Convicción de un outsider

Noche histórica. Explicaciones van y vienen. Los periodistas no lo pueden creer. El mundo expectante ante el silencio y desazón en la fiesta preparada por los demócratas.

Las bolsas asiáticas caen. El peso mexicano se hace trizas. Los estados azules se empiezan a teñir de rojo, y el mundo simplemente no lo puede creer.

Donald en la madrugada del 9 de noviembre  se convierte en el hombre más poderoso del mundo elegido en una votación con una baja abstención, que seguramente será motivo de estudio por  varias generaciones.

¿Qué pasó?

Trump tuvo el poder de los poderes, la convicción. La convicción ante un pueblo  sin convicciones, cansado de la política, tuvo la habilidad de interpretar muy bien las ganas de volver a creer en el eterno  sueño americano con su slogan  de campaña “make America great again.”

El outsider republicano fue capaz de contrastar su convicción de salvador  con el miedo más profundo y secreto de sus electores,  miedo al terrorismo, a los emigrantes, a la delicuencia y miedo a la competencia. Les habló fuerte y claro, como necesitamos que lo hagan cuando estamos asustados, pero a la vez les hizo cariño con promesas de  protección y seguridad. Y le resultó, pese a que no contó con los medios de comunicación, ni con los nuevos Kennedy, ni con los rostros de moda. Su estrategia de apelar a lo más íntimo y primitivo pudo más y lo terminó  convirtiendo en el hombre de la Casa Blanca.

Terminó con el establishment, logró un voto cruzado entre los más ricos con la promesa de los bajos impuestos y,  los más olvidados con más América para ellos.

Terminó con las predicciones políticas y las palabras de buena crianza.

El mundo y los mercados están en una tensa espera de ver si cumple con su promesa de cambio o, logra hacer un gobierno de unidad .

Por Cecilia Guzman.