Una verdadera feminista

Axel Kaiser

Por: Axel Kaiser | Publicado: Jueves 17 de enero de 2019 a las 04:00 hrs.

Si se tratara de hacer una lista de opresiones que puede sufrir una mujer, Ayaan Hiris Ali las reuniría casi todas.

Nacida en Somalía en una familia musulmana, a los cinco años fue sometida a la mutilación de sus genitales, práctica extendida en partes de África y Asia que ha sido importada a Europa por inmigrantes de esas regiones. Dedicada a trabajar como sirvienta para los hombres de su familia, a los veintidós años su padre eligió casarla con un pariente a quien ella no conocía. Cuando iba camino a Canadá a cumplir el compromiso, decidió huir refugiándose en Holanda, donde eventualmente estudiaría y llegaría a convertirse en parlamentaria, no sin antes abandonar el Islam.

Ello le valdría amenazas de muerte, razón por la que está bajo protección todos los días. Sus escoltas son la única razón, explica, por la cual está viva. De hecho, el cineasta Theo van Gogh, con quien colaboró en la realización de un documental sobre la sumisión de las mujeres en el mundo islámico, fue luego asesinado por un musulmán nacido en Ámsterdam, quien dejó junto al cadáver una nota diciendo que Hirsi Ali era la siguiente.

Tras una brillante y accidentada carrera, esta también sobreviviente de la brutal guerra civil somalí de 1991, emigró a Estados Unidos, donde hoy reside junto a su marido Niall Ferguson y sus dos hijos. Tolerando todos los insultos que la corrección política occidental demanda contra quienes osan plantear verdades incómodas, Hiris Ali recorre el mundo alertando sobre el peligro que un islam no reformado supone para la sociedad occidental, defendiendo además férreamente los derechos de la mujer.

Como es de esperar en los tiempos surrealistas que corren, entre sus mayores enemigas están las feministas hegemónicas. Y es que, contrario a lo que se podría suponer, Hirsi Ali no tiene nada en común con este grupo quejumbroso de la élite occidental, partiendo porque que no hay una pizca de rabia, resentimiento ni retórica victimista en ella, pese a haber sufrido abusos terribles. Es más, la verdadera libertad, nos dice, consiste en ver el mundo sin rabia para, desde una posición de paz interior, trabajar por cambiarlo, siempre con argumentos y nunca con insultos.

Vaya diferencia con las feministas occidentales dominantes. quienes a pesar de ser las mujeres más privilegiadas en la historia de la humanidad, promueven odiosamente —y muchas veces haciendo verdadero culto a la fealdad y la vulgaridad— la destrucción del mismo sistema que a la mayoría le ha permitido pasar toda su vida sin conocer una opresión como la vivida por Hirsi Ali. A ellas les enrostra, precisamente, su hipocresía, por no ocuparse un segundo de la realidad de las mujeres sometidas en las comunidades islámicas o en sus propios países. La brecha salarial —demostrada ya como un mito en la forma en que se plantea— las indigna más que las decenas de miles de niñas que sólo en Reino Unido son sometidas a mutilación genital todos los años.

Pero Hirsi Ali defiende además la familia, condenando el feminismo convertido en lucha de géneros que vemos hoy, que tiene poco que ver con avanzar los derechos de la mujer y más, como diría Nietzsche, con debilitar y atacar a las más sanas entre ellas. Su coherencia, realismo, buena voluntad, coraje para defender a mujeres realmente oprimidas y ánimo constructivo —además de una elegancia que resalta su feminidad con gran estilo— convierten a Hirsi Ali en una verdadera feminista frente a la cual el feminismo hegemónico se evidencia más bien como una patología.

 

 

Una mujer fantástica

¿Cómo se explica que sectores feministas de una universidad se unan con organizaciones islam istas, claramente homofóbicas, con el único propósito de evitar que alguien sea reconocido como doctor honoris causa? Esa es la pregunta que probablemente se hizo la escritora de origen somalí, Ayaan Hirsi Ali, el año 2014 cuando la universidad de Brandeis, en Estados Unidos, le informó que ya no le sería otorgado el susodicho grado académico, debido al rechazo de parte del cuerpo académico y el estudiantado, los cuales aludían que su crítica y propuesta de reforma al islam era un discurso ofensivo y de odio.

Como se explica tal disparate. Pues bien, se comprende si consideramos los altos niveles de hipocresía, incoherencia y falta de lógica de quienes profesan posturas u opiniones que presumen moralmente superiores e infalibles, pero cuyo asidero es la más burda de las emocional idades. El detalle es que dichas opiniones, si podemos consideradas como tales, además apuntan a ser unitarias e inclusive totalizantes en el debate público y se extienden rápidamente como la nueva ortodoxia por las redes sociales. Ello explica que sus cultores, sin mayor reflexión, oficien de santos inquisidores calumniando y difamando a aquellos que consideran disidentes y discordantes del nuevo credo de moda. Por dar un ejemplo fehaciente, el feminismo actual, con sus variantes más radicales, se ha tornado una actitud de ese tipo que, en cuanto a sus niveles de moralización extrema e irracional, se asemeja en gran medida a cualquier fundamentalismo religioso cuyo foco es cazar los blasfemos. El apelativo feminazi, en ese sentido, está mal puesto pues sus reclamaciones se asemejan más al estricto moralismo victoriano a la vez que se vindica la libertad de vestir como plazca. Esa incoherencia explica la imagen de unas feministas estadounidenses cuestionando a una mujer que lucha, y pone en riesgo su vida, por dar fin ala mutilación genital en nombre de la fe y la pureza en países como Somalia o Kenia.

La reciente visita de Hirsi Ali, nómade, infiel y hereje para el mundo musulmán y también para parte del secular mundo occidental, no solo permitió conocer la opresión que vivien miles de mujeres cuando el fanatismo religioso impera, en su caso bajo el islam, con matrimonios concertados, mutilación genital y sumisión brutal, sino que su historia de conversión, en el tolerante y abierto occidente, nos recordó que el mayor riesgo que sufren las sociedades democráticas no viene desde fuera, de parte de los radicalismos religiosos, sino desde dentro de éstas, con la intolerancia elevada en nombre de la tolerancia misma a punta de ignorancia. Ese peligro radical se expresa a través de la creciente y cada vez más estúpida corrección política, con sus pontificadores dispersos por redes sociales, medios de comunicación y universidades, pero cuya cualidad más aterradora es algo banalmente humano, la más burda hipocresía.

Que mejor y más reciente ejemplo de este tipo de incoherencias que el doble discurso frente a los dichos xenófobos, tanto del excandidato presidencial Eduardo Artés, como del joven futbolista Nicolás Díaz. Cuando el primero trató de escuálidos y gusanos a los venezolanos que protestaban frente a la embajada venezolana en Santiago, hubo pocas reacciones y rasgaduras de vestimenta de los paladines del respeto. Sin embargo, cuando el joven jugador trató de muerto de hambre a un futbolista venezolano, los inquisidores del momento salieron rápidamente de sus mazmorras para preparar los palos para la hoguera virtual, pidiendo a viva voz a través de las redes sociales las mayores sanciones para el seleccionado nacional. Así, al parecer, para el público parece ser más grave que un deportista diga cosas xenófobas en medio de un partido de fútbol, a que lo haga alguien que aspiró no hace mucho a ser presidente de un país. hipocresía brutal o ignorancia insolente. Es la señal de los tiempos que se viven.

Actualmente, el doble discurso es un elemento constitutivo de la corrección política imperante que, disfraza de secularismo, justicia, laicismo, respeto y consideración, se tiende como un manto de censura a través de diversos mecanismos, incluida la mentira llamada ahora pos verdad. Lo fantástico de Ayaan Hirsi Ali es que, en medio de esa cobardía e ignorancia socializada como opinión pública, ella se atreve a vindicar su derecho a opinar distinto, tal como siempre lo han hecho aquellos a los que siempre se les llama herejes.

Venezuela libre

L a semana pasada tuve el privilegio de conocer a Ayaan Hirsi Ali, feminista y activa defensora de los derechos de la mujer y, en particular, de las mujeres musulmanas. En esa oportunidad ella le preguntó a Richard Dawkins por qué la centroizquierda en Europa y Estados Unidos había abrazado con tal fuerza el multiculturalismo hasta el punto de claudicar en la defensa irrestricta de los derechos humanos cuando se trataba de personas de otras culturas. En concreto, Ayaan preguntaba por qué los norteamericanos toleran que en 22 estados de su país se pueda practicar la mutilación genital femenina, por qué los ingleses emiten miles de visas al año a hombres musulmanes que se casan con jóvenes musulmanas inglesas menores de edad que han sido forzadas.

Por cobardes, respondió Dawkins. El temor a ser declarado racista o xenófobo, consecuencia de la Segunda Guerra Mundial, ha llevado a los ingleses a ser tímidos, por no decir cobardes, en la defensa de los derechos humanos de los niños y mujeres de otras culturas que viven en Inglaterra, derechos que ellos conciben como universales e irrenunciables para sus propios hijos y mujeres, sentenció Dawkins. Un invitado le hizo notar a Ayaan que su legítima lucha contra la opresión de las mujeres musulmanas y, en ese sentido, contra el multiculturalismo, le era útil a la derecha conservadora.

Ayaan no titubeó en responder que los derechos humanos se defienden siempre, sin importar la utilización política que otros puedan hacer. Una defensa genuina no tiene complejos, no puede ser vanidosa. Las declaraciones de Ayaan me recordaron el doble estándar de la izquierda en lo que respecta a los derechos humanos (la derecha, no es novedad, los tuvo tristemente). ¿Por qué ha sido tímida la izquierda para condenar violaciones a los derechos humanos de regímenes totalitarios de izquierda? ¿Cómo la izquierda puede defender todavía a Cuba o Venezuela, cuando ellos mismos vivieron en carne propia los horrores de nuestra dictadura? Hasta hace poco, Mayol y otros del Frente Amplio se negaban a condenar lo que estaba sucediendo en Venezuela. Las diputadas Camila Vallejo y Karol Cariola defienden todavía a Fidel Castro y la dictadura cubana, y sin embargo dicen ser defensoras de los derechos humanos.

Por supuesto, no todos en la izquierda piensan igual. Gabriel Boric criticó sin tapujo las dictaduras de izquierda, pero recibió a cambio duras críticas de su sector. Y por fin vemos a un PPD sin complejos, reconociendo a Juan Guaidó como Presidente interino en Venezuela. Lo que ha ocurrido en Venezuela no puede dejar de conmovernos. Cerca de 2,3 millones de personas han huido de allí en los últimos años. Según las Naciones Unidas, este es el mayor movimiento migratorio en la historia reciente del continente latinoamericano. No soy especialista en política internacional, pero no hay que ser experto para darse cuenta la profunda crisis política, económica y social que vive ese país. Opresión, presos políticos, censura, miseria (82% de pobreza), éxodo, fraude electoral, concentración del poder, corrupción; y algunos siguen insistiendo que todo esto son fake news creadas por Estados Unidos. Han salido voces de izquierda a criticar el reconocimiento de Chile al Presidente Guaidó, temiendo por un enfrentamiento sanguinario. Al parecer se les olvida que las armas las tiene Maduro, que las utiliza para acallar al pueblo y que de haber sangre será la del pueblo venezolano en manos de Maduro y no al revés.

Me alegra que nuestro Presidente no haya dudado en defender la democracia en Venezuela y apoye con convicción el clamor de su pueblo reconociendo a la única institución democrática de Venezuela, su Parlamento. No deja de impresionar cómo el mundo se vuelve a dividir en dos bloques: Rusia y China, por una parte; Canadá, Estados Unidos y América del Sur, por otra. Una vez más, la Unión Europea toma palco. Dawkins ya nos explicó por qué. Pero esta nueva actitud de Chile, de ser consistente y guardando todas las proporciones, nos debería llevar a preguntarnos ¿qué vamos a hacer con China?

“AQUÍ NO HAY ISLAMOFOBIA”

Esta entrevista se realizó en una ubicación que, por razones de seguridad, debe permanecer en secreto. Así es la vida de Ayaan Hirsi Ali, quien por años ha vivido resguardada las 24 horas del día. ¿La razón? Está amenazada de muerte por sus críticas a los abusos y a la violencia en nombre del islam, y por proponer una profunda reforma a la religión. Es una sobreviviente, una activista y una intelectual dedicada a la defensa de los derechos humanos.

Ayaan nació en 1969 en Somalia, un país apenas conocido en Occidente por razones infames: la piratería, la pobreza, las enfermedades, la inestabilidad. Ayaan vivió —o sufrió— todo esto, así como ciertas prácticas de su cultura. A los cinco años fue sometida a la mutilación genital. En su adolescencia, su guía espiritual le partió el cráneo por cuestionar la religión. Apenas se convirtió en adulta, su familia intentó casarla con su primo, pero escapó a Holanda, donde primero se dedicó a traducir del somalí al holandés. Ahí estudió y se convirtió en parlamentaria. Uno de sus momentos más difíciles fue cuando mataron a su amigo Theo van Gogh por un documental titulado “Sumisión” (crítico de la religión), realizado en conjunto con ella.

Con estas experiencias, Ayaan se enfrenta, directa y sin tapujos, al abuso y a la influencia extremista musulmana en Occidente. Hoy se declara atea. Estudia la radicalización y sus motivaciones ideológico-religiosas. Su objetivo es, aunque suene ambicioso, promover una reforma del islam, así como ocurrió con el cristianismo siglos atrás.

—Muchos hemos escuchado sobre los crímenes de honor, la mutilación genital o los matrimonios forzados en sociedades musulmanas, pero algunas de estas prácticas existían antes de la era de Mahoma. ¿Es esto correcto?

— En efecto, todas existían antes de la llegada de Mahoma. Tenemos que fijarnos dónde nació el islam: en una región geográfica determinada. La tribu de los árabes no era pacífica; asaltaban a las esposas de los otros, asaltaban los camellos de otros; atacaban las plantaciones del resto. No había ninguna noción de derechos sobre la propiedad. Si te estabas quedando sin comida, pero tu clan era más fuerte, ibas y tomabas la del resto. Esa forma de vivir se convirtió en la base para la fundación de la religión. Porque cuando mandas como rey, la gente puede rebelarse, pero si hablas por Dios, es muy distinto. Creo que lo que diferencia a la filosofía musulmana del comunismo o el nazismo es que habla por Dios. Entonces, cuando los mullah (estudiosos de la religión, consejeros) se sientan a discutir en Irán, ellos hablan por Dios, y como mujer e individuo esto me aterra, porque cuando hablas por Dios tarde o temprano te conviertes en Dios, pues no se contradice tu voluntad.

—En tu libro, “Reformemos el Islam”, dices que el islam no es una religión de paz. Esta es una declaración muy controversial.

—El islam no es una religión de paz. La religión es producto de la cultura, no al revés. Te doy un ejemplo de esto. Ayaan explica que en el islam están prohibidas todas las representaciones de Mahoma, Dios y elementos sagrados. Así, las mezquitas están revestidas de patrones y mosaicos. El arte en general es haram, prohibido.

“Mahoma separó el arte de Dios. Entonces, cuando yo era niña jamás me enseñaron de música porque era producto de Satanás. Incluso mi mamá, que no sabía leer ni escribir, sabía que tener imágenes en la pared era malo. Pero la gente que es educada también se aferra a estas cosas. Si quieren llamarlo islamismo o radicalismo, perfecto. No me interesa cómo lo llamemos, pero lo cierto es que, desde un punto de vista filosófico, el islam responde distinto que el cristianismo a la modernidad. Le declaran la guerra a la modernidad y solo te quedan dos caminos: te conviertes al islam o estás muerto. Hemos visto una muestra de eso en ISIS”.

—Pero ¿porqué no todos los musulmanes actúan así?

—Porque son seres humanos. Y, como dije antes, el islam se fundó en una era y lugar determinados. Luego se difundió a todo el resto de los pueblos y todas esas culturas conservaron algo de su origen. Si vas a Indonesia, vas a practicar el islam de forma distinta a alguien de Malasia. Yo vengo del África subsahariana. Mi abuela aún le rezaba a sus ancestros y creía en la magia. Esto no es islámico. Pero, si los más puritanos le dijeran que eso está mal, el espíritu de mi abuela les respondería, “¡largo de aquí, creo en lo que quiera!”, —Ayaan ríe— Ella se consideraba la mejor musulmana del planeta.

—Algunos dicen que hay demasiada ignorancia en Occidente respecto del Islam, y que fallamos al intentar comprenderlo desde una perspectiva occidental. ¿Cómo se debe entender a las sociedades musulmanas?

—Quiero defender a Occidente. Una cosa que encuentro asombrosa de Occidente es que, cada mañana, admitimos que somos ignorantes. Admitir que no sé algo no es malo. Significa que puedo aprenderlo.

Una vez estuve en China y ordené algo en un restaurante. La camarera no entendió lo que le pedí, me sonrió y desapareció por 25 minutos. Llamé a un encargado y le pregunté: “mire, esto es lo que pedí hace 25 minutos”. Él llamó a la camarera y comenzó a gritarle frente a mí. Fue terrible. En esa cultura no se permite cometer errores. Entonces, es mejor pretender que aceptar que uno no sabe. Esto cierra la oportunidad de decir “aprendamos de nuestros errores”. Hay que defender la idea de que está bien no saber algo, errar.

Sin embargo, hoy soy crítica de Occidente y su falta de liderazgo. Por ejemplo, cuando ocurrió el atentado del 11 de septiembre de 2001, hubo que descubrir qué había pasado. Estados Unidos despertó y tuvo que percatarse de la idea del islam. Pero ahora que saben qué pasó, parece que decidieron ignorarlo. Ese es mi principal problema hoy con el Islam en Occidente. Y se nota en casos como el del periodista saudí, Khashoggi. Todos estos años la CIA ha estado reportando los miles de millones de dólares que Arabia Saudita ha invertido alrededor del mundo para incubar el islam político, para establecer madrasas o escuelas coránicas…

—Eso es parte de la dawa…

—Ayaan sonríe y asiente. Su último libro se llama The ChaIlenge of Dawa y fue publicado por Hoover Institution. El texto trata justamente de cómo algunas organizaciones han difundido y financiado la ideología del radicalismo islámico en el mundo, con el objetivo de destruir las instituciones de las sociedades libres e imponer la ley islámica.
Los saudíes establecieron una organización de centros islámicos. Han expandido la dawa y considero que la radicalización ideológica, tarde o temprano, lleva al terrorismo denominado “yihadista”, es decir, en nombre del islam. En el caso de Khashoggi, ¿sabes lo que ha desconcertado más al Congreso de Estados Unidos, lo que ha enfurecido más a la prensa? La muerte de este individuo que fue asesinado en la forma en que Arabia Saudita mata personas regularmente. El periodista no es una excepción, es lo que se acostumbra, y ahora pretendemos estar horrorizados. “¡Oh Dios, si el Príncipe hizo esto, es horrible!”. E incluso, hay una paradoja, porque, de hecho, el príncipe dice que es un innovador. Tiene esta visión de que para 2030 Arabia Saudita deje de invertir solo en petróleo y se enfoque en diversificar su economía, lo que va a quitarle fondos a los financistas del radicalismo. Pero, de repente, nos horrorizamos porque se asesinó a un saudí. Todo esto me molesta de Occidente. Queremos respuestas, pero cuando las tenemos y no nos gustan, decidimos fingir que no sabemos nada.

—Pero, ¿cuál es la diferencia entre creer en el peligro de la dawa, y estar en alerta con el terrorismo, y ser islamofóbicos? Porque muchos musulmanes acusan que en Occidente estamos generalizando y mezclando cosas y por eso le hacemos daño a la religión.

—Aquí no hay islamofobia porque la religión es una elección. Entonces, si yo elijo no creer en el islam y cuento mi historia, puedo ser islamofóbica de acuerdo a su definición. Mi crítica es que los musulmanes han acaparado la palabra islamofobia como si fuera lo mismo que el racismo, el antisemitismo o la homofobia. Si no te gustan la manera o el lugar en que alguien nació, si no te gustan los homosexuales, debes ser considerado homofóbico. Pero con el cristianismo, el islam, las ideologías, cuando se trata de ideas y de interpretaciones del mundo, es distinto. Yo nací negra y nací mujer. Son mis características biológicas. No podemos decir que el islam es una característica biológica porque entonces estamos tratando de confundir y manipular el lenguaje y a la gente. Si soy mujer y me dicen que use mi burka y me quede en mi casa y yo me niego y lo denuncio, ¿es eso islamofobia? Porque a mí me dicen islamofóbica por eso.

—Has dicho que, tal como el cristianismo se reformó en su momento, el islam necesita una reforma. Pero ya no formas parte de esa religión. ¿No te parece que la reforma debería venir desde adentro?

—Yo vengo de adentro, pero los miembros de la Hermandad Musulmana dicen que yo abandoné el islam, entonces estoy afuera y no puedo decir nada.

Claramente una reforma tiene que venir desde dentro, porque tienes que haber vivido el islam y visto qué ocurre en las comunidades. Pero también tiene que venir desde afuera, porque hay una ola migratoria que ha desplazado los límites que había. Entonces, si existe presión y contacto entre musulmanes y no musulmanes, aquellos que lo ven desde fuera tienen derecho a tomar interés en lo que está pasando. Y, volviendo a lo que te dije antes, en Occidente, una vez que entendemos algo, se lo cuestiona y critica. Creo que eso es lo que está pasando. Debemos mirar el centro de la religión y cuestionarlo para reformarlo. Para mí es una inversión en la humanidad, la capacidad de poder decir “si no criticamos estas cosas, vamos a permanecer congelados en el siglo séptimo”. Eso es lo que quiere el Estado Islámico, que aceptemos la lectura literal. Pero el problema es que aún lo vemos como algo religioso, cuando debemos entenderlo como algo ideológico. En la Guerra Fría, Occidente ganó con hechos, con el sistema. Y aún se ven los ejemplos: miremos a Corea del Norte y Corea del Sur.

Invitada por la plataforma Otra Mirada, Hirsi Ali, elegida como una de las 100 personas más influyentes del mundo, según la revista Time, estuvo en Chile recientemente, instancia donde se reunió con jóvenes chilenos, ejecutivos de la ONG, además de participar de una gran y emocionante conferencia en CasaPiedra. C




Ayaan, Sandra y todas nosotras

Ayaan tiene 49 años y nació en Somalia en el seno de una familia islámica ortodoxa. A los 5 años fue víctima de ablación, la mutilación de sus genitales, como les ocurre a la mayoría de las mujeres musulmanas. A los 22, sus padres la casaron con un primo a quien no conocía. Cuando estaba en ruta para encontrarse con él en Canadá, voló a Holanda y pidió asilo político. Se cambió el nombre a Ayaan Hirsi Ali, y también su fecha de nacimiento, para que su familia no la encontrara.

Al principio tuvo varios trabajos mal pagados, hasta que logró un trabajo de traductora. Al tiempo que ejercía esta labor, trabajaba en servicios sociales relacionados con mujeres emigrantes musulmanas y estudiaba Ciencias Políticas. En el año 2004, junto al cineasta Theo van Gogh, produjo un documental que muestra el islamismo como una religión que abusa, maltrata, y tiraniza a sus mujeres. Pocas semanas después que el documental apareciera en la TV holandesa, Van Gogh fue apuñalado hasta la muerte. En su cuerpo estaba clavada una carta que anunciaba la muerte de Ayaan. Por mucho tiempo Ayaan tuvo que vivir oculta. Hoy reside en EE.UU. y, a través de la fundación que lleva su nombre, defiende los derechos de las mujeres islámicas.

Sandra tiene 34 años y nació en las laderas de Medellín en el seno de una familia arrasada por los carteles y la droga. Cuando tenía 14 años, su hermano mayor fue asesinado. Un enfrentamiento de carteles que se llevó a seis víctimas inocentes. A los 16, Sandra partió a Bogotá a casa de un tío. Durante 6 años el tío la abusó sexualmente y la explotó en el pequeño almacén que manejaba en el barrio Libertadores. En tanto, Sandra asistía a un curso nocturno de costurera. Tenía que aprender algo que algún día la sacara de ese martirio. A los 22 huyó, iniciando un largo periplo que la trajo hasta Chile. El último trayecto lo hizo en el interior del maletero de un taxi que cruzó a Arica por Tacna. Estaba ilegal y estaba sola. En sus bolsillos llevaba sus hilos, agujas y un metro.

Hoy Sandra es ciudadana chilena, (después de haber vuelto a cruzar la frontera ilegalmente, y volver a entrar por la puerta ancha) trabaja como costurera, está casada con José, un carpintero, y ha ayudado a salir de Medellín y la miseria, a cuatro mujeres del barrio donde vivía. Hoy ellas se han unido y siguen reuniendo pesitos para traer a otras amigas que, como ellas, han sido abusadas y explotadas. No es difícil hallar los paralelos entre Ayaan y Sandra.

A pesar de que Ayaan vive en EE.UU., viste elegantemente, es protegida por un grupo de guardaespaldas y está casada con un famoso historiador británico, y Sandra vive en La Granja y todos los días toma el Transantiago a las seis de la mañana para trabajar en una tintorería donde hace arreglos. Ambas mujeres provenientes de culturas tan disímiles escaparon de su destino y se forjaron otro, ambas mujeres una vez que alcanzaron su libertad, abogaron por las otras, las que aún permanecen presas en culturas y medios que las explota y abusa. Ambas tienen una voluntad a prueba de todo.

 

Ayaan Hirsi Ali: “Sobreviví a la miseria de la dependencia”

La Tercera

Voz crítica del islam, esta activista somalí dio una conferencia ayer en Casa Piedra, invitada por La Otra Mirada.
“Infiel, nómada y hereje”. Con ese provocador concepto se autodefine la activista somalí Ayaan Hirsi Ali, quien dio una conferencia ayer en Casa Piedra, para abordar el radicalismo islámico, la defensa de los derechos de las mujeres en sociedades musulmanas y su propia historia de vida.

Invitada por La Otra Mirada, plataforma que busca incentivar la reflexión y el debate sobre diferentes temas en el país, Ayaan Hirsi Ali, de 49 años, presentó un enfoque crítico respecto de los dogmas del islam y el sometimiento de las mujeres, además de las restricciones que sufren a diario.

Nacida en Somalia en1969, vivió en Arabia Saudita, Etiopía y Kenia, hasta que huyó de su familia y se refugió en Holanda. “Después de lo que yo sobreviví, creo que es mi deber hablar contra el sistema de creencia, las costumbres y las prácticas que hasta el día de hoy le roban a las niñas sus derechos, su libertad y su dignidad”, dijo al referirse a prácticas como la mutilación genital femenina, la violencia doméstica y matrimonios forzados, que incluyen a menores de edad.

A los cinco años sufrió una ablación y en 1992 un matrimonio forzado con un familiar. Esto último la impulsó a optar por una nueva vida, pese a las amenazas de muerte que ha sufrido desde entonces.

“Yo fui testigo y sobreviví a la miseria de la dependencia, de depender de otros. (Lo que hice fue) por mi existencia y mi subsistencia”, recalcó Ayaan, vestida con un traje con motivos morados y negros.

Ya en Holanda, pudo estudiar ciencias políticas y desde entonces ha escrito varios artículos muy críticos sobre el islam. Por las amenazas que recibe constantemente debe estar protegida. “Como joven tuve que observar una realidad muy dolorosa. Los versos del Corán están mal interpretados por los hombres, que cambian las leyes”, planteó.

Ayaan Hirsi Ali dijo también que “tengo que hablar de las leyes y malas prácticas que se realizan, en esta ley islámica. Esa es la ley que los hombres musulmanes respetan, que usan la fuerza contra las mujeres”. Sin embargo, aclaró que “no todos los musulmanes hacen eso. Creo que la gran mayoría de los musulmanes prefiere la parte espiritual del islam. El problema es que esos musulmanes no retan a aquellos que cometen estos delitos” .

Ayaan Hirsi Ali: “Es mi deber hablar sobre las creencias que continúan robándole la libertad a las niñas”

emol
La activista internacional advirtió acerca del terror que musulmanes extremistas están implantando en las sociedades a través del adoctrinamiento.

15 de Enero de 2019 | 23:48 | Redactado por Fernanda Fiamengo, Emol

SANTIAGO.- “Infiel. Nómada. Hereje”, así es el título con el que se presentó esta tarde en Casa Piedra Ayaan Hirsi Ali, activista internacional por los derechos humanos y una de las voces más fuertes en contra del radicalismo islámico.

En el marco de la décima conferencia que organiza La Otra Mirada, la activista advirtió sobre el avance y el terror que los musulmanes extremistas están implantando en las sociedades mediante la violencia y el adoctrinamiento. “Después de todo lo que viví, es mi deber hablar sobre el sistema de creencias que continúa robándole la libertad y la dignidad a las niñas. No es solo la mutilación genital, sino la violencia doméstica que se realiza en nombre del honor”, comentó Ayaan Hirsi en la actividad. NOTICIA RELACIONADA Ayaan Hirsi Ali: “Emancipar a las mujeres es la mejor manera de terminar con el islamismo radical” 127 Asimismo, señaló que el ala más extrema del islam es el responsable de amenazar las libertades de los musulmanes e hizo un llamado a levantarse y a “enfrentarse a los musulmanes de Medina”, que son quienes usan un “lavado de cerebro radical”. También habló sobre la amenaza que representan estas posiciones y acerca del rol que tiene Occidente, que según ella no le da la importancia necesaria y tolera estas ideologías. “Sus objetivos son tan totalitarios como los comunismos y los fascismos del pasado, pero gozan de mucho mayor protección, porque parecen estar comprometidos con actividades religiosas”, aseguró. La activista ha dedicado gran parte de su vida a cuestionar la sumisión y la violencia que existe dentro de las sociedades musulmanas. La revista Times la catalogó como una de las personas más influyentes. El presidente de La Otra Mirada, Nicolás Ibáñez, comentó en la conferencia que “ella se inscribe en una corriente crítica y muy valiente, que está remeciendo a las sociedades musulmanas y también las occidentales. Es la fuerza que está abogando por cambios, que está luchando por las libertades”. “Es mi deber hablar sobre el sistema de creencias que continúa robándole la libertad y la dignidad a las niñas” Ayaan Hirsi Ali Ayaan Hirsi Ali nació en Somalia el año 1969 y es hija de un ex opositor político a la dictadura de aquella época, por esta razón salieron al exilio, primero en Arabia Saudita, luego en Etiopía y Kenia. En su niñez sufrió de mutilación genital.En 1992 escapó de su hogar a Holanda, cuando su padre la casó con su primo, ahí recibió asilo y logró estudiar en la Universidad de Leiden. En el país europeo llegó a ser diputada. Cuando fue amenazada de muerte se fue a Estados Unidos. En 2007, fundó la Fundación AHA para proteger y defender los derechos de mujeres en Estados Unidos de prácticas tradicionales nocivas. Actualmente es miembro del proyecto “Futuro de la Diplomacia” en el Centro Belfer para la Ciencia y Asuntos Internacionales.

Fuente: Emol.com – https://www.emol.com/noticias/Internacional/2019/01/15/934470/Ayaan-Hirsi-Ali-Es-mi-deber-hablar-sobre-las-creencias-que-continuan-robandole-la-libertad-a-las-ninas.html

La historia de la somalí que le torció la mano al destino

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Fue diputada en Holanda y ha escrito ensayos para reflexionar en torno a la tradición musulmana.
La vida de la escritora somalí Ayaan Hirsi Ali (49 años) ha sido intensa y subversiva. Sus vivencias son ejemplo de alguien que estuvo sometida al dogmatismo y la opresión de su país, pero que buscó la libertad para hacer de su propia vida una obra única. Para ilustrar esto, ella dice: ‘No quería llevar la misma vida que mi madre. 


Sufrió mucho como mujer, ella estaba llena de ira y de rabia. Yo sabía que si tomaba ese avión rumbo a Canadá para casarme con el hombre que yo no escogí, no iba a tener vuelta atrás. Conocía la tradición y las consecuencias que eso tenía. Decidí, en cambio, seguir el camino del misterio. Me quedé en Holanda y comenzó una nueva vida. El avión se fue y ahora estoy sentada aquí, algo que nunca esperé’. 


Los aplausos se escucharon. Hirsi Ali expuso una charla llamada ‘Infiel. Nómada. Hereje’ en Casa Piedra, Vitacura, invitada por la fundación ‘La otra mirada’ para reflexionar en torno a las libertades de los individuos. La somalí, cuando tenía 22 años, debía casarse en Canadá con el hombre que eligió su padre, por tradición musulmana, pero ella se opuso. 


No tomó el avión que partía desde Holanda hacia Canadá. ‘Para sobrevivir en Holanda limpié baños donde fuera, me parecía un trabajo más digno y que me daba mayor autonomía que estando en Somalia siguiendo las tradiciones de mi país’, señaló. En Somalia cuando era apenas una niña fue sometida a la extirpación de lo órganos genitales. ‘No hay nada excepcional en eso, son millones de mujeres en África que sufren abusos de este tipo por tradición’, añadió. 


Hirsi Ali contó que mientras estaba en Holanda utilizaba el burka, vestimenta musulmana que le tapaba todo el cuerpo, incluso la cara. ‘Pero cuando llegó el verano, vi a las mujeres mostrando la piel, en short, al igual que los hombres. Aprecié cómo los hombres podían comportarse de manera civilizada ante esta supuesta provocación de las mujeres que vestían con poca ropa. 


Me enseñaron en el islam que debíamos taparnos entera para no provocar a los hombres’, comentó. Poco a poco, al observar cambios culturales de este tipo, Hirsi Ali se fue desprendiendo del islam. Ingresó a estudiar ciencias políticas en la Universidad de Leiden. ‘Para comprender las costumbres de occidente, el pacifismo en Holanda y el desapego por las religiones’, dijo. 


Hubo un hecho histórico que la marcó y que derivó en su actual oposición al fanatismo islámico: el bombardeo a las Torres Gemelas. ‘Cuando ocurrió el atentado y Al Qaeda se adjudicó el ataque, tomé el Corán y comprobé que las mismas enseñanzas que tuve, las utilizaba Bin Laden como referencia para justificar su acto. 


El islam no es más que eso, incitación al odio hacia el cristiano, hacia al judio y hacia el homosexual. Basta de eso’, agregó. En 2003 fue elegida diputada en Holanda por el Partido Popular por la Libertad y la Democracia. También se ha dedicado a escribir ensayos planteando este tipo de problemáticas como ‘Heretic’ y ‘The Challenge of Dawa: Political Islam as Ideology and Movement and How to Counter It’, entre otros trabajos. 


En La Moneda 


Este martes en la mañana, en el Salón Montt Varas de La Moneda, la Primera Dama Cecilia Morel recibió a la escritora somalí. ‘Tu presencia en Chile nos honra por ser un testimonio de valentía y tenacidad que debe inspirarnos a todos para seguir luchando por nuestros ideales’, le dijo la Primera Dama a la ex diputada de Holanda, mientras que Hirsi Ali agradeció a Nicolás Ibáñez, quien se encontraba entre el público, por invitarla a Chile a través de la fundación ‘La Otra Mirada’. ‘Como mujeres estamos llamadas a ser solidarias con aquellas que aún viven en lugares donde no existen las libertades básicas’, añadió Morel.


Reformistas y disidentes virales

Rafael Rincón-Urdaneta Zerpa

Director de Estrategia de FPP

fuente: latercera.com

Cuando vi a mis contactos activistas —Maajid Nawaz, Ensaf Haidar, Yasmin Mohammed y otros— mover el hashtag #SaveRahaf, supe que algo grande acontecía. En efecto, se estaba viralizando la situación de una joven saudí de 18 años, Rahaf Mohammed al-Qunun, que escapó de su país y de su familia. Terminó en el aeropuerto de Bangkok, Tailandia, atrincherada en una habitación de hotel y tuiteando desesperada hasta levantar una gran ola de solidaridad y auxilio en redes sociales.

Rahaf pedía protección, la presencia de Naciones Unidas y no ser deportada. Temía la muerte. Había abandonado la religión —el islam— y huido de los maltratos y amenazas de su hogar. La noticia sigue en desarrollo, pero se sabe que Rahaf está a salvo.

Hoy, casi cualquier cosa se viraliza. Un chiste, un escándalo, una causa. Lo relevante del caso de Rahaf no es solo la sensibilidad de quienes la ayudaron con sus tuits, sino algo más profundo. Ayaan Hirsi Ali, la intelectual y activista que visita Chile, y que se ha atrevido a proponer una reforma del islam, escribió en su libro Heretic que Internet podría significar para el mundo musulmán en el siglo XXI lo que fue la imprenta para el cristianismo siglos atrás: un medio decisivo para propagar información.

Conociendo muy de cerca los mundos árabe y musulmán, nunca había visto tanta osadía masiva, hoy digital, para desafiar a la religión y a sus devotos más duros, menos cuando puede ser fatal. Hoy hay blogueros liberales como el saudí Raif Badawi, ahora en prisión y condenado a mil azotes. Su esposa, Ensaf Haidar —@miss9afi en Twitter—, y sus hijos están en Canadá haciendo campaña por Raif, con el respaldo de organizaciones como Amnistía Internacional, además de miles de seguidores, activistas y figuras públicas. Una es particularmente interesante: Imam Tawhidi o @ImamOfPeace, un clérigo musulmán nacido Qom, Irán. Vive en Australia y enfrenta el radicalismo, el terrorismo y los abusos con un coraje excepcional. Es una estrella de las redes sociales, con fans musulmanes, ateos, cristianos, judíos y de otras identidades. En un popular tuit escribió: “Tu religión no es una constitución para el resto de la humanidad”.

El fenómeno lleva un tiempo. Por ejemplo, una iniciativa célebre fue Women2Drive (2011), famosa por el video de Manal al-Sharif al volante en Arabia Saudita. Terminó en prisión. E Irán arde viralmente. En 2014 se diparó #MyStealthyFreedom con Masih Alinejad, una iraní de voluminosos rizos. ¿Cómo empezó? Con la imagen de una mujer conduciendo y disfrutando de algo tan “normal” como sentir el viento en el cabello, sin el hijab, el pañuelo de rigor. Los hashtags #NoHijabDay y #FreeFromHijab también circulan profusamente. Asimismo, el arresto de Maedeh Hojabri en 2018, por publicar videos en Instagram bailando música iraní y pop occidental, desató a miles más compartiendo sus bailes para apoyarla. Suma y sigue…

Activistas e intelectuales públicos, musulmanes, ex musulmanes o conversos, están muy presentes en redes sociales y plataformas, como Amazon, YouTube o TED. Uno es el británico de origen pakistaní Maajid Nawaz, ex islamista radical que hoy combate lo que él mismo fue. Ayaan Hirsi Ali pide ayudarlos, como reformistas y disidentes, a que sus voces sean más escuchadas.

Pero los enemigos también juegan, incluidos los extremistas. En Internet propagan sus mensajes y hasta llaman a la violencia y el terrorismo. El propio Estado Islámico desarrolló  un sofisticado aparato de cyberyihad.

Podría decirse que Internet, más que la imprenta de siglos atrás, ya es un campo de batalla online… con enormes efectos y consecuencias offline.

LA AGITADA AGENDA EN SANTIAGO DE LA ACTIVISTA CONTRA EL RADICALISMO ISLÁMICO AYAAN HIRSI ALI

La influyente mujer que escapó de la facción más conservadora del Islam se encuentra en Chile compartiendo su biografía de “infiel, nómada y hereje”, en donde advierte sobre el rol de la mujer en un mundo donde el fanatismo se ha amparado en un concepto erróneo de la fe, aclara.

La biografía extensa de la activista somalí-neerlandesa-estadounidense Ayaan Hirsi Ali, indica que le mutilaron sus genitales a los 5 años (como práctica común del Islam), fue instruida en el Corán a golpes, fue forzada a casarse con un pariente canadiense al que jamás había visto y en ese viaje de primera cita, escapó en una de las escalas para pedir asilo en Holanda.

Como refugiada, logró estudiar ciencias políticas, llegó a ser diputada, filmó el documental “Submission” (2004) que le costó la vida al cineasta Theo van Gogh, asesinado por los radicales. Desde entonces, la influyente figura que aboga por los derechos humanos, el feminismo y que cuestiona el radicalismo islámico, vive amenazada de muerte y rodeada de guardaespaldas.

La biografía breve de Hirsi Ali, la define como una infiel, nómada y hereje que en su diáspora, llegó a Chile para dictar tres conferencias sobre la violencia en la sociedad musulmana y su experiencia como activista en defensa de la libertad.

Invitada por la Otra Mirada, Hirsi Ali, una de las 100 personas más influyentes del mundo, según la revista Time, mantuvo una reunión con jóvenes chilenos y un almuerzo con los ejecutivos de la ONG, previo a su conferencia en Casa Piedra la tarde de este martes, en donde advierte sobre el rol de la mujer en el freno ante el fanatismo de grupos extremistas amparados en un concepto erróneo de la fe, aclara.

“Yo distingo entre el islam como doctrina y los musulmanes como personas. No todos los que siguen al Corán son extremistas”, reitera en cada oportunidad esta académica de la Universidad de Harvard.

Asegura también que la clave del entendimiento con la fe y los fieles es la interpretación del Corán que, para algunos grupos, resulta funcional en cuanto su literalidad.

“Existen corrientes reformistas y eso es algo de lo que me he dado cuenta. Que hay musulmanes que se atreven a decir públicamente que no hay que tomar el Corán literal, sino que poner sus palabras escritas en contexto”, dijo en la primera de sus citas en Chile. Tomó el ejemplo de la reforma luterana que le dio un nuevo giro a las sagradas escrituras en Occidente.

“Sin una interpretación inflexible, se puede empezar a permear el pensamiento crítico del Islam. Esto es lo único que lleva a la libertad. No hay que enseñar qué pensar, sino cómo pensar”, explica.

Un primer paso que puede generar grandes cambios, cree. Cita los avances que permiten a la mujer obtener licencia de conducir en Arabia Saudita, por ejemplo. “La mujer musulmana puede aspirar a ser igual al hombre y ahí vendrá el verdadero cambio. Emancipar a las mujeres es la mejor manera de terminar con el islamismo radical”, aseguró.

PÉRDIDA DE DERECHOS
Esa misma tarde, en el encuentro con la juventud, la Ayaan Hirsi, repasó la manera en que la mujer musulmana pierde sus derechos en nombre del Islam desarrollándose un círculo vicioso en el que esas madres “crían hijos ignorantes que ven el maltrato hacia sus madres y crecen pensando que la violencia hacia la mujer es una manera usual de comportarse en la sociedad”, plantea.

En tal sentido, Ayaan Hirsi cree que para los musulmanes extremistas, la cultura del Islam es incompatible con la vida en Occidente. “Hay una gran incomprensión del Islam en el mundo occidental. Y ello es un reflejo de un problema grave en la educación de Occidente. Y es la incapacidad de discutir los temas. Estamos atrapados en lo políticamente correcto, que para mí es la mejor definición de la ignorancia y comodidad”, ha dicho sobre esta brecha que entiende la diferencia cultural como una carta blanca que, en nombre de la libertad de culto, ha tolerado diversos actos de crueldad.

“Ayaan, ¿qué le diría a las mujeres musulmanas?”, le preguntan al cierre de su encuentro con la juventud chilena: “Que si tienes libertad, tienes opciones, y si tienes opciones tienes responsabilidades. Si quieres tener control sobre tu vida, debes saber que las opciones implican responsabilidades”, remarca la activista al final de un día agitado en Santiago.