La otra mirada de Jesse Norman

El destacado filósofo y parlamentario inglés visitó Chile para ofrecer una conferencia organizada por la otra mirada y fundación 180, que promueve un rol más activo de la sociedad civil. Aquí Explica su visión.

Por: Cecilia Guzmán y Jaime Besa / Foto: Natalia Vial

Según el diario británico The Telegraph, Jesse Norman, representante del Partido Conservador en el Parlamento inglés por Hereford y Herefordshire Sur, es uno de los cien políticos conservadores más influyentes de Inglaterra. Considerado como uno de los ideólogos del “nuevo conservadurismo”, plasmó sus ideas en el libro “La gran sociedad”, calificado como el sustento intelectual del gobierno del actual Primer Ministro del Reino Unido, David Cameron. Este filósofo y parlamentario fue invitado en noviembre a Chile por La Otra Mirada y Fundación 180 para dar la conferencia “¿Protagonistas o espectadores? La otra mirada sobre el rol de la sociedad civil”, en la Estación Mapocho, a la que asistieron más de 500 jóvenes universitarios, con quienes el político compartió sus experiencias y el mensaje de su libro “La gran sociedad”, el cual entregó de regalo a los participantes. La Otra Mirada es una plataforma destinada a provocar, según su propia definición, “una reflexión sana, abierta y en libertad. Un espacio
para debatir distintas miradas y generar una instancia donde se promueva el pensamiento crítico y el debate sobre temas de interés público. Un lugar para discutir aquellas ideas que transcienden, aquellas ideas que permean
a una sociedad que muchas veces olvida el verdadero valor y el poder que tiene el mundo del pensamiento y la cultura”.

Durante 2014, La Otra Mirada también organizó en Chile la conferencia “Capitalismo y Desigualdad”, del historiador y profesor de Harvard University Niall Ferguson.

–¿Cómo entraste a la política? ¿Cuál es la razón por la que decidiste empezar a trabajar en política?

–Al contrario de otros miembros del Parlamento británico, tuve múltiples y variadas experiencias antes de entrar en la política, desde dirigir una fundación, ser director del banco Barclays y enseñar filosofía en el University College de Londres por muchos años. “Tomé la decisión de involucrarme en política y postular como parlamentario principalmente porque había visto cómo la política en sí misma puede hacer la diferencia y, por lo tanto, pensé que poner toda mi experiencia a su servicio podría tener algún valor público”.

–¿Crees que ser político es una vocación o simplemente una carrera?

–En mi opinión, debiese ser una vocación. Existen algunas personas extraordinarias, como William Pit y Winston Churchill, quienes entraron en política desde muy jóvenes e hicieron grandes contribuciones a lo largo de sus vidas. Sin embargo, creo que para la mayoría de las personas, la política debiese ser algo en lo cual participen activamente
después de haber tenido una carrera profesional, cuando sus valores y carácter ya estén definidos y cuando ya tengan habilidades y experiencias de vida que puedan poner a disposición de los demás como servidores públicos.

–¿Cuál es el mayor riesgo que has tomado en tu vida?

–Probablemente cuando volé sólo por primera vez como piloto privado o mi primer salto en paracaídas. Las dos experiencias muy riesgosas, como podrás ver. No obstante, también he tomado grandes riesgos de otro tipo. En 1988
me encontraba trabajando en Wall Street y tomé la decisión de renunciar a mi trabajo para dirigir un proyecto de beneficencia que entregaba libros de medicina en Europa del Este. Esto fue durante el período comunista,
cuando el ingreso promedio en Polonia era aproximadamente 40 dólares al mes. En 1997 estaba trabajando en el sector financiero en Londres y decidí dejarlo para dedicarme a la investigación académica y a enseñar filosofía
en la universidad. En ambos casos todos mis amigos pensaron que estaba completamente loco, pero nunca me he arrepentido de ninguna de esas dos decisiones.

–¿Cuál ha sido tu mayor logro en política?

–Mi mayor logro en política ha sido, sin duda, cuando organicé en 2012, dentro del Parlamento británico, la oposición al proyecto de ley del gobierno que buscaba crear una Cámara de los Lores elegida. Lo anterior requería un claro entendimiento del marco legal, político y constitucional de los temas involucrados, además de un sólido y convincente argumento, mucha capacidad de persuasión, un conocimiento detallado de los procedimientos legislativos, un manejo efectivo de la prensa y comunicación de mensajes claves de forma atractiva y a través
de los medios escritos y digitales y la habilidad de mezclar táctica y estrategia para cumplir un objetivo. Fuimos superados masivamente, pero a pesar de eso logramos ganar, producto de lo cual me dieron el reconocimiento como el Parlamentario del Año.

–¿Qué le recomendarías a los jóvenes que están pensando en seguir una carrera política o dedicarse al servicio público?

–Les diría que esperen hasta que tengan alguna experiencia real. Les recomendaría que tomen riesgos, que viajen y que vean en primer lugar qué pueden hacer con sus vidas. Que no hagan nada estúpido que se les pueda volver en contra. Una vez que se decidan a entrar al servicio público, les recomendaría que se aseguren que su pareja y familia entiendan bien en lo que se están involucrando y que logren obtener el apoyo de ellos. Por último, les diría que piensen siempre en principios políticos y valores como políticas públicas, pero por sobre todo que nunca se olviden de ser ellos mismos.

“Poder es la capacidad de hacer que las cosas sucedan. autoridad es la capacidad de conseguir que las cosas pasen”, dice el político y filósofo Jesse Norman.

–¿Qué le recomendarías a los jóvenes que están pensando en seguir una carrera política o dedicarse al servicio público?

–Les diría que esperen hasta que tengan alguna experiencia real. Les recomendaría que tomen riesgos, que viajen y que vean en primer lugar qué pueden hacer con sus vidas. Que no hagan nada estúpido que se les pueda volver en contra. Una vez que se decidan a entrar al servicio público, les recomendaría que se aseguren que su pareja y
familia entiendan bien en lo que se están involucrando y que logren obtener el apoyo de ellos. Por último, les diría que piensen siempre en principios políticos y valores como políticas públicas, pero por sobre todo que nunca se olviden de ser ellos mismos.

–¿Cómo proteges tu vida personal dada la exposición pública que tienes? ¿Se puede realmente?

–No es nada de fácil, porque la prensa tiene un deseo incansable de indagar en los detalles de la vida e historias personales de aquellos involucrados en la política. Mi estrategia es que, más allá de lo estrictamente necesario,
nunca involucro a mi familia en política. De hecho, nunca uso fotos de ellos y tampoco me refiero a ellos en mis discursos políticos.

“LA GRAN SOCIEDAD” EN ACCIÓN

–¿Cómo definirías poder?

–Poder es la capacidad de hacer que las cosas sucedan. Autoridad es la capacidad de conseguir que las cosas pasen.

–¿Crees que el poder es adictivo?

–Sí, puede serlo, pero lo que importa es su intensidad y su duración. Como dijo el famoso lord Acton: “El poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente”. Lo que pasa es que los cerebros de las personas
se reprograman a sí mismos para esperar obediencia, y por lo tanto dejan de escuchar y así aprender. Los grandes líderes prefieren tiempos cortos en sus posiciones, favorecen los mecanismos institucionales que regulan el poder y buscan consejeros leales pero de mentalidad independiente.

–¿Te gustaría ser Primer Ministro de Inglaterra?

–A veces, cuando estoy en el baño, me pregunto cómo serían las cosas bajo la administración Norman, pero no pienso eso por mucho tiempo (se ríe).

–En tu libro “La gran sociedad” abordas el rol de la sociedad civil. ¿Cómo puede el Estado promover una participación activa de la sociedad civil en política?

–En Gran Bretaña, el Estado promueve la participación cívica de muchas maneras. Un gran programa de este gobierno es el Servicio Nacional de Ciudadanos, el cual combina cursos de aventura, trabajo en equipo,
espíritu empresarial y trabajo comunitario. Este programa que empezó en 2011 contará en 2015 con la participación de más de 150 mil jóvenes británicos, de 16 a 17 años edad, de todos los orígenes socioeconómicos. ¡Esta es la gran sociedad en acción!

–¿Cómo podemos educar a nuestras generaciones jóvenes para que entiendan el verdadero poder de la sociedad civil?

–Para hacer esto se necesita operar en todos los niveles. Esto es, hacer que los jóvenes se involucren en proyectos de voluntariado para formar hábitos, entregarles buenos modelos y ejemplos a seguir que los inspiren, promover en la juventud el deporte, las actividades al aire libre y el arte, y por último, enseñarles historia para que entiendan cómo la sociedad cambia y cómo los grandes líderes han trabajado en el pasado. //@revistacosas.

Fuente: Revista Cosas

Jesse Norman y el valor de la sociedad civil

Tras relatar su experiencia de voluntariado en Europa del Este, el político inglés invitó a cientos de jóvenes chilenos a movilizarse por un objetivo. Les dijo que lo más importante en la vida era tener un propósito, actuar con autonomía y dar lo mejor de uno mismo.

Ante una audiencia que superó los 700 jóvenes, entre universitarios y escolares, el político inglés Jesse Normann habló de la importancia de la libertad y las ideas en la conformación de una sociedad civil que efectivamente provoque cambios positivos.

Con gran histrionismo y personalidad, Normann comenzó su charla relatando su experiencia de voluntariado en Polonia, Hungría y Checoslovaquia. Dijo que había conocido el comunismo muy de cerca y que había tenido la ingrata experiencia de vivir en una sociedad sin libertad. “Era principios de los años 80 y yo trabaja en Wall Street. Eran tiempos locos, de codicia desenfrenada. Pero yo buscaba algo más valioso y me inscribí como voluntario en una institución de caridad que regalaba libros de medicina en países de Europa del Este… Eran países donde no existía la sociedad civil. Todo, absolutamente todo era controlado por el Estado”, señaló.

Meses después cayó el muro de Berlín y el comunismo se fue de Europa. “Yo era joven, así como ustedes, y creé la primera sociedad civil en Polonia. Me siento tremendamente orgulloso de haberlo hecho. Y no me arrepiento de haber dejado Wall Street. Tras esa experiencia me convencí que una sociedad libre nos permite ser más felices y mejores personas”, dijo.

“¿Cuántos de ustedes han sacrificado algo en la vida? ¿Cuántos de ustedes han asumido un riesgo por alcanzar un propósito?”, les preguntó a todos. Acto seguido, y con un público que lo escuchaba atentamente, Normann señaló que las tres cosas fundamentales para ser feliz en la vida comenzaban con las letras AMP: autonomía, maestría y propósito. La autonomía permite tener el control de lo que hacemos; la maestría nos ayuda a darle valor a lo que hacemos; y el propósito nos orienta a trabajar por algo que verdaderamente nos importa.

“Si trabajan en ello van a lograr grandes cosas”, dijo. Y al terminar los invitó a todos a organizarse, a hacer cosas. “Movilícense por una causa. Creen su propia música… Hagan lo que tienen que hacer”.

El político británico Jesse Norman no se guardó nada al momento de contestar las preguntas realizadas por los asistentes y espectadores vía redes sociales, causando más de alguna sorpresa en el público.

Las palabras del diputado inglés fueron claras al referirse a la gran cantidad de jóvenes que buscan independizarse en nuestro país, Norman afirmó que “si creen que el emprendimiento es ganar dinero, entonces no entienden nada”. Además aseguró que más allá de generar ingresos, el ser empresario se trata de lograr sueños y cumplir metas.

La desigualdad fue otro tema abordado por el británico. A una pregunta realizada sobre el panorama de Chile señaló que “en algunos países la desigualdad significa un problema. En otros simplemente no” y que en este caso “los eslóganes políticos son ideas muertas. Hay que buscar el problema real y pensar en cómo solucionarlo”.

Una de las ultimas interrogantes realizadas fue para conocer su opinión sobre el capitalismo y la pobreza, a lo que el senador respondió “el capitalismo, cuando funciona correctamente, logra reducir la pobreza”, una señal clara de que el sistema actual necesita ser perfeccionado.

El encuentro estuvo “teloneado” por el músico chileno Gepe, quien dio muestras de su profesionalismo y talento.

Fuente: Fundación para el Progreso (FPP)

Leonidas Montes: “Ferguson y Chile”

Esta columna no trata de lo que sucedió en Ferguson, Missouri, sino del historiador que nos visita. Niall Ferguson tiene sólo 50 años. Nació en Glasgow, Escocia. Quizá de ahí viene su pasión por las ideas liberales. Hace unos 250 años, otro escocés, Adam Smith, era profesor de Filosofía Moral en la Universidad de Glasgow.

Como académico, Ferguson es muy productivo. Y también provocativo al defender el verdadero liberalismo. Aunque ya nos adelantó algunas ideas, será interesante escuchar lo que dirá acerca de Chile. Descubrirá que en educación estamos por el Estado y la gratuidad. Y como hasta el ministro Eyzaguirrre se ha convertido al creacionismo, vamos por el “no a la selección”. Porque en Chile el lucro se ha demonizado. Y la selección es el mal de algunos pecadores darwinistas.

Ferguson ya se refirió a los cambios de Constitución como “un vicio latinoamericano que hace de la Constitución un fútbol político”. Bueno, en Chile estamos en la pichanga para el próximo mundial. Le dirán que nuestra Constitución, pese a los cambios, tiene el pecado de origen. Un reciente estudio muestra que el 56% de las constituciones del mundo vienen de gobiernos autoritarios. Pero eso no importa. Son cosas del fútbol.

Se sorprenderá de que en Chile ya se creó una AFP estatal. Estará de acuerdo con el experto de la OCDE quien declaró que no lo entendía, agregando “si ya hay un mecanismo que funciona y el resto del mundo le gusta, ¿no será mejor andar por ese camino?”.

En Latinoamérica, dice Ferguson, hay tres izquierdas: la buena, la mala y la fea. En la fea, están Venezuela, Ecuador y Argentina donde las consecuencias del populismo están a la vista. La mala está en Brasil que, anclado a su estatismo, no crece. Y en la izquierda buena, estaría Chile y los países que nos han imitado y crecido, como Perú. Pero en Chile, en vez de mirar al Pacífico, estamos coqueteando con la Señora K y pidiendo excusas por no solidarizar en la guerra de las Malvinas, cuando la verdad es que nos salvaron el pellejo.

Y en el debate acerca de la desigualdad, Ferguson se sorprenderá. Guido Girardi acaba de declarar que Chile “es el país más desigual del planeta”. El historiador se preguntará qué cifras o índice Gini maneja el senador Girardi. Porque una cosa es tener un problema de desigualdad. Otra muy distinta es que seamos el país más “desigual del planeta”. Posiblemente, se preguntará en qué planeta vive el senador. Y la respuesta la conocemos: vive en el planeta Girardi, ese de la izquierda fea y populista.

En medio de tanta confusión y populismo, Ferguson viene a entregarnos una refrescante dosis de liberalismo. Qué falta le hace a Chile.

Autor: Leonidas Montes

Fuente: CEP (Centro de estudios Públicos)

Mauricio Rojas: “El mensaje de Jesse Norman en Chile”

Jesse NormanEl parlamentario británico expuso sobre las relaciones entre estado, mercado y sociedad civil que “puede ser de gran ayuda para vitalizar y renovar un debate nacional”, según Rojas.

La reciente visita del destacado parlamentario británico Jesse Norman así como la publicación de su libro La gran sociedad (IES-Ciento Ochenta) han hecho presente en Chile una mirada distinta sobre las relaciones entre estado, mercado y sociedad civil que puede ser de gran ayuda para vitalizar y renovar un debate nacional cada vez más repetitivo y estéril.

Las ideas de Norman forman parte de una importante reorientación ideológica del Partido Conservador bajo el liderato de David Cameron que enfatiza el papel clave de la sociedad civil y el sentido de comunidad en la vida social. Como tal, se opone a lo que Norman define como los dos grandes fundamentalismos que han dominado la escena política contemporánea: el estatista y el de mercado. El primero trata de expandir constantemente la presencia del estado en la vida social, mientras que el segundo pone las relaciones comerciales en su centro. Con ello, lo que debieran ser herramientas al servicio de una sociedad civil fuerte y floreciente se transforman en principios cada vez más excluyentes de organización social, empobreciendo las relaciones humanas y el sentido mismo de la vida en sociedad.

Este enfoque entronca con una serie de reflexiones clásicas dentro del pensamiento liberal-conservador que quisiera recordar antes de volver sobre la idea de la Gran Sociedad tal como la han esbozado Cameron y otros pensadores británicos.

Los dos individualismos

Quisiera iniciar estas reflexiones aludiendo a un texto de Friedrich Hayek. Se trata de un ensayo publicado en 1946 que recoge una conferencia dictada a fines de 1945 en el University College de Dublín bajo el título de Individualismo: el verdadero y el falso (http://www.cepchile.cl/dms/archivo_947_64/rev22_hayek.pdf). Hayek hace allí una distinción muy importante entre dos formas de ver y plantearse el individualismo. Por una parte, está el individualismo verdadero –yo diría, liberal–, que debe afirmar y defender la sociedad civil ya que ésta es, según Hayek, la expresión necesaria de la libertad individual. Nuestra libertad se realiza en la constitución de la familia y de una red de relaciones cercanas de cooperación, asociación y solidaridad, en todas esas “formaciones espontáneas” que, en palabras de Hayek, son las “bases indispensables de una civilización libre”.

El pensador británico Edmund Burke, en sus famosas Reflexiones sobre la Revolución en Francia de 1790, habló de esas formas básicas de asociación como el “pequeño pelotón” (little platoon) al que pertenecemos y que forma la base de nuestros afectos e identidades así como de nuestra vida y solidaridad sociales. Esta alusión la hizo Burke en el contexto de su crítica al impulso revolucionario que por entonces conmovía a Francia y que quería arrasarlo todo, disolver todos los órdenes y afectos, borrar la herencia del pasado y quebrar nuestras solidaridades básicas, para que de esta manera se pudiese imponer un orden nuevo, surgido del designio revolucionario y plasmado en un estado que se arrogaba la tarea de rehacer totalmente la sociedad. Para ello, el estado revolucionario precisaba de individuos libres de todo vínculo, de toda fe, de toda lealtad, para poder hacerlos dependientes de un solo vínculo, de una sola fe y de una lealtad única: aquella con el estado revolucionario.

Esta es una observación fundamental ya que la destrucción de la sociedad civil y la atomización del individuo son, sin duda, las bases del estado fuerte. El debilitamiento o destrucción de todas esas “estructuras intermedias” donde el individuo plasma sus relaciones sociales lo deja, para resolver sus necesidades vitales, absolutamente dependiente del estado. En suma, mientras más débil es la sociedad civil, más fuerte es el estado.

Esta reflexión es central para Hayek y él la conecta con las ideas de otro pensador clásico: Alexis de Tocqueville. Es en su famoso libro Sobre la Democracia en América, donde Tocqueville, visitando los Estados Unidos durante la primera mitad del siglo XIX, hace un descubrimiento esencial: que la verdadera fuente de la libertad, la democracia y la prosperidad de los americanos era una fuerte sociedad civil, que fluía de la verdadera pasión de los americanos por asociarse, es decir, por resolver sus problemas por sí mismos, sin recurrir a otros o al estado, sino formando directamente una respuesta asociativa a los problemas que les presentaba la vida.

Con asombro, Tocqueville nos dice: “Los norteamericanos de todas las edades, de todas las condiciones y del más variado ingenio, se unen constantemente y no solo tienen asociaciones comerciales e industriales en que todos toman parte, sino otras mil diferentes: religiosas, morales, graves, fútiles, muy generales y muy particulares […] Así, el país más democrático de la Tierra, es aquel en que los hombres han perfeccionado más el arte de perseguir en común el objeto de sus deseos, y han aplicado al mayor número de objetos esta nueva ciencia.” Y la verdad es que ninguna sociedad ha estado tan cerca del autogobierno como la sociedad estadounidense clásica y esa fuerza de la sociedad civil es aún hoy un rasgo distintivo de los Estados Unidos.

Frente a este individualismo asociativo, que para Hayek es el verdadero individualismo liberal, existe otro individualismo, que él llama “falso individualismo” y que yo llamaría individualismo socialista o, incluso, totalitario. Puede parecer contradictorio hablar de individualismo socialista o totalitario, pero no lo es. Se trata de aquel individualismo que invita al individuo a romper todo lazo importante con su entorno humano, a “liberarse” de toda obligación y de toda dependencia de sus seres más cercanos y, en vez de ello, ofrece una gran solución para nuestras necesidades vitales que no es otra que la del Gran Estado.

Esta reflexión es muy parecida a la que hizo Hanna Arendt al estudiar las raíces del totalitarismo moderno. En su célebre obra de 1951 Los orígenes del totalitarismo Arendt señaló una fuente fundamental de ese siniestro fenómeno: la soledad de la moderna sociedad de masas, aquella donde surge el “hombre-masa” (mass man), ese átomo aislado, indistinguible de miles de otros átomos que finalmente encuentran un sentido de pertenencia y comunidad abandonándose a otros, a un movimiento de masas, un estado o un Führer, que los rescate de su soledad.

Como bien dice Arendt: “Los movimiento totalitarios son organizaciones de masas de individuos aislados. Comparados con todo otro partido o movimiento, su característica más conspicua es su exigencia de una lealtad total […] (que) solo puede esperarse de seres humanos completamente aislados que, carentes de todo otro vínculo social, […] derivan su sentimiento de tener un lugar en el mundo exclusivamente de su pertenencia al movimiento o al partido.”

Es esa alienación de vivir con extraños, de vivir en sociedades vacías de comunidad, de no tener lazos fuertes con los seres humanos más cercanos ni pertenecer a un entramado asociativo autónomo, de no formar nada que tenga solidez y permanencia en torno a la vida cotidiana, la que, según Arendt, lleva a la búsqueda de aquella comunidad militante y total que ofrecen movimientos políticos como el nazismo o el comunismo. Ahora bien, de esa misma fuente beben también los grandes estados benefactores socialdemócratas, que con sus aparatos asistenciales, sus planificadores y expertos, ofrecen resolver desde arriba, desde el aparato del estado, aquello que la sociedad civil tradicionalmente había resuelto desde abajo, mediante la autoorganización civil y gremial.

Esta dialéctica que lleva de la debilidad de la sociedad civil a la soledad y de la soledad a la dependencia del estado ha sido perfectamente comprendida por el socialismo y las otras ideologías colectivistas. Por ello su propensión a promover la disolución de los lazos cercanos fuertes, como aquellos representados por la familia. El individuo sin familia o con vínculos familiares débiles y superficiales, es un individuo que necesariamente va a tener que recurrir al Estado. Esto es algo patente en los regímenes comunistas, pero lo mismo se puede decir al estudiar a aquellos países, como los nórdicos, que llevaron el proyecto del estado benefactor a sus límites más extremos.

Cameron y el relanzamiento de la sociedad civil

Esas reflexiones nos dan un contexto de ideas que nos permite volver a una de las figuras políticas más interesantes de la Europa actual: David Cameron, Primer Ministro del Reino Unido desde el 11 de mayo de 2010.

El 19 de julio de ese mismo año Cameron pronunció en Liverpool un discurso de alto interés ideológico y programático que se conoce como Big Society Speech. En él, Cameron relanzó, ahora como Primer Ministro, lo que había sido la idea central en su carrera política: que la gran misión de su partido no es otra que la de cambiar radicalmente la relación entre estado y sociedad civil en el Reino Unido. En ese discurso, Camerón dijo que “hay cosas que se hacen porque son un deber”, como terminar con un déficit fiscal insostenible, pero hay otras cosas que se hacen porque “son nuestra pasión” y, agrega, “mi gran pasión es construir una Gran Sociedad”.

La Gran Sociedad es la respuesta a los dos ejes tradicionales del poder y del debate político: el “Gran Gobierno” (Big Government) y los “Grandes Negocios” (Big Businesses). En su discurso, Cameron definió la Gran Sociedad de la siguiente manera: “Podéis llamarla liberalismo. Podéis llamarla empoderamiento (empowerment). Podéis llamarla libertad. Podéis llamarla responsabilidad. Yo la llamo Gran Sociedad. La Gran Sociedad es un enorme cambio cultural […] donde la gente, en sus vidas cotidianas, en sus hogares, en sus barrios, en sus lugares de trabajo […] no siempre se dirige a los funcionarios, a las autoridades locales o al gobierno central buscando respuestas a sus problemas […] sino que, en vez de ello, se sienten libres y con el poder necesario para ayudarse a sí mismos y a sus propias comunidades […] Se trata de una liberación: la más grande y la más dramática redistribución del poder desde las élites en Whitehall (símbolo del poder político y administrativo central) al hombre y la mujer corrientes.”

Esto implica, según Cameron, “una perspectiva completamente nueva sobre el gobierno”, que lo “pone completamente de cabeza”. En consecuencia, el norte que orientaría su gobierno sería hacer todo aquello que “ayuda a potenciar el impulso comunitario” y “no hacer nada que lo aplaste”. Para llevar adelante este programa de devolución de funciones del estado a la sociedad civil Cameron mencionó tres instrumentos: políticas públicas para fomentar la acción social, reforma de los servicios públicos, abriéndolos a una pluralidad de proveedores, y empoderamiento comunitario. Ello debe ser promovido a través de la descentralización del poder político, la transparencia del accionar público y la creación de fuentes de financiación que apoyen el impulso comunitario.

Lo que Cameron planteó fue, en suma, un proyecto de largo alcance y gran calado, que implica que las comunidades vayan, desde abajo, transformando a un estado que se hace parte de su propia transformación mediante políticas públicas que promuevan y faciliten la reconquista paulatina del poder real por parte de la sociedad civil, paso a paso, función a función, guardería a guardería, escuela a escuela, centro de salud a centro de salud.

Los conservadores rojos

Estas ideas no son únicas de Cameron, sino que se enmarcan dentro de lo que es una gran reflexión ideológica del Partido Conservador británico. Jesse Norman es un representante destacado de esta corriente, pero la expresión tal vez más radical de la misma es el influyente think tank conservador londinense ResPublica, liderado por Phillip Blond.

La postura ideológica de Blond constituye un desconcertante desafío a mucho de lo que durante décadas ha sido una parte constitutiva del mapa político británico. El título de su libro de 2010, Red Tory (“Conservador Rojo”), es una buena síntesis de las innovaciones desestabilizadoras de Blond, que no duda en lanzarse a la conquista de un sentimiento de solidaridad social y activismo de base que la izquierda tradicionalmente había definido como suyo. Su ofensiva, en nombre de una verdadera solidaridad social y de la recreación y empoderamiento de la sociedad civil, pone al laborismo socialdemócrata como los verdaderos “azules”, en el sentido de fríos, lejanos y ajenos al sentir popular.

Los planteamientos de Blond son muy amplios y parten de lo que en su libro define como un colapso cultural y moral producto “de la desaparición de la sociedad civil británica”, cuyos espacios de poder cívicos han sido copados por “el estado centralizado o por el mercado monopolizado”. Se ha creado así una “sociedad plana”, vacía de comunidad y, por ello, de civilidad y moralidad, reducida a las opciones del estado y el mercado: “El estado y el mercado han avanzado desde la izquierda y la derecha, copando prácticamente todos aquellos espacios de autonomía y autogobierno que antes conformaban la sociedad civil en Gran Bretaña.”

En un discurso de noviembre de 2009 titulado El futuro del pensamiento conservador , Blond resumió en tres puntos las bases de lo que llamó“un nuevo pacto y un nuevo fundamento” (a new deal and a new settlement) deuna sociedad “con un futuro mejor y más estable”: estado civil (“civil state”),mercado moralizado (“moralised market”) y sociedad asociativa (“associative society”). El estado civil es, para Blond, el nuevo estado de bienestar que debereemplazar al actual: un estado anclado en la sociedad civil, que promueve elpoder del asociacionismo y permite a los ciudadanos tomar el comando sobresus estructuras y funciones. Pero la ofensiva de Blond no solo se dirige contra elestado “antisocial”, sino también contra la panacea del mercado propia de lo que él llama el“modelo neoliberal”. Esa panacea es la que, a su juicio, está destruyendo,mediante el accionar amoral de los grandes oligopolios y conglomerados, alverdadero mercado libre. Blond, que se declara “un pensador radicalmente promercado”, aboga por ello por lo que llama “mercado moralizado”, es decir,regulado por fuertes restricciones de carácter ético que harían innecesariasmuchas de las intervenciones del gran estado regulador. Finalmente, está lasociedad asociativa, los “pequeños pelotones” de que hablaba Burke y a los que explícitamentealude Blond. Esa debe ser la base de todo el nuevo entramado social propuesto,y al servicio de ella deben ponerse tanto el estado como el mercado.

Una alternativa liberal asociativa

Es dentro de esta corriente de pensamiento que se inscriben las ideas que Jesse Norman ha propugnado tanto en su libro como durante su visita a Chile. Él lo hace desde una perspectiva que se autodefine como “compassionate conservatism” (“conservadurismo empático” es la traducción de Pablo Ortúzar de este término) y que trata de recuperar, más allá del estado y del mercado, el verdadero sentido y núcleo de la vida social: nuestra vida en común, en sociedad civil, a partir de nuestra autonomía y encuadrada por fuertes valores morales de libertad, responsabilidad, honestidad y solidaridad.

Esta perspectiva confluye ampliamente con la vertiente liberal asociativa presente en el texto ya comentado de Hayek, pero recoge también parte del espíritu de aquella corriente libertaria de izquierda, tan antagónica al socialismo estatizante, que llevó al célebre mutualista francés Pierre-Joseph Proudhon a decir: “Multiplicad vuestras asociaciones y seréis libres”.

En todo caso, y más allá de su raigambre y del título que le pongamos, se trata de un conjunto de ideas extremadamente importantes para vitalizar un debate político hoy empobrecido por el maniqueísmo estado-mercado y la reducción del ser humano a facetas de su actividad –la económica o la política– que en sí no deben ser fines sino medios para fortalecer nuestra autonomía y enriquecer nuestra existencia.

Desde este punto de vista, la gran tarea de renovación política no es otra que unir la inquebrantable defensa de la libertad individual con una defensa igualmente inquebrantable de las formas de asociación civil en que se expresa esa libertad. El ser humano se mueve propulsado por dos fuerzas que parecen repelerse la una a la otra: la necesidad de ser libres y la necesidad de pertenecer a una comunidad. La búsqueda de la libertad ha sido siempre el lado fuerte de las ideas liberales, pero a menudo se ha quedado en el tintero la respuesta a la búsqueda de la comunidad. Con ello se le ha hecho un flaco favor a las ideas de la libertad y se le ha dejado el terreno abonado a los socialistas de todo pelaje para que hagan su oferta de seguridad, pertenencia y comunidad al precio de una subordinación creciente al estado y sus designios. Pero eso no tiene por qué ser así. Si sabemos hermanar libertad y pertenencia, autonomía individual y comunidad, podemos crear una propuesta de sociedad que nos convoque a realizar ese esfuerzo común que Chile necesita para seguir avanzando por el camino de la libertad y para resistir la tentación del estatismo socialista hoy en el poder.

En esta perspectiva no cabe sino felicitar a La Otra Mirada, a la Fundación Ciento Ochenta y al Instituto de Estudios de la Sociedad por habernos dado la oportunidad de conocer de primera mano una corriente de pensamiento que, sin duda, puede enriquecer decisivamente nuestro debate sobre el futuro de Chile.

Mauricio Rojas, Senior Fellow de la Fundación para el Progreso.

Fuente: El Libero

Jesse Norman: “El influyente político británico que ha dado relato a las nuevas generaciones de la derecha chilena”

El político inglés ha sido inspiración de una nueva camada de dirigentes de la centroderecha chilena, que busca renacer políticamente desde los jóvenes.
Los diputados Jaime Bellolio y Felipe Kast, el antropólogo Pablo Ortúzar y el recién electo presidente de la Feuc, Ricardo Sande han destacado su reflexión como una nueva mirada a las “ideas de la libertad”.

Jesse Norman es representante del Partido Conservador en el Parlamento inglés por Hereford y Herefordshire Sur. Según el diario británico “The Telegraph” es uno de los 100 políticos conservadores más influyentes de Inglaterra. A sus 52 años, es considerado como uno de los ideólogos del “nuevo conservadurismo”. Este pensamiento, que plasmó en su libro “La Gran Sociedad”, es calificado como el sustento intelectual del gobierno del actual Primer Ministro del Reino Unido, David Cameron y se ha transformado en la hoja de ruta de referentes jóvenes de la derecha chilena.

En una nueva visita a Chile — fue parte de los “Diálogos Bicentenario” en el Palacio La Moneda en 2011—, el destacado parlamentario se reunió con ex dirigentes del Gobierno de Sebatsián piñera, estuvo en la ENADE, participó de la celebración del segundo aniversario del movimiento Evópoli, liderado por Francisca Correa y fundado por Felipe Kast —desde donde aseguran recogen la reflexión de Norman— y cerró con una conferencia en el centro cultural estación mapocho, en donde conversó con líderes universitarios sobre lo que el llama “la otra mirada”.

Norman plantea que “el siglo XXI es el tiempo de la sociedad civil y no necesariamente del Estado”, apuntando a nuevas estructuras de intermediación que complementen el rol estatal, a través de sociedades intermedias que forman los individuos que permiten el desarrollo de los fines individuales mediante la cooperación con otros individuos con relativa autonomía de la intervención del Estado.

“La gran sociedad” fue traducido al español por Pablo Ortúzar, antropólogo del Instituto de Estudios de la Sociedad y lanzado junto a “Cientochenta”, fundación liderada por Luis Felipe San Martín, presidente Fech 2003 y ex director del INJUV, junto a Alejandro Cajas, vicepresidente de la FEUC 2007 —gremialista— y ex funcionario del Gobierno del Presidente Sebastián Piñera. La misión de esta agrupación es “aumentar el número e influencia de jóvenes que adhieren a los principios e instituciones en favor de una sociedad abierta, libre y pacífica” y ha sido fundamental en la rearticulación del gremialismo en la Universidad Católica y en la coordinación entre movimientos de centroderecha en la Universidad de Chile.

Ortúzar, quien además es miembro del directorio de cientochenta, asegura que “Norman es un conservador, lo que en su ideario implica realizar constantes reformas para darle continuidad a las instituciones probadas buenas por la costumbre, aquellas que custodian bienes indispensables para vivir bien”. Lo que significa, en otras palabras, “adaptación institucional”. El intelectual del IES asegura que la propuesta de Norman “golpea por igual a la izquierda estatista y a la derecha economista” y “los acusa de construir sus visiones políticas desde una (misma) antropología negativa, que considera al ser humano como mezquino, egoísta y pasivo”. Frente a ella, reivindica a los seres humanos como “activos, asociativos y responsables, introduciendo a la sociedad civil como una dimensión autónoma tan importante como el Estado o el mercado, que puede requerir de uno o de otro para buscar sus fines, pero que no puede ser confundida con ninguno de los dos”.

Por su parte, el diputado UDI y presidente de la FEUC 2003, Jaime Bellolio, asegura que “Jesse Norman no podría haber escrito libros más apropiados y coincidentes con la política chilena y especialmente con el futuro de la centroderecha”.

Sande, la FEUC y “la gran sociedad”

Desde la UC aseguran que “La gran sociedad” es una especie de manual para las nuevas generaciones del Movimiento Gremial —quizás dejando un poco más atrás al llamado folleto naranja— y las ideas de “una sociedad libre y responsable” su fortalecido eje aglutinador.

Ricardo Sande explicó en el discurso con que asumió el mandato de la FEUC 2015 que para esta nueva línea en la dirigencia estudiantil “será clave reivindicar que los verdaderos cambios sociales no vengan desde el Estado ni desde el mercado, sino que desde las personas movilizadas. Con movilización no nos referimos sólo a la legítima protesta, sino a la construcción de soluciones. Es un llamado que interpela e incomoda, es el camino largo, es decir, que preocuparse sirve mucho, pero ocuparse sirve aún más”, precisó siguiendo la línea trazada desde su campaña y en intencionada concordancia con las reflexiones del parlamentario inglés, lo cuál fue destacado en su conferencia.

Por Diego Jofré

Fuente: Chile B

Niall Ferguson: “La desigualdad no es una barrera para el desarrollo económico”

Es uno de los más destacados historiadores contemporáneos y uno de los hombres más influyentes del mundo, según revista Time. Profesor de Harvard, cercano a David Cameron y fiel defensor del libre mercado, visita nuestro país invitado por la Universidad Adolfo Ibáñez. En esta entrevista repasa los sistemas de educación, la desigualdad y el rol del Estado, y temas internacionales como el conflicto entre Rusia y Ucrania, ISIS y una posible Guerra Mundial.

Sabes algo de la discusión de la educación, ¿verdad?
Sé un poco, pero creo que es importante reconocer que alguien que acaba de llegar de Boston y visita por segunda vez Chile, es probablemente el menos experto en la reforma de educación chilena en todo Santiago, así que puedes preguntarme sobre eso, pero también puedes preguntarle al taxista y probablemente sabría más.

Probablemente estás aquí por esa razón. Porque la gente de derecha está muy interesada en encontrar buenas razones para defender el sistema educacional. Y nuestra educación en este momento tiene algunas características particulares: los ricos están con los ricos, los pobres con los pobres y la clase media con la clase media. Mi primera pregunta es esa, ¿qué piensas de este sistema? Porque este es el principio de la desigualdad en este país.
Bueno, como dije, no voy a responder esta pregunta como si fuera un experto en el sistema de educación chileno. Creo que no hay nada más desagradable que un profesor de Harvard que se aparece en un país y pretende ser un experto en los problemas de ese país. Te hablaré en un nivel general de las reformas educativas en el mundo y tú puedes sacar tus propias conclusiones en lo que respecta a Chile. Alrededor del mundo hay consenso de que tener un sistema mixto y dinámico entre privado y público funciona mejor que un sistema monopólico estatal. Y esto es interesante, porque pareciera que aumentar los servicios entregados por privados incrementa los estándares en países que antes tenían monopolios estatales.

¿Por ejemplo?
Por ejemplo en Holanda. La tendencia en el mundo es aumentar la competencia. No muchos países en estos días tienen un monopolio estricto. No me sorprende que sea así porque vemos en el sistema superior de universidades de Estados Unidos que la competencia sí parece subir los estándares, centros privados que son de excelencia. Si Berkley no tuviera permitido competir con Harvard, ¿sería Berkley una universidad tan buena? Tal vez. Tal vez no. Creo en la idea de una economía mixta. Y debería haber diversidad de proveedores, no monopolio.

¿Crees que es lo mismo en las universidades que en los colegios?
Es comparable, claramente. Si tuvieras un sistema universitario monopolizado por el Estado, ¿sería bueno? Puedo decirte que la respuesta es no, porque es mayoritariamente lo que tienen en Europa y a los europeos les va mal en el ránking de las 100 mejores universidades del mundo. Así que hay otros dos problemas que mencionas. Uno es cuál es la relación entre la educación y la desigualdad. Tú dijiste que es el origen de la desigualdad, pero estás equivocado.

¿Por qué?
Porque claramente lo único que está haciendo el sistema educacional en tu país es reflejar la desigualdad. Y es un error común que comete la gente: pensar que pueden resolver los problemas de desigualdad a través del sistema de educación. Creo que eso no es correcto. Las causas de la desigualdad son complejas y hay al menos una cosa que realmente no funciona, y eso es intentar desplazar o incluso abolir las escuelas privadas, e imponer un sistema universal estandarizado. Mi visión es que si estás preocupado por la desigualdad, es mucho mejor enfrentar ese problema aumentando las oportunidades para que los niños inteligentes en los barrios pobres vayan a buenas escuelas, que nivelar hacia abajo al dificultar que los niños inteligentes, o incluso los mediocres en los vecindarios ricos vayan a buenas escuelas. Mi solución al problema es: haz en las buenas escuelas, 10% e incluso 20% de becas. El ideal debería ser que entre el 10% y el 20% de los estudiantes de colegios privados sean de familias pobres. Sin pagar un peso. Y de esa forma los centros de excelencia se convierten en canales para la movilidad social y no en bastiones de privilegio. Esa ha sido mi posición también en la educación en el Reino Unido.

¿En qué casos prefieres intervención estatal en la economía?
Cuando has sido invadido por otro estado realmente funciona.

Porque eres un liberal, crees en el mercado, corrígeme si me equivoco, pero ¿en qué áreas o espacios crees que el estado es muy importante y no puedes reemplazarlo por el mercado?
Bueno, es bastante obvio que sería una mala idea privatizar el sistema de justicia. Es obvio que si privatizas el Ejército sería una mala idea, es obvio que si no tuvieras ninguna escuela pública, que si la educación fuera sólo privada, sería una mala idea. Es imposible encontrar cualquier sociedad en la historia que haya sido puramente una sociedad de mercado. Adam Smith integró el estado en la sociedad civil. No pueden funcionar a menos que ambas cosas sean muy fuertes. Así que se convierte en un tema de decisión política. Algunos países son como Finlandia, donde no hay muchas cosas que no sean provistas por el Estado y no les molesta pagar impuestos muy altos por eso. Y como es una sociedad hegemónica con muy poca corrupción, funciona. Si tomas esas instituciones finlandesas y las pruebas en Argentina, no estoy seguro de que lograrías mucho.

¿Cuál es la diferencia?
Hay una diferencia cultural, política, histórica. La realidad es que la elección de lo que se provee de forma pública y privada es construida históricamente. Y a veces incluso es accidental, y luego se hace habitual, y después se convierte en algo casi sagrado. En Gran Bretaña hay un sistema de salud socialista que es financiado con nuestros impuestos y es gratis. Creo que es un sistema ineficiente en muchos aspectos y la calidad del sistema de salud es normalmente baja. Precisamente porque está financiado centralmente. Pero el público británico está profundamente convencido de que este es un sistema moralmente superior al sistema americano. Si a mi esposa le diagnosticaran cáncer de mamas, preferiría mucho más estar en Estados Unidos que en el Reino Unido. Porque en el Reino Unido, como le pasó a una buena amiga mía el año pasado, le pueden decir que espere por dos o tres meses antes de operarla. Así que los monopolios de Estado, me parece, tienen algunos usos legítimos: proveer un sistema de justicia, la defensa del país y el orden público. Una vez que se empiezan a aplicar de forma más general, tienden a ser ineficientes en proveer bienes al público. Eso es lo que descubrió el sistema soviético, que casi en todos los casos los monopolios de Estado se convirtieron en oportunidades para corrupción e ineficiencia. Creo que la lección de la historia, más allá de la teoría económica, es que uno no debe crear muchos monopolios de Estado. En la medida de lo posible, la ropa que usamos, los zapatos, deben ser entregados por el mercado. Viví en países donde eran provistos por el Estado. Apestaba.

Pero nadie cree en eso ahora.
Claro, pero lo creían. Podríamos haber tenido esta conversación en 1970 y tú me estarías diciendo que era un escándalo que yo pudiera comprarme este traje y que tú sólo pudieras costear jeans y que todos deberíamos usar pijama. Así que finalmente tenemos que reconocer que este límite es una especie de decisión política que hacemos como sociedad, pero no quieres poner el límite donde lo pone Corea del Norte.

¿Qué opinas de la intervención directa del Estado en el mercado? Me refiero por ejemplo si crees que el Estado debería intervenir para que las mujeres tengan trabajos de mejor calidad, con las leyes de cuotas.
Creo que históricamente las intervenciones de ese tipo a veces han tenido resultados positivos. Los esfuerzos por aumentar la representación de los afroamericanos en instituciones educativas y en toda la vida laboral en los Estados Unidos, fueron una parte extremadamente importante en derrocar los prejuicios raciales. No sé si las cuotas para miembros del parlamento o para las direcciones de las empresas son necesariamente el camino correcto en el caso de los derechos de las mujeres.

¿Por qué no?
Porque creo que hay batallas más importantes que luchar por los derechos de la mujer. Me encantaría que estuvieras en el directorio de una empresa, o que te convirtieras en un miembro del Parlamento. Pero estoy más preocupado por las mujeres en otros países a las que se les niegan derechos mucho más básicos que esos. A quienes se les niega la libertad de decidir con quién se casan o son amenazadas con violencia. No creo que el desafío real del feminismo esté en los salones de conferencia o en los parlamentos del mundo desarrollado. El verdadero desafío para las mujeres está especialmente en el mundo musulmán, donde los derechos de las mujeres están retrocediendo. También pienso que como somos y hemos sido tan exitosos en derrotar las barreras para las mujeres en la educación y porque creo que hemos derrotado en gran medida el sexismo en nuestra vida pública en Europa, en Norteamérica y me parece también que en Chile, estos problemas de falta de representatividad en política y en los negocios están siendo resueltos gradualmente. Y en 10 o 20 años más, creo que los porcentajes de mujeres en política y en los directorios empresariales serán más altos en la mayoría de los países de occidente sin que tengamos que hacer mucho. Si educas a hombres y mujeres por igual, si realmente eres -como creo que lo somos- hostiles al sexismo en la vida pública, entonces muy pronto tendremos más y más líderes mujeres. Cuando Margaret Thatcher llegó a ser Primer Ministro fue completamente asombroso. Creo que ha cambiado y seguirá cambiando. No creo que tengamos que demandar cuotas en los directorios ni en el Parlamento.

¿Es posible tener un desarrollo económico de largo plazo, sostenible y sólido con grandes niveles de desigualdad?
Sí. Definitivamente. Siguiente pregunta.

Jajaja
¿No lo crees? Está comprobado. La Revolución Industrial sucedió en una de las sociedades más desiguales que puedas imaginar. Ese era el Gran Bretaña del siglo XVIII, donde casi toda la tierra era propiedad de una pequeña proporción de la población y había educación mínima. Si hubiésemos tenido un coeficiente Gini para el Gran Bretaña del siglo XVIII habría sido muchísimo más alto que el de Chile, y la misma sociedad produjo las innovaciones más importantes que transformaron nuestra economía. Es claro que la desigualdad, y esto no es un juicio de valor, pero es absolutamente claro que la desigualdad no es una barrera para el desarrollo económico.

¿Y nunca hay un momento en que llegue la revolución? ¿Llega cuando hay una explosión de desigualdad o cuando la gente quiere más?
La evidencia histórica es que la desigualdad no causa revoluciones. Pareciera que debería, porque todos hemos sido expuestos, hasta cierto punto, a Marx. Él dice que en el capitalismo la desigualdad crece y la concentración de los medios de producción en las manos de unos pocos ¡finalmente produce esta explosión llamada revolución! Y esa es una idea atractiva, pero no pasa realmente. La revolución no ocurrió bajo esas circunstancias y en los lugares que Marx predijo. Pasó en países relativamente atrasados donde la Revolución Industrial había sucedido a medias, o en lugares donde ni siquiera había sucedido, como China. Tocqueville escribe uno de los grandes libros de la Revolución Francesa y tiene una gran percepción de la víspera de la revolución en 1789. Francia era una sociedad relativamente igualitaria.

Toqueville dice eso.
También tiene una perspectiva de la revolución sobre el aumento de las expectativas. Y esa es una teoría mucho más plausible: que es realmente cuando ha habido avances significativos en la calidad de vida, quizás incluso reducción en la desigualdad, que la gente llega a esperar más de lo que el sistema político le ha entregado. Lo otro que causa revoluciones, y es quizás mucho más importante que cualquier otra cosa que esté sucediendo, es la corrupción y la decadencia de un sistema político pre-revolución.

¿Y no hay una relación entre desigualdad y corrupción y decadencia?
No realmente. Creo que las razones por las que colapsan los regímenes tienen que ver con las estructuras políticas de esos mismos.

Es que pienso que si nunca mueves o cambias a la clase alta, tal vez las posibilidades de decadencia son más altas.
Tal vez, pero tal vez no. Volvamos a donde comenzamos. Hay muchos ejemplos de sociedades desiguales que son dinámicas y que no sucumben a la revolución a pesar de ser desiguales. Incluso pueden tener elites políticas relativamente corruptas. Los gobiernos de la elite política de finales del siglo XVII eran inmensamente corruptos para nuestros estándares, pero creo que estamos cometiendo un error en la forma en que pensamos la revolución como un mecanismo que se levanta de una tensión social explosiva e insostenible. No creo que esa sea la naturaleza de la revolución. Creo que la revolución tiene que ver mucho más con ideas que con distribución del ingreso.

Cambios culturales.
Sí. Y también tiene que ver con fuerzas generacionales. No es coincidencia que las revoluciones sucedieran en el Medio Oriente en el 2011. Fue el peak exacto del “youth bulge” en la región del norte de África y el Medio Oriente, esto es cuando el porcentaje de jóvenes -particularmente hombres- en el rango de edad de 15 a 24 estaba más alto. Así que hay un montón de cosas sucediendo cuando hay una revolución. Pero he pasado gran parte de mi vida estudiando revoluciones. Viví 1989 en carne propia en Europa central oriental, pensé mucho sobre la Primavera Árabe porque he estado muy involucrado en debates acerca del Medio Oriente desde 2003, y lo que sigo concluyendo es que la desigualdad no es realmente la clave ni la motivación. Claro, es una parte de la historia, claramente lo que hizo estallar a Egipto fue una sensación de codicia entre el pequeño grupo que mantenía los recursos, pero no era de eso de lo que se trataba la revolución. De hecho, muy rápidamente se hizo evidente que se trataba de islamismo radical. De todas formas, los chilenos creen que la desigualdad va a hacer explotar al mundo. No es así, pero no digo que sea algo bueno tampoco.

Porque ese es el problema de mayor discusión en Chile hoy: la desigualdad.
Lo sé. Y por eso me estás preguntando. Pero tal vez sería más constructivo tener una conversación acerca de movilidad social o sobre subir los estándares educativos, más que obsesionarnos con la distribución del ingreso, como si el coeficiente Gini fuera la clave del futuro. No lo es. El coeficiente de Gini no es tan importante.

¿Es la economía la principal consideración en la mayoría de las decisiones políticas o alguna vez podemos considerar a la sociedad antes que a la economía?
Escribí un libro en 2001 llamado The cash nexus argumentando que cualquiera que intente reducir la política a lo económico se va a decepcionar. Porque los seres humanos no somos simples máquinas de cálculo y lo que hace legítimo a un régimen no es sólo el PIB per cápita. Lo que lo hace legítimo es un complejo de asociaciones históricas y culturales. Estudié historia financiera y económica porque es importante, pero no es lo único. Y de hecho lo que normalmente me llama la atención es cómo las consideraciones no económicas han dominado históricamente. Por ejemplo: ¿Ucrania del norte vale el costo que se le está imponiendo a Rusia a través de sanciones? De ninguna forma. Esa no es la motivación que tiene el señor Putin para invadir Ucrania oriental. Y la mayor parte del tiempo la acción política del tipo que cambia la historia resulta una locura desde el punto de vista económico.

¿Cuál es la relación para ti entre el arte y el dinero? Porque el arte no ama al dinero, pero a veces el dinero ama al arte.
Es verdad. Bueno, si caminas por Florencia, ¿has ido a Florencia?

Viví ahí.
Bueno, si ves el Nacimiento de Venus de Botticelli, es una de mis pinturas favoritas. Si eres un historiador o simplemente un conocedor del arte, dices: “¡Qué composición más perfecta! ¡Qué hermoso trabajo de perspectiva!”. Pero si eres un historiador económico como yo, te preguntarás: “Hermoso, pero ¿quién pagó por esto?” Y la respuesta es, los Medici. Y como banqueros que se volvieron políticamente poderosos eran compradores de arte increíblemente importantes en esa era. “El precio de todo y el valor de nada” es un insulto antiguo que a veces representa a gente como yo. Bueno, sí, pero si sólo sabes el valor y no sabes el precio, te estás perdiendo. ¿Por qué en el siglo XIX se vuelve tan popular el arte de los maestros holandeses como Rembrandt y otros, 200 años después de haber sido pintados? Porque eran los artistas que no usaron imaginería cristiana en su arte, y por lo tanto, si eras un judío adinerado podías colgar un Rembrandt y no tendrías que mirar crucifixiones. El mercado del arte es uno de los más fascinantes y malinterpretados, porque la mayoría de la gente que está interesada en el arte no puede concebir la idea de que el dinero tenga algo que ver. Y los artistas son ambivalentes con el tema del dinero. Pero la verdad es que tienen que comer.

Los artistas dicen que no les gusta el dinero, pero en secreto…
La mayoría de la gente responde muy bien a incentivos que son expresados en millones de dólares. Y el más radical y revolucionario de los artistas rápidamente se verá a los pies de los patrones adinerados.

¿Qué piensas del Golpe de Estado de Pinochet? ¿Pueden justificarse los Golpes de Estado y el sufrimiento que pueden traer por razones económicas?
Creo que uno jamás debe justificar la violencia política. Porque ya sea que hayan muerto 3.000 personas o tres millones, hay algo desmoralizador en cualquier régimen que tenga que basarse en derramar sangre. Y Chile continúa luchando contra el legado de ese Golpe de Estado y supongo que continuará luchando por muchos años más. Los Golpes militares están mal, las dictaduras son malas, estas cosas son tan obvias que no debería tener que decirlas. Chile tuvo una suerte inusual de que el régimen militar de Pinochet, que no tenía idea de economía, trajo a consejeros económicos que hicieron un buen trabajo al reformar la economía que había sido un desastre terrible a principios de los ’70. Y eso tuvo un resultado positivo obvio para este país. ¿Eso justifica el Golpe? No, nada puede justificar un acto de violencia política. Sólo tuvieron suerte, porque la mayoría de los Golpes militares no tuvieron esos resultados. El número de países que pasó de regímenes militares a economías dinámicas crecientes en democracia es muy pequeño. El otro es Corea del Sur. Si piensas en todos los Golpes militares que han ocurrido desde 1945, la mayoría arruinó las cosas. Así que Chile sólo tuvo suerte.

Han pasado 25 años desde la caída de la Unión Soviética. ¿Qué es lo que hoy divide más al mundo?
Creo que es la religión. Y la reinserción de islamistas políticos de una versión intolerante del islam es el fenómeno más divisor hoy. Es lo que está matando a más gente que ninguna otra cosa. Los argumentos sociales e ideológicos del siglo XX están más o menos resueltos en el sentido que el capitalismo ganó sobre el socialismo, y el nacionalismo ya no es tan tóxico como lo era antes. Así que quedamos en una guerra no muy distinta de la que Samuel Huntington previó en The clash of civilizations, escrito dos años luego de la disolución de la Unión Soviética. Creo que Huntington estaba más en lo correcto que cualquier persona. En lo que se equivocó es que desde 1991 el conflicto no ha sido entre civilizaciones sino en las civilizaciones. Y los mayores conflictos están dentro del islam. La mayoría de los musulmanes que mueren violentamente están siendo asesinados por otros musulmanes.

¿Es posible lograr una solución pacífica con ISIS o tendrá que ser una salida violenta?
Es muy difícil lograr la paz con gente que está ideológicamente comprometida con yihad, que es guerra. No hacen la paz, a menos que te conviertas al islam.

Yo creo que deberíamos matarlos, pero sólo es mi idea.
Esa es una estrategia que yo también apoyaría, pero no es suficiente. En la lucha contra el islam político, que representa una seria amenaza contra nuestra libertad y nuestras vidas, no podemos simplemente depender de la solución militar. Es un desafío cultural. Se debe luchar como una batalla cultural, tenemos que persuadir especialmente a los hombres musulmanes jóvenes, de que volver al siglo VII no es una estrategia realista para enfrentar la modernidad y que suprimir los derechos de las mujeres no es la respuesta a sus problemas. Tenemos que dar esa pelea y ni siquiera lo estamos intentando.

Pero eres un historiador y a veces es la fuerza lo que mueve a la historia.
Claro. Luchemos contra estos tipos con todos nuestros medios, pero creo que tenemos que reconocer que la ideología del islamismo político, como el fascismo y el comunismo, sólo pretende ser una religión. Es realmente una ideología tan mortal como el fascismo. Y hasta que aprendamos que debemos pelear intelectualmente, culturalmente, educacionalmente tanto como militarmente, van a seguir ganando más y más aliados y ese es el problema. En medio de la Guerra Fría, Occidente no hizo tanto en la lucha militar, principalmente peleamos cultural y políticamente. Y no creo que nos hayamos dado cuenta de que tenemos que hacer lo mismo ahora.

En el mismo sentido, al hablar del involucramiento de Rusia en Ucrania, el Primer Ministro británico David Cameron dijo hace algunos días que su país no repetirá el mismo error de Neville Chamberlain y su Tratado de Munich de 1938 ¿Crees que una comparación entre la Rusia de Putin y la Alemania nazi tiene validez?
Soy un amigo y admirador de David Cameron y ciertamente soy crítico del presidente Putin. Creo que hemos sido débiles en nuestra respuesta a las agresiones de Rusia. Creo que compararla con los años ’30 no es la analogía más saludable, porque es la única analogía histórica que la gente parece saberse. Y se desgasta. ¿Por qué no compararla a 1956 en Hungría o en 1968 en Checoslovaquia? Los rusos han hecho esto antes y no tenemos que seguir metiendo a Alemania. Esto es Rusia haciendo cosas rusas. Y Rusia ha estado ejerciendo fuerza en Europa oriental y central por muchos, muchos años. La pregunta es cómo contienes lo que puede ser potencialmente la partición de Ucrania. Y fallamos, porque ya ha comenzado. ¿Y qué estamos haciendo? Sanciones. Lo que claramente no está funcionando.

¿Puedes imaginarte una Tercera Guerra Mundial?
He escrito sobre eso en el artículo The war of the world y dije que tres cosas causaron los grandes conflictos del siglo XX: volatilidad económica, desintegración étnica y el deterioro de de los imperios. Esos fueron los tres factores que hicieron de Europa central de y oriental los lugares más peligrosos del mundo a mediados del siglo XXI. No creo que eso pasará de nuevo. La gente está muy vieja, los ejércitos son muy pequeños, Europa jamás hará eso de nuevo. Pero puedo imaginarme una guerra mundial desatándose con Medio Oriente, porque ahí lo tienes: inestabilidad económica, desintegración étnica y un imperio, los Estados Unidos, debilitado. Ese es un lugar del mundo realmente peligroso. Y hay armas nucleares construyéndose ahí. Así que puedo fácilmente imaginarme una gran guerra, más grande de lo que hemos visto, con Medio Oriente como epicentro. Ese es un pensamiento aterrador. Porque cualquier guerra en el siglo XXI es una gran guerra en la que las armas nucleares jugarán algún papel. Hemos logrado evitar el uso de armas nucleares desde Nagasaki. Hemos amenazado con usarlas, las hemos construido en gran cantidad pero no las hemos usado. La pesadilla de Oriente Medio es que eventualmente van a caer en las manos de gente dispuesta a usarlas, y eso, para mí, es una verdadera pesadilla.

Fuente: The Clinic

Niall Ferguson repasa la historia económica de Chile desde Pinochet a Bachelet

Desde Harvard, uno de los intelectuales más influyentes compara el desarrollo nacional durante las últimas cuatro décadas y se enfoca en reforma educacionales.

¿Cuándo terminó el milagro económico chileno y qué se viene en los próximos años? Esta interrogante fue planteada a uno de los intelectuales más reconocidos a nivel internacional. Un liberal no exento de polémicas que visitará Chile en los próximos días para dictar dos conferencias.

Harvard, la universidad que no acoge a cualquiera y a la que todos quieren entrar. Un total de 25 millones de pesos al año es el costo por estudiante, en la que postulan los mejores alumnos del mundo y que, de cada cien, solamente quedan siete. La palabra ‘selección’, tan cuestionada en Chile, define a una de las casas de estudio más longeva y prestigiosa en Estados Unidos.

Un dato: las 400 familias más acaudaladas de Estados Unidos tiene una fortuna equivalente a la de los 150 millones más pobres en ese país. Harvard, cuna de las denuncias de este tipo de casos.

Sin embargo, existe un atrevido intelectual defensor del modelo económico. Profesor en esta universidad, Niall Ferguson pronto llegará a Chile siendo reconocido como una de las 100 personas más influyentes del mundo según la revista Time.

“Cuando uno ve más de cerca las consecuencias económicas de esta presidencia (Obama), lo que llama la atención es que a los afroamericanos les ha ido peor. ¿Y mejor? Al uno por ciento más rico”, es su juicio sobre el clima de tensión racial que se vive precisamente en Ferguson y acusando al presidente de Estados Unidos no de haber llevado adelante las políticas a las que se comprometió durante su campaña.

“Uno no debe luchar por la igualdad de resultados; sí, por la igualdad de oportunidades”, es uno de sus análisis.

Fuente: 24 horas- TVN 

Niall Ferguson “Se ha vuelto dificíl ser Margaret Thatcher”

Fue elegido por la revista Time entre las 100 personas más influyentes del mundo. Ha escrito 14 libros de economía y prepara una biografía de Kissinger. Ahora se encuentra en Chile para dar una nueva mirada sobre la desigualdad.

Desde Nueva York, por: Titi Guzmán y Jaime Besa.

El destacado académico, historiador y biógrafo británico Niall Ferguson visita Chile en estos días invitado por la Universidad Adolfo Ibáñez y El Mercurio a dictar la conferencia

“Capitalismo y Desigualdad, La otra mirada”, además de participar en un panel de conversación junto al ex candidato presidencial Andrés Velasco, la historiadora Lucía Santa Cruz y Andrés Benítez, rector de la UAI. Master of Arts y Doctor en Filosofía, profesor de Harvard, Senior Fellow de la Institución Hoover en la Universidad de Stanford y Senior Research Fellow en Jesus College, Oxford, Ferguson es autor de 14 libros, el más reciente es “La gran degeneración: Cómo decaen las instituciones y mueren las economías”.

Actualmente prepara una biografía de Henry Kissinger y es un prolífico comentarista de política y economía contemporáneas. Escribe regularmente en diarios y revistas de ambos continentes, y ha recibido numerosos premios. En 2004, la revista Time lo eligió una de las 100 personas más influyentes del mundo.

En una entrevista concedida a “Cosas” abordó algunos de los temas de mayor actualidad en nuestro país: las reformas tributaria y educacional, y cuál es la forma en que, según su visión, debiera combatirse la desigualdad social.

–¿Qué es libertad para ti? ¿Cómo podrías describirla?

–La vida de mi mujer (dice refiriéndose a la escritora y activista de derechos humanos Ayaan Hirsi Ali, con quien está casado y tiene cuatro hijos) es la historia de la libertad. Habiendo nacido en Somalia como una niña musulmana con la expectativa de que todas sus elecciones serían hechas por otros… Liberarse de su religión, de su pasado cultural, a través de la educación y el trabajo duro; llegar a ser miembro del Parlamento de Holanda.

Tener el coraje de desafiar a los terroristas, convirtiéndose en ciudadana americana… Su vida, para mí, es la mejor definición de libertad que yo pueda imaginar. Yo nací libre, siempre he sido libre, pero ella tuvo que pelear por obtenerla.

“Te doy dos ejemplos: Primero, es claramente evidente que el mundo era muy igual en 1945, porque hubo dos guerras mundiales, una gran depresión y muchas revoluciones. La inmensa mayoría de los hombres en los países que él estudió fueron empleados por el gobierno, ya sea en el Ejército o de alguna otra forma en que los honorarios estaban bajo el control del gobierno. Además, el impuesto a la riqueza y a los ingresos alcanzó niveles sorprendentes, con tasas marginales de 100 por ciento en muchos países. Te puedo dar igualdad si tú quieres, pero voy a necesitar que me des dos guerras mundiales, una gran depresión y muchas revoluciones. La idea de que se pueden replicar los efectos de dos guerras mundiales, una gran depresión y muchas revoluciones con un impuesto global, es la idea más tonta de los últimos 10 años.

“Mi segundo punto es que la preocupación de Piketty sobre la riqueza heredada es legítima. Yo odiaría vivir en un país donde los modelos son determinados por las riquezas heredadas, pero no lo hago porque Estados Unidos no es ese tipo de país. Su propio estudio muestra que su historia sobre riqueza heredada es más verdadera en Francia que en los Estados Unidos. Los millonarios que conozco vienen de la clase media. Ellos no nacieron millonarios. En cambio, los millonarios que conozco de Europa fueron hijos de la gente más rica que, a su vez, fueron hijos de la gente más rica de Europa.

–Thomas Piketty, autor del libro “Capital en el siglo XXI”, plantea la igualdad como el valor central en torno a la cual se debe construir una sociedad. Este libro se ha convertido en éxito de ventas en todo el mundo y será lanzado en su versión en español en Chile en enero. ¿Por qué estas ideas son tan populares?

–El éxito en el mundo editorial se basa en gran medida en la época de publicación del libro, ya que un mismo libro podría haber sido un completo fracaso si se hubiera publicado unos pocos años antes. El libro fue lanzado en un momento en que la discusión sobre desigualdad había sido deliberadamente lanzada por el Presidente de los Estados Unidos y nada es más convincente en Nueva York que un intelectual francés. Así es como un libro

que no tuvo mucho éxito en Europa llega a ser best-seller en Estados Unidos, y una vez que llegas a ser un éxito en Estados Unidos, por definición, llegas al éxito en muchos otros lugares. Sin embargo, muy poca gente que compró el libro lo ha leído (otra figura característica de los bestsellers), lo que es una pena, porque si ellos lo hubieran leído, se habrían dado cuenta que tenía una serie de evidentes errores.

“No es extraño que la teoría de Piketty sea más verdadera en Europa que en los Estados Unidos, pues el estado de bienestar fomentó el aumento de las elites heredadas y, con esto, que la clase baja se mantuviera atrapada en la dependencia.

“Por último, me gusta la mayor parte de la información de Piketty. Es un gran logro, pero algo de ella está equivocada y la historia que él está contando no es la historia que le gustaría contar. A mí me encantaría que mi libro hubiera vendido tantas copias como el

de Piketty, pero mi libro tiene un mensaje incómodo y, en cambio, su libro tiene un mensaje muy cómodo para la gente”.

–Entonces, ¿cómo puedes hacer para que tu mensaje sea más cómodo?

–Mi historia es incómoda. Estoy diciendo que se debe trabajar duro; que deberían existir menos regulaciones y más responsabilidades individuales; que la educación privada puede promover altos estándares a través de la competencia; que la regulación es la enfermedad que pretende ser la cura de todas las cosas… Que tú, si eres un político socialdemócrata, lo que quieras hacer no resultará y, en efecto, tendrá resultados perversos, que te pueden ser beneficiosos como político socialdemócrata, pero no serán beneficiosos para tus votantes.

Nadie está con ánimo para esa historia de la izquierda, y la gente de la derecha, aún no está preparada para reconfigurar su mensaje, el cual es esencialmente un mensaje de los ’80. “Si bajamos los impuestos, el resto se solucionará solo. Creo que el problema es que hay que replantear las ideas de derecha y eso no está sucediendo. Mientras esto no ocurra, es muy atractivo decir que tenemos un terrible problema de desigualdad y que podemos solucionarlas con un impuesto global a las riquezas”.

–¿Vivimos, entonces, en un mundo cuya historia es cíclica?

–No sé cuán cíclico sea el mundo realmente. Mucho de mi propio trabajo sugiere que existen bastantes no-linealidades y cambios discretos, pero todavía no veo un cambio significativo en la política americana. Los republicanos lo harían en el mediano plazo, pero los demócratas ganarán la próxima elección presidencial.

El problema tiene menos que ver con ciclos y más con la naturaleza incómoda del mensaje que estoy transmitiendo.

–Respecto de la desigualdad, ¿es ésta un resultado inevitable del sistema capitalista?

¿Cuánta desigualdad es aceptable?

–Podemos responder esta pregunta en una acotada visión económica, basada en las cifras de inequidad del coeficiente Gini, el cual va de un máximo de 100, hasta la sociedad más igualitaria que tiene un coeficiente 1. En el mundo de hoy tenemos sociedades como Chile, que están en un nivel alto, entre el 50 y el 60.

“Respecto de cuánta inequidad es demasiado, la clave es que ésta varía de lugar en lugar. No en todos los lugares del mundo va a haber un coeficiente Gini como el de Suecia. Los escandinavos son notoriamente igualitarios en la forma en que su sistema económico funciona. Es muy difícil conseguir ese nivel de equidad. En Chile requerirías cambios drásticos, no sólo en el sistema tributario, sino que también en el derecho de propiedad.

Entonces, lo que el mundo nos muestra es que hay una fuerte variación entre los grados de equidad y que algunas sociedades son capaces de tolerar niveles de desigualdad muy altos que serían inaceptables en lugares como Escandinavia.

“La clave es que no hay que fijarse demasiado en la distribución del ingreso y la riqueza, sino que enfocarse más en la movilidad social y las oportunidades. Una sociedad puede ser desigual en la distribución de su riqueza, pero tener una alta movilidad social, lo cual es posible”.

LOS MODELOS DE SOCIEDAD

–En tu libro “La gran degeneración”, eres de alguna manera pesimista. Describes una crisis de liderazgo de los presidentes y políticos en la mayor parte del mundo occidental. ¿Hay algún líder político que admires?

–He viajado bastante y, en mi reciente visita a México, me llamó mucho la atención la evidencia de que Enrique Peña Nieto no es un político popular, pero sí uno de los que está haciendo difíciles y reales reformas. Ha abordado, por ejemplo, negociaciones con el sindicato de profesores, y ha mantenido una buena relación con Carlos Slim. Se ha atrevido a reformar el sector energético, algo que el PRI nunca hubiera hecho antes. Enrique Peña Nieto es un ejemplo actual de cómo un líder puede enfrentar con éxito reformas difíciles.

“Si veo a alguien similar en Estados Unidos en este momento, creo que Paul Ryan es la mejor apuesta. Se ha vuelto difícil ser Margaret Thatcher ahora. Sería difícil incluso en Inglaterra. Sería imposible ser Margaret Thatcher en Europa occidental, y bastante difícil serlo en Estados Unidos. Sin embargo, los políticos tendrían una posibilidad para serlo, aceptando que en su vida política no serán reelectos”.

–En ese mismo libro también explicas el rol de la sociedad civil. ¿Cuál crees que es el rol de ésta, especialmente en países en desarrollo como Chile?

–Soy un aficionado estudiante de Tocqueville y del libro “La Revolución Francesa”, que tienen gran relevancia en el Chile de hoy. Tocqueville hace un gran punto comparando Estados Unidos y Francia en el siglo XIX. El punto es que si en Estados Unidos te preocupa el abuso de alcohol, formas una agrupación para fomentar que la gente beba menos. En Francia, si te preocupa el abuso de alcohol, escribes una carta al gobernador de París pidiéndole que haga algo al respecto. Creo que actualmente hay bastante de esta mentalidad en muchos países. El sentido común dice que, si hay un problema, dejemos que los ciudadanos se preocupen y formen sociedades para tratar de atacarlo. Por ejemplo, si tenemos problemas educacionales, creamos nuevas y mejores escuelas. Fundar escuelas no es algo muy difícil. Así, tratamos de resolver el problema de forma local y en la iniciativa de nuestra propia ciudadanía. La otra mentalidad es, si tenemos un problema de educación, aumentemos los impuestos e incrementemos las sumas de dinero que debemos pagar a un gran sector estatal. “Sin embargo, la característica más notable de los últimos 10 años, ha sido el rápido crecimiento de la educación privada, y el hallazgo más sorprendente es que, a medida que la educación privada se expande, los estándares mejoran a lo largo de la educación a través del sector privado, porque la competencia sirve y, sorpresa, ¡los estados de monopolio no sirven!

Fuente: Revista Cosas

McCloskey y las predicciones en economía

Noticia de elmercurio.com
LORETO COX De alguna manera, u otra, la crisis financiera ha puesto en tela de juicio el rol de los economistas, al menos desde el punto de vista de su capacidad predictiva. El escalofriante documental Inside Job (2010), de Charles Ferguson, presenta esto de buena manera: detrás de la crisis económica mundial de 2008, que costó a decenas de millones de personas sus ahorros, sus trabajos y sus casas, hubo una serie de predicciones económicas erradas (y muy bien pagadas) en las que se confió más de lo que correspondía. Aun dejando de lado el grave problema de conflictos de intereses que la película denuncia, cabe cuestionar la pretensión de exactitud de aquellas predicciones. En una escena clave, se les pregunta sobre esto a economistas importantes de las financieras, de las calificadoras de riesgo y de la academia, y la respuesta se repite: no eran más que opiniones. No obstante, es poco probable que lo hayan planteado así al momento de cobrar por ellas.

El problema de fondo tiene que ver con cuál es el fin de la ciencia y con cuáles son sus propios límites. En este contexto, Deirdre McCloskey -Ph.D en Economía en Harvard, ex economista de Chicago y actualmente profesora de economía, historia, inglés y comunicación en la Universidad de Illinois y profesora de historia económica en la Universidad de Gotemburgo-, quien se define a sí misma como “posmoderna, pro libre-mercado, cuantitativa, anglicana, feminista y aristotélica”, tiene mucho que decir.

Para McCloskey, las personas tienen una tendencia a buscar certezas, que a fin de cuentas, refleja un deseo por controlar el mundo. De ahí que oráculos y magos sean una constante antropológica. Pero el advenimiento del mundo moderno, con sus avances tecnológicos y su fe descomunal en la racionalidad humana, traspasó en alguna medida este rol de adivinadores a los científicos.

En el caso de la economía, esto es claro y quedó consagrado en el ya mítico artículo de Milton Friedman sobre metodología (1953): “la tarea es proveer un sistema de generalizaciones que pueda ser usado para hacer predicciones correctas sobre las consecuencias de cualquier cambio en las circunstancias”. Tanto así, dice Friedman, que en la medida en que las predicciones sean correctas, da lo mismo si los supuestos usados son falsos.

McCloskey no cree que haya problema con que la predicción sea uno de los fines del conocimiento, el problema está en creer que es el único relevante. Esto no sólo porque desatiende, entre otras cosas, a la explicación como objetivo de la ciencia (por ejemplo, la teoría de la evolución no predice nada, sino que sólo explica), sino también porque implica desconocer sus propios límites. La razón la da la misma teoría económica: en equilibrio, no es posible hacer predicciones rentables (si lo fueran, el mercado se ajustaría y, entonces, dejarían de serlo). Creer que las predicciones pueden generar riqueza así como así es olvidarse del problema de la escasez. Por eso, éstas operan sólo dentro de los márgenes, deben ser costosas y no pueden, por ejemplo, aparecer así nomás en los diarios (si éstas efectivamente tuvieran la capacidad de hacernos ricos, ¿por qué querría el predictor compartirlas con todos nosotros?). Y lo mismo vale para el resto de las ciencias sociales, si las maneras de ganar votos o de alcanzar rápidamente la felicidad pudiesen predecirse, ¿por qué no las han seguido todos los políticos y todos los mortales, respectivamente? A los economistas y demás cientistas sociales que creen dominar el futuro con exactitud, McCloskey les dice: “if you’re so smart, why ain’t you rich?” (Si eres tan inteligente, ¿por qué no eres rico?).

Y no es que esto hable mal de la capacidad de nuestros científicos, sino que tan sólo refleja la complejidad del objeto de estudio -los hombres y sus creaciones-. Quizá sea mejor comprender ex ante y no sólo ex post, que nuestros juicios no son sólo tecnicismos científicos, sino que tienen algo, además, de opiniones.

En tiempos en que se oyen fuertes críticas a la precisión de las predicciones de los economistas y, también, a su actual predominio en el diseño de las políticas públicas, tal vez valga la pena prestar atención a las críticas y abrirse algo hacia nuevas formas de argumentar. Aquí, McCloskey juega un rol importante, no sólo porque conoce en primera persona el quehacer de los economistas, sino que también porque ama profundamente la disciplina. Y, afortunadamente, ella estará de visita la próxima semana en el Centro de Estudios Públicos y en la conferencia de economistas de LACEA.

Noticia de elmercurio.com

Economistas, pretensiones y quehaceres. Breves notas sobre la crítica de Deirdre McCloskey a la economía modernista

Noticia de cepchile.cl

En 1970 Deirdre McCloskey recibió su doctorado en economía en Harvard. Trabajó en la Universidad de Chicago entre 1968 y 1980, obteniendo los tenures en economía en 1973 y en historia en 1979. Escribió decenas de artículos sobre historia económica británica, historia de las finanzas internacionales y sobre la revolución industrial, publicándolos en prestigiosos journals de economía.

Tras lo que ella misma denomina “una juventud positivista”, comenzó a interactuar con académicos de otros departamentos de ciencias sociales, lo que le generó fuertes inquietudes acerca de que la forma estándar de argüir en economía fuera la única válida.

Luego de años de investigación interdisciplinaria, McCloskey construyó una crítica profunda a lo que ella denomina economía modernista. Esta crítica resulta destacable, pues proviene de alguien que conoce en primera persona y, más aún, ama la disciplina. Los pilares de su argumento se encuentran en tres de sus libros: The Rhetoric of Economics (1985), If You’re So Smart: The Narrative of Economic Expertise (1990) y Knowledge and Persuasion in Economics (1994). Este breve artículo no pretende más que esbozar algunos puntos relevantes de esta parte de su obra.

Uno de sus puntos de partida es que toda vez que alguien dice algo está haciendo uso de la retórica, pues inevitablemente usamos lenguaje para comunicarnos y no existe una sola forma de decir cada cosa. Así, la economía tiene su retórica y debe someterse a análisis. McCloskey encuentra que en su versión modernista extrema, es como si el estilo retórico de la economía hablara sobre una verdad que está “escrita en los cielos”, apelando a una “retórica de no tener retórica”, ante la cual no quedaría más opción que una “aprobación unánime”.

Sin embargo, sabemos que en la ciencia económica, como en todos los campos de la vida, existen importantes desacuerdos, y aun la evidencia más ‘dura’ admite variadas interpretaciones. Y es que finalmente, como arguye McCloskey, es muy dudoso que los científicos puedan acceder a la verdad, conociéndola de manera exacta.

McCloskey critica también varios asuntos puntuales del quehacer de los economistas, tales como la obsesión por el uso de un razonamiento excesivamente formal que olvida la relevancia de la realidad, o como un culto excesivo a la significancia estadística como medida de la importancia de los resultados. Más aún, McCloskey cuestiona que la ciencia económica deba guiarse por reglas metodológicas formales que limitan las maneras de argumentar y dificultan el diálogo con las demás disciplinas.

Si bien resolver los aspectos que McCloskey critica en la forma imperante de hacer economía es una tarea difícil, tal vez el solo hecho de tomar conciencia de estas críticas contribuiría a hacer a los economistas más humildes en su rol de adivinos e ingenieros sociales, permitiéndoles participar de mejor manera en el ejercicio deliberativo que es indispensable para la democracia.
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