El viaje de Guy Sorman al corazón de la filantropía en Estados Unidos

Las instituciones sin fines de lucro sirven hoy como “laboratorios sociales”.  

J.P. Toro Al igual que su compatriota Alexis de Tocqueville, pero con una diferencia de más de 180 años en el tiempo, el filósofo y economista francés Guy Sorman hizo un viaje por Estados Unidos para desentrañar claves profundas de esa exitosa sociedad. Pero su foco no estuvo en el sistema penitenciario norteamericano (aunque Tocqueville comentaría de todo en “Democracia en América”), sino en algo que es parte de la idiosincrasia de ese país casi desde su nacimiento: la filantropía.

Una actividad que practican tanto figuras de la talla del magnate de Microsoft Bill Gates como millones de personas anónimas que no solo donan dinero, sino quizás algo más escaso en estos días, tiempo.

De esto habla “El corazón americano: Ni el Estado, ni el mercado: la opción filantrópica” (Debate 2014), el último libro de Sorman publicado en español en Chile.

“La filantropía es una dimensión primordial de la cultura estadounidense. Todos los estadounidenses destinan tiempo o donan dinero, con muy pocas excepciones. No dar implica no ser totalmente estadounidense. La gente rica crea fundaciones para el arte, la salud, la cultura, etc. Aquellos más modestos participan como voluntarios. Este sector sin fines de lucro representa el 10% de la economía total de EE.UU.; llena el vacío donde el gobierno está ausente o no es tan eficiente como en el caso de combatir la pobreza, limpiar el medio ambiente, lograr que las ciudades sean más seguras”, explica el autor.

Más allá de quedarse en el incuestionable carácter positivo que tiene la filantropía por el sencillo acto de donar algo, uno de los aspectos más interesantes al que apunta Sorman en su libro tiene que ver con el rol de alternativa entre los dos extremos desde donde provienen la mayoría de las respuestas a las demandas de la sociedad: el Estado y el mercado.

Viajero global, el filósofo francés ha sido testigo directo de las turbulencias que atraviesan muchas sociedades actuales, sin importar si pertenecen a países ricos o pobres.

Ahí donde las economías se frenan, pero por sobre todo pierden creatividad, la filantropía puede ser un factor de asignación eficiente de recursos y, muy importante, de innovación.

“Como una fuente de experimentos, considero que lo que se ha hecho en EE.UU. por largo tiempo podría ser válido para otros países. En todas partes, nuestras sociedades están fragmentadas debido a las nuevas divisiones sociales o culturales, las cuales los gobiernos no pueden resolver por sí mismos. ¿Por qué? El gobierno no tiene los recursos humanos o financieros, o lo que es más importante, no tiene imaginación. La cultura burocrática característica del gobierno no permite la prueba y el error cuando se ve enfrentado a desafíos totalmente nuevos, como la drogadicción o la deserción escolar, por ejemplo. Solo las instituciones sin fines de lucro pueden correr el riesgo de experimentar nuevas soluciones con el fin de resolver los nuevos problemas sociales”, dice a “El Mercurio”.

A su juicio, hoy las ONG y las fundaciones son “laboratorios sociales” donde experimentan fórmulas que el día de mañana pueden terminar convertidas en políticas públicas.

También Sorman destaca la contribución al fortalecimiento de la democracia que puede hacer la filantropía, desde el punto de vista que los ciudadanos se convierten en actores públicos activos que trabajan por un cambio.

Es cierto, concluye el autor, que la filantropía no siempre es perfecta, como tampoco lo son el mercado y el Estado, pero al menos, -y en esto cita al millonario George Soros-, “jamás es dañina”.

Publicado en El Mercurio el sábado 29 de noviembre de 2014