Javier Silva: “Salir del socialismo”

En pocas semanas más visitará Chile el periodista francés Guy Sorman, autor una gran cantidad de libros que versan sobre la libertad, y los desafíos para consagrar una sociedad libre a nivel global.

Hace casi treinta años fue la primera vez que Sorman estuvo en Chile, en aquella oportunidad concedió una entrevista a El Mercurio. En ella explicó brevemente qué es el liberalismo y cómo se diferencia del socialismo. El liberalismo – manifestó – “cubre todas las proposiciones que dicen relación con la libertad de elección y puede aplicarse a todos los aspectos de la vida social: a la política, a la vivienda, a la salud, el sistema previsional, etc. (…) El liberalismo es, sobre todo, una historia continua, no una verdad revelada”.

Interesante es volver la mirada hacia el proceso del fin del socialismo “real”, que fue como se le llamó al totalitarismo marxista que cubriera con su manto tenebroso a gran parte de la población mundial, en especial a los países de Europa central y del este, del que Sorman es un testigo privilegiado, plasmándolo en su libro “Salir del Socialismo”.

En un viaje que comenzara en junio de 1988 y que terminara en noviembre de 1990, el autor francés inicia el recorrido geográfico e intelectual que lo sitúa donde él explica  comenzó todo: la otrora ciudad Leningrado, actual San Petersburgo.

En esta primera estación, Sorman nos narra con los ojos de la época cómo se vivía en lo que serían, a la postre, los últimos días de la Unión Soviética. Acá él reafirma lo que años antes ya había  explicado Solzhenitsyn, a pesar de siete décadas de totalitarismo en manos del Partido Comunista, éste nunca pudo eliminar por completo a la sociedad civil y que el alma de los pueblos subyugados por el socialismo sobrevivió a los ataques del colectivismo.

Luego de repasar las principales políticas reformistas de la época en Rusia, como la glasnot o la perestroika, que más bien fueron difusas y que en nada ayudaron al restablecimiento de las libertades individuales en la ex – Unión Soviética, el viaje continúa con jóvenes moscovitas que desde la clandestinidad traducían textos de Friedrich von Hayek para difundirlos entre sus amigos y de esta forma importar las ideas de la liberad.

Ahora bien, resulta atractivo en el libro ver la convergencia que intenta mostrar Sorman entre Solzhenitsyn y Hayek; ambos se encontrarían unidos, a juicio del periodista francés, en mantener una posición escéptica frente a la democracia.

En la segunda parte del libro Guy Sorman llega Polonia, donde la figura de Lech Wałęsa es fundamental para comprender el modo en que este país pudo tener una salida pacífica hacia la libertad, destaca en este acápite la afirmación de Walesa: “¡El capitalismo funciona!”. Sorman no pasa por alto el rol que tuvo el Papa Juan Pablo II en esta solución sin violencia hacia la libertad que vivió Polonia en 1989, dedicándole unas páginas a su figura y su papel político en esta transición.

En la tercera y cuarta parte del libro, el viaje continúa ahora por Rumania, las actuales República Checa y Eslovaquia y finaliza en China.  Las heridas que dejara el régimen de Ceaușescu en Rumania aún no eran sanadas al momento de escribirse el libro, lo mismo puede decirse de lo sufrido en República Checa y Eslovaquia. Mención aparte tiene China que continúa con un país y dos regímenes.

El libro muestra que no hay una receta única para salir del socialismo, todo va dependiendo de las características culturales del país.

Leer un libro como el de Sorman, un cuarto de siglo después permite ver en perspectiva y de manera pausada los buenos resultados que tuvo el proceso liberalizador en dicha porción de Europa, pero también los aspectos negativos, como por ejemplo las privatizaciones de las empresas estatales que traspasaron la propiedad del Estado a los gerentes (que habían sido nombrados por los mismos detentores del poder), manteniendo de esta forma los monopolios que gozaban, derivando en lo que se conoce como capitalismo de amigotes.

Con todo, Salir del Socialismo, es un texto que nos dice que las políticas socializantes son reversibles si existe la voluntad en las personas indicadas para liderar, pacíficamente, los cambios hacia una sociedad libre; es algo que en Chile, en los tiempos actuales, se debe tener muy presente.

Publicado en El Muro el miércoles 22 de 2015.