1 millón al año ese gasto no sea deducible, a no ser que la compañía pague por el sistema que puso en operación.
Los economistas apuestan a impulsar a los líderes a alcanzar metas de rendimiento, por ejemplo el precio más alto de una acción, pero esto puede ser una idea terrible, porque siempre que estableces metas concretas la gente las alcanza sea como sea, harán lo que sea posible para cumplirlas. En los ‘90 vimos mucho eso, que se establecían metas concretas en lugar de pensar en el bienestar de la compañía a largo plazo.
En Chile hemos visto muchos casos de colusión, en medicamentos, papel tissue y pollos.
¿Cree que se pueda atribuir a la falta de un sistema ético en nuestra cultura empresarial?
— No conozco mucho de Chile, por lo que no puedo hablar de su cultura. Pero aquí es donde caben los tres niveles de análisis: el más bajo es el individual y sabemos mucha de su psicología, en del medio es la cultura de la organización que afecta al grupo, el más alto es el sistema en el que está inserta, lo que incluye la ley y la regulación, pero también considera la cultura nacional.
Por lo tanto, al ver cómo se comporta una empresa en Chile, en relación a una en China o Suiza, va a ser muy diferente. Respecto a la colusión, es importante que exista una regulación consistente. Si el problema es de dos ejecutivos, las normas de la empresa pueden operar.
Cuando se ve que es algo que va más allá de unas pocas personas, es posible que se requiera de normas sobre lo que es bueno para el país.
Detectar los casos es difícil, porque los empleados que lo ven sienten que sacarlos a la luz es una traición a su equipo, pero lo que debe importar en este caso es el bienestar de la compañía a largo plazo.
En casos como estos hay gente que culpa a los individuos, pero hay quienes consideran que es algo propio del afán de acumular ganancias en el capitalismo.
¿A quién es más justo responsabilizar?
— Desde el punto de vista psicológico nos gusta culpar a individuos. Nos gusta encontrar a la manzana podrida. Es mucho más fácil. La idea central de los sistemas éticos apunta a la psicología social. Todos estamos muy influenciados por el ambiente y por lo que la otra gente está haciendo. Los sistemas éticos ponen más atención al cajón que a la manzana. Si hay industrias donde la mayoría de las personas está quebrantando la ley no puede ser por una manzana podrida, sino por el cajón. Si algo es común en una industria es porque se trata de un problema sistémico.
Teniendo eso en cuenta, hay que tener presente que dos manzanas podridas realmente pueden estropear al grupo. Por lo que de todas maneras los individuos importan. Recuadro : ‘Cuando se piensa solo en cumplir la ley, los asuntos éticos se transforman en un obstáculo’.
‘Si hay industrias donde la mayoría está quebrantando la ley no puede ser por una manzana podrida’.
‘Los sistemas regulatorios debiesen preocuparse de que no se incentiven las cosas equivocadas’.
‘Siempre que estableces metas concretas la gente las alcanza sea como sea’.
‘La globalización se ha expandido con prosperidad pero ha intensificado la desigualdad’.
‘No está claro quién realmente está hablando por la clase trabajadora (en la discusión de acuerdos comerciales)’
‘La única esperanza es que los niveles de violencia son mucho menores a los que vimos en los ‘60’.
‘Los partidarios de la globalización no se sienten cómodos con los muros, creen en el libre movimiento de personas’.

Noticia de Pulso Economía & Dinero
2016-12- 27