Jesse Norman, el gurú inglés que estará en Enade

Confirmada está la participación de la Presidenta Michelle Bachelet y la presidenta del Senado, Isabel Allende, en el Encuentro Nacional de Empresarios (Enade), cuyo lema en latín, Aedificatio Societatis, alude a construir sociedad.

La jornada del 27 de noviembre partirá con la bienvenida de Guillermo Tagle, presidente de Icare, y anfitrión del encuentro, quien dará la palabra al ministro de Hacienda, Alberto Arenas. El bloque de la mañana, titulado “Crear prosperidad”, también estará integrado por el presidente de la Confederación de la Producción y del Comercio, Andrés Santa Cruz -tercero en exponer-, y el ex canciller Alfredo Moreno.

Luego será el turno de Jesse Norman, miembro del parlamento por el Partido Conservador en Inglaterra, considerado uno de los ideólogos del “nuevo conservadurismo” y el gran asesor intelectual del Premier inglés, David Cameron. Norman, quien estuvo en Chile en 2011 junto al ex Presidente Sebastián Piñera, es el autor del libro “Big Society” donde señala entre sus ideas, que la felicidad no está en hacer lo que uno quiera sino en lograr una vida buena, que implica la vida en sociedad, y la participación en las instituciones. A diferencia de otros años, fuentes empresariales señalan que esta versión generó tal expectación que han recibido una avalancha de consultas por reservar ahora mismo una entrada al evento.

Fuente: La Segunda

La otra mirada de Jesse Norman

El destacado filósofo y parlamentario inglés visitó Chile para ofrecer una conferencia organizada por la otra mirada y fundación 180, que promueve un rol más activo de la sociedad civil. Aquí Explica su visión.

Por: Cecilia Guzmán y Jaime Besa / Foto: Natalia Vial

Según el diario británico The Telegraph, Jesse Norman, representante del Partido Conservador en el Parlamento inglés por Hereford y Herefordshire Sur, es uno de los cien políticos conservadores más influyentes de Inglaterra. Considerado como uno de los ideólogos del “nuevo conservadurismo”, plasmó sus ideas en el libro “La gran sociedad”, calificado como el sustento intelectual del gobierno del actual Primer Ministro del Reino Unido, David Cameron. Este filósofo y parlamentario fue invitado en noviembre a Chile por La Otra Mirada y Fundación 180 para dar la conferencia “¿Protagonistas o espectadores? La otra mirada sobre el rol de la sociedad civil”, en la Estación Mapocho, a la que asistieron más de 500 jóvenes universitarios, con quienes el político compartió sus experiencias y el mensaje de su libro “La gran sociedad”, el cual entregó de regalo a los participantes. La Otra Mirada es una plataforma destinada a provocar, según su propia definición, “una reflexión sana, abierta y en libertad. Un espacio
para debatir distintas miradas y generar una instancia donde se promueva el pensamiento crítico y el debate sobre temas de interés público. Un lugar para discutir aquellas ideas que transcienden, aquellas ideas que permean
a una sociedad que muchas veces olvida el verdadero valor y el poder que tiene el mundo del pensamiento y la cultura”.

Durante 2014, La Otra Mirada también organizó en Chile la conferencia “Capitalismo y Desigualdad”, del historiador y profesor de Harvard University Niall Ferguson.

–¿Cómo entraste a la política? ¿Cuál es la razón por la que decidiste empezar a trabajar en política?

–Al contrario de otros miembros del Parlamento británico, tuve múltiples y variadas experiencias antes de entrar en la política, desde dirigir una fundación, ser director del banco Barclays y enseñar filosofía en el University College de Londres por muchos años. “Tomé la decisión de involucrarme en política y postular como parlamentario principalmente porque había visto cómo la política en sí misma puede hacer la diferencia y, por lo tanto, pensé que poner toda mi experiencia a su servicio podría tener algún valor público”.

–¿Crees que ser político es una vocación o simplemente una carrera?

–En mi opinión, debiese ser una vocación. Existen algunas personas extraordinarias, como William Pit y Winston Churchill, quienes entraron en política desde muy jóvenes e hicieron grandes contribuciones a lo largo de sus vidas. Sin embargo, creo que para la mayoría de las personas, la política debiese ser algo en lo cual participen activamente
después de haber tenido una carrera profesional, cuando sus valores y carácter ya estén definidos y cuando ya tengan habilidades y experiencias de vida que puedan poner a disposición de los demás como servidores públicos.

–¿Cuál es el mayor riesgo que has tomado en tu vida?

–Probablemente cuando volé sólo por primera vez como piloto privado o mi primer salto en paracaídas. Las dos experiencias muy riesgosas, como podrás ver. No obstante, también he tomado grandes riesgos de otro tipo. En 1988
me encontraba trabajando en Wall Street y tomé la decisión de renunciar a mi trabajo para dirigir un proyecto de beneficencia que entregaba libros de medicina en Europa del Este. Esto fue durante el período comunista,
cuando el ingreso promedio en Polonia era aproximadamente 40 dólares al mes. En 1997 estaba trabajando en el sector financiero en Londres y decidí dejarlo para dedicarme a la investigación académica y a enseñar filosofía
en la universidad. En ambos casos todos mis amigos pensaron que estaba completamente loco, pero nunca me he arrepentido de ninguna de esas dos decisiones.

–¿Cuál ha sido tu mayor logro en política?

–Mi mayor logro en política ha sido, sin duda, cuando organicé en 2012, dentro del Parlamento británico, la oposición al proyecto de ley del gobierno que buscaba crear una Cámara de los Lores elegida. Lo anterior requería un claro entendimiento del marco legal, político y constitucional de los temas involucrados, además de un sólido y convincente argumento, mucha capacidad de persuasión, un conocimiento detallado de los procedimientos legislativos, un manejo efectivo de la prensa y comunicación de mensajes claves de forma atractiva y a través
de los medios escritos y digitales y la habilidad de mezclar táctica y estrategia para cumplir un objetivo. Fuimos superados masivamente, pero a pesar de eso logramos ganar, producto de lo cual me dieron el reconocimiento como el Parlamentario del Año.

–¿Qué le recomendarías a los jóvenes que están pensando en seguir una carrera política o dedicarse al servicio público?

–Les diría que esperen hasta que tengan alguna experiencia real. Les recomendaría que tomen riesgos, que viajen y que vean en primer lugar qué pueden hacer con sus vidas. Que no hagan nada estúpido que se les pueda volver en contra. Una vez que se decidan a entrar al servicio público, les recomendaría que se aseguren que su pareja y familia entiendan bien en lo que se están involucrando y que logren obtener el apoyo de ellos. Por último, les diría que piensen siempre en principios políticos y valores como políticas públicas, pero por sobre todo que nunca se olviden de ser ellos mismos.

“Poder es la capacidad de hacer que las cosas sucedan. autoridad es la capacidad de conseguir que las cosas pasen”, dice el político y filósofo Jesse Norman.

–¿Qué le recomendarías a los jóvenes que están pensando en seguir una carrera política o dedicarse al servicio público?

–Les diría que esperen hasta que tengan alguna experiencia real. Les recomendaría que tomen riesgos, que viajen y que vean en primer lugar qué pueden hacer con sus vidas. Que no hagan nada estúpido que se les pueda volver en contra. Una vez que se decidan a entrar al servicio público, les recomendaría que se aseguren que su pareja y
familia entiendan bien en lo que se están involucrando y que logren obtener el apoyo de ellos. Por último, les diría que piensen siempre en principios políticos y valores como políticas públicas, pero por sobre todo que nunca se olviden de ser ellos mismos.

–¿Cómo proteges tu vida personal dada la exposición pública que tienes? ¿Se puede realmente?

–No es nada de fácil, porque la prensa tiene un deseo incansable de indagar en los detalles de la vida e historias personales de aquellos involucrados en la política. Mi estrategia es que, más allá de lo estrictamente necesario,
nunca involucro a mi familia en política. De hecho, nunca uso fotos de ellos y tampoco me refiero a ellos en mis discursos políticos.

“LA GRAN SOCIEDAD” EN ACCIÓN

–¿Cómo definirías poder?

–Poder es la capacidad de hacer que las cosas sucedan. Autoridad es la capacidad de conseguir que las cosas pasen.

–¿Crees que el poder es adictivo?

–Sí, puede serlo, pero lo que importa es su intensidad y su duración. Como dijo el famoso lord Acton: “El poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente”. Lo que pasa es que los cerebros de las personas
se reprograman a sí mismos para esperar obediencia, y por lo tanto dejan de escuchar y así aprender. Los grandes líderes prefieren tiempos cortos en sus posiciones, favorecen los mecanismos institucionales que regulan el poder y buscan consejeros leales pero de mentalidad independiente.

–¿Te gustaría ser Primer Ministro de Inglaterra?

–A veces, cuando estoy en el baño, me pregunto cómo serían las cosas bajo la administración Norman, pero no pienso eso por mucho tiempo (se ríe).

–En tu libro “La gran sociedad” abordas el rol de la sociedad civil. ¿Cómo puede el Estado promover una participación activa de la sociedad civil en política?

–En Gran Bretaña, el Estado promueve la participación cívica de muchas maneras. Un gran programa de este gobierno es el Servicio Nacional de Ciudadanos, el cual combina cursos de aventura, trabajo en equipo,
espíritu empresarial y trabajo comunitario. Este programa que empezó en 2011 contará en 2015 con la participación de más de 150 mil jóvenes británicos, de 16 a 17 años edad, de todos los orígenes socioeconómicos. ¡Esta es la gran sociedad en acción!

–¿Cómo podemos educar a nuestras generaciones jóvenes para que entiendan el verdadero poder de la sociedad civil?

–Para hacer esto se necesita operar en todos los niveles. Esto es, hacer que los jóvenes se involucren en proyectos de voluntariado para formar hábitos, entregarles buenos modelos y ejemplos a seguir que los inspiren, promover en la juventud el deporte, las actividades al aire libre y el arte, y por último, enseñarles historia para que entiendan cómo la sociedad cambia y cómo los grandes líderes han trabajado en el pasado. //@revistacosas.

Fuente: Revista Cosas

Jesse Norman y el valor de la sociedad civil

Tras relatar su experiencia de voluntariado en Europa del Este, el político inglés invitó a cientos de jóvenes chilenos a movilizarse por un objetivo. Les dijo que lo más importante en la vida era tener un propósito, actuar con autonomía y dar lo mejor de uno mismo.

Ante una audiencia que superó los 700 jóvenes, entre universitarios y escolares, el político inglés Jesse Normann habló de la importancia de la libertad y las ideas en la conformación de una sociedad civil que efectivamente provoque cambios positivos.

Con gran histrionismo y personalidad, Normann comenzó su charla relatando su experiencia de voluntariado en Polonia, Hungría y Checoslovaquia. Dijo que había conocido el comunismo muy de cerca y que había tenido la ingrata experiencia de vivir en una sociedad sin libertad. “Era principios de los años 80 y yo trabaja en Wall Street. Eran tiempos locos, de codicia desenfrenada. Pero yo buscaba algo más valioso y me inscribí como voluntario en una institución de caridad que regalaba libros de medicina en países de Europa del Este… Eran países donde no existía la sociedad civil. Todo, absolutamente todo era controlado por el Estado”, señaló.

Meses después cayó el muro de Berlín y el comunismo se fue de Europa. “Yo era joven, así como ustedes, y creé la primera sociedad civil en Polonia. Me siento tremendamente orgulloso de haberlo hecho. Y no me arrepiento de haber dejado Wall Street. Tras esa experiencia me convencí que una sociedad libre nos permite ser más felices y mejores personas”, dijo.

“¿Cuántos de ustedes han sacrificado algo en la vida? ¿Cuántos de ustedes han asumido un riesgo por alcanzar un propósito?”, les preguntó a todos. Acto seguido, y con un público que lo escuchaba atentamente, Normann señaló que las tres cosas fundamentales para ser feliz en la vida comenzaban con las letras AMP: autonomía, maestría y propósito. La autonomía permite tener el control de lo que hacemos; la maestría nos ayuda a darle valor a lo que hacemos; y el propósito nos orienta a trabajar por algo que verdaderamente nos importa.

“Si trabajan en ello van a lograr grandes cosas”, dijo. Y al terminar los invitó a todos a organizarse, a hacer cosas. “Movilícense por una causa. Creen su propia música… Hagan lo que tienen que hacer”.

El político británico Jesse Norman no se guardó nada al momento de contestar las preguntas realizadas por los asistentes y espectadores vía redes sociales, causando más de alguna sorpresa en el público.

Las palabras del diputado inglés fueron claras al referirse a la gran cantidad de jóvenes que buscan independizarse en nuestro país, Norman afirmó que “si creen que el emprendimiento es ganar dinero, entonces no entienden nada”. Además aseguró que más allá de generar ingresos, el ser empresario se trata de lograr sueños y cumplir metas.

La desigualdad fue otro tema abordado por el británico. A una pregunta realizada sobre el panorama de Chile señaló que “en algunos países la desigualdad significa un problema. En otros simplemente no” y que en este caso “los eslóganes políticos son ideas muertas. Hay que buscar el problema real y pensar en cómo solucionarlo”.

Una de las ultimas interrogantes realizadas fue para conocer su opinión sobre el capitalismo y la pobreza, a lo que el senador respondió “el capitalismo, cuando funciona correctamente, logra reducir la pobreza”, una señal clara de que el sistema actual necesita ser perfeccionado.

El encuentro estuvo “teloneado” por el músico chileno Gepe, quien dio muestras de su profesionalismo y talento.

Fuente: Fundación para el Progreso (FPP)

Mauricio Rojas: “El mensaje de Jesse Norman en Chile”

Jesse NormanEl parlamentario británico expuso sobre las relaciones entre estado, mercado y sociedad civil que “puede ser de gran ayuda para vitalizar y renovar un debate nacional”, según Rojas.

La reciente visita del destacado parlamentario británico Jesse Norman así como la publicación de su libro La gran sociedad (IES-Ciento Ochenta) han hecho presente en Chile una mirada distinta sobre las relaciones entre estado, mercado y sociedad civil que puede ser de gran ayuda para vitalizar y renovar un debate nacional cada vez más repetitivo y estéril.

Las ideas de Norman forman parte de una importante reorientación ideológica del Partido Conservador bajo el liderato de David Cameron que enfatiza el papel clave de la sociedad civil y el sentido de comunidad en la vida social. Como tal, se opone a lo que Norman define como los dos grandes fundamentalismos que han dominado la escena política contemporánea: el estatista y el de mercado. El primero trata de expandir constantemente la presencia del estado en la vida social, mientras que el segundo pone las relaciones comerciales en su centro. Con ello, lo que debieran ser herramientas al servicio de una sociedad civil fuerte y floreciente se transforman en principios cada vez más excluyentes de organización social, empobreciendo las relaciones humanas y el sentido mismo de la vida en sociedad.

Este enfoque entronca con una serie de reflexiones clásicas dentro del pensamiento liberal-conservador que quisiera recordar antes de volver sobre la idea de la Gran Sociedad tal como la han esbozado Cameron y otros pensadores británicos.

Los dos individualismos

Quisiera iniciar estas reflexiones aludiendo a un texto de Friedrich Hayek. Se trata de un ensayo publicado en 1946 que recoge una conferencia dictada a fines de 1945 en el University College de Dublín bajo el título de Individualismo: el verdadero y el falso (http://www.cepchile.cl/dms/archivo_947_64/rev22_hayek.pdf). Hayek hace allí una distinción muy importante entre dos formas de ver y plantearse el individualismo. Por una parte, está el individualismo verdadero –yo diría, liberal–, que debe afirmar y defender la sociedad civil ya que ésta es, según Hayek, la expresión necesaria de la libertad individual. Nuestra libertad se realiza en la constitución de la familia y de una red de relaciones cercanas de cooperación, asociación y solidaridad, en todas esas “formaciones espontáneas” que, en palabras de Hayek, son las “bases indispensables de una civilización libre”.

El pensador británico Edmund Burke, en sus famosas Reflexiones sobre la Revolución en Francia de 1790, habló de esas formas básicas de asociación como el “pequeño pelotón” (little platoon) al que pertenecemos y que forma la base de nuestros afectos e identidades así como de nuestra vida y solidaridad sociales. Esta alusión la hizo Burke en el contexto de su crítica al impulso revolucionario que por entonces conmovía a Francia y que quería arrasarlo todo, disolver todos los órdenes y afectos, borrar la herencia del pasado y quebrar nuestras solidaridades básicas, para que de esta manera se pudiese imponer un orden nuevo, surgido del designio revolucionario y plasmado en un estado que se arrogaba la tarea de rehacer totalmente la sociedad. Para ello, el estado revolucionario precisaba de individuos libres de todo vínculo, de toda fe, de toda lealtad, para poder hacerlos dependientes de un solo vínculo, de una sola fe y de una lealtad única: aquella con el estado revolucionario.

Esta es una observación fundamental ya que la destrucción de la sociedad civil y la atomización del individuo son, sin duda, las bases del estado fuerte. El debilitamiento o destrucción de todas esas “estructuras intermedias” donde el individuo plasma sus relaciones sociales lo deja, para resolver sus necesidades vitales, absolutamente dependiente del estado. En suma, mientras más débil es la sociedad civil, más fuerte es el estado.

Esta reflexión es central para Hayek y él la conecta con las ideas de otro pensador clásico: Alexis de Tocqueville. Es en su famoso libro Sobre la Democracia en América, donde Tocqueville, visitando los Estados Unidos durante la primera mitad del siglo XIX, hace un descubrimiento esencial: que la verdadera fuente de la libertad, la democracia y la prosperidad de los americanos era una fuerte sociedad civil, que fluía de la verdadera pasión de los americanos por asociarse, es decir, por resolver sus problemas por sí mismos, sin recurrir a otros o al estado, sino formando directamente una respuesta asociativa a los problemas que les presentaba la vida.

Con asombro, Tocqueville nos dice: “Los norteamericanos de todas las edades, de todas las condiciones y del más variado ingenio, se unen constantemente y no solo tienen asociaciones comerciales e industriales en que todos toman parte, sino otras mil diferentes: religiosas, morales, graves, fútiles, muy generales y muy particulares […] Así, el país más democrático de la Tierra, es aquel en que los hombres han perfeccionado más el arte de perseguir en común el objeto de sus deseos, y han aplicado al mayor número de objetos esta nueva ciencia.” Y la verdad es que ninguna sociedad ha estado tan cerca del autogobierno como la sociedad estadounidense clásica y esa fuerza de la sociedad civil es aún hoy un rasgo distintivo de los Estados Unidos.

Frente a este individualismo asociativo, que para Hayek es el verdadero individualismo liberal, existe otro individualismo, que él llama “falso individualismo” y que yo llamaría individualismo socialista o, incluso, totalitario. Puede parecer contradictorio hablar de individualismo socialista o totalitario, pero no lo es. Se trata de aquel individualismo que invita al individuo a romper todo lazo importante con su entorno humano, a “liberarse” de toda obligación y de toda dependencia de sus seres más cercanos y, en vez de ello, ofrece una gran solución para nuestras necesidades vitales que no es otra que la del Gran Estado.

Esta reflexión es muy parecida a la que hizo Hanna Arendt al estudiar las raíces del totalitarismo moderno. En su célebre obra de 1951 Los orígenes del totalitarismo Arendt señaló una fuente fundamental de ese siniestro fenómeno: la soledad de la moderna sociedad de masas, aquella donde surge el “hombre-masa” (mass man), ese átomo aislado, indistinguible de miles de otros átomos que finalmente encuentran un sentido de pertenencia y comunidad abandonándose a otros, a un movimiento de masas, un estado o un Führer, que los rescate de su soledad.

Como bien dice Arendt: “Los movimiento totalitarios son organizaciones de masas de individuos aislados. Comparados con todo otro partido o movimiento, su característica más conspicua es su exigencia de una lealtad total […] (que) solo puede esperarse de seres humanos completamente aislados que, carentes de todo otro vínculo social, […] derivan su sentimiento de tener un lugar en el mundo exclusivamente de su pertenencia al movimiento o al partido.”

Es esa alienación de vivir con extraños, de vivir en sociedades vacías de comunidad, de no tener lazos fuertes con los seres humanos más cercanos ni pertenecer a un entramado asociativo autónomo, de no formar nada que tenga solidez y permanencia en torno a la vida cotidiana, la que, según Arendt, lleva a la búsqueda de aquella comunidad militante y total que ofrecen movimientos políticos como el nazismo o el comunismo. Ahora bien, de esa misma fuente beben también los grandes estados benefactores socialdemócratas, que con sus aparatos asistenciales, sus planificadores y expertos, ofrecen resolver desde arriba, desde el aparato del estado, aquello que la sociedad civil tradicionalmente había resuelto desde abajo, mediante la autoorganización civil y gremial.

Esta dialéctica que lleva de la debilidad de la sociedad civil a la soledad y de la soledad a la dependencia del estado ha sido perfectamente comprendida por el socialismo y las otras ideologías colectivistas. Por ello su propensión a promover la disolución de los lazos cercanos fuertes, como aquellos representados por la familia. El individuo sin familia o con vínculos familiares débiles y superficiales, es un individuo que necesariamente va a tener que recurrir al Estado. Esto es algo patente en los regímenes comunistas, pero lo mismo se puede decir al estudiar a aquellos países, como los nórdicos, que llevaron el proyecto del estado benefactor a sus límites más extremos.

Cameron y el relanzamiento de la sociedad civil

Esas reflexiones nos dan un contexto de ideas que nos permite volver a una de las figuras políticas más interesantes de la Europa actual: David Cameron, Primer Ministro del Reino Unido desde el 11 de mayo de 2010.

El 19 de julio de ese mismo año Cameron pronunció en Liverpool un discurso de alto interés ideológico y programático que se conoce como Big Society Speech. En él, Cameron relanzó, ahora como Primer Ministro, lo que había sido la idea central en su carrera política: que la gran misión de su partido no es otra que la de cambiar radicalmente la relación entre estado y sociedad civil en el Reino Unido. En ese discurso, Camerón dijo que “hay cosas que se hacen porque son un deber”, como terminar con un déficit fiscal insostenible, pero hay otras cosas que se hacen porque “son nuestra pasión” y, agrega, “mi gran pasión es construir una Gran Sociedad”.

La Gran Sociedad es la respuesta a los dos ejes tradicionales del poder y del debate político: el “Gran Gobierno” (Big Government) y los “Grandes Negocios” (Big Businesses). En su discurso, Cameron definió la Gran Sociedad de la siguiente manera: “Podéis llamarla liberalismo. Podéis llamarla empoderamiento (empowerment). Podéis llamarla libertad. Podéis llamarla responsabilidad. Yo la llamo Gran Sociedad. La Gran Sociedad es un enorme cambio cultural […] donde la gente, en sus vidas cotidianas, en sus hogares, en sus barrios, en sus lugares de trabajo […] no siempre se dirige a los funcionarios, a las autoridades locales o al gobierno central buscando respuestas a sus problemas […] sino que, en vez de ello, se sienten libres y con el poder necesario para ayudarse a sí mismos y a sus propias comunidades […] Se trata de una liberación: la más grande y la más dramática redistribución del poder desde las élites en Whitehall (símbolo del poder político y administrativo central) al hombre y la mujer corrientes.”

Esto implica, según Cameron, “una perspectiva completamente nueva sobre el gobierno”, que lo “pone completamente de cabeza”. En consecuencia, el norte que orientaría su gobierno sería hacer todo aquello que “ayuda a potenciar el impulso comunitario” y “no hacer nada que lo aplaste”. Para llevar adelante este programa de devolución de funciones del estado a la sociedad civil Cameron mencionó tres instrumentos: políticas públicas para fomentar la acción social, reforma de los servicios públicos, abriéndolos a una pluralidad de proveedores, y empoderamiento comunitario. Ello debe ser promovido a través de la descentralización del poder político, la transparencia del accionar público y la creación de fuentes de financiación que apoyen el impulso comunitario.

Lo que Cameron planteó fue, en suma, un proyecto de largo alcance y gran calado, que implica que las comunidades vayan, desde abajo, transformando a un estado que se hace parte de su propia transformación mediante políticas públicas que promuevan y faciliten la reconquista paulatina del poder real por parte de la sociedad civil, paso a paso, función a función, guardería a guardería, escuela a escuela, centro de salud a centro de salud.

Los conservadores rojos

Estas ideas no son únicas de Cameron, sino que se enmarcan dentro de lo que es una gran reflexión ideológica del Partido Conservador británico. Jesse Norman es un representante destacado de esta corriente, pero la expresión tal vez más radical de la misma es el influyente think tank conservador londinense ResPublica, liderado por Phillip Blond.

La postura ideológica de Blond constituye un desconcertante desafío a mucho de lo que durante décadas ha sido una parte constitutiva del mapa político británico. El título de su libro de 2010, Red Tory (“Conservador Rojo”), es una buena síntesis de las innovaciones desestabilizadoras de Blond, que no duda en lanzarse a la conquista de un sentimiento de solidaridad social y activismo de base que la izquierda tradicionalmente había definido como suyo. Su ofensiva, en nombre de una verdadera solidaridad social y de la recreación y empoderamiento de la sociedad civil, pone al laborismo socialdemócrata como los verdaderos “azules”, en el sentido de fríos, lejanos y ajenos al sentir popular.

Los planteamientos de Blond son muy amplios y parten de lo que en su libro define como un colapso cultural y moral producto “de la desaparición de la sociedad civil británica”, cuyos espacios de poder cívicos han sido copados por “el estado centralizado o por el mercado monopolizado”. Se ha creado así una “sociedad plana”, vacía de comunidad y, por ello, de civilidad y moralidad, reducida a las opciones del estado y el mercado: “El estado y el mercado han avanzado desde la izquierda y la derecha, copando prácticamente todos aquellos espacios de autonomía y autogobierno que antes conformaban la sociedad civil en Gran Bretaña.”

En un discurso de noviembre de 2009 titulado El futuro del pensamiento conservador , Blond resumió en tres puntos las bases de lo que llamó“un nuevo pacto y un nuevo fundamento” (a new deal and a new settlement) deuna sociedad “con un futuro mejor y más estable”: estado civil (“civil state”),mercado moralizado (“moralised market”) y sociedad asociativa (“associative society”). El estado civil es, para Blond, el nuevo estado de bienestar que debereemplazar al actual: un estado anclado en la sociedad civil, que promueve elpoder del asociacionismo y permite a los ciudadanos tomar el comando sobresus estructuras y funciones. Pero la ofensiva de Blond no solo se dirige contra elestado “antisocial”, sino también contra la panacea del mercado propia de lo que él llama el“modelo neoliberal”. Esa panacea es la que, a su juicio, está destruyendo,mediante el accionar amoral de los grandes oligopolios y conglomerados, alverdadero mercado libre. Blond, que se declara “un pensador radicalmente promercado”, aboga por ello por lo que llama “mercado moralizado”, es decir,regulado por fuertes restricciones de carácter ético que harían innecesariasmuchas de las intervenciones del gran estado regulador. Finalmente, está lasociedad asociativa, los “pequeños pelotones” de que hablaba Burke y a los que explícitamentealude Blond. Esa debe ser la base de todo el nuevo entramado social propuesto,y al servicio de ella deben ponerse tanto el estado como el mercado.

Una alternativa liberal asociativa

Es dentro de esta corriente de pensamiento que se inscriben las ideas que Jesse Norman ha propugnado tanto en su libro como durante su visita a Chile. Él lo hace desde una perspectiva que se autodefine como “compassionate conservatism” (“conservadurismo empático” es la traducción de Pablo Ortúzar de este término) y que trata de recuperar, más allá del estado y del mercado, el verdadero sentido y núcleo de la vida social: nuestra vida en común, en sociedad civil, a partir de nuestra autonomía y encuadrada por fuertes valores morales de libertad, responsabilidad, honestidad y solidaridad.

Esta perspectiva confluye ampliamente con la vertiente liberal asociativa presente en el texto ya comentado de Hayek, pero recoge también parte del espíritu de aquella corriente libertaria de izquierda, tan antagónica al socialismo estatizante, que llevó al célebre mutualista francés Pierre-Joseph Proudhon a decir: “Multiplicad vuestras asociaciones y seréis libres”.

En todo caso, y más allá de su raigambre y del título que le pongamos, se trata de un conjunto de ideas extremadamente importantes para vitalizar un debate político hoy empobrecido por el maniqueísmo estado-mercado y la reducción del ser humano a facetas de su actividad –la económica o la política– que en sí no deben ser fines sino medios para fortalecer nuestra autonomía y enriquecer nuestra existencia.

Desde este punto de vista, la gran tarea de renovación política no es otra que unir la inquebrantable defensa de la libertad individual con una defensa igualmente inquebrantable de las formas de asociación civil en que se expresa esa libertad. El ser humano se mueve propulsado por dos fuerzas que parecen repelerse la una a la otra: la necesidad de ser libres y la necesidad de pertenecer a una comunidad. La búsqueda de la libertad ha sido siempre el lado fuerte de las ideas liberales, pero a menudo se ha quedado en el tintero la respuesta a la búsqueda de la comunidad. Con ello se le ha hecho un flaco favor a las ideas de la libertad y se le ha dejado el terreno abonado a los socialistas de todo pelaje para que hagan su oferta de seguridad, pertenencia y comunidad al precio de una subordinación creciente al estado y sus designios. Pero eso no tiene por qué ser así. Si sabemos hermanar libertad y pertenencia, autonomía individual y comunidad, podemos crear una propuesta de sociedad que nos convoque a realizar ese esfuerzo común que Chile necesita para seguir avanzando por el camino de la libertad y para resistir la tentación del estatismo socialista hoy en el poder.

En esta perspectiva no cabe sino felicitar a La Otra Mirada, a la Fundación Ciento Ochenta y al Instituto de Estudios de la Sociedad por habernos dado la oportunidad de conocer de primera mano una corriente de pensamiento que, sin duda, puede enriquecer decisivamente nuestro debate sobre el futuro de Chile.

Mauricio Rojas, Senior Fellow de la Fundación para el Progreso.

Fuente: El Libero

Jesse Norman: “El influyente político británico que ha dado relato a las nuevas generaciones de la derecha chilena”

El político inglés ha sido inspiración de una nueva camada de dirigentes de la centroderecha chilena, que busca renacer políticamente desde los jóvenes.
Los diputados Jaime Bellolio y Felipe Kast, el antropólogo Pablo Ortúzar y el recién electo presidente de la Feuc, Ricardo Sande han destacado su reflexión como una nueva mirada a las “ideas de la libertad”.

Jesse Norman es representante del Partido Conservador en el Parlamento inglés por Hereford y Herefordshire Sur. Según el diario británico “The Telegraph” es uno de los 100 políticos conservadores más influyentes de Inglaterra. A sus 52 años, es considerado como uno de los ideólogos del “nuevo conservadurismo”. Este pensamiento, que plasmó en su libro “La Gran Sociedad”, es calificado como el sustento intelectual del gobierno del actual Primer Ministro del Reino Unido, David Cameron y se ha transformado en la hoja de ruta de referentes jóvenes de la derecha chilena.

En una nueva visita a Chile — fue parte de los “Diálogos Bicentenario” en el Palacio La Moneda en 2011—, el destacado parlamentario se reunió con ex dirigentes del Gobierno de Sebatsián piñera, estuvo en la ENADE, participó de la celebración del segundo aniversario del movimiento Evópoli, liderado por Francisca Correa y fundado por Felipe Kast —desde donde aseguran recogen la reflexión de Norman— y cerró con una conferencia en el centro cultural estación mapocho, en donde conversó con líderes universitarios sobre lo que el llama “la otra mirada”.

Norman plantea que “el siglo XXI es el tiempo de la sociedad civil y no necesariamente del Estado”, apuntando a nuevas estructuras de intermediación que complementen el rol estatal, a través de sociedades intermedias que forman los individuos que permiten el desarrollo de los fines individuales mediante la cooperación con otros individuos con relativa autonomía de la intervención del Estado.

“La gran sociedad” fue traducido al español por Pablo Ortúzar, antropólogo del Instituto de Estudios de la Sociedad y lanzado junto a “Cientochenta”, fundación liderada por Luis Felipe San Martín, presidente Fech 2003 y ex director del INJUV, junto a Alejandro Cajas, vicepresidente de la FEUC 2007 —gremialista— y ex funcionario del Gobierno del Presidente Sebastián Piñera. La misión de esta agrupación es “aumentar el número e influencia de jóvenes que adhieren a los principios e instituciones en favor de una sociedad abierta, libre y pacífica” y ha sido fundamental en la rearticulación del gremialismo en la Universidad Católica y en la coordinación entre movimientos de centroderecha en la Universidad de Chile.

Ortúzar, quien además es miembro del directorio de cientochenta, asegura que “Norman es un conservador, lo que en su ideario implica realizar constantes reformas para darle continuidad a las instituciones probadas buenas por la costumbre, aquellas que custodian bienes indispensables para vivir bien”. Lo que significa, en otras palabras, “adaptación institucional”. El intelectual del IES asegura que la propuesta de Norman “golpea por igual a la izquierda estatista y a la derecha economista” y “los acusa de construir sus visiones políticas desde una (misma) antropología negativa, que considera al ser humano como mezquino, egoísta y pasivo”. Frente a ella, reivindica a los seres humanos como “activos, asociativos y responsables, introduciendo a la sociedad civil como una dimensión autónoma tan importante como el Estado o el mercado, que puede requerir de uno o de otro para buscar sus fines, pero que no puede ser confundida con ninguno de los dos”.

Por su parte, el diputado UDI y presidente de la FEUC 2003, Jaime Bellolio, asegura que “Jesse Norman no podría haber escrito libros más apropiados y coincidentes con la política chilena y especialmente con el futuro de la centroderecha”.

Sande, la FEUC y “la gran sociedad”

Desde la UC aseguran que “La gran sociedad” es una especie de manual para las nuevas generaciones del Movimiento Gremial —quizás dejando un poco más atrás al llamado folleto naranja— y las ideas de “una sociedad libre y responsable” su fortalecido eje aglutinador.

Ricardo Sande explicó en el discurso con que asumió el mandato de la FEUC 2015 que para esta nueva línea en la dirigencia estudiantil “será clave reivindicar que los verdaderos cambios sociales no vengan desde el Estado ni desde el mercado, sino que desde las personas movilizadas. Con movilización no nos referimos sólo a la legítima protesta, sino a la construcción de soluciones. Es un llamado que interpela e incomoda, es el camino largo, es decir, que preocuparse sirve mucho, pero ocuparse sirve aún más”, precisó siguiendo la línea trazada desde su campaña y en intencionada concordancia con las reflexiones del parlamentario inglés, lo cuál fue destacado en su conferencia.

Por Diego Jofré

Fuente: Chile B