Yoani Sánchez: “Tengo miedo a vivir con miedo”

Entrevista de Magdalena Piñera a Yoani Sánchez que apareció publicada hoy, 30/04/2015 en el diario Publimetro.

¿Quién es esta mujer que estuvo por primera vez en Chile y que habló con jóvenes, políticos, intelectuales, empresarios y medios de comunicación, transmitiendo esperanzas respecto al futuro cercano de Cuba? “Yo soy una mujer del siglo XXI y Fidel Castro un hombre del siglo XX”. Buena síntesis de su currículum es el que nos entrega- con mucha sensatez y claridad- esta filóloga nacida en 1975 y convertida en bloguera que, desde La Habana misma, a través de la tecnología a su alcance (su Blog ha sido traducido voluntariamente a 17 idiomas, seguido por varios millones y elegido por CNN entre los 25 mejores del mundo) aboga por cambios urgentes y necesarios para Cuba. Elegida por la revista TIME como una de las 100 personas más influyentes del mundo el 2008, aquí nos habla de sus miedos, de la postal retro de La Habana, pero -sobre todo- de sus sueños. “Los cubanos tenemos derecho de vivir otra realidad” dice con una fuerza que convence.

Partimos esta entrevista en un café del Museo Precolombino de Santiago como parte de nuestro recorrido cultural por la ciudad. “En este breve tiempo he podido sentir la solidaridad de los chilenos, tenemos mucho más similitudes de lo que se pueda pensar, porque aunque nos diferenciamos bastante en el marco de libertades, muy restringido en el caso cubano, la libertad es algo que se da como la genética. Ha sido un poco un viaje en el tiempo. Un viaje a esa Cuba donde ya el tema principal no será salir de una dictadura, sino cómo mantener una democracia y como hacer una democracia más efectiva, menos corrupta, más transparente”, nos dice con esa simpleza y tranquilidad de quien está dispuesta a esperar aún más por los cambios necesarios para su patria.

¿Cuándo nace la Yoani disidente?

Yo soy una persona incómoda. He sentido esa sensación de que la situación y la realidad es demasiado opresiva y, en lugar de escapar, me dediqué a volcar todo eso en la herramienta que encontré más a mano que mi Blog Generación Y. Así llegué a convertirme en una “actora” social y cívica, ¡por casualidad! Cuando empecé ese camino me di cuenta que tenía una gran responsabilidad, porque estaba hablando para una comunidad muy lastimada y que mucha gente que no se atrevía a poner aquello por escrito. Entonces lo que empezó como un ejercicio de necesidad personal dió paso a una responsabilidad colectiva.

¿Y cuántos riesgos has tomado y estás dispuesta a tomar?

A lo que más miedo le tengo es a vivir con miedo. Precisamente abrí un blog porque me cansé de tener miedo. Eso me ha provocado situaciones que generan otros tipos de miedo como puede ser el acoso y la represión de la policía política del gobierno, me preocupa y me genera mucha desazón cómo pueden lastimar a mi familia y a mis amigos. Ya yo creo que cuando uno asume ciertas responsabilidades públicas, aunque siguen los temores individuales y personales, empiezas a padecer unos temores mayores que es el costo que van a pagar las personas que quieres. Trato de que eso no me paralice.

¿Cuánto han ayudado las nuevas tecnologías?

Los cubanos somos hoy ciudadanos más informados no por voluntad gubernamental, sino porque nos han llegado toda una serie de artilugios que han permitido que hoy sepamos más. Por si misma la tecnología no decide ser verdugo o víctima. La misma tecnología que libera puede ser utilizada para vigilar, controlar, intimidar. Para mí la tecnología ha sido una verdadera infraestructura al servicio de la libertad.  El Twitter  se ha convertido en una herramienta efectiva para el activismo en Cuba. Nuestro diario digital “14ymedio” nos permite contar- en palabras sencillas y en base a la cotidianeidad- lo que ocurre en nuestra Isla hoy, a 56 años de la Revolución. Ahí decimos una verdad tan sencilla como insoportable: dos jornadas completas de trabajo de un obrero cubano, le dan para comprar una libra de cebolla.

¿Qué sistema vive Cuba?

Es un engendro al que ellos le llaman socialismo. Yo lo llamo totalitarismo, porque es la situación en que un estado, un gobierno y un partido controla absolutamente cada detalle de la vida de los ciudadanos. Es un capitalismo salvaje de Estado que se disfraza con un discurso supuestamente socialista y de izquierdas y bajo un epíteto que es revolución, donde hay un patrón propietario de todas las fábricas y propiedades del país que decide qué producir, en qué cantidad, a qué precio vender, con largas horas laborales para sus trabajadores que no tienen prácticamente ningún derecho. No señor, las revoluciones no duran 56 años. Las revoluciones son un impulso, son un latido de corazón que generan vida y progreso. Por tanto las revoluciones no pueden prolongarse en el poder.

¿Cuántas esperanzas tienen puestas en el acuerdo con Estados Unidos?

No podemos poner nuestras esperanzas en manos de otros. El gobierno norteamericano tiene la intención de facilitar el emprendimiento dentro de la Isla, pero también hay que hacer algo desde la ciudadanía. No podemos quedarnos sentados a esperar que partan Obama y Raúl para el futuro nuestro, porque es nuestro el futuro. Repartir el pastel hacia afuera y no dar ni una migaja hacia adentro me parece que no lleva ningún lado.

¿Cuánto están dispuestos a perder y a ganar? Porque desde fuera muchos ya empiezan a preocuparse del patrimonio y de que La Habana siga siendo la ciudad que hoy conocemos…

Habitar una postal color sepia es algo muy difícil porque cuando se mira desde fuera puede ser bonita las ruina, los autos antiguos, pero cuando uno tiene que trasladarse por toda La Habana en un Chevrolet  de 1948 o cuando un cubano no puede comprar un auto moderno y tiene que conformarse con esa chatarra rodante que hay en las calles, empieza a ver la postal en color sepia de un color gris. La generación de mi hijo está dispuesta a un cambio profundo radical. La generación mía va con mucha más cautela porque siente que sus mejores años profesionales ya están pasando. La generación de mis padres tienen miedo, porque piensa que no podrá sobrevivir o competir en una sociedad donde no sea el Estado el que ponga las normas, donde hay más competitividad, donde dependa más del esfuerzo. Los cubanos somos mucho más diversos de lo que nos pintan.

Fuente: Publimetro

Andrés Benítez: “Fuerza de mujer”

Columna de opinión de Andrés Benítez, Rector de la Universidad Adolfo Ibáñez sobre el carácter y fuerza de Yoani Sánchez.  Publicada el 25/04/2015 en el diario La Tercera.

Fuerza de mujer

Yoani Sánchez ha sido una incansable luchadora por la libertad en Cuba. Esta labor la convierte en una mujer imprescindible.

A LOS 27 AÑOS, Yoani Sánchez hizo lo que muchos cubanos hicieron antes que ella; se fue de su país. Junto a su marido y su hijo partió a Suiza a comenzar una nueva vida. Dos años después hizo lo que casi ningún cubano hace: volvió a la isla con la promesa de vivir como una mujer libre.

Yoani es una mujer de contextura menuda, casi frágil. Es tranquila, habla con tono pausado, dulce. Cuesta entender cómo una mujer así puede exasperar tanto al régimen de los Castro. Pero la cosa es que Sánchez es hoy una de las disidentes cubanas más conocidas. Tanto, que la revista Time la eligió una de las 100 personas más influyentes del mundo. Todo esto gracias a la fuerza que alcanzó su blog, “Generación Y”, donde relata la vida cotidiana de los cubanos. Era, quizás, la primera ventana por la que muchos pudieron ver lo que realmente pasa en la isla.

Pocos imaginan cómo logró hacer esto sin ser amenazada, detenida, torturada. La cosa es que sí fue amenazada, detenida y golpeada. Pero ella no se doblegó. Ahí uno capta que esta mujer, menuda por fuera, dulce en la forma, tiene una fortaleza interna soprendente. Nunca se queja, y cuando le preguntan por aquello, sólo sonríe. Dentro de todo he tenido suerte, dice. Otros ya no están, o siguen detenidos. Parece indudable que a ella la protege ahora su fama. Y la tecnología, que es su bandera de lucha.

Esta semana, Yoani estuvo en Santiago, se reunió con estudiantes, académicos, políticos, periodistas y empresarios. El mensaje fue siempre el mismo. Las negociaciones que hoy mantiene Estados Unidos con Cuba son una señal de esperanza, pero la lucha por la libertad no concluye. Falta un compromiso claro de Raúl Castro para lograr la democracia. Por ello, a quien quiera escucharla, le pide dos cosas: la primera es que los dejen de ver como ese sueño revolucionario viejo y gastado. Ellos, los cubanos, quieren tener hoy otros sueños y necesitan el apoyo más decidido de los gobiernos de la región; segundo, que no transformen a la isla en un verdadero parque temático, donde los turistas corren a ver la Cuba de Fidel antes de que cambie. Lo que necesitamos, dice, es gente que nos ayude a cambiar, no a quedarnos entre autos viejos y casas ruinosas.

Le preguntan si dentro de la isla existirá presión para los cambios. Algunos advierten cierta pasividad en la gente. Ella contesta que no hay que confundir la pasividad con el miedo. En todo caso, agrega, nunca verán en Cuba grandes protestas. Porque los cubanos no salen a las calles; saltan al mar. Esa ha sido siempre su forma de manifestar su malestar.

Yoani Sánchez vuelve hoy a La Habana, a su casa, donde la espera su familia, desde donde seguirá su lucha hasta que la dictadura, que ya lleva 56 años, termine. Y cuando ello suceda, esta mujer de sonrisa rápida y voz pausada ocupará un lugar entre aquellos que lo hicieron posible. Silvio Rodríguez citaba a Bertolt Brech, y decía que hay personas que luchan un día y son buenos; pero los hay quienes luchan toda la vida. Esos son imprescindibles. Es claro que Yoani es una mujer imprescindible.

Fuente: La Tercera

Yoani Sánchez: “En Cuba las reformas aún no se sienten”

Nota de María Paz Salas para La Tercera sobre la charla de Yoani Sánchez del 23 de Abril. Publicada el 24/04/2015

En su segundo día en Chile, la bloguera y disidente cubana lideró el foro “Cuba: la otra mirada”, en el Teatro CorpArtes.

“¿Existe otra Cuba?”, preguntó ayer la bloguera y disidente cubana al comenzar su conferencia “Cuba: la otra mirada” en el teatro CorpArtes, como parte de las actividades de su primera visita a Chile. En esta ocasión, la activista política, que se dio a conocer a través de su blog “Generación Y”, compartió escenario con el ex Presidente Sebastián Piñera; el escritor Jorge Edwards; la alcaldesa de Santiago, Carolina Tohá, y el periodista y crítico de cine, Héctor Soto, que moderó la conversación.

Yoani Sánchez insistió en la necesidad de que Cuba tome “su propio camino” en la etapa histórica en la que entró luego de que el 17 de diciembre se anunciara un acuerdo para reanudar las relaciones diplomáticas con Estados Unidos, su antiguo enemigo. “En Cuba queremos tener nuestro propio camino, pero sin cargar con el peso de las ilusiones ajenas”, afirmó. “Nosotros tenemos nuestros sueños, no podemos hacernos cargo de sueños ajenos”, agregó, en respuesta a las palabras que poco antes pronunció Carolina Tohá, en cuanto a que la isla fue en su momento un modelo para parte de la izquierda de la región.

En ese sentido, la disidente cubana aclaró que el futuro de Cuba no podía depender de las acciones del gobierno de Barack Obama, sino que el cambio debía venir internamente. “No pongo mis esperanzas en la Casa Blanca. Yo soy una ciudadana cubana y ahí tengo mis esperanzas”, señaló.

El ex Presidente Piñera concordó con la cubana y aseguró que “los cubanos deben enfrentar su propio destino” y que había que “tener cuidado cuando se plantean las utopías. Cuando se llevan a la realidad terminan en desgracias”.

Ante estas declaraciones Tohá aseguró que “creo que nunca se deben imponer utopías, pero la gente sí debe soñar más allá. Tenemos que atrevernos a soñar algo mejor de lo que tenemos”.

La alcaldesa también aseguró que “el muro del capitalismo, en donde el dinero maneja a la política, también debe caer”.

Los presentes se mostraron preocupados en cuanto a si las reformas que está llevando a cabo el gobierno de Raúl Castro tendrán un efecto real y a corto plazo.

La bloguera aseguró que “las reformas económicas dejan mucho que desear. La situación es dramática, en la isla las reformas aún no se sienten”.

Yoani Sánchez pidió eliminar el embargo económico que Estados Unidos mantiene sobre Cuba, ya que “eliminar el embargo, es eliminar el pretexto”, explicó.

El escritor Jorge Edwards, por su parte, dijo que temía que “el ideal de Raúl Castro sea el poder político como en China y el económico basado en el capitalismo”, explicó. “Cuba no vive en socialismo, vive en un capitalismo de Estado, donde éste es dueño de todo”, aseguró Sánchez. También agregó que en su país “no existe el pluralismo ni la libertad de expresión” y que a la isla le falta lo mejor que tiene: la diversidad. Sobre ese tema, Tohá comentó que “el socialismo de Cuba no es el socialismo verdadero”.

Fuente: La Tercera

La pasada de Yoani Sánchez por Chile

El 22 y 23 de abril, Yoani Sánchez habló en la Universidad Adolfo Ibáñez y en el Teatro Corpartes respectivamente, frente a un público lleno y ansioso de escuchar y conocer su singular mirada de Cuba y el régimen político que se encuentra en la isla.

En ambas charlas el rector de la Universidad Adolfo Ibáñez dio una pequeña introducción sobre La destacada bloguera cubana, para luego darle el podio y dejar que ella contara como es que ve a la Cuba actual, a más de 50 años de dictadura de Fidel Castro y la influencia que esto deja en el actual gobierno de su hermano, Raúl.

En la primera charla, que se realizó en el auditorio principal de la UAI en su sede de Peñalolén, estuvieron también el diputado Felipe Kast, quien pasó un tiempo en su juventud en Cuba, y el creador del diario The Clinic, Patricio Fernández.

Durante esta primera instancia, la bloguera cubana habló sobre como en Cuba hay cada vez más gente que no está de acuerdo con la forma en que se está gobernando esa nación. “Hay más gente inconforme que quienes estén inscritos en el partido comunista de Cuba.” Y recalcó que el cambio debe venir de los mismos pobladores: “tendremos una Cuba mejor. No será la que nos prometieron, será la que nosotros vamos a hacer, en referencia al acuerdo de EE.UU. y su país para terminar el embargo y bloqueo que actualmente vive y que ya lleva más de 40 años.

Cuando le preguntaron de que si se diera la oportunidad, ella quisiera participar de una forma directa en los gobiernos de la isla, ella dijo que no tomaría ningún cargo político, pero que esperaba que el próximo presidente de Cuba se encuentre “en una esquina, jugando baseball o en una plaza, y que nunca sea un extremista político.”

Felipe Kast habló sobre su experiencia en Cuba y como él veía que la gente aun estando bajo una dictadura querían salir adelante: “el pueblo Cubano tiene una gran fuerza.” Y recordaba como sus compañeros de ese entonces no veían a los gobiernos de creencias políticas contrarias como enemigos, a diferencia de los dichos políticos del gobierno de Castro.

Patricio Fernández, ofreciendo una mirada distinta, habló de cómo durante nuestra propia dictadura en Chile, Cuba era vista como un lugar seguro donde los exiliados podían ser recibidos y recibir asilo, pero como ese gobierno pasó rápidamente a convertirse en lo que había combatido: “hay chilenos que le deben la vida a Fidel Castro (…) Cuba fue un sueño colectivo, para otros fue una desilusión.” Y agregó que la idealización de Cuba es igual de dañina que ignorar sus faltas: “la Cuba de Camila Vallejos es una fantasía”, aclaró sobre los dichos de la Diputada por La Florida sobre como en Cuba hay un gobierno democrático.

En su presentación final, y el evento principal de su pasada por nuestro país, Yoani estuvo acompañada por el ex Presidente de Chile Sebastián Piñera, la Alcaldesa de Santiago Carolina Tohá y el premio Nacional de Literatura y escritor del libro “Persona Non Grata” (sobre sus experiencias como embajador en Cuba) Jorge Edwards.

“En Cuba la forma más rápida de meterse en problemas es pensar distinto” nos contó Yoani sobre lo que ha tenido que pasar al decidir escribir en su blog, que ella no puede publicar directamente, si no que les debe dar CDs, DVDs, o pendrives a amigos que viajen por fuera, que contienen sus artículos y columnas.

En esta instancia repasó algunos puntos que mencionó en su charla en la UAI, como por ejemplo el hecho de que Cuba no puede seguir siendo vista como “unas ruinas hermosas” o un paraíso rebelde y como es que en Cuba está creciendo una apatía en los más jóvenes, quienes ya no se involucran en el plano político del gobierno castrista, lo que ella dice que refleja algo bueno, ya que como dice “no puedes crear soldados a partir de la apatía.”

Luego de dar su discurso, se le unieron Sebastián Piñera, Carolina Tohá y Jorge Edwards, en una discusión moderada por el columnista de La Tercera Héctor Soto, sobre la situación actual y futura de Cuba y como es que es vista en la actualidad no solo por la gente de Latinoamérica y el mundo, si no por cómo es que sus propios habitantes ven el statu quo. “No usamos autos viejos porque nos gustan, es porque no podemos comprar autos nuevos”.

En este panel de discusión Jorge Edwards recordaba como Cuba era vista como una utopía en el gobierno de la Unidad Popular y como sus experiencias en Cuba lo terminaron por dejar expulsado de esa misma isla: “pensaban que yo era un agente de la CIA” reía.

La alcaldesa y el expresidente hablaron, entre otras cosas, de cómo las utopías pueden llegar a ser peligrosas al tratar de implementarlas en la vida real “ya que suceden tragedias” dijo el anterior mandatario.  La Alcaldesa Tohá dijo que el socialismo dictatorial de Cuba no era uno en donde se respeten los verdaderos valores del socialismo y que la defensa de la libertad y los derechos humanos debe ser sostenida siempre”.

Por último, Yoani aseguró que el pueblo cubano quiere un cambio, pero que esto no debe venir de influencias foráneas, sino que debe provenir de las mismas personas que viven en ese país. También dio una imagen muy clara sobre la situación de la isla” “Cuba no vive en socialismo, vive en un capitalismo de Estado, donde este es dueño de todo.” Es por esto que, según dice ella “en Cuba no votamos con la mano, votamos con los pies, porque nos escapamos”. También recalcó fuertemente que Cuba debe ser vista por su propia imagen, no como un ideal o una advertencia para la izquierda o la derecha. “Queremos ser normales. Basta de poner sobre nuestros hombros las esperanzas del mundo.”

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Pedro Schwarze: “Las esperanzas de la ‘nueva Cuba'”

Columna de Pedro Schwarze para La Tercera, publicado el 19/04/15

“Tras la reconciliación con EE.UU, una evidente señal de optimismo y proyección de futuro son las cada vez más frecuentes obras de reparación en departamentos y casas particulares. Muchos cubanoamericanos quieren “repatriarse”. De esta forma aspiran a recuperar sus derechos y poder así, en el día de mañana, volver a vivir aquí o heredar las propiedades de sus padres.

Los grandes letreros instalados a los costados de la ruta que va desde el Aeropuerto Internacional José Martí a La Habana, desde hace algún tiempo que ya no reciben a los viajeros con declaraciones revolucionarias, llamados patrióticos y arengas antinorteamericanas, como era la costumbre. Ni siquiera hay uno que haga referencia a la fracasada invasión de Bahía de Cochinos, organizada por la CIA, y de la que por estos días se cumplen 54 años. Los que hay son de otro tono, con llamados o convocatorias como al próximo congreso de la Unión de Jóvenes Comunistas o a las elecciones municipales de hoy (ver nota secundaria).  Y la razón para un cambio así podría ser el nuevo clima de acercamiento entre Estados Unidos y Cuba, escenificado el fin de semana pasado en Panamá por la reunión entre Barack Obama y Raúl Castro.

De hecho, en todo el recorrido hasta entrar en la capital cubana hay solo un cartel de condena al “bloqueo” norteamericano aún vigente. A pesar de las declaraciones de Obama en ese sentido, para que se termine el embargo contra la isla todavía falta mucho, en un cronograma en que uno de los próximos pasos debiera ser el restablecimiento de relaciones entre ambos países y la reapertura de embajadas.

“No hay que hacerse ilusiones. Tenemos muchas diferencias”, dijo durante la Cumbre de las Américas, Raúl Castro, quien relevó en el poder a su hermano Fidel en julio de 2006, a consecuencia de una crisis intestinal. Pero el aire político que se respira en Cuba es de optimismo, se da por sentado que el acercamiento con el país del norte no tiene vuelta atrás y que lo que parecía más difícil, como fue el anuncio coordinado del 17 de diciembre, ya sucedió.

Tanto así que en los días posteriores al inicio de la nueva etapa, circulaba en la isla la broma de una hipotética sentencia de Fidel Castro en los años 60 asegurando que Washington y La Habana retomarían relaciones “el día que el Presidente de Estados Unidos sea un negro y que el Papa sea un argentino”.

“Se ve bien el futuro, creo que habrá progresos, pero aún los cambios van muy lentos. Creo que en dos o tres años comenzará a mejorar la situación”, comenta con algún grado de cautela Yailén, una estudiante de una escuela de hotelería y turismo, mientras que Manuel, un cocinero de un restaurante en la calle O´Reilly de La Habana Vieja, expresa su total desconfianza: “¿Qué gano yo con todo eso, si los que se van a seguir llevando las ganancias de todo son ellos mismos, los mismos de todos estos años?”.

Sin embargo, en ese ambiente resulta difícil diferenciar demasiado el actual acercamiento con los norteamericanos de lo que ha sido el proceso de cambios impulsado por Raúl Castro que permitió a los cubanos, entre otras cosas, tener teléfonos celulares, quedarse en hoteles y poder abrir un negocio propio, y que puso fin a las restricciones para viajar al exterior. “Creo que la gente está contenta con lo que ha hecho Raúl. A poco de llegar dijo que estaría sólo dos períodos (de gobierno), habla muy poco en televisión y aprobó cambios históricos, como la nueva ley migratoria”, dice Yamilee, médico de profesión, pero que hace una década está dedicada, como “cuentapropista”, a alojar turistas en su casa.

Una evidente señal de ese optimismo y proyección de futuro son las cada vez más frecuentes obras de reparación en departamentos y casas particulares de sectores como Centro Habana, que por años estuvieron convertidos en ruinas y que supo retratar a su manera el escritor Pedro Juan Gutiérrez en la Trilogía sucia de La Habana.

Ya no son únicamente los edificios históricos y característicos de La Habana Vieja los que son recuperados, a instancias de la Oficina del Historiador de La Habana. Dentro de las reformas aprobadas se incluyó la creación de un crédito bancario para que los propietarios puedan financiar arreglos en las viviendas y para que renueven algunos de los anquilosados electrodomésticos, como refrigeradores y aparatos de aire acondicionado. Y gracias a todo esto uno de los grupos más beneficiados es el de los albañiles y gásfiters que trabajan en forma independiente.

La reconciliación diplomática también podría impulsar la llegada de dinero fresco a la isla, especialmente cuando el año pasado fue aprobada una nueva Ley de Inversión Extranjera. No por nada el ministro de Comercio Exterior, Rodrigo Malmierca, llevó a la cumbre de Panamá un portafolio de proyectos por US$ 8.700 millones.

“Se puede hablar que estamos ante unas circunstancias mejores, favorecidas por la nueva relación con Estados Unidos. Y aunque el gobierno cubano sigue siendo el mismo y es muy difícil que haya más libertades políticas, la mejoría económica y la llegada de más norteamericanos y más europeos, hará que haya más contactos con el exterior, lo que provocará un cambio en los cubanos”, dice a La Tercera Miriam Leiva, viuda del economista disidente, Oscar Espinosa Chepe.

También con la vista puesta en el futuro, dentro de los norteamericanos que están visitando la isla, muchos son de origen cubano, quienes gracias a la nueva Ley Migratoria, buscan iniciar los trámites para “repatriarse”.  De esta forma aspiran a recuperar sus derechos como ciudadano, a pesar de seguir residiendo en Estados Unidos siempre y cuando viajen al menos cada dos años a la isla. Así en el día de mañana podrían volver a vivir aquí o heredar las propiedades de sus padres o familiares cercanos. Se trata de una generación de cubanos que emigró más bien por razones económicas y que, a diferencia de los exiliados de las primeras décadas, nunca quemó las naves para un posible regreso.

En todo caso, de cambios políticos poco se habla, y más se aspira a una mejoría en la situación económica en la isla, especialmente cuando se da por sentado que el relevo del propio Raúl Castro sería el actual vicepresidente Miguel Díaz-Canel.  “A la gente no le interesa la política, está saturada de la política después de todas estas décadas. Le interesa la economía, que mejoren la economía, quiere vivir mejor”, destaca Yamilee.

Pero, como dijo Castro, los cubanos no se hacen demasiadas ilusiones y esperan sentados por los cambios más profundos. Mientras, deben seguir lidiando con los problemas de todos los días, como la doble moneda, las dificultades para encontrar repuestos para los autos y la falta periódica de productos. Así como en estos días no se logra encontrar vinagre en ningún comercio, en otros falta sal, cerveza, cepillos de dientes o mantequilla.”

Fuente: La Tercera

Yoani Sánchez solicita formalmente reunirse con Bachelet en su visita a Santiago

Nota de Renato Gaggero L. para El Líbero.  Publicado el 18/04/15

“La bloguera cubana, que estará en Chile entre el martes y el sábado de la próxima semana, expondrá sobre la realidad de su país y sostendrá encuentros con figuras de la política local.

Una solicitud formal para que la Presidenta Michelle Bachelet reciba a Yoani Sánchez fue la que hicieron hace algunos días, y a través de los conductos regulares de La Moneda, miembros de La Otra Mirada, la fundación que está detrás de la primera visita de la bloguera cubana a nuestro país.

Sánchez fue quien manifestó la intención de reunirse con la Mandataria –“me encantaría reunirme con ella”, dijo hace unas semanas- y quien pidió que se hicieran las gestiones que aún no tienen respuesta de Presidencia. Arribará a Santiago el próximo martes y permanecerá en la capital hasta el sábado 25 de abril, días en los que tendrá que seguir el ritmo de una ajetreada agenda de actividades.

El miércoles en la mañana asistirá a la Universidad Adolfo Ibáñez (UAI) –casa de estudios que también está detrás de la organización de su viaje- donde será entrevistada por el diputado Felipe Kast y por el director de The Clinic, Patricio Fernández, en el evento “La Cuba libre de Yoani Sánchez”. Posteriormente recibirá una condecoración por parte de la escuela de Periodismo de la universidad, en reconocimiento a su lucha por la libertad de expresión.

Al día siguiente, a las 8.30 horas, la bloguera que se hizo conocida por oponer resistencia al régimen cubano a través de su blog Generación Y y por ser posicionada en 2008 por la revista Time dentro de las 100 personas más influyentes del mundo, expondrá en el teatro CorpArtes su charla “#Cuba: La Otra Mirada”. Apenas termine su alocución, se iniciará un panel de conversación que estará integrado por el ex presidente Sebastián Piñera, el escritor Jorge Edwards y la alcaldesa de Santiago, Carolina Tohá, y que será moderado por el abogado y columnista Héctor Soto.

En horas de la tarde, Sánchez sostendrá un encuentro con el presidente del Senado,Patricio Walker. En la noche, en tanto, llegará hasta la residencia de Piñera para cenar junto a un reducido grupo de invitados, entre las que podría estar la politóloga guatemalteca Gloria Álvarez, que también andará por esos días de visita en el país.

La agenda de la bloguera contempla para los días viernes y sábado sólo algunas visitas a distintos medios de comunicación y bastante tiempo libre para conocer la ciudad antes de dejar Chile.

Quienes organizan su venida al país, esperan que desde La Moneda contesten la solicitud y que la cita entre Bachelet y la disidente cubana pueda concretarse.”

Fuente: El Líbero

Yoani Sánchez: “El día que estalló la paz”

“¡Estalló la paz!”, se le oyó decir a un viejo maestro el mismo día en que Barack Obama y Raúl Castro informaron del restablecimiento de relaciones entre Cuba y Estados Unidos. La frase recogía el simbolismo de un momento que tuvo todas las connotaciones del armisticio alcanzado después de una larga guerra.

Tres meses después de aquel 17 de diciembre, en Cuba los soldados de la concluida contienda no saben si deponer las armas, brindar con el enemigo o reprocharle al Gobierno tantas décadas de inútil conflagración. Cada cual vive el alto al fuego a su manera, pero una indeleble marca temporal ya se ha establecido en la historia de la isla. Los niños nacidos en las últimas semanas estudiarán el conflicto con el vecino del Norte en los libros de texto y no lo tendrán como centro de la propaganda ideológica de cada día. Esa es una gran diferencia. Hasta la bandera de barras y estrellas ha ondeado estos días en La Habana, sin que el fuego revolucionario la haya hecho arder en la hoguera de algún acto antiimperialista.

Para millones de personas en el mundo, este es un capítulo que pone fin al último vestigio de la Guerra Fría, pero para los cubanos es una interrogante aún sin resolver. La realidad va más despacio que los titulares de prensa desatados por el acuerdo entre David y Goliat, pues todavía los efectos del nuevo talante diplomático no se han notado sobre los platos, en los bolsillos ni en la ampliación de las libertades ciudadanas.

Vivimos entre dos velocidades, latimos en dos diferentes frecuencias de onda. Por un lado, la lenta cotidianidad de un país atorado en el siglo XX, y por otro, la prisa que parece dispuesto a imprimirle a todo el proceso el gigante del Norte. Las medidas aprobadas el 16 de enero pasado, que flexibilizaban el envío de remesas, los viajes a la isla o la colaboración en telecomunicaciones y muchos otros sectores, dan la idea de que la Administración de Obama parece dispuesta a seguir rindiendo al contendiente a fuerza de ofrecimientos. Obligarlo a izar la discreta bandera blanca de la conveniencia material y económica.

La sensación de que todo puede acelerarse ha hecho que dentro de Cuba algunos reevalúen el precio del metro cuadrado de sus viviendas, otros proyecten dónde se ubicará el primer Apple Store que se abrirá en La Habana y no pocos comiencen a vislumbrar la silueta de un ferri que unirá la isla con Florida. Las ilusiones no han hecho, sin embargo, que se detenga el flujo migratorio. “¿Para qué voy a esperar que los yumas lleguen aquí, si yo puedo ir a conocerlos allá?”, decía pícaramente un joven que a finales de enero aguardaba en la fila para una visa de reunificación familiar a las afueras del consulado de Estados Unidos en la capital cubana.

El temor a que durante el restablecimiento de relaciones pueda derogarse la Ley de Ajuste cubano, aprobada por el Congreso estado­unidense en 1966 y que ofrece considerables beneficios migratorios a los cubanos, ha multiplicado las salidas ilegales. Quienes no quieren partir, se aprestan a sacarle ventaja al nuevo escenario.

Si hace unos años la fiebre migratoria hizo a miles de compatriotas desempolvar sus ancestros españoles en aras de obtener un pasaporte comunitario, ahora el que tenga algún pariente en Estados Unidos se siente con ventaja en la carrera por la Cuba futura. De allí puede venir no solo el ansiado alivio económico, piensan muchos, sino también la necesaria apertura política. A falta de una rebeldía popular que obligue al cambio de sistema, los cubanos vuelven a poner sus esperanzas en las transformaciones condicionadas desde afuera. Ironías de la vida, en un país cuyo discurso público se ha apoyado tanto en la soberanía nacional.

Quienes han tenido más dificultad para tramitar lo sucedido son aquellos cuya vida y energías giraron alrededor del diferendo. Los más recalcitrantes militantes del Partido Comunista sienten que Raúl Castro los ha traicionado. Dieciocho meses de conversaciones secretas con el adversario es demasiado tiempo para quienes en sus centros laborales estigmatizaron a un colega porque se carteó con un hermano que vivía en Miami o porque gustaba de la música norteamericana.

A las afueras de la Sección de Intereses de Estados Unidos en La Habana (SINA, por sus siglas en inglés), el oficialismo no ha vuelto a colocar aquellas feas banderas negras que se interponían entre las ansiosas miradas de los cubanos y el protegido edificio. Nadie puede ubicar siquiera el momento en que se retiró la valla que a pocos metros de allí alardeaba: “Señores imperialistas, no les tenemos absolutamente ningún miedo”. Hasta la programación televisiva se percibe un tanto vacía, ahora que los presentadores no tienen que dedicar largos minutos a emprenderla contra Obama y la Casa Blanca.

Miriam, una de los periodistas independientes que vapulea a la televisión oficial, se pregunta si ahora ya no satanizarán a nadie por acercarse a diplomáticos norteamericanos o por traspasar el umbral de la temida –pero seductora– SINA. Muchos se cuestionan lo mismo después de ver a funcionarios cubanos, como Josefina Vidal, sonriendo a Roberta Jacobson, secretaria de Estado adjunta para Asuntos del Hemisferio Occidental. El mito de la discordancia se ha quebrado.

En una casa de la barriada del Cerro, donde han abierto un punto de ventas de pizzas, un hombre de unos 50 años apagó el radio nada más escuchar el discurso de Raúl Castro aquel miércoles. Chasqueó la lengua con molestia y le gritó a su mujer: “¡Mira tú, después que nos jodieron tanto!”. Santiago, que así se llama, no pudo graduarse de médico porque toda su familia se fue por el Puerto del Mariel en 1980 y él fue declarado “no confiable”. Aunque desde mediados de los noventa retomó el contacto con sus hermanos exiliados, no deja de sentirse incómodo porque ahora se aplaude lo que antes estuvo prohibido.

Veinticuatro horas después de aquel histórico anuncio, los alrededores del capitalino parque de la Fraternidad eran un hormiguero. Ahí convergen los viejos autos norteamericanos que recorren La Habana como taxis colectivos. El dueño de un Chevrolet de 1954 pontificaba en una esquina que ahora “los precios de estos carros se van a disparar”. De seguro, concluía el hombre, “los yumas van a comprar esta chatarra como pieza de museo”. Un país a remate aguarda por los amplios bolsillos de los que hasta ayer eran sus rivales.

Esa sensación de que EE UU salvará a la isla de las penurias económicas y el desabastecimiento crónico apuntala una ilusión a la que se aferran millones de cubanos.

Hemos pasado de ¡Yankee go home! a ¡Yankee welcome!.

Cuanto más negro pintaba la propaganda oficial el panorama en EE UU, más ayudaba a fomentar el interés por ese país. Cada intento de provocar rechazo hacia el poderoso vecino trajo su cuota de fascinación. Entre los más jóvenes ese sentimiento ha crecido en los últimos años, apoyado también por la entrada al país de producciones audiovisuales y musicales que ensalzan el modo de vida norteamericano. “A veces para molestar a mi abuelo me pongo este pañuelo con la bandera de Estados Unidos”, confiesa Brandon, un adolescente que los fines de semana espera las madrugadas sentado en algún banco de la calle G. Alrededor de él, una fauna de emos, rockeros, frikis a destiempo y hasta imitadores de vampiros se juntan para conversar en voz alta y cantar a coro. Para muchos de ellos, sus sueños parecen más cercanos de concretarse después del abrazo entre la Casa Blanca y la Plaza de la Revolución.

“Tenemos un grupo de jugadores de Dota 2”, cuenta Brandon sobre su pasatiempo favorito, un videojuego que causa furor en Cuba. Él y sus colegas llevaban meses preparándose para un torneo nacional, pero después del 17 de diciembre han empezado a soñar en grande. “El campeonato internacional será en el mes de agosto en Seattle, ­Washington, así que ahora quizá podamos participar”. El año pasado, el equipo de China se coronó campeón, por lo que los gamers cubanos no pierden la esperanza.

El primer usuario de Netflix en Cuba fue un extranjero, un diplomático europeo que corrió a hacerse una cuenta en el reconocido servicio de streaming nada más saber que ya era posible. Costeó una tarifa de apenas 7,99 dólares mensuales, pero el ancho de banda necesario para reproducir vídeo lo obligó a pagarle a la Empresa de Telecomunicaciones de Cuba otros 380 dólares al mes por una conexión a Internet. Ahora disfruta en su mansión del Netflix más caro del mundo.

Partidos de béisbol con equipos de las grandes ligas; célebres bandas de rock que llegan a la isla; tarjetas MasterCard que funcionan en los cajeros de todo el país; empresas de telecomunicaciones que establecen llamadas directas desde EE UU; granjeros colorados dispuestos a ofrecer insumos a los atribulados guajiros cubanos; presentadores de televisión made in USA que vienen a filmar sus shows en las calles habaneras, y atractivas modelos –con varios escándalos sobre los hombros– que se hacen un selfie con el primogénito de Fidel Castro. Cuba cambia a la velocidad de una jicotea que vuela agarrada a las patas de un águila.

A pesar de todo, la Plaza de la Revolución no quiere hacer notar su fracaso y ha rodeado el restablecimiento de relaciones con Estados Unidos con una aureola de victoria. Dice haber ganado el pulso sostenido por más de cinco décadas, pero lo cierto es que ha perdido la más importante de sus batallas. No importa que la derrota se enmascare ahora con frases fanfarronas y alardes de tenerlo todo bajo control; como dice un hastiado santiaguero, “después de tanto nadar han terminado por ahogarse en la orilla”. En busca de esa imagen de control, Raúl Castro no ha disminuido la represión contra disidentes, que en febrero alcanzó la cifra de 492 arrestos arbitrarios. El castrismo tiende su mano hacia la Casa Blanca, mientras mantiene la bota presionada sobre los inconformes del patio.

No obstante, la desproporción de fuerzas para la negociación entre ambos Gobiernos se ha hecho notar incluso en los chistes populares. “¿Sabes que EE UU y Cuba volvieron a romper relaciones?”, le espetaban burlonamente a los incautos en diciembre. Ante un incrédulo “¿Noooo?”, respondían con cara muy seria: “Sí, Obama se molestó porque Raúl lo llamó por teléfono a pagar allá”. Toda la indigencia material de nuestra nación contenida en esa frase.

Ahora bien, para que nadie vaya a creerse que el castrismo terminará aplastado ante los McDonald’s y los Star­bucks, la propaganda oficial reaviva de vez en cuando un antiimperialismo de cartón que ya no convence a nadie. Como en el altisonante discurso de Raúl Castro ante la III Cumbre de la CELAC en Costa Rica, en el que ponía duras exigencias para el restablecimiento de relaciones con Washington. Pura fanfarria. O como el último mensaje de Fidel Castro a Nicolás Maduro, brindándole su apoyo “frente a los brutales planes del Gobierno de EE UU”. O como los llamamientos a defender la Revolución “ante el enemigo que intenta nuevos métodos de subversión”.

Lo cierto es que aquel día de San Lázaro, la diplomacia, el azar y hasta el venerado santo milagroso se ocuparon de las llagas del país. Habíamos necesitado medio siglo de doloroso caminar de rodillas por el asfalto de la confrontación para que nos llegara un poco del bálsamo del entendimiento. Nada está solucionado todavía y todo el proceso para la tregua es precario y lento, pero aquel 17 de diciembre el alto el fuego llegó para millones de cubanos que solo habíamos conocido la trinchera.

Publicado en El País

Yoani Sánchez: “¿Llegó el día D?”

Hoy, ha sido una de esas jornadas que imaginamos de mil maneras, pero nunca como sucedió finalmente. Uno se prepara para una fecha en que pueda celebrar el fin, abrazar a los amigos que regresan, batir una banderita en plena calle, pero el día D se tarda. En su lugar, llegan fragmentados los sucesos, un avance aquí, una pérdida allá. Sin gritos de “viva Cuba libre”, ni botellas descorchadas. La vida nos escamotea ese punto de inflexión que guardaríamos para siempre en el calendario.

El anuncio por parte de los gobiernos de Cuba y Estados Unidos de un restablecimiento de las relaciones diplomáticas nos sorprende en medio de señales que apuntaban hacia la dirección contraria y también de un desgaste de las esperanzas. Raúl Castro acababa de aplazar la tercera ronda del diálogo con la Unión Europea programada para el próximo mes y el pasado 10 de diciembre las represión se había cebado sobre los activistas, como cada Día Internacional de los Derechos Humanos.

La primera sorpresa fue que en medio de la bravuconearía oficial, de cierta vuelta de tuerca ideológica, que se expresaba en llamados a redoblar la guardia contra el enemigo, desde hacía 18 meses la Plaza de la Revolución estaba en conversaciones con la Casa Blanca. Una clara evidencia de que todo ese discurso de la intransigencia sólo era para las gradas. A la par que se le hacía creer a los ciudadanos de la Isla que con solo traspasar el umbral de la Oficina de Intereses de Estados Unidos en La Habana se convertían en traidores a la patria, los gobernantes de verdeolivo pactaban acuerdos con el Tío Sam. ¡Dobleces de la política!

Por otro lado, tanto las declaraciones de Obama como las de Castro tuvieron el dejo de la capitulación. El presidente estadounidense anunció una larga lista de medidas flexibilizadoras para acercar ambas naciones, antes que se dieran los ansiados y muy exigidos pasos de democratización y apertura política en nuestro país. El dilema de qué debía ser primero, el gesto de La Habana o la flexibilización de Washington, acaba de ser respondido, aunque aún queda la hoja de parra del embargo norteamericano para que nadie pueda decir que la resignación ha sido completa.

Raúl Castro, por su parte, se limitó a anunciar los nuevos gestos por parte de Obama y referir el canje de Alan Gross y otros prisioneros de interés para el Gobierno norteamericano. Sin embargo, en su alocución ante las cámaras de la televisión nacional no evidenció ningún acuerdo o compromiso de la parte cubana, como no fuera el restablecimiento de las relaciones diplomáticas. La agenda del lado de allá del estrecho de la Florida la supimos al detalle pero la interna se quedó, como tantas veces, escondida y en secreto.

Aún así, a pesar de la ausencia de compromisos públicos de la parte cubana, lo de hoy fue una derrota política. Bajo el mandato de Fidel Castro nunca se hubiera llegado siquiera a perfilar un acuerdo de esta naturaleza. Porque el sistema cubano se apoya -como un de sus principales pilares- en la existencia de un contrincante permanente. David no puede vivir sin Goliat y el aparato ideológico ha descansado demasiado tiempo en ese diferendo.

¿Oigo los discursos o compro el pescado?

En el céntrico mercado de Carlos III, los clientes descubrieron sorprendidos que a mediodía las grandes pantallas no transmitían fútbol ni videoclips sino un discurso de Raúl Castro y posteriormente el de Obama a través de la cadena TeleSur. La primera alocución dejó cierta estupefacción, pero la segunda estuvo acompañada con besos lanzados hacia el rostro del presidente de Estados Unidos, en especial cuando mencionaba las flexibilizaciones para el envío de remesas a Cuba y el delicado tema de las telecomunicaciones. Algún que otro grito de “I Love…” se dejó oír por una esquina.

También hay que decir que la noticia tenía fuertes competidores, como la llegada a las carnicerías de mercado racionado del pescado, después de años de no aparecer. No obstante, a media tarde casi todo el mundo estaba enterado y el sentimiento compartido era de alegría, alivio, esperanza.

Sin embargo, esto apenas comienza. Falta un cronograma público con el que se logre comprometer al Gobierno cubano a seguir una secuencia de gestos a favor de la democratización y del respeto a las diferencias. Hay que aprovechar esta sinergia que han provocado ambos anuncios para arrancarle una promesa pública, que debería incluir al menos  los cuatro puntos de consenso que la sociedad civil ha ido madurando en los últimos meses.

La liberación de todos los presos políticos y de conciencia; el fin de la represión política; la ratificación de los pactos Derechos Civiles, Políticos, Económicos, Sociales y Culturales, con su consiguiente adecuación de la legalidad interna y el reconocimiento de la sociedad civil cubana dentro y fuera de la Isla. Arrancarle esos compromisos sería comenzar a desmontar el totalitarismo.

Mientras no se den pasos de esa envergadura, muchos seguiremos pensando que la fecha esperada no está cerca. Así que a guardar las banderitas, no se pueden descorchar la botellas todavía y lo mejor es seguir presionando para que finalmente llegue el día D.

Publicado en Generación Y

Yoani Sánchez: “La singularidad de Robinson Crusoe”

Un joven panameño me contó en detalles las dos semanas que pasó en La Habana, la nueva familia que lo acogió aquí y su sorpresa ante una ciudad costera con apenas barcos. Su relato se parecía al de tantos que llegan por primera vez a la Isla y van del asombro a la felicidad, pasando por la lágrima.

Sin embargo, su conclusión más pasmosa era que gracias a la desconexión que padece el país, él había podido vivir aquel tiempo sin Internet. Quince días sin enviar un correo electrónico, leer un tuit, ni preocuparse por dar un “me gusta” en Facebook. Al regresar a su país, se sentía como si hubiera estado tiempo en una clínica de desintoxicación tecnológica.

A Richard Quest, reconocido presentador del programa Business Traveller en la cadena CNN, le está ocurriendo otro tanto. Este fin de semana veíamos al periodista británico alucinando ante un Cadillac de 1959 al que clasificaba como un verdadero “salón sobre ruedas”. Amén de la belleza de un auto así y de su excelente estado de conservación, no sé si Quest es consciente de que está ante un vehículo que se conservó por la imposibilidad de su propietario de adquirir otro más moderno en un concesionario.

Robinson Crusoe, abandonado en su isla y ajeno al desarrollo del mundo, de seguro guardó muy bien algunas piezas de su barco naufragado, pero se merecía como cualquier ser humano acceder a la modernidad y al progreso.

No sé si el mundo está preparado para que nuestro país deje de ser como una postal en tonos sepias de mediados del siglo veinte. ¿Aceptará que ya no parezcamos una nación de ruinas “bellas”, gente sentada en las esquinas porque no tiene sentido trabajar por salarios tan bajos y una población sonriente ante el turista, pues entre otras razones esos extranjeros tienen la tan ansiada moneda convertible? ¿Dejará el mundo que encontremos nuestra identidad, sin aferrarnos a esta singularidad a lo Robinson Crusoe?

Dirijo tales interrogantes hacia el resto de los habitantes del planeta y no hacia el Gobierno cubano, pues ha quedado demostrado que una sociedad encerrada en la anomalía de un pasado forzado, le ha sido más fácil de controlar desde el poder. Mis temores radican en que América Latina, Estados Unidos, Europa y el resto del planeta no estén preparados para una Cuba moderna, competitiva, que mire hacia el futuro. Un país con problemas, como todos, pero sin esa pátina de años cincuenta que tanto atrae a los nostálgicos de aquella década.

Es posible dejar de ser Robinson Crusoe, pero habrá que cuestionarse si el mundo está preparado para vernos volver del naufragio.

Publicado en Generación Y