Leonidas Montes: “Ferguson y Chile”

Esta columna no trata de lo que sucedió en Ferguson, Missouri, sino del historiador que nos visita. Niall Ferguson tiene sólo 50 años. Nació en Glasgow, Escocia. Quizá de ahí viene su pasión por las ideas liberales. Hace unos 250 años, otro escocés, Adam Smith, era profesor de Filosofía Moral en la Universidad de Glasgow.

Como académico, Ferguson es muy productivo. Y también provocativo al defender el verdadero liberalismo. Aunque ya nos adelantó algunas ideas, será interesante escuchar lo que dirá acerca de Chile. Descubrirá que en educación estamos por el Estado y la gratuidad. Y como hasta el ministro Eyzaguirrre se ha convertido al creacionismo, vamos por el “no a la selección”. Porque en Chile el lucro se ha demonizado. Y la selección es el mal de algunos pecadores darwinistas.

Ferguson ya se refirió a los cambios de Constitución como “un vicio latinoamericano que hace de la Constitución un fútbol político”. Bueno, en Chile estamos en la pichanga para el próximo mundial. Le dirán que nuestra Constitución, pese a los cambios, tiene el pecado de origen. Un reciente estudio muestra que el 56% de las constituciones del mundo vienen de gobiernos autoritarios. Pero eso no importa. Son cosas del fútbol.

Se sorprenderá de que en Chile ya se creó una AFP estatal. Estará de acuerdo con el experto de la OCDE quien declaró que no lo entendía, agregando “si ya hay un mecanismo que funciona y el resto del mundo le gusta, ¿no será mejor andar por ese camino?”.

En Latinoamérica, dice Ferguson, hay tres izquierdas: la buena, la mala y la fea. En la fea, están Venezuela, Ecuador y Argentina donde las consecuencias del populismo están a la vista. La mala está en Brasil que, anclado a su estatismo, no crece. Y en la izquierda buena, estaría Chile y los países que nos han imitado y crecido, como Perú. Pero en Chile, en vez de mirar al Pacífico, estamos coqueteando con la Señora K y pidiendo excusas por no solidarizar en la guerra de las Malvinas, cuando la verdad es que nos salvaron el pellejo.

Y en el debate acerca de la desigualdad, Ferguson se sorprenderá. Guido Girardi acaba de declarar que Chile “es el país más desigual del planeta”. El historiador se preguntará qué cifras o índice Gini maneja el senador Girardi. Porque una cosa es tener un problema de desigualdad. Otra muy distinta es que seamos el país más “desigual del planeta”. Posiblemente, se preguntará en qué planeta vive el senador. Y la respuesta la conocemos: vive en el planeta Girardi, ese de la izquierda fea y populista.

En medio de tanta confusión y populismo, Ferguson viene a entregarnos una refrescante dosis de liberalismo. Qué falta le hace a Chile.

Autor: Leonidas Montes

Fuente: CEP (Centro de estudios Públicos)

Niall Ferguson: “La desigualdad no es una barrera para el desarrollo económico”

Es uno de los más destacados historiadores contemporáneos y uno de los hombres más influyentes del mundo, según revista Time. Profesor de Harvard, cercano a David Cameron y fiel defensor del libre mercado, visita nuestro país invitado por la Universidad Adolfo Ibáñez. En esta entrevista repasa los sistemas de educación, la desigualdad y el rol del Estado, y temas internacionales como el conflicto entre Rusia y Ucrania, ISIS y una posible Guerra Mundial.

Sabes algo de la discusión de la educación, ¿verdad?
Sé un poco, pero creo que es importante reconocer que alguien que acaba de llegar de Boston y visita por segunda vez Chile, es probablemente el menos experto en la reforma de educación chilena en todo Santiago, así que puedes preguntarme sobre eso, pero también puedes preguntarle al taxista y probablemente sabría más.

Probablemente estás aquí por esa razón. Porque la gente de derecha está muy interesada en encontrar buenas razones para defender el sistema educacional. Y nuestra educación en este momento tiene algunas características particulares: los ricos están con los ricos, los pobres con los pobres y la clase media con la clase media. Mi primera pregunta es esa, ¿qué piensas de este sistema? Porque este es el principio de la desigualdad en este país.
Bueno, como dije, no voy a responder esta pregunta como si fuera un experto en el sistema de educación chileno. Creo que no hay nada más desagradable que un profesor de Harvard que se aparece en un país y pretende ser un experto en los problemas de ese país. Te hablaré en un nivel general de las reformas educativas en el mundo y tú puedes sacar tus propias conclusiones en lo que respecta a Chile. Alrededor del mundo hay consenso de que tener un sistema mixto y dinámico entre privado y público funciona mejor que un sistema monopólico estatal. Y esto es interesante, porque pareciera que aumentar los servicios entregados por privados incrementa los estándares en países que antes tenían monopolios estatales.

¿Por ejemplo?
Por ejemplo en Holanda. La tendencia en el mundo es aumentar la competencia. No muchos países en estos días tienen un monopolio estricto. No me sorprende que sea así porque vemos en el sistema superior de universidades de Estados Unidos que la competencia sí parece subir los estándares, centros privados que son de excelencia. Si Berkley no tuviera permitido competir con Harvard, ¿sería Berkley una universidad tan buena? Tal vez. Tal vez no. Creo en la idea de una economía mixta. Y debería haber diversidad de proveedores, no monopolio.

¿Crees que es lo mismo en las universidades que en los colegios?
Es comparable, claramente. Si tuvieras un sistema universitario monopolizado por el Estado, ¿sería bueno? Puedo decirte que la respuesta es no, porque es mayoritariamente lo que tienen en Europa y a los europeos les va mal en el ránking de las 100 mejores universidades del mundo. Así que hay otros dos problemas que mencionas. Uno es cuál es la relación entre la educación y la desigualdad. Tú dijiste que es el origen de la desigualdad, pero estás equivocado.

¿Por qué?
Porque claramente lo único que está haciendo el sistema educacional en tu país es reflejar la desigualdad. Y es un error común que comete la gente: pensar que pueden resolver los problemas de desigualdad a través del sistema de educación. Creo que eso no es correcto. Las causas de la desigualdad son complejas y hay al menos una cosa que realmente no funciona, y eso es intentar desplazar o incluso abolir las escuelas privadas, e imponer un sistema universal estandarizado. Mi visión es que si estás preocupado por la desigualdad, es mucho mejor enfrentar ese problema aumentando las oportunidades para que los niños inteligentes en los barrios pobres vayan a buenas escuelas, que nivelar hacia abajo al dificultar que los niños inteligentes, o incluso los mediocres en los vecindarios ricos vayan a buenas escuelas. Mi solución al problema es: haz en las buenas escuelas, 10% e incluso 20% de becas. El ideal debería ser que entre el 10% y el 20% de los estudiantes de colegios privados sean de familias pobres. Sin pagar un peso. Y de esa forma los centros de excelencia se convierten en canales para la movilidad social y no en bastiones de privilegio. Esa ha sido mi posición también en la educación en el Reino Unido.

¿En qué casos prefieres intervención estatal en la economía?
Cuando has sido invadido por otro estado realmente funciona.

Porque eres un liberal, crees en el mercado, corrígeme si me equivoco, pero ¿en qué áreas o espacios crees que el estado es muy importante y no puedes reemplazarlo por el mercado?
Bueno, es bastante obvio que sería una mala idea privatizar el sistema de justicia. Es obvio que si privatizas el Ejército sería una mala idea, es obvio que si no tuvieras ninguna escuela pública, que si la educación fuera sólo privada, sería una mala idea. Es imposible encontrar cualquier sociedad en la historia que haya sido puramente una sociedad de mercado. Adam Smith integró el estado en la sociedad civil. No pueden funcionar a menos que ambas cosas sean muy fuertes. Así que se convierte en un tema de decisión política. Algunos países son como Finlandia, donde no hay muchas cosas que no sean provistas por el Estado y no les molesta pagar impuestos muy altos por eso. Y como es una sociedad hegemónica con muy poca corrupción, funciona. Si tomas esas instituciones finlandesas y las pruebas en Argentina, no estoy seguro de que lograrías mucho.

¿Cuál es la diferencia?
Hay una diferencia cultural, política, histórica. La realidad es que la elección de lo que se provee de forma pública y privada es construida históricamente. Y a veces incluso es accidental, y luego se hace habitual, y después se convierte en algo casi sagrado. En Gran Bretaña hay un sistema de salud socialista que es financiado con nuestros impuestos y es gratis. Creo que es un sistema ineficiente en muchos aspectos y la calidad del sistema de salud es normalmente baja. Precisamente porque está financiado centralmente. Pero el público británico está profundamente convencido de que este es un sistema moralmente superior al sistema americano. Si a mi esposa le diagnosticaran cáncer de mamas, preferiría mucho más estar en Estados Unidos que en el Reino Unido. Porque en el Reino Unido, como le pasó a una buena amiga mía el año pasado, le pueden decir que espere por dos o tres meses antes de operarla. Así que los monopolios de Estado, me parece, tienen algunos usos legítimos: proveer un sistema de justicia, la defensa del país y el orden público. Una vez que se empiezan a aplicar de forma más general, tienden a ser ineficientes en proveer bienes al público. Eso es lo que descubrió el sistema soviético, que casi en todos los casos los monopolios de Estado se convirtieron en oportunidades para corrupción e ineficiencia. Creo que la lección de la historia, más allá de la teoría económica, es que uno no debe crear muchos monopolios de Estado. En la medida de lo posible, la ropa que usamos, los zapatos, deben ser entregados por el mercado. Viví en países donde eran provistos por el Estado. Apestaba.

Pero nadie cree en eso ahora.
Claro, pero lo creían. Podríamos haber tenido esta conversación en 1970 y tú me estarías diciendo que era un escándalo que yo pudiera comprarme este traje y que tú sólo pudieras costear jeans y que todos deberíamos usar pijama. Así que finalmente tenemos que reconocer que este límite es una especie de decisión política que hacemos como sociedad, pero no quieres poner el límite donde lo pone Corea del Norte.

¿Qué opinas de la intervención directa del Estado en el mercado? Me refiero por ejemplo si crees que el Estado debería intervenir para que las mujeres tengan trabajos de mejor calidad, con las leyes de cuotas.
Creo que históricamente las intervenciones de ese tipo a veces han tenido resultados positivos. Los esfuerzos por aumentar la representación de los afroamericanos en instituciones educativas y en toda la vida laboral en los Estados Unidos, fueron una parte extremadamente importante en derrocar los prejuicios raciales. No sé si las cuotas para miembros del parlamento o para las direcciones de las empresas son necesariamente el camino correcto en el caso de los derechos de las mujeres.

¿Por qué no?
Porque creo que hay batallas más importantes que luchar por los derechos de la mujer. Me encantaría que estuvieras en el directorio de una empresa, o que te convirtieras en un miembro del Parlamento. Pero estoy más preocupado por las mujeres en otros países a las que se les niegan derechos mucho más básicos que esos. A quienes se les niega la libertad de decidir con quién se casan o son amenazadas con violencia. No creo que el desafío real del feminismo esté en los salones de conferencia o en los parlamentos del mundo desarrollado. El verdadero desafío para las mujeres está especialmente en el mundo musulmán, donde los derechos de las mujeres están retrocediendo. También pienso que como somos y hemos sido tan exitosos en derrotar las barreras para las mujeres en la educación y porque creo que hemos derrotado en gran medida el sexismo en nuestra vida pública en Europa, en Norteamérica y me parece también que en Chile, estos problemas de falta de representatividad en política y en los negocios están siendo resueltos gradualmente. Y en 10 o 20 años más, creo que los porcentajes de mujeres en política y en los directorios empresariales serán más altos en la mayoría de los países de occidente sin que tengamos que hacer mucho. Si educas a hombres y mujeres por igual, si realmente eres -como creo que lo somos- hostiles al sexismo en la vida pública, entonces muy pronto tendremos más y más líderes mujeres. Cuando Margaret Thatcher llegó a ser Primer Ministro fue completamente asombroso. Creo que ha cambiado y seguirá cambiando. No creo que tengamos que demandar cuotas en los directorios ni en el Parlamento.

¿Es posible tener un desarrollo económico de largo plazo, sostenible y sólido con grandes niveles de desigualdad?
Sí. Definitivamente. Siguiente pregunta.

Jajaja
¿No lo crees? Está comprobado. La Revolución Industrial sucedió en una de las sociedades más desiguales que puedas imaginar. Ese era el Gran Bretaña del siglo XVIII, donde casi toda la tierra era propiedad de una pequeña proporción de la población y había educación mínima. Si hubiésemos tenido un coeficiente Gini para el Gran Bretaña del siglo XVIII habría sido muchísimo más alto que el de Chile, y la misma sociedad produjo las innovaciones más importantes que transformaron nuestra economía. Es claro que la desigualdad, y esto no es un juicio de valor, pero es absolutamente claro que la desigualdad no es una barrera para el desarrollo económico.

¿Y nunca hay un momento en que llegue la revolución? ¿Llega cuando hay una explosión de desigualdad o cuando la gente quiere más?
La evidencia histórica es que la desigualdad no causa revoluciones. Pareciera que debería, porque todos hemos sido expuestos, hasta cierto punto, a Marx. Él dice que en el capitalismo la desigualdad crece y la concentración de los medios de producción en las manos de unos pocos ¡finalmente produce esta explosión llamada revolución! Y esa es una idea atractiva, pero no pasa realmente. La revolución no ocurrió bajo esas circunstancias y en los lugares que Marx predijo. Pasó en países relativamente atrasados donde la Revolución Industrial había sucedido a medias, o en lugares donde ni siquiera había sucedido, como China. Tocqueville escribe uno de los grandes libros de la Revolución Francesa y tiene una gran percepción de la víspera de la revolución en 1789. Francia era una sociedad relativamente igualitaria.

Toqueville dice eso.
También tiene una perspectiva de la revolución sobre el aumento de las expectativas. Y esa es una teoría mucho más plausible: que es realmente cuando ha habido avances significativos en la calidad de vida, quizás incluso reducción en la desigualdad, que la gente llega a esperar más de lo que el sistema político le ha entregado. Lo otro que causa revoluciones, y es quizás mucho más importante que cualquier otra cosa que esté sucediendo, es la corrupción y la decadencia de un sistema político pre-revolución.

¿Y no hay una relación entre desigualdad y corrupción y decadencia?
No realmente. Creo que las razones por las que colapsan los regímenes tienen que ver con las estructuras políticas de esos mismos.

Es que pienso que si nunca mueves o cambias a la clase alta, tal vez las posibilidades de decadencia son más altas.
Tal vez, pero tal vez no. Volvamos a donde comenzamos. Hay muchos ejemplos de sociedades desiguales que son dinámicas y que no sucumben a la revolución a pesar de ser desiguales. Incluso pueden tener elites políticas relativamente corruptas. Los gobiernos de la elite política de finales del siglo XVII eran inmensamente corruptos para nuestros estándares, pero creo que estamos cometiendo un error en la forma en que pensamos la revolución como un mecanismo que se levanta de una tensión social explosiva e insostenible. No creo que esa sea la naturaleza de la revolución. Creo que la revolución tiene que ver mucho más con ideas que con distribución del ingreso.

Cambios culturales.
Sí. Y también tiene que ver con fuerzas generacionales. No es coincidencia que las revoluciones sucedieran en el Medio Oriente en el 2011. Fue el peak exacto del “youth bulge” en la región del norte de África y el Medio Oriente, esto es cuando el porcentaje de jóvenes -particularmente hombres- en el rango de edad de 15 a 24 estaba más alto. Así que hay un montón de cosas sucediendo cuando hay una revolución. Pero he pasado gran parte de mi vida estudiando revoluciones. Viví 1989 en carne propia en Europa central oriental, pensé mucho sobre la Primavera Árabe porque he estado muy involucrado en debates acerca del Medio Oriente desde 2003, y lo que sigo concluyendo es que la desigualdad no es realmente la clave ni la motivación. Claro, es una parte de la historia, claramente lo que hizo estallar a Egipto fue una sensación de codicia entre el pequeño grupo que mantenía los recursos, pero no era de eso de lo que se trataba la revolución. De hecho, muy rápidamente se hizo evidente que se trataba de islamismo radical. De todas formas, los chilenos creen que la desigualdad va a hacer explotar al mundo. No es así, pero no digo que sea algo bueno tampoco.

Porque ese es el problema de mayor discusión en Chile hoy: la desigualdad.
Lo sé. Y por eso me estás preguntando. Pero tal vez sería más constructivo tener una conversación acerca de movilidad social o sobre subir los estándares educativos, más que obsesionarnos con la distribución del ingreso, como si el coeficiente Gini fuera la clave del futuro. No lo es. El coeficiente de Gini no es tan importante.

¿Es la economía la principal consideración en la mayoría de las decisiones políticas o alguna vez podemos considerar a la sociedad antes que a la economía?
Escribí un libro en 2001 llamado The cash nexus argumentando que cualquiera que intente reducir la política a lo económico se va a decepcionar. Porque los seres humanos no somos simples máquinas de cálculo y lo que hace legítimo a un régimen no es sólo el PIB per cápita. Lo que lo hace legítimo es un complejo de asociaciones históricas y culturales. Estudié historia financiera y económica porque es importante, pero no es lo único. Y de hecho lo que normalmente me llama la atención es cómo las consideraciones no económicas han dominado históricamente. Por ejemplo: ¿Ucrania del norte vale el costo que se le está imponiendo a Rusia a través de sanciones? De ninguna forma. Esa no es la motivación que tiene el señor Putin para invadir Ucrania oriental. Y la mayor parte del tiempo la acción política del tipo que cambia la historia resulta una locura desde el punto de vista económico.

¿Cuál es la relación para ti entre el arte y el dinero? Porque el arte no ama al dinero, pero a veces el dinero ama al arte.
Es verdad. Bueno, si caminas por Florencia, ¿has ido a Florencia?

Viví ahí.
Bueno, si ves el Nacimiento de Venus de Botticelli, es una de mis pinturas favoritas. Si eres un historiador o simplemente un conocedor del arte, dices: “¡Qué composición más perfecta! ¡Qué hermoso trabajo de perspectiva!”. Pero si eres un historiador económico como yo, te preguntarás: “Hermoso, pero ¿quién pagó por esto?” Y la respuesta es, los Medici. Y como banqueros que se volvieron políticamente poderosos eran compradores de arte increíblemente importantes en esa era. “El precio de todo y el valor de nada” es un insulto antiguo que a veces representa a gente como yo. Bueno, sí, pero si sólo sabes el valor y no sabes el precio, te estás perdiendo. ¿Por qué en el siglo XIX se vuelve tan popular el arte de los maestros holandeses como Rembrandt y otros, 200 años después de haber sido pintados? Porque eran los artistas que no usaron imaginería cristiana en su arte, y por lo tanto, si eras un judío adinerado podías colgar un Rembrandt y no tendrías que mirar crucifixiones. El mercado del arte es uno de los más fascinantes y malinterpretados, porque la mayoría de la gente que está interesada en el arte no puede concebir la idea de que el dinero tenga algo que ver. Y los artistas son ambivalentes con el tema del dinero. Pero la verdad es que tienen que comer.

Los artistas dicen que no les gusta el dinero, pero en secreto…
La mayoría de la gente responde muy bien a incentivos que son expresados en millones de dólares. Y el más radical y revolucionario de los artistas rápidamente se verá a los pies de los patrones adinerados.

¿Qué piensas del Golpe de Estado de Pinochet? ¿Pueden justificarse los Golpes de Estado y el sufrimiento que pueden traer por razones económicas?
Creo que uno jamás debe justificar la violencia política. Porque ya sea que hayan muerto 3.000 personas o tres millones, hay algo desmoralizador en cualquier régimen que tenga que basarse en derramar sangre. Y Chile continúa luchando contra el legado de ese Golpe de Estado y supongo que continuará luchando por muchos años más. Los Golpes militares están mal, las dictaduras son malas, estas cosas son tan obvias que no debería tener que decirlas. Chile tuvo una suerte inusual de que el régimen militar de Pinochet, que no tenía idea de economía, trajo a consejeros económicos que hicieron un buen trabajo al reformar la economía que había sido un desastre terrible a principios de los ’70. Y eso tuvo un resultado positivo obvio para este país. ¿Eso justifica el Golpe? No, nada puede justificar un acto de violencia política. Sólo tuvieron suerte, porque la mayoría de los Golpes militares no tuvieron esos resultados. El número de países que pasó de regímenes militares a economías dinámicas crecientes en democracia es muy pequeño. El otro es Corea del Sur. Si piensas en todos los Golpes militares que han ocurrido desde 1945, la mayoría arruinó las cosas. Así que Chile sólo tuvo suerte.

Han pasado 25 años desde la caída de la Unión Soviética. ¿Qué es lo que hoy divide más al mundo?
Creo que es la religión. Y la reinserción de islamistas políticos de una versión intolerante del islam es el fenómeno más divisor hoy. Es lo que está matando a más gente que ninguna otra cosa. Los argumentos sociales e ideológicos del siglo XX están más o menos resueltos en el sentido que el capitalismo ganó sobre el socialismo, y el nacionalismo ya no es tan tóxico como lo era antes. Así que quedamos en una guerra no muy distinta de la que Samuel Huntington previó en The clash of civilizations, escrito dos años luego de la disolución de la Unión Soviética. Creo que Huntington estaba más en lo correcto que cualquier persona. En lo que se equivocó es que desde 1991 el conflicto no ha sido entre civilizaciones sino en las civilizaciones. Y los mayores conflictos están dentro del islam. La mayoría de los musulmanes que mueren violentamente están siendo asesinados por otros musulmanes.

¿Es posible lograr una solución pacífica con ISIS o tendrá que ser una salida violenta?
Es muy difícil lograr la paz con gente que está ideológicamente comprometida con yihad, que es guerra. No hacen la paz, a menos que te conviertas al islam.

Yo creo que deberíamos matarlos, pero sólo es mi idea.
Esa es una estrategia que yo también apoyaría, pero no es suficiente. En la lucha contra el islam político, que representa una seria amenaza contra nuestra libertad y nuestras vidas, no podemos simplemente depender de la solución militar. Es un desafío cultural. Se debe luchar como una batalla cultural, tenemos que persuadir especialmente a los hombres musulmanes jóvenes, de que volver al siglo VII no es una estrategia realista para enfrentar la modernidad y que suprimir los derechos de las mujeres no es la respuesta a sus problemas. Tenemos que dar esa pelea y ni siquiera lo estamos intentando.

Pero eres un historiador y a veces es la fuerza lo que mueve a la historia.
Claro. Luchemos contra estos tipos con todos nuestros medios, pero creo que tenemos que reconocer que la ideología del islamismo político, como el fascismo y el comunismo, sólo pretende ser una religión. Es realmente una ideología tan mortal como el fascismo. Y hasta que aprendamos que debemos pelear intelectualmente, culturalmente, educacionalmente tanto como militarmente, van a seguir ganando más y más aliados y ese es el problema. En medio de la Guerra Fría, Occidente no hizo tanto en la lucha militar, principalmente peleamos cultural y políticamente. Y no creo que nos hayamos dado cuenta de que tenemos que hacer lo mismo ahora.

En el mismo sentido, al hablar del involucramiento de Rusia en Ucrania, el Primer Ministro británico David Cameron dijo hace algunos días que su país no repetirá el mismo error de Neville Chamberlain y su Tratado de Munich de 1938 ¿Crees que una comparación entre la Rusia de Putin y la Alemania nazi tiene validez?
Soy un amigo y admirador de David Cameron y ciertamente soy crítico del presidente Putin. Creo que hemos sido débiles en nuestra respuesta a las agresiones de Rusia. Creo que compararla con los años ’30 no es la analogía más saludable, porque es la única analogía histórica que la gente parece saberse. Y se desgasta. ¿Por qué no compararla a 1956 en Hungría o en 1968 en Checoslovaquia? Los rusos han hecho esto antes y no tenemos que seguir metiendo a Alemania. Esto es Rusia haciendo cosas rusas. Y Rusia ha estado ejerciendo fuerza en Europa oriental y central por muchos, muchos años. La pregunta es cómo contienes lo que puede ser potencialmente la partición de Ucrania. Y fallamos, porque ya ha comenzado. ¿Y qué estamos haciendo? Sanciones. Lo que claramente no está funcionando.

¿Puedes imaginarte una Tercera Guerra Mundial?
He escrito sobre eso en el artículo The war of the world y dije que tres cosas causaron los grandes conflictos del siglo XX: volatilidad económica, desintegración étnica y el deterioro de de los imperios. Esos fueron los tres factores que hicieron de Europa central de y oriental los lugares más peligrosos del mundo a mediados del siglo XXI. No creo que eso pasará de nuevo. La gente está muy vieja, los ejércitos son muy pequeños, Europa jamás hará eso de nuevo. Pero puedo imaginarme una guerra mundial desatándose con Medio Oriente, porque ahí lo tienes: inestabilidad económica, desintegración étnica y un imperio, los Estados Unidos, debilitado. Ese es un lugar del mundo realmente peligroso. Y hay armas nucleares construyéndose ahí. Así que puedo fácilmente imaginarme una gran guerra, más grande de lo que hemos visto, con Medio Oriente como epicentro. Ese es un pensamiento aterrador. Porque cualquier guerra en el siglo XXI es una gran guerra en la que las armas nucleares jugarán algún papel. Hemos logrado evitar el uso de armas nucleares desde Nagasaki. Hemos amenazado con usarlas, las hemos construido en gran cantidad pero no las hemos usado. La pesadilla de Oriente Medio es que eventualmente van a caer en las manos de gente dispuesta a usarlas, y eso, para mí, es una verdadera pesadilla.

Fuente: The Clinic

Niall Ferguson repasa la historia económica de Chile desde Pinochet a Bachelet

Desde Harvard, uno de los intelectuales más influyentes compara el desarrollo nacional durante las últimas cuatro décadas y se enfoca en reforma educacionales.

¿Cuándo terminó el milagro económico chileno y qué se viene en los próximos años? Esta interrogante fue planteada a uno de los intelectuales más reconocidos a nivel internacional. Un liberal no exento de polémicas que visitará Chile en los próximos días para dictar dos conferencias.

Harvard, la universidad que no acoge a cualquiera y a la que todos quieren entrar. Un total de 25 millones de pesos al año es el costo por estudiante, en la que postulan los mejores alumnos del mundo y que, de cada cien, solamente quedan siete. La palabra ‘selección’, tan cuestionada en Chile, define a una de las casas de estudio más longeva y prestigiosa en Estados Unidos.

Un dato: las 400 familias más acaudaladas de Estados Unidos tiene una fortuna equivalente a la de los 150 millones más pobres en ese país. Harvard, cuna de las denuncias de este tipo de casos.

Sin embargo, existe un atrevido intelectual defensor del modelo económico. Profesor en esta universidad, Niall Ferguson pronto llegará a Chile siendo reconocido como una de las 100 personas más influyentes del mundo según la revista Time.

“Cuando uno ve más de cerca las consecuencias económicas de esta presidencia (Obama), lo que llama la atención es que a los afroamericanos les ha ido peor. ¿Y mejor? Al uno por ciento más rico”, es su juicio sobre el clima de tensión racial que se vive precisamente en Ferguson y acusando al presidente de Estados Unidos no de haber llevado adelante las políticas a las que se comprometió durante su campaña.

“Uno no debe luchar por la igualdad de resultados; sí, por la igualdad de oportunidades”, es uno de sus análisis.

Fuente: 24 horas- TVN 

Niall Ferguson “Se ha vuelto dificíl ser Margaret Thatcher”

Fue elegido por la revista Time entre las 100 personas más influyentes del mundo. Ha escrito 14 libros de economía y prepara una biografía de Kissinger. Ahora se encuentra en Chile para dar una nueva mirada sobre la desigualdad.

Desde Nueva York, por: Titi Guzmán y Jaime Besa.

El destacado académico, historiador y biógrafo británico Niall Ferguson visita Chile en estos días invitado por la Universidad Adolfo Ibáñez y El Mercurio a dictar la conferencia

“Capitalismo y Desigualdad, La otra mirada”, además de participar en un panel de conversación junto al ex candidato presidencial Andrés Velasco, la historiadora Lucía Santa Cruz y Andrés Benítez, rector de la UAI. Master of Arts y Doctor en Filosofía, profesor de Harvard, Senior Fellow de la Institución Hoover en la Universidad de Stanford y Senior Research Fellow en Jesus College, Oxford, Ferguson es autor de 14 libros, el más reciente es “La gran degeneración: Cómo decaen las instituciones y mueren las economías”.

Actualmente prepara una biografía de Henry Kissinger y es un prolífico comentarista de política y economía contemporáneas. Escribe regularmente en diarios y revistas de ambos continentes, y ha recibido numerosos premios. En 2004, la revista Time lo eligió una de las 100 personas más influyentes del mundo.

En una entrevista concedida a “Cosas” abordó algunos de los temas de mayor actualidad en nuestro país: las reformas tributaria y educacional, y cuál es la forma en que, según su visión, debiera combatirse la desigualdad social.

–¿Qué es libertad para ti? ¿Cómo podrías describirla?

–La vida de mi mujer (dice refiriéndose a la escritora y activista de derechos humanos Ayaan Hirsi Ali, con quien está casado y tiene cuatro hijos) es la historia de la libertad. Habiendo nacido en Somalia como una niña musulmana con la expectativa de que todas sus elecciones serían hechas por otros… Liberarse de su religión, de su pasado cultural, a través de la educación y el trabajo duro; llegar a ser miembro del Parlamento de Holanda.

Tener el coraje de desafiar a los terroristas, convirtiéndose en ciudadana americana… Su vida, para mí, es la mejor definición de libertad que yo pueda imaginar. Yo nací libre, siempre he sido libre, pero ella tuvo que pelear por obtenerla.

“Te doy dos ejemplos: Primero, es claramente evidente que el mundo era muy igual en 1945, porque hubo dos guerras mundiales, una gran depresión y muchas revoluciones. La inmensa mayoría de los hombres en los países que él estudió fueron empleados por el gobierno, ya sea en el Ejército o de alguna otra forma en que los honorarios estaban bajo el control del gobierno. Además, el impuesto a la riqueza y a los ingresos alcanzó niveles sorprendentes, con tasas marginales de 100 por ciento en muchos países. Te puedo dar igualdad si tú quieres, pero voy a necesitar que me des dos guerras mundiales, una gran depresión y muchas revoluciones. La idea de que se pueden replicar los efectos de dos guerras mundiales, una gran depresión y muchas revoluciones con un impuesto global, es la idea más tonta de los últimos 10 años.

“Mi segundo punto es que la preocupación de Piketty sobre la riqueza heredada es legítima. Yo odiaría vivir en un país donde los modelos son determinados por las riquezas heredadas, pero no lo hago porque Estados Unidos no es ese tipo de país. Su propio estudio muestra que su historia sobre riqueza heredada es más verdadera en Francia que en los Estados Unidos. Los millonarios que conozco vienen de la clase media. Ellos no nacieron millonarios. En cambio, los millonarios que conozco de Europa fueron hijos de la gente más rica que, a su vez, fueron hijos de la gente más rica de Europa.

–Thomas Piketty, autor del libro “Capital en el siglo XXI”, plantea la igualdad como el valor central en torno a la cual se debe construir una sociedad. Este libro se ha convertido en éxito de ventas en todo el mundo y será lanzado en su versión en español en Chile en enero. ¿Por qué estas ideas son tan populares?

–El éxito en el mundo editorial se basa en gran medida en la época de publicación del libro, ya que un mismo libro podría haber sido un completo fracaso si se hubiera publicado unos pocos años antes. El libro fue lanzado en un momento en que la discusión sobre desigualdad había sido deliberadamente lanzada por el Presidente de los Estados Unidos y nada es más convincente en Nueva York que un intelectual francés. Así es como un libro

que no tuvo mucho éxito en Europa llega a ser best-seller en Estados Unidos, y una vez que llegas a ser un éxito en Estados Unidos, por definición, llegas al éxito en muchos otros lugares. Sin embargo, muy poca gente que compró el libro lo ha leído (otra figura característica de los bestsellers), lo que es una pena, porque si ellos lo hubieran leído, se habrían dado cuenta que tenía una serie de evidentes errores.

“No es extraño que la teoría de Piketty sea más verdadera en Europa que en los Estados Unidos, pues el estado de bienestar fomentó el aumento de las elites heredadas y, con esto, que la clase baja se mantuviera atrapada en la dependencia.

“Por último, me gusta la mayor parte de la información de Piketty. Es un gran logro, pero algo de ella está equivocada y la historia que él está contando no es la historia que le gustaría contar. A mí me encantaría que mi libro hubiera vendido tantas copias como el

de Piketty, pero mi libro tiene un mensaje incómodo y, en cambio, su libro tiene un mensaje muy cómodo para la gente”.

–Entonces, ¿cómo puedes hacer para que tu mensaje sea más cómodo?

–Mi historia es incómoda. Estoy diciendo que se debe trabajar duro; que deberían existir menos regulaciones y más responsabilidades individuales; que la educación privada puede promover altos estándares a través de la competencia; que la regulación es la enfermedad que pretende ser la cura de todas las cosas… Que tú, si eres un político socialdemócrata, lo que quieras hacer no resultará y, en efecto, tendrá resultados perversos, que te pueden ser beneficiosos como político socialdemócrata, pero no serán beneficiosos para tus votantes.

Nadie está con ánimo para esa historia de la izquierda, y la gente de la derecha, aún no está preparada para reconfigurar su mensaje, el cual es esencialmente un mensaje de los ’80. “Si bajamos los impuestos, el resto se solucionará solo. Creo que el problema es que hay que replantear las ideas de derecha y eso no está sucediendo. Mientras esto no ocurra, es muy atractivo decir que tenemos un terrible problema de desigualdad y que podemos solucionarlas con un impuesto global a las riquezas”.

–¿Vivimos, entonces, en un mundo cuya historia es cíclica?

–No sé cuán cíclico sea el mundo realmente. Mucho de mi propio trabajo sugiere que existen bastantes no-linealidades y cambios discretos, pero todavía no veo un cambio significativo en la política americana. Los republicanos lo harían en el mediano plazo, pero los demócratas ganarán la próxima elección presidencial.

El problema tiene menos que ver con ciclos y más con la naturaleza incómoda del mensaje que estoy transmitiendo.

–Respecto de la desigualdad, ¿es ésta un resultado inevitable del sistema capitalista?

¿Cuánta desigualdad es aceptable?

–Podemos responder esta pregunta en una acotada visión económica, basada en las cifras de inequidad del coeficiente Gini, el cual va de un máximo de 100, hasta la sociedad más igualitaria que tiene un coeficiente 1. En el mundo de hoy tenemos sociedades como Chile, que están en un nivel alto, entre el 50 y el 60.

“Respecto de cuánta inequidad es demasiado, la clave es que ésta varía de lugar en lugar. No en todos los lugares del mundo va a haber un coeficiente Gini como el de Suecia. Los escandinavos son notoriamente igualitarios en la forma en que su sistema económico funciona. Es muy difícil conseguir ese nivel de equidad. En Chile requerirías cambios drásticos, no sólo en el sistema tributario, sino que también en el derecho de propiedad.

Entonces, lo que el mundo nos muestra es que hay una fuerte variación entre los grados de equidad y que algunas sociedades son capaces de tolerar niveles de desigualdad muy altos que serían inaceptables en lugares como Escandinavia.

“La clave es que no hay que fijarse demasiado en la distribución del ingreso y la riqueza, sino que enfocarse más en la movilidad social y las oportunidades. Una sociedad puede ser desigual en la distribución de su riqueza, pero tener una alta movilidad social, lo cual es posible”.

LOS MODELOS DE SOCIEDAD

–En tu libro “La gran degeneración”, eres de alguna manera pesimista. Describes una crisis de liderazgo de los presidentes y políticos en la mayor parte del mundo occidental. ¿Hay algún líder político que admires?

–He viajado bastante y, en mi reciente visita a México, me llamó mucho la atención la evidencia de que Enrique Peña Nieto no es un político popular, pero sí uno de los que está haciendo difíciles y reales reformas. Ha abordado, por ejemplo, negociaciones con el sindicato de profesores, y ha mantenido una buena relación con Carlos Slim. Se ha atrevido a reformar el sector energético, algo que el PRI nunca hubiera hecho antes. Enrique Peña Nieto es un ejemplo actual de cómo un líder puede enfrentar con éxito reformas difíciles.

“Si veo a alguien similar en Estados Unidos en este momento, creo que Paul Ryan es la mejor apuesta. Se ha vuelto difícil ser Margaret Thatcher ahora. Sería difícil incluso en Inglaterra. Sería imposible ser Margaret Thatcher en Europa occidental, y bastante difícil serlo en Estados Unidos. Sin embargo, los políticos tendrían una posibilidad para serlo, aceptando que en su vida política no serán reelectos”.

–En ese mismo libro también explicas el rol de la sociedad civil. ¿Cuál crees que es el rol de ésta, especialmente en países en desarrollo como Chile?

–Soy un aficionado estudiante de Tocqueville y del libro “La Revolución Francesa”, que tienen gran relevancia en el Chile de hoy. Tocqueville hace un gran punto comparando Estados Unidos y Francia en el siglo XIX. El punto es que si en Estados Unidos te preocupa el abuso de alcohol, formas una agrupación para fomentar que la gente beba menos. En Francia, si te preocupa el abuso de alcohol, escribes una carta al gobernador de París pidiéndole que haga algo al respecto. Creo que actualmente hay bastante de esta mentalidad en muchos países. El sentido común dice que, si hay un problema, dejemos que los ciudadanos se preocupen y formen sociedades para tratar de atacarlo. Por ejemplo, si tenemos problemas educacionales, creamos nuevas y mejores escuelas. Fundar escuelas no es algo muy difícil. Así, tratamos de resolver el problema de forma local y en la iniciativa de nuestra propia ciudadanía. La otra mentalidad es, si tenemos un problema de educación, aumentemos los impuestos e incrementemos las sumas de dinero que debemos pagar a un gran sector estatal. “Sin embargo, la característica más notable de los últimos 10 años, ha sido el rápido crecimiento de la educación privada, y el hallazgo más sorprendente es que, a medida que la educación privada se expande, los estándares mejoran a lo largo de la educación a través del sector privado, porque la competencia sirve y, sorpresa, ¡los estados de monopolio no sirven!

Fuente: Revista Cosas

Niall Ferguson

Niall Ferguson, Master of Arts y Doctor en Filosofía, tiene la Cátedra Laurence A. Tisch de Historia en la Universidad de Harvard. Es también Senior Fellow de la Institución Hoover en la Universidad de Stanford, y Senior Research Fellow en Jesus College, Oxford.