Vargas Llosa ante 850 estudiantes: “La educación en el mundo está en crisis”

LaTercera

Ayer el Nobel peruano, de 82 años, dialogó con su hijo Alvaro en el Instituto Nacional, donde habló de sus inicios en la literatura y de su pensamiento político.

En La Moneda recibió la Orden al Mérito Pablo Neruda. Hoy será nombrado Miembro Honorario de la U. Adolfo Ibáñez y mañana presenta La llamada de la tribu.

Ayer en la mañana dos caras recibían al transeúnte que pasaba frente al Instituto Nacional, en pleno centro de Santiago. En la entrada principal un grupo instalaba sillas entre las rejas y gritaba consignas contra el sistema de educación. A pocos metros, al remodelado Centro de Extensión del emblemático liceo ingresaban más de 850 estudiantes, la mayoría de la Región Metropolitana. Entre ellos, alumnos de los colegios Cumbres y Everest, Liceo 1, Liceo 7, Arzobispo Manuel Vicuña y Colegio Alemán de Valparaíso.

Organizado por La Otra Mirada y Fundación para el Progreso, ayer el Premio Nobel de Literatura 2010, el peruano Mario Vargas Liosa (82) sostuvo un diálogo con su hijo periodista, Alvaro. Entre los presentes estaban el alcalde de Santiago, Felipe Alessandri; el rector del Instituto Nacional, Fernando Soto y el empresario Nicolás Ibáñez, presidente de la Fundación para el Progreso.

El encuentro comenzó a las 10.30 con la puesta en escena de una pieza de teatro basada en Día domingo, cuento juvenil de Vargas Llosa, una historia que habla sobre el valor de la amistad y que estuvo a cargo de la compañía La Vereda. “Estaba tan bien hecha y fiel al texto. Me ha emocionado mucho”, dijo más tarde el autor de La casa verde, quien cumple una agenda de numerosas actividades en Chile.

Pasado el mediodía, en La Moneda, recibió la Orden al Mérito Cultural Pablo Neruda de manos del Presidente Sebastián Piñera y la ministra de Cultura, Alejandra Pérez. A las 18.45 sostenía una conversación con Axel Kaiser en el Hotel W (ver pág. 41). Hoy será nombrado Académico Honorario de la U. Adolfo Ibáñez (UAI) y mañana, a las 12.00, en la Biblioteca Nicanor Parra de la UDP, presentará su libro La llamada de la tribu. Ayer, cerca de las 11.00, uno de los escritores centrales del boom latinoamericano subió al escenario junto a su hijo Alvaro, quien le propuso dividir el diálogo en dos partes: literatura y política.

Así, el narrador recordó cuando estudiaba en el Colegio Militar Leoncio Prado, a inicios de los años 50, experiencia que inspiró su primera novela, La ciudad y los perros. “Era probablemente la única institución en el Perú que reproducía, en el nivel escolar, la sociedad peruana y toda su complicación, diversidad y prejuicios”, señaló. Por esos años, ya estaba presente su vocación literaria. “La lectura fue fundamental, una exaltación y una felicidad. La idea de escribir para mí nació de la lectura”, dijo, para después referirse a sus estudios de Derecho y Literatura en la Universidad Mayor de San Marcos.

“La literatura no parecía alimenticia. No era una profesión que la sociedad reconociera y estimulara”, dijo y citó la “suerte” de obtener una beca para estudiar en Madrid, España. “Allá tomé una decisión importante. Si me dedicaba a una carrera nunca llegaría a ser escritor. Entonces decidí dedicar el grueso de mi tiempo a escribir”, apuntó. Ante el presente de la ficción narrativa, Alvaro le señaló que “hoy la literatura tiene muchas más formas de expresarse” y habló de las series de TV y el cine.

El novelista dijo que también ve series y películas, pero cree que “la lectura exige una participación intelectual mayor que la actitud más pasiva de las historias contadas en imágenes”. Y concluyó que las historias que cuentan las pantallas son más efímeras que las que narran las obras de, por ejemplo, Shakespeare, Cervantes y Víctor Hugo. Cinco esquinas (2016) fue su última narración larga. Ahora trabaja en una nueva novela, pero ayer fue esquivo para hablar de ella: “La estoy escribiendo, pero soy supersticioso y creo que si le hablo de ella ya no la escribiré”.

A mitad del diálogo, Alvaro hizo una introducción para hablar del pensamiento de Vargas Llosa, ferviente defensor del liberalismo. Así se refirió a su participación en el grupo Cahuide, fracción del Partido Comunista, en su época universitaria; a su posterior desencanto con la Revolución Cubana, en 1966, y la importante experiencia del gobierno de Margaret Thatcher en el Reino Unido.

El escritor afirmó que la democracia es imperfecta, pero superior a las dictaduras: “No hay razón para que los jóvenes se resignen a ese sistema mediocre que es la democracia. Y es mediocre porque acepta en su seno la diversidad humana; no quiere la perfección, sino una sociedad donde sea posible el progreso sin violencia”. Y agregó : “La educación en el mundo está en crisis.

Por primera vez países desarrollados y subdesarrollados comparten esta experiencia. Con la excepción quizá de Finlandia, que está a la altura de las necesidades de nuestra época”. Entre los presentes, escuchó atento Marcelo Zúñiga, de la Academia de Letras del Instituto Nacional, quien valoró la actividad pero extrañó un diálogo de los estudiantes con el Nobel.

Mario Vargas Llosa: “Hay una lucha entre las pantallas y los libros”

El Mercurio

En diversas actividades de ayer, el escritor peruano habló, en una nueva visita a Chile, de su último libro y de la importancia de defender la cultura escrita.
Ante un grupo de editores periodísticos en la sede de la Fundación para el Progreso, en Providencia, se realizó la primera actividad del escritor Mario Vargas Llosa en su nueva visita a nuestro país. Esta vez, el tenor de sus encuentros estará centrado en su arista de defensor de las ideas del liberalismo, tema de su último libro, ‘La llamada de la tribu’, un conjunto de ensayos biográficos de pensadores de la tradición filosófica liberal que han ido marcando al autor, a través de su vida, en su propia definición política.

La conversación sobre diversos temas de actualidad tuvo, sin embargo, un acento en la preocupación del Nobel de Literatura por la expansión sin control de las redes sociales, a las que juzga ‘la peste de nuestro tiempo’, detallando algunas experiencias personales acerca del peligro que ve en su actual diseminación como portadoras de posverdades, o mentiras, muy difíciles de desmentir o neutralizar.

‘Yo espero que nazca alguna tecnología que permita controlarlas, que nos permita al menos conocer desde dónde nacen estas falsas informaciones’, decía, negando, de paso, terminantemente, llegar a pensar en un tipo de control político o del poder público, como lo insinuara Karl Popper, uno de sus autores reverenciados, respecto de la televisión. ‘Hoy la censura es imposible, pero a costa del fin de la jerarquía de la información’, afirmó. En esa misma línea, Vargas Llosa concluía que, a pesar de que hay intelectuales, como Lipovetsky, que ven efectos más bien positivos en la expansión de internet y las redes sociales —como la imposibilidad de la censura—, cree que hasta hoy el fenómeno ha tenido un efecto muy importante en la banalización y superficialización de los contenidos. ‘Hoy estamos en un período de confusión por efecto de las redes sociales, una suerte de limbo que no sabemos qué rumbo va a tomar’.

Yendo más allá en su preocupación, indicó que hoy ‘hay una lucha entre las pantallas y los libros, y hay que dar la batalla para que las pantallas no prevalezcan y pueda el libro coexistir en este nuevo ambiente. Si no, nos encaminamos a una catástrofe, pues las pantallas superficializan la realidad y marginan las ideas’.

En otro orden, ante la consulta sobre la penetración de las ideas liberales en las sociedades de América Latina, su postura es más bien optimista, pues ve una mayoría de gobiernos democráticos instalados y un franco retroceso de las dictaduras. ‘Es verdad que la izquierda ha conseguido hacer del liberalismo una mala palabra en América Latina y también en Europa, pero debemos pensar que este no es una ideología ni una religión laica, sino una serie de principios básicos, como la prevalencia de la democracia, la libertad de expresión, la tolerancia, la oposición al colectivismo, la defensa de las libertades de las personas, etcétera, que han ido infiltrando a las masas que los aceptan cada vez más’.

FEMINISMO Y MACHISMO
Temas sensibles de la pauta actual, feminismo y machismo, fueron objeto de juicios de parte del escritor peruano. El mismo ha estado en el centro de la polémica, como autor de una columna contra el feminismo extremo, que quiere marginar a grandes autores de la literatura universal, por el supuesto carácter machista de sus obras.

‘La buena literatura siempre va a ser políticamente incorrecta, como es el caso de la novela ‘Lolita’, de Nabokov’, señala. Pero junto con rechazar posturas extremas del feminismo, hay otro que sí es bandera del liberalismo, pues, por ejemplo, ‘no sé de ningún país, hasta ahora, que haya igualado los salarios de hombres y mujeres frente a un mismo trabajo. América Latina es un continente marcado por una tradición machista y eso debe ser combatido desde el Poder Judicial’.

Por último, requerido sobre la afirmación que hiciera el Presidente Piñera en torno al aborto, en su entrevista al diario ‘El Mercurio’, (‘no hay nada más progresista que proteger la vida y no hay nada más cavernario que despreciar la vida’), Vargas Llosa, respondió que, dentro del liberalismo —por no ser una ideología dogmática— puede haber pensamientos contradictorios entre personas que piensan dentro de este cuerpo de ideas, y una de estas son el aborto y la eutanasia. Citando a Popper, concluyó diciendo que ‘la verdad solo existe mientras pueda ser refutada’.

Durante el día, Vargas Llosa cumplió una serie de compromisos para el público. Durante la mañana habló de medios y de literatura ante más de 800 estudiantes en el Instituto Nacional. Posteriormente, se dirigió a La Moneda, donde fue condecorado, en presencia del Presidente Sebastián Piñera, con la Orden al Mérito Artístico y Cultural Pablo Neruda, distinción que fue entregada por la ministra de Cultura, Alejandra Pérez. La última actividad de su primer día fue su conferencia realizada en el hotel W, en torno a la identidad de la persona liberal ante más de mil personas.

Mario Vargas Llosa on freedom, liberalism, dictatorship and ideas

Lea la entrevista en su original en español aquí

The Economist: Reading this book, I felt as though I were back at university, in the best sense, because you spent a lot of time rereading all the works of these thinkers.

MVLL: Well yes, of course, the texts cover many years [of reading]. I looked over some notes again, reread certain parts and so on.

The Economist: Why did you do it?

MVLL: I explain in the book that the first time that the idea occurred to me—even though what came out was quite different—was after reading a book written by Edmund Wilson called “To the Finland Station”. It impressed me a lot, because apart from anything else, it’s so well written. It seems like a novel, only the characters aren’t characters, rather, they are ideas. So I thought since then, wow, how marvellous it would be to write a story about liberalism, taking this model. A story that began in a small Scottish village with the birth of Adam Smith, in which the evolution of liberal ideas was expressed through characters and facts.

In practice, from this remote model, something very different came about. Look, I wrote the book basically because I believe there’s nothing that has been so misrepresented, so slandered, so distorted as liberalism, both in the Latin American world and in Europe, as well as throughout the entire world in reality.

Liberalism has been presented as being identical to conservatism, yet more reactionary, like a mask for exploitation. Furthermore, there has been a lot of confusion as to what liberalism truly is. So my idea was to write a kind of intellectual and ideological autobiography, starting with my great disillusion with socialism, with the leftist ideas of my youth that were also of great importance to me and to those of my generation.

And then my great disillusion with socialism led little by little to my arrival at liberalism, after my disillusion with the Cuban revolution, with the USSR. And, as I say in the book, I lived in England in the time of Margaret Thatcher and for me those years were a fundamental experience of the utmost importance. For example, I read Popper for the first time because of some statement by Margaret Thatcher, who said, I believe, that Popper is the great philosopher of freedom of our time, and she spoke of “The Open Society and its Enemies” … and I remember having read it and being extremely impressed with Popper. So it’s the story of an evolution through the essays that appear there.

The Economist: Yes, you do indeed explain this in the first chapter. But I was thinking that authors write books for themselves—but also with the idea that someone else will read the work. What type of readers did you have in mind for this book? Who did you want to reach?

MVLL: Well, I’m never sure what type of reader I’d like to reach. I mean, I think all writers would like to reach everybody or at least the most intelligent readers or readers capable of reading without bias, of arguing with the book, let themselves be persuaded by it, or not, but let’s say that an author aspires to have intelligent, intuitive and creative readers…that’s what one would like most, isn’t it?

But above all, I think there’s a lot of ignorance in Latin America in relation to liberalism, what it means…there are so many caricatures, completely deformed accounts of liberalism. And, above all, I think that today in Latin America the ideals of military dictatorships, developmentalist dictatorships, the socialist revolution and “guevarista” guerrillas have been completely destroyed. I think that today most of Latin America understands that these formulas have failed completely. The examples of Cuba and Venezuela are there.

And so there is a great opportunity, which in fact is materialising, in favour of democracy. So this moment seemed to be an opportune one in Latin America to defend the liberal option and to explain that some things that are happening there have liberal origins, that liberalism is the most advanced, progressive form of democracy. That liberalism is the complete opposite of the caricatures that present it as the most extreme form of conservatism, the defence of Manchesterian capitalism and things like that.

So that’s more or less the idea of the book. And also to explain to myself an entire evolution, an evolution over many years. I’ve chosen the seven authors who made the biggest impression on me. Of course, there are other important thinkers, but let’s say that these were the ones who marked me, and that’s why I say that, in a way, it’s an autobiographical book.

The Economist: Yes, because I assumed the list was a personal selection. Because, one misses, I’d say John Stuart Mill and [John] Rawls, for example…

MVLL: There are plenty of others, of course. Many are missing. But the book doesn’t try to be a history of liberalism by any means, but rather a personal book about authors that influenced me immensely after my great disappointment with socialism. In addition, they are authors who didn’t always agree, there are many differences between them. And that was precisely a way to show how liberalism isn’t an ideology, nor a secular religion, nor a dogma with answers for everyone.

Rather, from certain beliefs come a great diversity and a tolerant, very open attitude. This aspect of liberalism has been much ignored in our time: tolerance, accepting that one might be wrong, that one’s adversary might be right. I believe that some of these writers were exemplary in that sense. Isaiah Berlin, for example. He was so tolerant, so much so that he dedicated his life more to studying his opponents than those close to him.

The Economist: I like the fact that you mentioned his unworthy behaviour towards Isaac Deutscher.

MVLL: It’s an interesting case, no?

The Economist: I liked that you included your criticisms of these people you admire.

MVLL: Yes, of course.

The Economist: I think there’s a fundamental tension between liberalism and libertarianism. And I’ve seen this tension in many of your newspaper articles over the years. There are times when you are enthused by…

MVLL: That I’m more libertarian than liberal, let’s say…

The Economist: …and there are times that you’re more of a liberal social democrat…

MVLL: (chuckles)

The Economist: My problem with [Friedrich] Hayek, as understood in Latin America, through the Cato Institute and the Francisco Marroquín University [in Guatemala] and those kinds of places, is that I think he is used to represent a blessing of privilege in an unjust order.

MVLL: It wasn’t his intention. What happens is that he had a faith, a religious faith in the market… I think the nuances get lost in the case of Hayek. For example, he got to the point of saying something outrageous, that there was more freedom [in Chile] with [General Augusto] Pinochet [the military dictator] than with [Salvador] Allende [the Socialist president who was overthrown]. He said that twice, in Chile and England.

Well, I believe that is outrageous. It’s nonsense, because there was a free market during the time of Pinochet but there was torture, killings, there wasn’t any freedom of expression, the press was completely controlled. So, let’s say, I think that was an exaggeration.

The Economist: But you criticise, several times in the book, the–I don’t like the world “neoliberal”–but the view that identifies liberalism purely with the market.

MVLL: with the market, no, I don’t agree with that. But I don’t think it’s true either. Furthermore I don’t think that liberalism in its origins represented this idea.

The Economist: Of course, but perhaps it’s Hayek more than anyone else who represents that view, in the way he is interpreted.

MVLL: Yes, that has been the interpretation. And, to a large extent, I believe because of his statements in favour of Pinochet. I think that was very damaging for Hayek…

The Economist: But also because, as with everyone, he was a man of his time. Aren’t we all?

MVLL: Exactly, it was the age of the Cold War also, which is important to keep in mind.

The Economist: And the Soviet Union and the Nazis, and he was a victim of this, so it’s understandable, but he saw the state as necessarily bad.

MVLL: He believed the state was a necessary evil. That’s what he said (laughs).

The Economist: But he also thought it was essentially evil too, right? (laughs).

MVLL: Yes, the less state intervention, the more freedom there is. Of course, this is unfortunately incompatible with a world in which terrorism has become a main protagonist and in which the development of weapons technology has reached monstrous proportions in our time. It’s incompatible, let’s say if this is what Hayek believed, in these times it wouldn’t be possible to believe it.

The Economist: Clearly a large state restricts liberty, and is also very inefficient, etc. But you highlight, and I absolutely agree with you, the importance for liberalism of equality of opportunity

MVLL: This is the most important thing. I believe that this is the most forgotten part of liberalism. Nevertheless, I think that all the great liberal thinkers were in agreement with equality of opportunity. This topic is repeated many times by Popper, for example, as well as by Revel, Raymond Aron.

The Economist: and Adam Smith…

MVLL: Equality of opportunity is to start [in equal conditions] from a certain point…and for this, education is absolutely fundamental. In fact, the most advanced societies, the Nordic ones for example, have this equality of opportunity, there is high-quality public education that prepares each generation for a certain equality at the outset.

So I believe that when a society perceives that there is equality of opportunity, it accepts difference in wealth. It accepts that there are those who contribute much more to the development of a society and therefore receive higher income.

What is unfair, what is unacceptable, is that there isn’t equality of opportunity. That there are those born with privilege that guarantees them success, or that others are guaranteed failure from the beginning. That is unacceptable. But I believe this is a liberal idea, deeply liberal.

The Economist: I missed a concluding chapter to the book.

MVLL: Conclusions? Yes, some people have mentioned that to me, but, well, this is open, and open-ended book. (Laughs) It’s an open-ended book like Popper’s open society, that can go on renewing itself, reintegrating, modernising, chapters can be added. I would like to add chapters about a Latin American liberal, for example.

The Economist: Exactly, that’s what I would have liked to see.

MVLL: But unfortunately there aren’t many. For example, a great thinker like Octavio Paz wasn’t a liberal, he was democratic but the idea of relegating culture to the market horrified him. The idea that poetry could be subject to market supply-and-demand horrified him.

The Economist: He was an elitist in this sense. But Ortega y Gassett too.

MVLL: Ortega y Gassett too. Of course, many intellectuals are democrats. But they aren’t liberals, in the sense that they don’t accept that culture be democratic. And there are some fears that are justified, because the democratisation of culture can reach extreme, even ridiculous levels. It’s happening in our own time, we can see it. (Laughs)

The Economist: You yourself have suffered this.

MVLL: I wrote an essay about this called “The Civilisation of the Spectacle” about pseudo-democratisation, in which culture disappears in the end, where it all becomes gossip, a farce, a circus.

The Economist: You mention, at one point in the book, that perhaps the liberal tradition in Latin America is so limited because of inequality…

MVLL: And moreover, for another reason. It’s that the liberals of the 19th century didn’t believe in the free market and, yes, they believed in tolerance. They were against the church, against the religious state. But they didn’t believe in the market. And so the democracies that resulted, that called themselves liberal, were democracies that failed economically. Precisely because of the lack of free markets, there wasn’t the free play of supply and demand.

That was the great limitation of liberalism in Latin America. And in modern times, I believe the limitation is that the so-called developmental dictatorships presented themselves as liberal dictatorships because they allowed the market. But this is a monstrous caricature of liberalism. Because liberalism….once political freedom disappears, liberalism is no longer possible.

The Economist: You’re thinking of Argentina, of Pinochet, of Peru, Brazil…

MVLL: Yes, the Argentinian military leaders called themselves developmentalists, and they were an absolutely ferocious dictatorship, that didn’t allow a free press, that in addition exterminated and tortured their opponents. In no way can this be considered liberalism.

The Economist: I think, in addition, that liberal democracy in Latin America at the end of the 19th century was kidnapped by positivism…

MVLL: Without a doubt. And this discredited liberalism a lot. This meant that liberalism became associated with conservatism, with an intolerant, reactionary right wing.

The Economist: You mentioned that, looking at Latin America today, you see an opportunity.

MVLL: Without a doubt. I do believe that currently, regimes like those in Chile, for example…Chile today is a democratic society, one oriented towards liberal attitudes, both in the economy as well as in social reforms. I believe Argentina has a similar tendency, right? That’s what [President Mauricio] Macri represents, a liberal democracy. Yes, it’s difficult, because there are many interests and the state has grown in an absolutely distorted way. Yet the reforms that are being made, they are in part based on what is possible, but they are liberally oriented reforms.

I think Mexico is the big problem, because the rise of [Andrés Manuel] López Obrador is extremely dangerous. He’s a populist, he’s an unpredictable person. He could push Mexico in the direction of Venezuela, for example. It would be a catastrophe for Latin America.

The Economist: I’m quite optimistic about Latin American society at the moment. Yet I see the political path as being difficult. It will be hard for liberalism to advance unless there is a renewed political version of liberalism.

MVLL: More modern and more…well, yes, without a doubt. Liberalism has to have very concrete effects in order to change the great distortion that exists in the Latin American mentality with respect to what it is. However, I do believe that the idea of democracy is very widespread in Latin America, and for me, this is inseparable from liberalism.

The political aspect of liberalism is democracy, a democratic society, a society with free elections, political parties, with freedom of the press and human rights. This is the liberal democratic society. I’m also optimistic in this sense, I think Latin America is moving in this direction.

There may be some bumps in the road and setbacks. But what happened in Cuba, and especially in Venezuela recently, I think it has contributed decisively to the destruction of the utopian, socialist, collectivist models. Who wants their country to turn into a second Venezuela? Nobody in their right mind. Except for very small factions, marginalized fanatics.

The Economist: The problem is that there is a kind of contest between the Venezuelan failure and the spectre of Odebrecht [a corrupt Brazilian construction company] that has sadly discredited democracy.

MVLL: Yes, but at the same time Odebrecht has done a great service. It has brought all the rot to the surface, now we can see where is the gangrene of democracy, and the need to combat corruption in a much more energetic way. I think it’s quite clear, Odebrecht has been very useful in that way, don’t you think? It has shown how far-reaching the corruption was, in a terrible manner…presidents, ministers and employees of important businesses. I believe this had to be done. It’s a way of cleansing democracy of one of its worst defects, which is corruption.

The Economist: All of your thinkers you mention are men from the 20th century, right?

MVLL: Exactly. Except Adam Smith.

The Economist: Are there liberal thinkers in the world now that you find interesting?

MVLL: Well, of course there are liberal thinkers from the 20th century, there are many, for example, Rawls in the United States.

The Economist: No, in today’s world, the 21st century.

MVLL: That is difficult to say, many of them have died…but there is no important political philosophy in the 21st century.

The Economist: It’s a time of confusion, isn’t it?

MVLL: Let’s say there is an almost incomprehensible slang among Marxist philosophers, aimed at small intellectual, academic circles. Alain Badiou for example, who is so fashionable in France. He is unreadable. He is a person who writes for a very restricted number of readers, with his Marxism of the 21st century. I don’t think this gets to anyone. It’s completely marginal.

What was the big audience for Marxist thinkers in the 20th century has long passed with socialism, collectivism and statism. Today’s there’s no intellectual foundation for this, because all models of this nature have failed in such a resounding way. But what there is is a vacuum, because ideas are much less important in our age than in the past. I believe that unfortunately, images prevail today.

The Economist: Yes, reading the book, I thought that one of its virtues is that you’re saying that ideas matter.

MVLL: Ideas matter, I think that’s fundamental—that ideas are what do most to change history. I think all liberal thinkers are convinced of the primordial importance of ideas: that is that ideas lie behind events, both good and bad. But ideas are always there.

I’m completely convinced of that, that behind [Nicolás] Maduro [the president of Venezuela] and [Hugo] Chávez [his predecessor] there were ideas. Very bad ideas, of course. The proof is that they’ve brought catastrophe upon the country. But there were ideas…it wasn’t just improvised creativity, it was a particular model… And the results have been so terrible that I believe they have served as a preventative lesson for Latin America.

So I think the socialist fantasy has suffered more from Venezuela than from all the arguments that the foes of socialism, of Marxism, might make. You can see there what this supposed 21st-century socialism has done to Venezuela. It’s so tragic, so terrible, that I think it acts as a vaccine, a real vaccine against socialism and collectivist ideas, except in very small factions or groups. They’re groups that today have very little influence on what is happening in Latin America.

The Economist: Almost all the great rationalists that I know are people who at bottom are governed by passion, and I see that in you, a man who is so passionate, as expressed in your novels, but a great rationalist at the same time. Am I right, or not?

MVLL: Look, I think that reason…in this sense I am a liberal. Reason should govern society, we must avoid passion, we must avoid the purely instinctive, the irrational. In contrast, unlike some liberal thinkers I don’t believe that the irrational and passions can be supressed in life.

On the contrary, they must find an outlet because they are part of the human condition. And I think culture is the privileged vehicle for this aspect of human nature to find its place, in poetry, in painting, in music, in literature. I think this uncontrollable essence of personality should find an outlet and society should accept it as it is, even though it releases monsters from their cages and shows us our monsters.

I believe this is an important issue, because now feminism wants to establish a sort of censorship of all things they call machismo, and so this is a new inquisition that would simply put an end to literature and culture, if what we want to establish is a kind of ideologically correct literature, or ideologically correct painting…

I think it’s a battle that must be fought. It’s very good, the struggle of women is very just because it aims to get rid of discrimination, but wanting culture to submit to these rules of a moral or political kind is simply going to finish off culture. It’s a new inquisition. I think we must fight this energetically. The idea of politically correct literature is dangerous for the future. Extremely dangerous.

The Economist: You have been active on the issue of Catalonia.

MVLL: Yes, very active.

The Economist: In the United Kingdom many people look at Catalonia through the prism of Scotland…

MVLL: But that isn’t fair. Scotland was an independent kingdom and chose to become part of the union, to join England. Catalonia was never independent, not in its entire existence, never in its history. This is the most important thing, you know.

The Economist: Some people argue that it is illiberal to be against the right of self-determination.

MVLL: The right of self-determination is regulated by the constitution. It is unjust for a province to give itself the right of self-determination thereby foregoing the rights given to all Spanish citizens. But why? If Catalonia has prospered thanks to Spain as a whole, to all those Spaniards who went to work in Catalonia and that have contributed just as much as native Catalans to the progress, industrialisation and modernisation of Catalonia. But, furthermore, there are historical facts. At what point was Catalonia independent? Never! Catalonia was part of France, and has been part of Spain for 500 years. So this is a historical fabrication that has no real foundation. It is a big mistake to compare the case of Scotland with Catalonia. Scotland was an independent monarchy that decided, by means of its parliament, to become part of Great Britain. This has never happened in the case of Cataluña.

The Economist: But what motivated you to take such an active role?

MVLL: Because I’ve got…look, I believe that the great danger in our age is nationalism, it’s no longer fascism, nor communism. These ideologies have become completely outdated. But in contrast, nationalism is a defect that is always there under the surface and above all, at moments of crisis, can be very easily exploited by demagogues and power-hungry leaders. Nationalism is the great tradition of humankind; unfortunately it’s always present in history.

And so, I believe that it’s the great enemy of democracy. It’s the great enemy of freedom and a terrible source of racism. If one believes that being born into or forming part of a particular community is a privilege, then that is racism. I believe that one must fight nationalism energetically if one believes in democracy, in freedom, especially in this age of mixing and the building of great blocks.

So the Catalan independence movement is a big danger for Spanish and European democracy. Because if secession had succeeded, imagine the precedent that would have set in Europe. Brexit was already something dangerous. Brexit represents a very dangerous form of nationalism, which has already done a lot of damage to the European Union, and I think to Great Britain as well. But in Spain the triumph of secession would have set a terrible example, just imagine, for Hungary, Poland, Denmark, wherever there are outbreaks of nationalists operating today.

I think that the most ambitious political construction that exists in the democratic world today is the European Union, with all the limitations that it might have. But it’s a feat that is very important. It has already kept Europe at peace for 70 years for the first time in its history, and enemy number one of that is nationalism. Therefore we must fight it, confront it.

I lived in Barcelona for five years. Back then, there weren’t any nationalists. Nationalists were small minority factions. What there was, was a great democratic movement to get rid of the dictatorship, to turn Spain into a democracy. Unfortunately, this has been artificially created, by an autonomous [regional] government that had a clear political scheme and to which was given control over education. This was decisive for them to create, artificially on the basis of historical lies, the nationalist argument. My impression is that fortunately, the worst is behind us. But it’s still there, and it’s a latent danger.

The Economist: When we look at Spain, this year will mark 40 years of the constitution. The constitution gave Spain 30 wonderful years, the best in its history.

MVLL: Without a doubt.

The Economist: After 10 years of problems, it has overcome one of them, the economic crisis. But it looks very difficult for the country to resolve its political conflicts at the moment.

MVLL: Permanently resolve conflicts, no. That never happens. Conflicts can be overcome, but they always leave traces that can sprout up again. And there has been nationalism for a long time in Catalonia, but it had never prospered like this.

The Economist: But I don’t think it’s going to disappear so fast, nor die down much.

MVLL: It won’t disappear, but I think it has diminished already. The damage that nationalism is generating in Catalonia, what with the flight of businesses, the fall in tourism. Economically it’s hurting Catalonia in a terrible way. That will have an effect on the population. It’s very interesting that business people, who didn’t dare oppose nationalism… Since the results have been so catastrophic for Barcelona, for Catalonia, there are business owners that have begun to take a stand… And then there are many Catalans who aren’t in favour of independence, but who were as if paralysed by an inferiority complex in relation to nationalism. However look at the demonstrations that have taken place in Barcelona with millions of Catalans going out to protest against nationalism, declaring themselves enemies of nationalism. I think that is very positive. Now, my impression is that the worst is over, but the problem will continue. Yes, surely the problem will continue for a long time.

The Economist: Anther problem is that with the political fragmentation that there is now in Spain, achieving governance to make the necessary changes is going to be difficult. We see it now even to approve the budget…

MVLL: Yes, it’s going to be very difficult. But there is an important trend that I see, which is what Ciudadanos [Citizens, a newish liberal party] represents for me. I’m supporting Ciudadanos a lot, because Ciudadanos is centre-right, or liberal, and they are attracting many people who haven’t participated in politics, people who didn’t want to participate, who have clean credentials, and this renewal is, I believe, necessary in Spain.

The Economist: I think it may be difficult for Ciudadanos to win a majority in Congress.

MVLL: You don’t think so. At the next election?

The Economist: It’s going to be challenging. Spain is probably going to have a coalition government, which is going to be complicated.

MVLL: Well, it will be a gridlock…a coalition government.

The Economist: What Felipe González [a former Spanish prime minister] said after the 2015 elections—that Spanish citizens have chosen an Italian political system, but lack Italians to operate it—seems to me to remain true.

MVLL: I’m more optimistic. The ideal thing would be an agreement between Ciudadanos and the Peoples’ Party [the ruling conservative party] in the next election, which may happen. To form a government that can function. I don’t think it’s impossible, I believe the numbers show more or less that the electorate is moving in this direction.

The Economist: Yes, there seems to be a turning point.

MVLL: This is going to be very important, of course, a new generation…The great threat was Podemos, that there might come about a kind of fascination with a completely obsolete model, “21st-century socialism” in Spain. That would have been a disaster. I don’t think the country is up for that. Spain has evolved quite a bit. Then, the resounding fall of Podemos and the effort it is making now to hide its Chavista, revolutionary credentials is a sign that they have realised they are losing support. And so they are trying to modernise, to hide their least presentable side, and that seems to me to be a positive sign, too.

The Economist: What are you working on now? Aside from Catalonia.

MVLL: I’ve been wanting to get back to a novel, because this book took me about two years, two years and a bit, working purely on this essay. I’m beginning a new novel.

The Economist: You’re going to continue writing forever, aren’t you?

MVLL: Until my last day I hope. I hope to die with a pen in hand. That would be part of my ideal. The ideal thing would be to keep going as if I were immortal and all of a sudden die of an accident. (Laughs)

The Economist: Reading the book, I felt as though France made you democratic and England made you a liberal?

MVLL: Exactly. Without any doubt. For me, the 11 years of Margaret Thatcher [in power as Britain’s prime minister] were decisive. In those 11 years I became a liberal. I read Hayek and Popper above all; Isaiah Berlin I had already read before. But my most important liberal readings were in England. I began to read The Economist when I became a liberal. It was the English experience, and perhaps that’s why Brexit traumatised me so much. Brexit caused in me, you can’t imagine, a real trauma. I never would have believed that Brexit was possible and that the arguments of Brexit could triumph electorally in England. It was a true surprise. But look, this just goes to say that no country is immune to the populist fantasy, ever.

The Economist: How long did you live in London?

MVLL: I lived in London for many years. On and off, because I left and came back. I was in France for eight years. I left France in 1967 and I went to live in London and I was there for many years. I went to teach. I worked as a journalist in France, in RTF and before that in Agence France Presse, and I was offered a teaching post at the University of London. I went to Queen Mary College first, and later on to King’s College. And I was in Cambridge for a year. It was a very interesting experience.

The Economist: Lastly, of writers in Spanish today, who do you find most interesting?

MVLL: Javier Cercas, I think he’s a magnificent writer; he’s one of the most interesting here in Spain.

The Economist: And in Latin America?

MVLL: In Latin America, the truth is I don’t know the new writers so well. There is a Colombian writer I’ve read, Juan Gabriel Vázquez, who is very interesting.

The Economist: It seems to me that young Latin American authors are becoming more and more universal and less provincial. I think that’s positive.

MVLL: It’s very positive. Emerging from the tribe is important.

The Economist: Don’t you think you left one tribe and joined another?

MVLL: No, I think I have achieved something that I aimed for at a young age, which was to be a citizen of the world. The truth is I feel at home in France, in England and in Spain. Wherever I am, as long as I can write, I feel at home.

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El retorno de Mario Vargas Llosa a Chile

El escritor peruano visitará Chile entre el 1 y 6 de mayo, y tendrá un encuentro con Piñera en La Moneda.

En septiembre de 2017, en plena campaña presidencial, el escritor peruano Mario Vargas Llosa visitó Chile por última vez. Habló de la “derecha cavernaria” frente al aborto y respaldó la opción del entonces candidato Sebastián Piñera.

Ocho meses después -entre el 1 y el 6 de mayo- el Premio Nobel de Literatura en 2010 retornará al país, esta vez con Piñera instalado en La Moneda. “Me hace mucha ilusión ir a Chile en esta nueva etapa, con el Presidente Sebastián Piñera gobernando el país y a las actividades organizadas por Fundación para el Progreso y La Otra Mirada que fomentan la libertad en la región”, dijo Vargas Llosa.

Una de las principales actividades del escritor será precisamente un encuentro oficial con el Presidente en La Moneda, donde recibirá un reconocimiento.

Vargas Llosa también participará de una actividad en el Centro Cultural de La Moneda -organizado por la Fundación para el Progreso (FPP)- con 800 estudiantes secundarios de distintos establecimientos escolares de la región. En esa cita también participará el ministro de Educación, Gerardo Varela.

Además, será parte de los 44 invitados al evento “Solidaridad democrática en América Latina”, organizado por la FPP junto a la Fundación Forum 2000.

 

Autor: Equipo de Reportajes LaTercera.com

Nuevas inquisiciones: El feminismo es hoy el más resuelto enemigo de la literatura, que pretende descontaminarla de machismo, prejuicios múltiples e inmoralidades

Trato de ser optimista recordando a diario, como quería Popper, que, pese a todo lo que anda mal, la humanidad no ha estado nunca mejor que ahora. Pero confieso que cada día me resulta más difícil. Si fuera disidente ruso y crítico de Putin viviría muerto de miedo de entrar a un restaurante o a una heladería a tomar el veneno que allí me esperaba. Como peruano (y español) el sobresalto no es menor con un mandatario en Estados Unidos como Trump, irresponsable y tercermundista, que en cualquier momento podría desatar con sus descabellados desplantes una guerra nuclear que extinga a buena parte de los bípedos de este planeta.

Pero lo que me tiene más desmoralizado últimamente es la sospecha de que, al paso que van las cosas, no es imposible que la literatura, lo que mejor me ha defendido en esta vida contra el pesimismo, pudiera desaparecer. Ella ha tenido siempre enemigos. La religión fue, en el pasado, el más decidido a liquidarla estableciendo censuras severísimas y levantando hogueras para quemar a los escribidores y editores que desafiaban la moral y la ortodoxia. Luego fueron los sistemas totalitarios, el comunismo y el fascismo, los que mantuvieron viva aquella siniestra tradición. Y también lo han sido las democracias, por razones morales y legales, las que prohibían libros, pero en ellas era posible resistir, pelear en los tribunales, y poco a poco se ha ido ganando aquella guerra —eso creíamos—, convenciendo a jueces y gobernantes que, si un país quiere tener una literatura —y, en última instancia, una cultura— realmente creativa, de alto nivel, tiene que tolerar en el campo de las ideas y las formas, disidencias, disonancias y excesos de toda índole.

Ahora el más resuelto enemigo de la literatura, que pretende descontaminarla de machismo, prejuicios múltiples e inmoralidades, es el feminismo. No todas las feministas, desde luego, pero sí las más radicales, y tras ellas, amplios sectores que, paralizados por el temor de ser considerados reaccionarios, ultras y falócratas, apoyan abiertamente esta ofensiva antiliteraria y anticultural. Por eso casi nadie se ha atrevido a protestar aquí en España contra el “decálogo feminista” de sindicalistas que pide eliminar en las clases escolares a autores tan rabiosamente machistas como Pablo Neruda, Javier Marías y Arturo Pérez-Reverte. Las razones que esgrimen son tan buenistas y arcangélicas como los manifiestos que firmaban contra Vargas Vila las señoras del novecientos pidiendo que prohibieran sus “libros pornográficos” y como el análisis que hizo en las páginas de este periódico, no hace mucho, la escritora Laura Freixas, de la Lolita de Nabokov, explicando que el protagonista era un pedófilo incestuoso violador de una niña que, para colmo, era hija de su esposa. (Olvidó decir que era, también, una de las mejores novelas del siglo veinte).

Naturalmente que, con ese tipo de aproximación a una obra literaria, no hay novela de la literatura occidental que se libre de la incineración. Santuario, por ejemplo, en la que el degenerado Popeye desvirga a la cándida Temple con una mazorca de maíz ¿no hubiera debido ser prohibida y William Faulkner, su autor, enviado a un calabozo de por vida? Recuerdo, a propósito, que la directora de La Joven Guardia, la editorial rusa que publicó en Moscú mi primera novela con cuarenta páginas cortadas, me aclaró que, si no se hubieran suprimido aquellas escenas, “los jóvenes esposos rusos sentirían tanta vergüenza después de leerlas que no podrían mirarse a la cara”. Cuando yo le pregunté cómo podía saber eso, con la mirada piadosa que inspiran los tontos, me tranquilizó asegurándome que todos los asesores editoriales de La Joven Guardia eran doctorados en literatura.

En Francia, la editorial Gallimard había anunciado que publicaría en un volumen los ensayos de Louis Ferdinand Céline, quien fue un colaborador entusiasta de los nazis durante los años de la ocupación y era un antisemita enloquecido. Yo no le hubiera dado jamás la mano a ese personaje, pero confieso que he leído con deslumbramiento dos de sus novelas —Voyage au bout de la nuit y Mort à Crédit— que, creo, son dos obras maestras absolutas, sin duda las mejores de la literatura francesa después de las de Proust. Las protestas contra la idea de que se publicaran los panfletos de Céline llevaron a Gallimard a enterrar el proyecto.

Quienes quieren juzgar la literatura —y creo que esto vale en general para todas las artes— desde un punto de vista ideológico, religioso y moral se verán siempre en aprietos. Y, una de dos, o aceptan que este quehacer ha estado, está y estará siempre en conflicto con lo que es tolerable y deseable desde aquellas perspectivas, y por lo tanto lo someten a controles y censuras que pura y simplemente acabarán con la literatura, o se resignan a concederle aquel derecho de ciudad que podría significar algo parecido a abrir las jaulas de los zoológicos y dejar que las calles se llenen de fieras y alimañas.

Esto lo explicó muy bien Georges Bataille en varios ensayos, pero, sobre todo, en un libro bello e inquietante: La literatura y el mal. En él sostenía, influido por Freud, que todo aquello que debe ser reprimido para hacer posible la sociedad —los instintos destructivos, “el mal”— desaparece sólo en la superficie de la vida, no detrás ni debajo de ella, y que, desde allí, puja para salir a la superficie y reintegrarse a la existencia. ¿De qué manera lo consigue? A través de un intermediario: la literatura. Ella es el vehículo mediante el cual todo aquel fondo torcido y retorcido de lo humano vuelve a la vida y nos permite comprenderla de manera más profunda, y también, en cierto modo, vivirla en su plenitud, recobrando todo aquello que hemos tenido que eliminar para que la sociedad no sea un manicomio ni una hecatombe permanente, como debió serlo en la prehistoria de los ancestros, cuando todavía lo humano estaba en ciernes.

Gracias a esa libertad de que ha gozado en ciertos períodos y en ciertas sociedades, existe la gran literatura, dice Bataille, y ella no es moral ni inmoral, sino genuina, subversiva, incontrolable, o postiza y convencional, mejor dicho muerta. Quienes creen que la literatura se puede “adecentar”, sometiéndola a unos cánones que la vuelvan respetuosa de las convenciones reinantes, se equivocan garrafalmente: “eso” que resultaría, una literatura sin vida y sin misterio, con camisa de fuerza, dejaría sin vía de escape aquellos fondos malditos que llevamos dentro y estos encontrarían entonces otras formas de reintegrarse a la vida. ¿Con qué consecuencias? El de esos infiernos donde “el mal” se manifiesta no en los libros sino en la vida misma, a través de persecuciones y barbaries políticas, religiosas y sociales. De donde resulta que gracias a los incendios y ferocidades de los libros, la vida es menos truculenta y terrible, más sosegada, y en ella conviven los humanos con menos traumas y con más libertad. Quienes se empeñan en que la literatura se vuelva inofensiva, trabajan en verdad por volver la vida invivible, un territorio donde, según Bataille, los demonios terminarían exterminando a los ángeles. ¿Eso queremos?

MARIO VARGAS LLOSA
18 MAR 2018 – 00:00
fuente: https://elpais.com/elpais/2018/03/16/opinion/1521215265_029385.html

“El principal problema que tendrá Lenín Moreno es el propio Correa”

Noticia de La Tercera
2017-05-26

Guillermo Lasso, ex candidato de la oposición en Ecuador

“El principal problema que tendrá Lenín Moreno es el propio Correa”

Tras perder el balotaje, Lasso está de visita en Chile y expondrá hoy junto a Sebastián Piñera.

De todas formas, insiste en que fue víctima de fraude electoral. ‘Hoy Ecuador es un país partido en dos’, asegura.
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Fiorella Aste G.
Estuvo cerca de un mes fuera de la vida pública desde que perdió el balotaje del 2 de abril en Ecuador. Pero Guillermo Lasso reapareció en Chile esta semana -la misma en que asumió quien fuera su rival, Lenín Moreno- tras el llamado de un amigo cercano: Sebastián Piñera, a quien conoce hace años y con el que dará una charla hoy.

‘Coincidimos en el mismo hotel en un foro en Madrid y tuve la audacia de acercarme e invitarlo a cenar. Salimos y caminamos por el casco histórico de Madrid. Y obviamente tengo identidad con él’, dice Lasso sobre su vínculo con el ex mandatario chileno. En esta entrevista con La Tercera, da su mirada sobre su país y América Latina a un mes de las elecciones, que perdió por poco más de dos puntos.

¿Latinoamérica está girando hacia la derecha?
No están dejando la izquierda, están dejando estos populismos totalitarios, llamados gobiernos del Socialismo del Siglo XXI. No tienen nada de izquierda tampoco: son gobiernos populistas que actúan atropellando la institucionalidad del país, controlándolo todo, manejando mal la economía y siendo cómplices de la corrupción. América Latina se da cuenta que hay un hartazgo respecto de esos modelos.

¿Ecuador se dio cuenta de eso en las elecciones?
Se dio cuenta. Y nosotros ganamos las elecciones, pero es tal el descaro que se produjo un fraude.

¿En qué quedaron las denuncias que usted presentó?
El Consejo Nacional Electoral no aceptó el pedido de recuento total de votos y luego, de acuerdo con la ley, acudimos a la última instancia que es el Tribunal Contencioso Electoral, y ni siquiera admitieron nuestra denuncia. Ahí, desde el punto de vista legal, terminó el proceso. Políticamente, nosotros hemos dicho ‘damos vuelta la página’, lo que no es decir ‘arrancamos la página del libro’.

El miércoles, al asumir, el nuevo Presidente Lenín Moreno dijo que iba a entregar una lista de involucrados en los sobornos de Odebrecht. Esa es una de las medidas que usted sugirió ¿Significa que podría haber un acercamiento al nuevo gobierno?
Hemos planteado 10 medidas. Una de ellas es justamente presentar al Ecuador la lista de Odebrecht y llevar a cabo todas las investigaciones necesarias para que los culpables sean sancionados. Si Moreno hace eso, me parece que es un buen paso en función de la moral pública.

¿Usted buscará acercarse?
No, yo no buscaré acercarme. Lo que estoy dispuesto en función del interés de los ecuatorianos es dialogar públicamente una vez que hayan tomado algunas medidas que den legitimidad al gobierno y demuestren seriedad frente al futuro del Ecuador, que hoy es un país partido en dos.

¿Moreno se va a distanciar de Rafael Correa?
Yo anticipo que el principal problema que va a tener Lenín Moreno no es la oposición, sino el propio Correa y su partido. El puede estar cargado de buenas intenciones que no serán aplicables fácilmente, por este condicionamiento de un correísmo que durante los últimos 10 años le ha causado problemas al Ecuador.

¿Postulará nuevamente a la Presidencia de su país?
Acabo de terminar una elección, faltan cuatro años. Responder esa pregunta es muy anticipado.

Noticia de La Tercera
2017-05-26

“Los problemas de Ecuador no se arreglan con matices; requieren un cambio de fondo”

Noticia de El Mercurio
2017-05-21
Ex candidato Guillermo Lasso, ad portas del cambio de mando en su país: Ex candidato Guillermo Lasso, ad portas del cambio de mando en su país:

“Los problemas de Ecuador no se arreglan con matices; requieren un cambio de fondo”

El ex postulante llega esta semana a Chile. Insiste en que le robaron la elección, y fija tres condiciones para arribar a eventuales acuerdos con el gobierno de Lenin Moreno: liberar a los presos políticos, y derogar la ley de medios y el decreto que regula a las organizaciones sociales

Margaret Valenzuela

“Nosotros seguiremos en la lucha”, dice el empresario Guillermo Lasso ad portas de que asuma un nuevo gobierno en Ecuador. El pasado 2 de abril, Lasso fue derrotado en las elecciones presidenciales por el heredero de Rafael Correa, Lenin Moreno, en una reñida contienda electoral. La estrecha diferencia, de tres puntos, llevó al candidato opositor a pedir el reconteo total de los votos, que no le fue concedido.

Lasso dice tener la “absoluta convicción” de haber triunfado, pese a que los resultados oficiales le dieron el 48,8% de los votos, frente al 51,16% obtenido por Moreno. Y señala al “apagón electoral” del 2 de abril -un lapso de 20 minutos en la página web con los cómputos, después del cual cambiaron las tendencias- como un indicio del supuesto fraude que acusa. “Nosotros sostenemos que logramos una victoria por encima del 50% que no fue reconocida por las instituciones del correísmo”, afirma.
En cualquier caso, dice que la alta votación obtenida le impone una responsabilidad, pues “lo que dijeron los ecuatorianos fue ‘queremos un cambio’ “. Un viraje, agrega, no solo político, sino también económico, en un país donde temas como el empleo inquietan fuertemente a la ciudadanía, al punto que “lo que pudo ser un proyecto político que comienza en la trinchera de la derecha, liderado por un empresario, como algunos dicen, terminó siendo un proyecto político amplio, liderado por un demócrata”.

Lasso aterrizará en Chile este miércoles, el mismo día en que Moreno jurará como nuevo Presidente de Ecuador. Invitado por la plataforma de reflexión y debate “La otra mirada” (ligada a las fundaciones de Nicolás Ibáñez), dará una conferencia junto a su amigo, el ex Presidente Sebastián Piñera, este viernes, cuyo tema central será “América Latina, la batalla por la libertad”. También participará en un almuerzo con autoridades de la Universidad del Desarrollo y dictará una charla en la Universidad de los Andes. Eso, además de una cena privada en la casa del ex Presidente el próximo jueves.
-Más allá de la controversia por los resultados, ¿será diferente el gobierno de Lenin Moreno del que lideró Rafael Correa?
-Yo creo que el problema no es una persona, sino el modelo, y el modelo es de un gobierno que controla todas las instituciones en el ámbito judicial, electoral, instituciones de control como la Contraloría, Fiscalía, el Procurador. Es un problema de fondo de un modelo que no respeta la democracia liberal. Un modelo que se basa en un Estado de propaganda, que utiliza medios de comunicación públicos incautados para agredir a las personas que pensamos distinto, y para hacer propaganda que haga percibir, en lo interno y externo, una eficiencia en lo social que no existe.

-¿Pero ni siquiera ve un matiz entre Moreno y Correa, como el que algunos analistas señalan?
-Quizás habría que esperar, pero los problemas de Ecuador son tan serios, que no se arreglan con matices; lo que requieren es un cambio de fondo.
-¿Existe alguna posibilidad de construir acuerdos con el nuevo gobierno?
-Mire, yo soy un ecuatoriano que ama a mi país y estoy dispuesto a hacer lo necesario para producir aquel cambio que requiere la sociedad ecuatoriana, pero no puedo tener reuniones que no conduzcan a cambios de fondo en materia institucional, económica e incluso social. No podemos pensar que haya democracia en un país donde hay perseguidos políticos. El actual gobierno, si quiere convocar a un apoyo de la oposición que nosotros lideramos, debería comenzar por indultar a todos los perseguidos políticos. Si el gobierno los indulta a todos, no a uno o a dos, sino a todos, y deroga la ley de comunicación y el decreto 16 (que regula y registra las organizaciones sociales), yo empezaría a creer que hay un cambio.
-¿Será Ecuador uno de los últimos bastiones del chavismo o piensa que a la larga puede haber un viraje?
-Como le dije, el modelo será el mismo, habrá que esperar si hay matices, pero con matices no se arregla un problema de fondo de falta de empleo, de una economía que no crece, de unos prejuicios ideológicos y personales que no le permiten a Ecuador mantener relaciones abiertas, activas, frontales con países desarrollados como Estados Unidos o como la propia Unión Europea, con la que se firmó un acuerdo de comercio, pero casi de mala gana.
-¿Y cómo observa el panorama del ‘chavismo’ en la región, luego de los últimos procesos electorales en distintos países?
-Está debilitado, porque los precios de los principales productos que exportan estos países han caído, y creo que en el mundo global va a terminar esa etapa de bajas tasas de interés que de alguna manera beneficiaron un modelo económico populista. Ahora, la gran pregunta es qué es el poder chavista, y si usted se pone a reflexionar, llega a la conclusión de que es nada: nada más que populismo, totalitarismo; de hecho, no es de izquierda.
-¿Por qué lo dice?
-No comparto las ideas del socialismo, pero respeto al socialismo moderno, que usted lo puede ver en Europa o en el período de la Concertación chilena también. El socialismo del siglo 21 no tiene nada de izquierda ni de socialista; lo que tiene es de totalitarismo, de abuso, de atropello, de mal manejo de la economía y eso se expresa en lo que estamos viendo en la Venezuela de hoy, y lo que se va a ver más profundizado en Ecuador también.
-¿Qué lecciones le deja su campaña a la centroderecha en la región y de cómo debe enfrentar a una coalición de izquierda como ocurrirá en noviembre en Chile?
-Yo le diría que sí se puede, que hay que luchar y que no hay que quedarse en el mundo de las ideas, sino en el mundo de la acción. En mis recorridos he conversado con los jóvenes sobre cuál es su futuro y siempre me han hablado de emprendimiento, de la necesidad de asumir el destino de sus vidas en sus propias manos.
-¿No cree que le pesó su condición de empresario en la elección?
-Esa fue parte de una campaña sucia del propio gobierno desde hace 7 años, cuando yo manifesté mi intención de dedicarme a la vida política, pero no ha pesado en el pueblo ecuatoriano, porque por mí votó la mayoría. Es un prejuicio que quieren instalar en la mente de los ciudadanos para defender el modelo de partido único.
-¿Cómo se ve la situación de Chile desde el exterior?
-Le voy a contar un pequeño chiste. Un amigo le decía a otro: “¿Cómo está tu esposa?”, y el amigo le preguntó: “¿Comparada con quién?”. Entonces, si usted me pregunta cómo se ve a Chile, lo veo estupendamente bien comparado con países de América Latina. Que obviamente se pueden hacer mejor las cosas, claro que sí, y por eso está ahí la opción de Sebastián Piñera, pero comparado con América Latina… Yo creo que los chilenos debieran sentirse orgullosos.
-¿Qué visión tiene de la administración Bachelet? Siendo un gobierno de izquierda, ¿cabe algún punto de comparación con el gobierno de Correa?
-Sería injusto compararla con Correa. Yo creo que la Presidenta Bachelet es una demócrata que respeta las instituciones. Recuadro : “La Presidenta Bachelet es una demócrata que respeta las instituciones. Sería injusto compararla con Correa”, afirma el ex candidato opositor ecuatoriano.
“El socialismo del siglo 21 no tiene nada de izquierda ni de socialista; lo que tiene es de totalitarismo, de abuso, de atropello, de mal manejo de la economía”.
“La gran pregunta que les hice a los ecuatorianos fue: ¿Qué te piden a cambio de regalarte todo? ¿Tu libertad?”.
—Posición de Correa frente a juicio Chile-Perú:”A mí también me sorprendió, no correspondía a la tradición”-Durante el gobierno de Correa, a raíz del juicio por la demanda marítima peruana, existió un distanciamiento en las relaciones Chile-Ecuador. ¿Lo considera un error?
-Las relaciones internacionales entre Chile y Ecuador han sido siempre muy cercanas. No quisiera hacer una crítica a mi país en política internacional, pero al igual que a los chilenos, a mí también me sorprendió la decisión del gobierno de Correa sobre ese punto, porque no correspondía a la tradición de las relaciones entre ambos países.
“AMÉRICA LATINA NECESITA LÍDERES COMO ÉL”, DICE:–Su larga caminata con Piñera por las calles de MadridLasso cuenta que conoció al ex Presidente Piñera cuando este último daba una conferencia en Argentina. Después, en marzo de 2016, ambos coincidieron en Madrid, en la Fundación para la Libertad, de Mario Vargas Llosa, donde Piñera fue invitado como orador principal.
“En ese encuentro yo lo invité a cenar y él aceptó. Después de esa cena, tuvimos una larga caminata por el sector antiguo de Madrid y fue muy interesante porque fue una conversación para mí muy aleccionadora. Caminamos cerca de una hora y yo le pregunté mucho sobre su vida política, y siento que es una persona de la cual se puede aprender mucho y que tiene gran sentido del humor”, recuerda Lasso, quien el año pasado volvió a invitar al ex Presidente, ahora a Guayaquil.
Convencido de las opciones del ex Mandatario en los comicios de noviembre, dice que “América Latina necesita líderes como él”.
-¿Cómo debe enfrentar Piñera esta nueva elección presidencial?
-Yo no me atrevería a darle ningún consejo. Más bien, lo que quisiera decirles a los chilenos, al igual que a los españoles y probablemente a muchos otros países de América Latina, es que hay que tener mucho cuidado con las fórmulas populistas de los que se presentan como buenos y que hablan de libertad de expresión, pero que una vez en el poder quieren controlar a los medios de comunicación independientes. La gran pregunta que yo les hice a los ecuatorianos (y muchos se la respondieron y por eso votaron por nosotros) fue: “¿Qué te piden a cambio de regalarte todo? ¿Tu libertad?”.
-¿Qué candidato podría representar en Chile ese populismo que usted menciona?
-No estoy tan compenetrado con la política chilena del día a día y, por lo tanto, no me atrevo a poner un nombre, pero sí creo que Sebastián Piñera representa la libertad, la democracia y la prosperidad. Respetando a los chilenos y sin ánimo de inmiscuirme en política chilena, desearía que él vuelva a ser el Presidente de Chile, lo hizo muy bien y creo que con toda esa experiencia se puede convertir también en uno de aquellos líderes latinoamericanos que nos ayuden y nos apoyen en la defensa de la democracia y la libertad en toda América Latina.
-Su equipo sostuvo reuniones con Piñera y con algunos de sus ex ministros como Larroulet y Larraín. ¿En qué aspectos de su campaña terminó influyendo el ex Presidente?
-No le puedo señalar uno en particular, pero entiende muy bien cómo funciona la economía, y mi pensamiento es coincidente con el de él en muchos aspectos, sobre todo en materia de crecimiento económico, de generación de empleos y construir una red de oportunidades para el emprendimiento. Entonces, obviamente son ideas de libertad económica en las que yo coincido con el pensamiento del Presidente Piñera y de Felipe Larraín
-Piñera rescató de su campaña el sistema “Carpool Karaoke” y lo usó en la elección municipal…
-Cuando nos visitó en Guayaquil, después del almuerzo, le pedí al Presidente Piñera su autorización para que en el auto que yo iba a manejar existieran cámaras que fueran filmando nuestro diálogo. Él lo aceptó, y luego vi que aplicó esto en las elecciones municipales con los candidatos a alcaldes, lo cual me resultó muy interesante.

Noticia de El Mercurio
2017-05-21

Ex presidenciable de Ecuador identifica a los populistas

Noticia de Las Últimas Noticias
2017-05-26

Guillermo Lasso, de visita en Chile, salió segundo en la elección presidencial ecuatoriana

Ex presidenciable de Ecuador identifica a los populistas: “Son los candidatos que plantean refundar todo un país”

“América Latina está dividida: hay gobiernos democráticos, hay otros gobiernos de izquierda, que son respetables, y hay un tercer segmento que yo diría que son del socialismo del siglo XXI”, plantea.

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WASHINGTON GUERRA M.
Guillermo Lasso tiene bien claro que seguirá en política pese a la derrota que sufrió en abril pasado, cuando se concretó la elección presidencial en Ecuador que dio por ganador a su contrincante Lenín Moreno. El ex presidenciable no asistió al cambio de mando en su país, más bien prefirió viajar a Chile, invitado por la fundación La Otra Mirada, para dar una conferencia sobre populismo.

En abril, Lasso logró el 48,84% de los votos en su país, mientras que el candidato oficialista Lenín Moreno llegó al 51,16%. Lasso, no obstante, asegura que hubo un fraude en la elección: ‘El 2 de abril las encuestas a boca de urna nos daban una ventaja de seis puntos, y el conteo oficial de votos inicial marcaba esa tendencia. Pero hubo un apagón informático de 20 minutos y luego aparecieron escrutados el 90% de los votos y con la tendencia totalmente cambiada’, reclama. Por eso impugnó la elección, sin embargo, los resultados fueron ratificados.

‘No descarto presentarme nuevamente como candidato a presidente. Pero faltan cuatro años. Sí tengo claro que seguiré en política’, dice. Y acusa: ‘En la campaña, que no fue fácil, debí competir con el Estado candidato , es decir, con el candidato del oficialismo, que gobierna en mi país, y que utilizó todos los poderes del Estado en favor de ese candidato y en contra de la oposición’.

-Usted ha sido crítico de gobiernos de izquierda como el venezolano y el cubano. ¿Qué crítica les hace a esos regímenes?

-Los gobiernos de Venezuela y Cuba son populistas porque atropellan o abusan de las instituciones, despilfarran dineros públicos y, de alguna manera, protegen la corrupción. La batalla por la libertad es la batalla contra aquellos gobiernos populistas.

-Además de Venezuela y de Cuba, ¿encasilla a otro país en ese lote?

-A Ecuador, especialmente por el gobierno que recién terminó de Rafael Correa. Pero más allá de eso, América Latina está dividida: hay gobiernos democráticos, hay otros gobiernos de izquierda, que son respetables, y hay un tercer segmento que yo diría que son del socialismo del siglo XXI, que de socialistas no tienen nada y de izquierda tampoco.

-A propósito del populismo, del cual es muy crítico. Ningún candidato, en ninguna parte del mundo, se va a declarar populista. ¿Cómo se puede determinar a un candidato populista?

-Cuando en planteamientos concretos dicen vamos a refundar el país , necesitamos una nueva constitución; y cuando llegan a esa asamblea constituyente, empiezan a plantear, por ejemplo, mecanismos de participación ciudadana, ofrecen una democracia directa donde es el ciudadano el que decide todo lo que sucede en el gobierno. Cuando llegan a gobernar, el poder lo tiene totalmente el presidente de la República. Los populistas son los candidatos que plantean refundar todo un país.

-O sea, ¿está en contra de cambiar la Constitución de un país?

-Mire, cuando se escuchan los conceptos de asambleas constituyentes, nueva Constitución y la necesidad de una participación directa de los ciudadanos yo diría prendan un foco amarillo porque es riesgo de ser gobierno populista.

-¿Qué otras características se pueden encontrar en un gobierno populista?

-Los gobiernos populistas tienen un manual muy claro que desfavorece la inversión local e internacional porque generan desconfianza bajo un concepto de que el Estado es todo y empiezan a gastar más allá de lo que produce el gobierno. Por eso, cuando hablo con los jóvenes les digo asume el destino de tu vida en tus propias manos . No dependas de las ofertas como educación gratuita, estudia con bonos, becas, cuidado: todo el que ofrece eso, quiere algo a cambio y eso es su libertad.

-En otro tema, ¿pertenecer a la prelatura del Opus Dei le jugó en contra en la última elección?

-No influyó, ni siquiera estuvo en el debate.

-¿Por qué está a favor de la unión civil de dos personas del mismo sexo, pero en contra del matrimonio homosexual?

-Porque el matrimonio es la unión de dos personas de distinto sexo. Pero el Estado ecuatoriano es laico y dije que no voy a inmiscuirme en influir en las opciones de cada ecuatoriano.
Recuadro :
‘Los gobiernos de Venezuela y Cuba son populistas porque despilfarran dineros públicos’

Guillermo Lasso

 

Noticia de Las Últimas Noticias
2017-05-26

Guillermo Lasso, ex candidato ecuatoriano, visita Chile

Noticia de El Mercurio
2017-05-14
“La Batalla por la Libertad: El Caso Ecuatoriano”, así se llama la conferencia que dictará el 26 de mayo, en Chile, el ex candidato presidencial de Ecuador Guillermo Lasso, quien perdió tras una estrecha segunda vuelta frente al abanderado oficialista Lenín Moreno.

En la instancia también participará el ex Presidente y precandidato de Chile Vamos, Sebastián Piñera.

No es la primera vez que estarán juntos, pues ambos líderes políticos se reconocen como amigos, han participado juntos en otros seminarios, y Lasso, públicamente, ha manifestado su admiración por el gobierno del ex Mandatario.

La conferencia es organizada por “La Otra Mirada”, parte de las fundaciones que lidera Nicolás Ibáñez.

2017-05-14
Noticia de El Mercurio