“Necesitamos vigilar la intolerancia, tanto de la derecha como de la izquierda”

Noticia de El Mercurio
2017-01-08

Jonathan Haidt, destacado psicólogo social estadounidense:

“Necesitamos vigilar la intolerancia, tanto de la derecha como de la izquierda”

El autor de “The Righteous Mind” aborda el creciente tribalismo en la sociedad actual y llama a valorar la diversidad política como el tipo de diversidad más importante.

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HARALD BEYER y ALVARO FISHER Para “El Mercurio”
Esta semana visitó Chile, invitado por el Centro de Estudios Públicos y La Otra Mirada, el destacado psicólogo social Jonathan Haidt, profesor de la Stern School of Business de la Universidad de Nueva York. En los últimos años ha estado estudiando los fundamentos morales de la política y las formas de superar las “guerras culturales” de forma de promover una mayor civilidad en la política. Sobre estos asuntos conversó el profesor Haidt con “El Mercurio”.

-¿Por qué es importante estudiar los fundamentos morales de la política?

“Mucho de lo que nos divide está relacionado con estos fundamentos. Por ejemplo, las personas de izquierda tienden a ver los fenómenos sociales principalmente a partir de un eje altruismo versus daño y opresión, porque esos son los fundamentos centrales de su propia moralidad. Le puede parecer incomprensible, entonces, que otros no vean dichos fenómenos a través del mismo prisma. Las personas de derecha tienden a enfocarse en asuntos tales como el honor, el respeto o la lealtad y pueden encontrar insólito que estos estén ausentes en la izquierda. Pero ambos grupos están compuestos de seres morales y no inmorales como a menudo estos grupos se ven unos a otros”.

-¿Cómo se logra crear un terreno común en el que se pueda hablar sobre moralidad en términos más generales?

“Muchas personas han tratado de buscar la moralidad universal a nivel de actos. ¿Qué actos son universalmente malos? ¿Matar a los padres de uno? No necesariamente. ¿Matar a los hijos de uno? No necesariamente. No creo que sea útil buscar actos universales. Lo que yo he hecho a partir de la antropología y la psicología evolucionista es entender las bases fundantes, provistas por el entorno y la evolución, sobre las cuales podemos construir moralidades culturalmente variables. Este ejercicio nos permite encontrar muchos puntos en común, a los que llamamos fundamentos morales. De modo que en cada sociedad las personas le otorgan gran importancia al cuidado y a la crianza, a la justicia, encontrándose en todos lugares en grandes cantidades. Los otros fundamentos son más variables. Así, gran parte de las sociedades le asignan énfasis a la libertad, pero no todas. Otra parte importante privilegia la autoridad, pero no todas. Otras sociedades le dan importancia a la lealtad. Si se miran los fundamentos, es fácil darnos cuenta de que sí, somos una sola especie y que también tenemos las mismas ‘papilas gustativas’, pero comemos comidas distintas”.

-En su libro “The Righteous Mind”, usted introduce la idea de que nuestros actos y opiniones son a menudo el resultado de nuestras intuiciones morales, aunque después intentemos racionalizarlos.

“En efecto, somos buenos para encontrar justificaciones para cualquier cosa que hemos hecho, e igualmente somos muy buenos para criticar y quejarnos ante cualquier persona con la que tengamos una diferencia. Ahora si bien esto es natural, bajo ciertas circunstancias puede conducir a situaciones poco deseadas. Como señalaba antes, somos criaturas tribales, y de un momento a otro nos agrupamos y enfrentamos los valores de otro grupo. Por eso construimos instituciones que nos permiten superar ese tribalismo. Pero es muy fácil corromper las instituciones y llevarlas a la política partidista y tribalismo”.

-Este tribalismo parece estar en ascenso. ¿Qué lo explica?

“En Estados Unidos hay muchas causas. Entre otras, un proceso de ‘purificación’ de nuestros principales partidos. Desde la década de los 90, un partido se ha derechizado y el otro se ha izquierdizado. Se ha producido una desconexión entre ambos y entre los votantes de estos partidos. La evolución de los medios también ha jugado un rol. Han crecido aquellos que permiten confirmar los peores prejuicios de cada uno de nosotros. También el término de la Guerra Fría; la pérdida del eterno rival que era una fuente de cohesión del país relevante. También la inmigración, que después de un período largo de estancamiento creció rápidamente en los años 70 y 80, ha producido incomodidad. Por último, mencionaría la forma en que han impactado las redes sociales que aceleran las tomas de posiciones y el tribalismo”.

-Usted ha insinuado que junto con este fenómeno se ha instalado en la sociedad estadounidense el imperio de lo políticamente correcto, e incluso se amenaza la libertad de expresión. ¿Podría explicar este fenómeno?

“Necesitamos vigilar la intolerancia, tanto de la derecha como de la izquierda. En la derecha, esta se encuentra relacionada con el fundamentalismo. En la izquierda, está emergiendo una nueva y potente moralidad durante los últimos diez o veinte años que pretende decirle a la gente qué puede pensar o hacer. No deja de ser inquietante que en los Estados Unidos, donde creemos ser los campeones de la libertad de expresión, esta libertad sea vista como una herramienta para que poderosos hombres blancos puedan decir cosas racistas y sexistas. Al mismo tiempo, al privilegiarse a toda costa la protección de los sentimientos de grupos específicos en nuestras universidades se está corriendo el riesgo de limitar la libertad de expresión. Si esto se instala, es el fin de las universidades como las conocemos”.

-De cierto modo, parece que tanto la intolerancia en la izquierda como en la derecha es una expresión de tribalismo y guerra.

“¡Exactamente! Se ve el mundo dividido por las fuerzas del bien y del mal; las fuerzas de la luz y de la oscuridad. Se están hiperactivando nuestros sentimientos tribales morales, ¡mientras que la tradición liberal era lo opuesto! Era un modo de permitirle a la gente vivir en conjunto a pesar de sus diferentes objetivos y deseos en la vida”.

-¿Cuáles son las diferentes herramientas de las que disponemos para deshacernos de los elementos que nos dividen en el siglo XXI? ¿Tenemos herramientas con las que trabajar?

“Creo que tenemos que cambiar la forma en que pensamos la diversidad. En Estados Unidos, diversidad se relaciona generalmente con raza, género y orientación sexual. Nos falta mucho, pero hemos avanzado en eso; a la vez, nuestras divisiones políticas están empeorando cada vez más. Ahora tenemos que abordar la diversidad política como el tipo de diversidad más importante. En segundo lugar, está el tema de las redes sociales. Necesitaremos enseñarles a nuestros jóvenes algo de responsabilidad digital, y también a las empresas. Eso significa enseñar a las personas a dar el beneficio de la duda para no tirar bencina sobre incendios y no unirse a linchamientos colectivos”.
Recuadro :
”Se están hiperactivando nuestros sentimientos tribales morales, ¡mientras que la tradición liberal era lo opuesto! Era un modo de permitirle a la gente vivir en conjunto a pesar de sus diferentes objetivos y deseos en la vida”.
Harald Beyer es director del Centro de Estudios Públicos y Álvaro Fisher es presidente de la Fundación Ciencia y Evolución.

 

Noticia de El Mercurio
2017-01-08

Jonathan Haidt: “No estoy en desacuerdo con la inmigración, pero hay que controlarla”

Noticia de Las www.economiaynegocios.cl

jueves, 05 de enero de 2017

Catalina Ramos
Internacional
El Mercurio

El autor de “The Righteous Mind” defendió el capitalismo y su relación con la felicidad, en una conferencia convocada por La Otra Mirada, el CEP y “El Mercurio”.

A pesar de toda la evolución que ha experimentado la sociedad actual, el destacado psicólogo social estadounidense Jonathan Haidt sostiene que los seres humanos seguimos siendo tribales.

Pero este tribalismo se puede expandir o contraer dependiendo de las coyunturas, algo que se está haciendo evidente con la globalización de las personas y ya no solo de los bienes, ideas y comunicaciones.

La inmigración, por ejemplo, si bien trae beneficios asociados a la diversidad cultural y la eventual inyección de recursos a la economía, también puede activar cierta preocupación de la comunidad si no hay una respuesta que permita la integración de los recién llegados.

“No estoy en desacuerdo con la inmigración, pero hay que controlarla para que la gente no se vea amenazada”, dijo ayer Haidt en el marco de su conferencia “¿Cómo nos afecta el capitalismo y qué hace por nosotros?”, organizada por La Otra Mirada, el Centro de Estudios Públicos y “El Mercurio”.

“El Brexit no hubiese ocurrido sin la inmigración”, añadió, al recordar una de las razones que tuvieron los británicos que votaron el año pasado por salirse de la Unión Europea.

Como autor de los libros “The Righteous Mind: Why Good People Are Divided by Politics and Religion” y “The Happiness Hypothesis: Finding Modern Truth in Ancient Wisdom”, Haidt ha investigado con profundidad el origen de las divisiones que separan a los individuos y sobre las cuales se relacionan para, a pesar de todo, lograr vivir en sociedad.

Según este profesor de la Stern School of Business de la New York University, las intuiciones morales son primero, y después viene el razonamiento estratégico que busca justificarlas. Claro que las intuiciones varían en cada cultura, y también entre la derecha e izquierda.

Entre sus nuevos temas de estudio están las implicancias del capitalismo en las sociedades.

“El capitalismo divide políticamente a las personas”, admitió, aunque, agregó, “el capitalismo bien logrado crea sociedades felices”.

Recordó el Informe Mundial sobre la Felicidad de 2016, que ubica en el tope de la tabla a países europeos continentales y naciones anglosajonas (Chile está en el lugar 27).

En ese sentido, admitió que no ve cómo reformar el capitalismo en Rusia.

Noticia de www.economiaynegocios.cl

Teórico de la moral compartió con políticos y empresarios

Noticia de Las Últimas Noticias
País: Chile
Fecha: 2017-01-04
Medio: Las Últimas Noticias
Sección: POLÍTICA

Jonathan Haidt dicta charla hoy

Teórico de la moral compartió con políticos y empresarios

A noche el sicólogo social estadounidense Jonathan Haidt llegó hasta la galería Jorge Carroza para sostener una tertulia con políticos como el diputado UDI Jaime Bellolio, el RN José Manuel Edwards y el ex ministro de Educación Harald Beyer, entre otros. El profesor de la escuela de Negocios de la universidad de Nueva York, fue Invitado a Chile por la fundación ‘La otra mirada’, que es presidida por el empresario Nicolás Ibáñez y el centro de estudios CEP.

‘La reunión permitió profundizar en las preguntas que surgen a partir de la tesis del libro (The Righteous Mind) donde habla de la moral política y sobre cuáles son los ejes por los que la izquierda y la derecha se dividen’, comentó Bellolio

Este miércoles, el autor de ‘The Righteous Mind’ dictará la conferencia ‘Qué hace el capitalismo de nosotros y por nosotros’ en el hotel Ritz Carlton a las 19 horas.
Noticia de Las Últimas Noticias

Jonathan Haidt: “Trump habla de una manera que sintoniza con las personas autoritarias”

Noticia de www.cnnchile.com

Jonathan Haidt: “Trump habla de una manera que sintoniza con las personas autoritarias”

29 de Diciembre, 2016 – 23:45 Hrs.

Psicólogo aseguró que la estrategia del presidente electo “debería funcionar en casi todos los países”.

El psicólogo social estadounidense, Jonathan Haidt, conversó con CNN Chile desde Nueva York y analizó diversos termas que abarcaron la agenda internacional, como la crisis de confianza en la política y la inmigración.

Sobre este último punto, el especialista afirmó que en Estados Unidos la asimilación entre culturas “en los años 20 EE.UU. cerró la puerta y tuvimos una actitud general de asimilación”, la que a su juicio funcionó en el siglo XX pero no necesariamente en el siglo XXI.

Sobre el mandatario electo, Donald Trump, dijo que “pareciera tener algo muy personal que hace que sienta miedo de todo”.

“Algo particular sobre la psicología de Donald Trump es que tiene esta alta sensibilidad de desagrado y que habla de una manera que sintoniza con las personas autoritarias, que son partidarios de mantener las divisiones y alejar a cualquiera es diferente y eso es algo dañino”, complementó.

En esa línea, dijo que esa es una estrategia que “debería funcionar en casi todos los países”.

Sobre el escenario político mundial, Haid dijo que “la democracia está enfrentando una serie de desafíos”.

Noticia de www.cnnchile.com

Jonathan Haidt y el choque entre globalización y nacionalismo

Noticia de Pulso Economía & Dinero
2016-12- 27

ENTREVISTA CON EL PSICÓLOGO SOCIAL DE LA ESCUELA DE NEGOCIOS DE LA U. DE NUEVA YORK

Jonathan Haidt y el choque entre globalización y nacionalismo: “Soy pesimista sobre la posibilidad de que la disputa disminuya”

 

Una entrevista de FRANCISCA GUERRERO Una entrevista de FRANCISCA GUERRERO EL CONFLICTO es eterno, según Jonathan Haidt, psicólogo social de la Escuela de Negocios Stern de la Universidad de Nueva York, que no se siente optimista respecto a la disputa moral que se libra en nuestros tiempos. Globalización versus nacionalismos, la irrupción de las redes sociales y el aumento de la inmigración son factores que generan cada vez más tensiones en el mundo desarrollado, escenario en el que no descarta una confrontación más violenta.
El académico, que el próximo 4 de enero ofrecerá la conferencia ‘¿Cómo nos afecta el capitalismo y qué hace por nosotros?’, organizada por el CEP y La Otra Mirada, también trabaja en torno al sistema ético de las organizaciones. En ese marco, asegura que si muchos quebrantan la ley en una industria, como en los casos de colusión, no se puede culpar a manzanas podridas sino a todo el cajón.
Usted ahonda en la diputa moral que existe entre las personas respecto a su percepción sobre la economía, ¿podría explicar este concepto?
—Siempre va a haber conflictos en los grupos humanos, a veces simplemente es por los recursos, pero incluso en esos casos la gente tiende a entenderlo como una disputa moral, donde se tiene cierto derecho que otro está violando. La disputa es eterna, lo ves en el budismo, hinduismo, en la biblia.
En general los conflictos son específicos en cada país, pero estos conflictos son cada vez más similares unos de otros. Están creciendo los populismos en Gran Bretaña, Estados Unidos, Polonia, Hungría, en realidad en toda Europa y algunos están ganando fuerza. Personalmente, creo que en el siglo XXI habrá varios conflictos, uno de ellos en torno a la globalización, que se ha expandido con la prosperidad pero que ha intensificado la desigualdad en muchos países.
Otro tiene que ver con las redes sociales, que solo en los últimos años han permitido que todos sepamos lo que está pasando al otro lado. Con esto, la política se está volviendo algo mucho más personal. Lo tercero es el aumento de la inmigración en todos los países, lo que tiene un amplio efecto sociológico.
Hay varios países que están experimentando estas tres tendencias, lo que se traduce en ira política y polarización.
¿Forman parte de esto los cuestionamientos al libre comercio que atraviesan el triunfo de Donald Trump y del Brexit?
— Claro, es parte de la división emergente entre globalización y nacionalismos. Los partidarios de la globalización están generalmente en el ala izquierda de la moral, mientras que los nacionalistas están más cercanos a la derecha. Es fundamentalmente una discusión sobre la legitimidad del levantamiento de muros.
Los partidarios de la globalización no se sienten cómodos con la idea de los muros, creen en el libre movimiento de las personas, lo que se liga bastante a la idea que defiende la Unión Europea. En tanto, los nacionalistas tienden a ser más patriotas, más hostiles frene a la influencia extranjera en sus propios países, por lo tanto la sola idea de sobrepasar las líneas fronterizas es perturbador para los nacionalistas.
Si el comercio hubiera cumplido las promesas que hizo el siglo pasado, no habría tanta discusión al respecto. Pero debido a que al menos en Estados Unidos los tratados de comercio son negociados por miles de lobbies que representan interesas corporativos, no es claro quién realmente está hablando por la clase trabajadora.
En EEUU hay una división muy grande en relación a la gente que se ha visto beneficiada por la globalización, especialmente en ciudades donde la gente se ha visto dañada, por ejemplo en zonas rurales, en el medio oeste, en esos lugares donde triunfó Donald Trump.
¿Cree que esta disputa moral pueda llegar a una confrontación más violenta?
— En general soy muy pesimista sobre la posibilidad de que esta disputa disminuya en lugar de ponerse peor, bastante peor. La única esperanza que tengo es que los niveles de violencia en estos términos son mucho menores a los que vimos, por ejemplo, en los años ‘60.
En esos años Estados Unidos también estaba muy dividido pero había mucha más violencia, hubo mucha más muerte como respuesta a la ira política. Hasta el momento acá tuvimos elecciones muy divididas y en el peor de los casos, algunas peleas entre personas, pero nadie fue asesinado por las elecciones. Los niveles de violencia aún son muy bajos, pero no sé cuánto va a durar eso.
En su trabajo también aborda los sistemas éticos para las empresas ¿A qué se refiere exactamente?
— Es una forma de mirar a las compañías como sistemas complejos compuestos de personas individuales. Por lo tanto, si quieres mejorar los activos de una organización no puedes sólo hablar de ello, no puedes solo incentivarlos. Hay que mirar los diferentes niveles de análisis (individual, grupal y social), contar con una mirada sistémica.
Eso es lo que estamos tratando de hacer: aplicar el comportamiento de la investigación científica a los sistemas para mejorar la ética en los negocios.
¿Cómo una empresa puede desarrollar un sistema ético?
— Cada empresa tiene su propia cultura, por lo tanto, sus líderes tienen que estar atentos a ella y preguntarse qué pueden hacer para mejorarla. Actualmente en Estados Unidos la ética se aboca casi completamente al cumplimiento de los objetivos que impone la ley, tienen sistemas operando para medirlo y una capacitación que apunta en esa dirección. Cuando se piensa solo en cumplir la ley, los asuntos éticos se transforman en un obstáculo y estamos tratando de cambiar eso, que la ética vaya más allá del cumplimiento de esos estándares legales.
En ese marco, ¿cuáles son los temas más importantes para los sistemas regulatorios?
— Los sistemas regulatorios debiesen preocuparse de que no se incentiven las cosas equivocadas. La mayoría de los sistemas regulatorios son desarrollados por economistas, que no saben mucho de psicología. Por ejemplo en Estados Unidos en 1992 la ley se cambió para que cuando una compañía quiera pagar a un ejecutivo más de US$1 millón al año ese gasto no sea deducible, a no ser que la compañía pague por el sistema que puso en operación.
Los economistas apuestan a impulsar a los líderes a alcanzar metas de rendimiento, por ejemplo el precio más alto de una acción, pero esto puede ser una idea terrible, porque siempre que estableces metas concretas la gente las alcanza sea como sea, harán lo que sea posible para cumplirlas. En los ‘90 vimos mucho eso, que se establecían metas concretas en lugar de pensar en el bienestar de la compañía a largo plazo.
En Chile hemos visto muchos casos de colusión, en medicamentos, papel tissue y pollos.
¿Cree que se pueda atribuir a la falta de un sistema ético en nuestra cultura empresarial?
— No conozco mucho de Chile, por lo que no puedo hablar de su cultura. Pero aquí es donde caben los tres niveles de análisis: el más bajo es el individual y sabemos mucha de su psicología, en del medio es la cultura de la organización que afecta al grupo, el más alto es el sistema en el que está inserta, lo que incluye la ley y la regulación, pero también considera la cultura nacional.
Por lo tanto, al ver cómo se comporta una empresa en Chile, en relación a una en China o Suiza, va a ser muy diferente. Respecto a la colusión, es importante que exista una regulación consistente. Si el problema es de dos ejecutivos, las normas de la empresa pueden operar.
Cuando se ve que es algo que va más allá de unas pocas personas, es posible que se requiera de normas sobre lo que es bueno para el país.
Detectar los casos es difícil, porque los empleados que lo ven sienten que sacarlos a la luz es una traición a su equipo, pero lo que debe importar en este caso es el bienestar de la compañía a largo plazo.
En casos como estos hay gente que culpa a los individuos, pero hay quienes consideran que es algo propio del afán de acumular ganancias en el capitalismo.
¿A quién es más justo responsabilizar?
— Desde el punto de vista psicológico nos gusta culpar a individuos. Nos gusta encontrar a la manzana podrida. Es mucho más fácil. La idea central de los sistemas éticos apunta a la psicología social. Todos estamos muy influenciados por el ambiente y por lo que la otra gente está haciendo. Los sistemas éticos ponen más atención al cajón que a la manzana. Si hay industrias donde la mayoría de las personas está quebrantando la ley no puede ser por una manzana podrida, sino por el cajón. Si algo es común en una industria es porque se trata de un problema sistémico.
Teniendo eso en cuenta, hay que tener presente que dos manzanas podridas realmente pueden estropear al grupo. Por lo que de todas maneras los individuos importan. Recuadro : ‘Cuando se piensa solo en cumplir la ley, los asuntos éticos se transforman en un obstáculo’.
‘Si hay industrias donde la mayoría está quebrantando la ley no puede ser por una manzana podrida’.
‘Los sistemas regulatorios debiesen preocuparse de que no se incentiven las cosas equivocadas’.
‘Siempre que estableces metas concretas la gente las alcanza sea como sea’.
‘La globalización se ha expandido con prosperidad pero ha intensificado la desigualdad’.
‘No está claro quién realmente está hablando por la clase trabajadora (en la discusión de acuerdos comerciales)’
‘La única esperanza es que los niveles de violencia son mucho menores a los que vimos en los ‘60’.
‘Los partidarios de la globalización no se sienten cómodos con los muros, creen en el libre movimiento de personas’.

Noticia de Pulso Economía & Dinero
2016-12- 27

Convicción de un outsider

Noche histórica. Explicaciones van y vienen. Los periodistas no lo pueden creer. El mundo expectante ante el silencio y desazón en la fiesta preparada por los demócratas.

Las bolsas asiáticas caen. El peso mexicano se hace trizas. Los estados azules se empiezan a teñir de rojo, y el mundo simplemente no lo puede creer.

Donald en la madrugada del 9 de noviembre  se convierte en el hombre más poderoso del mundo elegido en una votación con una baja abstención, que seguramente será motivo de estudio por  varias generaciones.

¿Qué pasó?

Trump tuvo el poder de los poderes, la convicción. La convicción ante un pueblo  sin convicciones, cansado de la política, tuvo la habilidad de interpretar muy bien las ganas de volver a creer en el eterno  sueño americano con su slogan  de campaña “make America great again.”

El outsider republicano fue capaz de contrastar su convicción de salvador  con el miedo más profundo y secreto de sus electores,  miedo al terrorismo, a los emigrantes, a la delicuencia y miedo a la competencia. Les habló fuerte y claro, como necesitamos que lo hagan cuando estamos asustados, pero a la vez les hizo cariño con promesas de  protección y seguridad. Y le resultó, pese a que no contó con los medios de comunicación, ni con los nuevos Kennedy, ni con los rostros de moda. Su estrategia de apelar a lo más íntimo y primitivo pudo más y lo terminó  convirtiendo en el hombre de la Casa Blanca.

Terminó con el establishment, logró un voto cruzado entre los más ricos con la promesa de los bajos impuestos y,  los más olvidados con más América para ellos.

Terminó con las predicciones políticas y las palabras de buena crianza.

El mundo y los mercados están en una tensa espera de ver si cumple con su promesa de cambio o, logra hacer un gobierno de unidad .

Por Cecilia Guzman.

Cumplir el deber sin miedo ni complejos

…si una casa tiene las ventanas rotas durante largo tiempo, da la impresión de estar abandonada, tentando a que antisociales rompan otras ventanas o ingresen a ella para robarla, por eso a la política de Giuliani se le conoce como la teoría de las “Ventanas rotas”.

Hace pocos días visitó Chile Rudolph Giuliani, ex alcalde de Nueva York (1994-2001), quien se hizo internacionalmente famoso por el notable éxito que tuvo en el combate a la delincuencia. Gran parte de ese éxito se debe a que el combate a los delincuentes no empezaba recién cuando ellos asaltaban a una persona o robaban una casa, sino antes de que esos delitos se cometieran.

Invitado por la organización La otra mirada y la Universidad Adolfo Ibáñez, Giuliani compartió su experiencia como ex alcalde y señaló cuáles son los requisitos indispensables para que el Gobierno encare la lucha por la seguridad social de una nueva forma.

Cuando se produjo el atentado terrorista contra las Torres Gemelas en Nueva York (2001), Giuliani era alcalde de esa ciudad. Su eficiente respuesta al caos de seguridad desatado por el ataque de Al Qaeda, lo hizo merecedor del apodo “El alcalde de América”, en alusión al merecido protagonismo que alcanzó manteniendo el orden público y la paz social en una ciudad sumida en el miedo y la desconfianza después del 11/9.

Pero el trabajo de este alcalde había comenzado mucho antes, cuando adoptó la política llamada de “Tolerancia 0” y resumidamente consistió en comenzar a sancionar y evitar que se cometieran faltas menores en la calle. ¿Cómo cuáles? Por ejemplo, los rayados en las murallas, las evasiones del pasaje en el transporte público, el comercio callejero, etc.

¿Ha escuchado el dicho de “le das la mano y se toma el pie” sobre la gente que es demasiado “confianzuda”? Bueno, la teoría de Giuliani tiene la lógica de ese refrán, porque afirma que si no se castiga inmediatamente al autor de una infracción menor y se le deja pasar, se le está incentivando a reincidir o incluso a cometer hechos más graves.

Por ejemplo, si una casa tiene las ventanas rotas durante largo tiempo, da la impresión de estar abandonada, tentando a que antisociales rompan otras ventanas o ingresen a ella para robarla, por eso a la política de Giuliani se le conoce como la teoría de las “Ventanas rotas”.

¿Le doy otro ejemplo? Hace años los encapuchados comenzaron tirando piedras y haciendo barricadas; después empezaron a lanzar bombas molotov y a destruir semáforos, letreros y paraderos; ahora llegaron al extremo de irrumpir en un templo católico, robar un crucifijo y destruirlo en la calle frente a todo el mundo. Días antes, el pasado 21 de mayo, sus bombas incendiarias ocasionaron la muerte de don Eduardo Lara, crimen que a un mes de su comisión todavía está impune y con sus autores gozando de plena libertad. Y otro tanto ocurre en La Araucanía, donde simplemente pareciera que no existe el estado de derecho.

Los abusos y delitos cometidos por distintas autoridades ocasionaron la severa crisis de confianza y credibilidad que afecta a casi todas nuestras instituciones, debilitando la legitimidad, prestigio e influencia no sólo de los políticos sino también de líderes religiosos, jueces, empresarios y hasta de la dirigencia deportiva.

Creo que este deterioro generalizado de las autoridades públicas, sumado al temor de ser impopular o criticado, lleva a que algunos funcionarios del Estado no quieran o no se atrevan a aplicar la ley o una sanción cuando es “políticamente incorrecto” aunque legal y moralmente correcto.

Esta falta de convicción y debilidad de ciertas autoridades públicas es el mejor aliado de los delincuentes que, por definición, son enemigos del respeto a las normas, jerarquías, deberes y obligaciones. Y cuando por la razón que sea, un policía, un ministro o un juez cumplen con su deber a medias, tenemos un país a medias, donde el derecho a vivir en paz y tranquilos, también se ejerce a medias porque cuando salimos a la calle nos pasamos vigilando de reojo la cartera, la billetera o el celular y cuando llegamos a nuestro hogar nos tenemos que encerrar tras rejas, puertas y ventanas.

¿Cómo podemos revertir la crisis de autoridad? Si usted es papá, profesor o tiene otro tipo de responsabilidad jerárquica, ejérzala con justicia y sin temor ni complejos. Enseñe con su ejemplo que el poder no es sinónimo de abusos, ni la autoridad de privilegios ilegítimos.

Por Magdalena Piñera

Publicado en: Publimetro

Respeto mutuo

¿USTED me prestaría la Quinta Avenida para hacer una protesta? Rudy Giuliani mira un poco incrédulo, pero el NO se escucha fuerte en toda la sala. Insisto. ¿Dónde están mis derechos? ¿Acaso no hay libertad de expresión en Nueva York? Pero, el mítico exalcalde tiene claro el tema. “El punto es que yo tengo que respetar los derechos de todos. Si usted bloquea una calle, o se toma un lugar, entonces, de paso está afectando a los demás. La gente tiene también derecho a desplazarse, a ir a su trabajo, a volver a sus casas. O que un carro de bombero o una ambulancia deben poder llegar donde se los necesita”.

Guiliani fue alcalde de Nueva York entre 1993 y el 2001. Es recordado por su política contra la delincuencia que logró que la ciudad pasara de ser considerada una de las más violentas de Estados Unidos, a una de las más seguras hasta el día de hoy.

Su fórmula contra la delincuencia se popularizó como tolerancia cero, pero en la realidad está basada en una teoría llamada “Broken Window”, que apunta a la necesidad de prevenir los delitos menores como una forma de abordar otros peores. “Una ciudad donde cualquiera puede rayar las paredes, donde no se puede caminar sin riesgo a que te roben, donde hay vandalismo o desorden, es una que incuba y fomenta delitos mayores, como el crimen. Todo está unido. Por eso, mi primera labor en Nueva York fue limpiar la ciudad”, dice Giuliani.

Las protestas, son parte de aquello, agrega. Si una manifestación, aunque sea por buenas razones, altera la ciudad, creando caos y desorden, en muchos casos violencia, entontes se crea un ambiente permisivo. El resultado de aquello es simple: se da la sensación de que no hay control y eso incentiva la delincuencia.

¿Significa ello que no se puede protestar? Por supuesto que no, aclara Guiliani. Significa que hay que organizarlas de tal manera que se respeten los derechos de todos y se evite la violencia. “Primero se debe establecer el lugar de la protesta. Puede ser una zona específica o que marchen por las veredas. Pero nunca una calle. Segundo, las reglas son claras. Si alguien pisa una calle, se va arrestado. Si tira una piedra o va encapuchado, lo mismo. Si agrede a un carabinero, peor”.

Un caso emblemático fueron la protestas en Wall Street el 2011. A los manifestantes se les asignó una plaza. No podían salir de ahí. No podían molestar a los peatones. Y tenían que limpiar el lugar todas las noches. De lo contrario, no podían volver al día siguiente.

Así todos ganan, concluye Giuliani. “La única manera que una causa genere simpatías, es que no se salga de control. Que no pase a llevar los derechos de los demás, que no termine en violencia. Y, ojo, también es la forma de prevenir delitos mayores. Quienes convocan a este tipo de actos debieran ser los primeros en entender esto. Y si no es así, o en la práctica todos sus actos terminan en caos, entonces pierden el derecho a manifestarse de esa forma. La razón es simple: ni siquiera una buena causa puede pasar a llevar las bases de una sociedad democrática que es el cumplimiento de la leyes y el respeto por el otro”.

Por Andrés Benítez

Publicado en: La Tercera

Giuliani: “Si la voluntad política es reducir el crimen, todos se enfocarán en aquello”

El impulsor del plan “Tolerancia Cero” dio consejos para bajar la delincuencia: que las policías trabajen más unidas, que su labor sea proactiva para prevenir y que haya fuerzas de tareas para atacar ciertos delitos.
Imágenes de Nueva York eran las que rotaban permanentemente detrás de la exposición de Rudolph Giuliani, ex alcalde de esa ciudad durante 1994 y 2002.

Considerado como una de las personalidades más icónicas de la ciudad estadounidense -gran parte debido a su plan antidelincuencia llamado “Tolerancia Cero”- ayer dio una charla ante cerca de 800 personas, entre académicos, empresarios, abogados, estudiantes e incluso el ex presidente Sebastián Piñera, sobre su experiencia como consultor de temas de seguridad, pero también en cómo bajar la alta tasa de victimización y temor que tiene Chile.

“Comparado a otros países en los que he estado, este es un país seguro, a pesar de que el Departamento de Estado de EE.UU. lo describa como moderadamente seguro”, dice Giuliani, quien estuvo invitado por la Universidad Adolfo Ibáñez (UAI), La Otra Mirada y “El Mercurio”.

Sin embargo, el abogado y ex fiscal comenta que “ahora el crimen ha crecido y la peor parte es que el crimen en Chile ha subido de la peor forma, con violencia”. Y para él, esto es lo que genera más miedo en la población.

Voluntad política

“En el negocio de la rebaja de la delincuencia, esto es diferente en cada país”, explica Giuliani. Pero, complementa, la filosofía y el proceso es el mismo en todas partes. Así, los puntuales son la teoría de las ventanas rotas -que indica no otorgar impunidad a los delitos menores y así no se salieran de control- y el Compstat, un programa computacional que centraliza todos los datos de la policía para así focalizar los esfuerzos. “El Compstat obtenía el diagnóstico y nosotros (con las policías) las soluciones”, explicó.

Para nuestro país, el abogado enfatizó que el trabajo de las policías debía ser más unificado y coordinado (también con los fiscales), la necesidad de crear fuerza de tarea para combatir áreas especiales de los delitos, que la policía debe ser proactiva y no perseguir delitos, sino prevenirlos.

Pero, para el ahora consultor, lo más importante es la voluntad del poder político: “Si la voluntad política es reducir crimen, entonces todos se enfocarán en cómo hacerlo”.

Calles para marchar

Al ser consultado por Andrés Benítez, rector de la U. Adolfo Ibáñez, sobre el problema de autorizar las marchas en el país, este respondió que en Estados Unidos la gente tiene derecho a dar su punto de vista -protegidos por la Primera Enmienda constitucional-, pero que cuando él asumió como edil dijo que en Nueva York no se iban a permitir las marchas con disturbios. “Puede haber demostraciones, pero bajo ciertas reglas que permiten hacer valer ese punto de vista pero sin alterar la vida del resto”, explicó.

Por ejemplo, Giuliani no estaría dispuesto a prestar la Quinta Avenida para una marcha debido al problema que genera en la ciudad. “La posibilidad de usar las calles no es algo que las personas tengan derecho a impedir, para expresar sus opiniones”, dijo. Además, comentó que si alguna persona rompe la legislación establecida “se arresta al primero que lo hace, entonces el segundo, tercero, cuarto, etc. no lo van a hacer”.

Publicado en: El Mercurio