Ernesto Medalla: “La sociedad civil”

El rol de la sociedad civil es fundamental, Guy Sorman un optimista por excelencia, nos recuerda que son las personas las que marcan diferencias claves en la sociedad, pues ésta genera cambios desde el propio anhelo personal y no por una planificación central que determine nuestras vidas.

Entre tantos intelectuales que visitan nuestro país, con visiones diversas, creo que no está de más recordar esta postura. Creer en las personas y que éstas se pueden desarrollar buscando su propia felicidad son ejes claves para comprender el rol de la Sociedad Civil.
Nuestro futuro no puede ser oscuro, recordemos que somos cada uno quienes forjamos nuestro destino y como dice Sorman “el pesimismo nos lleva a no avanzar en libertad”.
Ernesto Medalla
Analista Círculo Acton Chile
Publicado en La Estrella de Valparaíso.

Ángel Soto: “Crisis de Occidente y occidentalización del mundo”

A veces pareciera que todo se derrumba. Aquello en lo que vivimos —y hemos creído— nos deja la sensación que no fue más que algo pasajero o tal vez una burbuja. Esa es la impresión que podría dar al lector mirar lo que está pasando en el mundo: “Crisis”, “aún no llega lo peor”, “hay que estar preparados”.

El concepto de crisis da la impresión que —a diferencia de lo que ocurría en el pasado— llegó para quedarse. Evidentemente, éstas no tienen porque ser negativas. Sin embargo, tradicionalmente las asociamos a un estado de cierto malestar, tal vez debido a que una de sus características es que producen incertidumbre frente al cambio y suelen estar acompañadas de pesimismo.

Claro —como dice GuySorman—, ser pesimista tiene sus ventajas, ya que predecir lo peor y ante una señal de catástrofe jactarse de haberlo dicho es mucho más fácil y redituable, estratégicamente hablando. En tanto que ser optimista es mucho más peligroso, pues requiere mirar el horizonte, discernir la tendencia dominante y creer que hay algo mejor en el mejor mundo posible. Y de paso, luchar porque las noticias buenas no venden.

Difícil encontrar este tipo de relatos optimistas del mundo actual, pero los hay. Por eso me llamó, profundamente la atención el nombre del libro que escribió este intelectual francés, titulado: “Diario de un optimista”, que tiene como subtítulo: “observaciones de un economista filósofo acerca de nuestro mundo”.  Ahí lo entendí. No es una mirada puramente tecnocrática, sino que incorpora la dimensión humanista, que —como decían en mi época—: “eso explica muchas cosas”.

¿Qué plantea Sorman? Básicamente que, mientras los que estamos dentro de Occidente lo vemos como un sinónimo de crisis, quienes observan desde afuera lo asocian a libertad. Es lo que él denomina: “crisis de Occidente y occidentalización del mundo”.

Existe coincidencia en que un Estado de derecho, propiedad privada y la calidad de las instituciones son elementos básicos para que los países puedan progresar. ¿Qué significa esto? Que en la mirada optimista,Occidente tiene cuerda para rato. Pues si bien algunos se obnubilan con el Asia, y especialmente con China, el optimista —es decir alguien que cree en el progreso y en la libertad— observaría que los chinos aceptarían con gusto nuestras crisis si pudieran tener a cambio algo más de nuestras libertades.

El filósofo francés que comentamos, afirma con bastante razón que, es indudable que el progreso de Asia esta relacionado “con su conversión a los valores occidentales”, pero en China las instituciones son escasas, al tiempo que no podemos aceptar que el desprecio por los derechos humanos sea una “ventaja comparativa”.

Se queja de su falta de innovación, pues —dice— inventamos acá y producimos allá, y es en Occidente dónde sigue actuando la destrucción creativa.

Pero la innovación por sí sola no basta. Aquí, cobra protagonismo el capitalismo moderno que, con EEUU a la cabeza, combinó capital, trabajo e ideas haciendo competitiva su economía, dice el autor. Una cultura empresarial arraigada en la innovación, pero también en la toma de riesgos y la ganancia, fomentados por un imperio de la ley y unos derechos de propiedad que garantiza un Estado de calidad, no un Estado de cantidad.

Es indudable que hoy vivimos en un mundo mucho mejor que hace tan solo 25 años, y la perplejidad respecto de la economía, la democracia e incluso de nuestra identidad cultural solo se explican desde las bondades que entrega el propio sistema de libertades que son la esencia de Occidente.

Quizás, ya es tiempo de considerar la invitación que hace Guy Sorman a mirar de una manera optimista nuestra civilización, siempre perfectible, pero es bueno considerar el vaso medio lleno, más que medio vacío. Occidente no se está derrumbando, y mucho menos están en cuestión la confianza en las ideas que hicieron de esta parte del orbe una sociedad más desarrollada. La historia así lo demuestra, en tanto que la“occidentalización del mundo” lo confirma.

Por Ángelo Soto | @angelsotochile

Publicado en Plan B el 9 de julio de 2014

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Álvaro Massardo Delgado: “La importancia de las buenas políticas económicas”

A lo largo del siglo XX la historia de la humanidad fue partícipe de políticas devastadoras en el plano económico, por nombrar algunos ejemplos respecto a aquello, es preciso mencionar que las medidas de colectivización de la tierra en los años veinte en Rusia; las que más tarde se repetirían en la década de los cincuenta en China y en los sesenta en Tanzania – mostrando en ambos casos resultados igual de devastadores-  dejarían a su paso a cientos de millones de campesinos muertos de hambre. Otro hito importante a este respecto fue la desestabilización de la moneda en la Alemania de Weimar, política monetaria que entre otras cosas, facilitó el alzamiento del nazismo, régimen que se encargó del inicio de una de las guerras más trágicas en la historia de la humanidad. Por otro lado, la expulsión de las empresas en Argentina en la década de los cuarenta, y luego en Egipto una década después, tuvo consecuencias realmente negativas, pues dichas medidas tendieron a evitar el progreso, la innovación y la estabilidad económica en esos países. Así las cosas, una de las características que une a todos los acontecimientos mencionados anteriormente es su sustento en malas políticas económicas.

Siguiendo con lo anterior, el siglo pasado fue un siglo de altos y bajos en el que los economistas y las naciones oscilaban entre las políticas económicas que propugnaba el Socialismo de Estado contra la Economía de Libre Mercado. Sin embargo, ante la opción de cuál sería el sistema imperante en el mundo, las políticas económicas tendientes a sostener un sistema de propiedad pública, que dejaba de lado la libre competencia en el mercado, privilegiando un sistema de producción planificada, fueron dejadas de lado poco a poco, siendo remplazadas por políticas tendientes a promover la propiedad privada, la libre competencia y en las que la producción es determinada por los privados, no por el Estado.

¿Cómo ocurrió lo anterior? Las malas políticas económicas fueron dejadas de lado, dando paso a la implementación de buenas políticas económicas. Aquella postura es sostenida por Guy Sorman, economista, periodista y filósofo político francés, defensor del libre mercado, la filantropía y el capitalismo moderno, quien en Marzo del presente año visitará nuestro país.

Sorman en su obra “La economía no miente” nos señala que la “Economía” ha tenido un desarrollo como ciencia independiente racional, refutable y contrastable con la realidad, solo en los últimos dos siglos, pues anteriormente dicha rama del conocimiento se discutía en los círculos intelectuales con vocación de intuición y especulación, sin fundamento empírico.

Hoy en día, dentro de un ámbito científico serio y racional, gracias al desarrollo de modelos matemáticos contrastables con la realidad en que vivimos, es posible demostrar la validez de las teorías económicas mediante su validación, refutación o corrección. No obstante lo anterior, como sostiene Sorman: “En tiempos de crisis suele resurgir el pensamiento mágico, el cual borra la racionalidad alcanzada; la demagogia y el pánico pueden anular las enseñanzas de la ciencia económica” y vaya que tiene razón el autor al sostener esto, pues basta señalar que aquello es fiel reflejo de las políticas económicas implementadas en la actualidad por nuestro gobierno de turno.

Con argumentos claros y precisos a lo largo de las páginas de su obra, Sorman al explicar porque la economía no miente, nos invita a no abandonar la creencia en la implementación de las buenas políticas económicas, aquellas que en el mundo durante las últimas décadas han sacado a la gente de la pobreza, han mejorado sus oportunidades y han permitido a las personas tener – en términos señalados por Milton Friedman- libertad de elegir.

Sorman es claro al sostener que: “Los ciclos económicos son resultado de la innovación. La innovación – ya sea técnica, financiera o gerencial- genera crecimiento, pero no todas las innovaciones son exitosas… sería bueno escapar de los ciclos económicos, pero no hay manera de tener crecimiento sin innovación, innovación sin riesgo, o riesgo sin ciclos económicos. Los ciclos económicos con sus altibajos no son enemigos del progreso económico; el enemigo del desarrollo humano son las malas políticas económicas”.

Alvaro Massardo Delgado
Analista Círculo Acton Chile

Foto de libertad.org.ar

Guy Sorman: “Chile ya no es percibido como el país amigable que era”

INESTABILIDAD, impredecibilidad, pérdida de ventajas comparativas y equivocados enfoques en las reformas, son parte de los problemas que observa en Chile el filósofo y economista francés, Guy Sorman, quien atribuye estas dificultades a las decisiones tomadas por la administración de la Nueva Mayoría.

Si antes era un admirador declarado de las políticas económicas de nuestro país, que desde su punto de vista se comparaban con las de EEUU, hoy día cuestiona el nuevo rumbo, asegurando que el modelo chileno dejó de ser un ejemplo para el resto de América Latina.

¿Ve un cambio mayor en la conducción de Chile con la administración de la Presidenta Michelle Bachalet? ¿Han cambiado sus fundamentos? 

—En Chile un principio básico y uno de los más importantes es la estabilidad. Cuando cambian las reglas, se modifica el sistema tributario, se añade elementos disruptivos a la estabilidad. El problema no se trata de que los niveles de impuestos se hayan modificado, sino que los tributos y la regulación se han vuelto impredecibles. Eso fue lo que al parecer no comprendieron en el gobierno chileno con su reforma.

Empresarios y emprendedores sabían que Chile era un lugar estable y predecible, esa era la razón por la que invertían. Pero ahora el sistema se ha vuelto inestable e impredecible, lo que tiene consecuencias negativas tanto en la inversión doméstica como extranjera. No se trata de un asunto político, porque la estabilidad la pueden introducir gobiernos de izquierda o de derecha.

¿Qué tan inestable es percibido Chile? 

—Lo suficiente como para preocuparse, porque las consecuencias ya son visibles. La inversión se está desacelerando, al igual que el crecimiento. Por supuesto, esto no ocurre exclusivamente por culpa del gobierno. También hay razones externas que tienen que ver con el mercado global, como la desaceleración en China. De todas maneras se percibe que los inversionistas están un poco más reacios y que Chile ya no es un modelo económico para el resto de Latinoamérica.

Aun así, funcionarios estadounidenses que han visitado Chile, como Kurt Tong, vicesecretario Adjunto para Asuntos Económicos y Empresariales del Departamento de Estado de EEUU, aseguran que las inversiones estadounidenses siguen fuertes y que no están mayormente preocupados por la situación de Chile. 

—Eso tiene sentido si se compara al país con el resto de América Latina. Se puede decir que la situación no es buena, pero que rodeado de países donde la cosa anda peor es distinto. Por supuesto que lo están haciendo mejor que Brasil o Colombia, pero para Chile el modelo nunca fue América Latina, sino Estados Unidos, mirando sus reglas, legislación y predictibilidad. Ahora, la presidenta Bachelet está trayendo de vuelta a Chile a Sudamérica, así que ¡Bienvenido de regreso a Latinoamérica!.

Las reformas en Chile han continuado en medio de la desaceleración económica, ¿Cómo evalúa este proceso que las mismas autoridades llamaron seis meses atrás “realismo sin renuncia”? 

—Fuera de los slogan políticos, trato de entender lo qué está sucediendo en Chile. Es importante no politizar demasiado la economía, porque el problema surge justamente cuando se mezcla política y economía.

Desde un punto de vista puramente económico hay que hacer una distinción entre la desaceleración que es consecuencia de lo que ocurre en el mercado global y la que es consecuencia de la inestabilidad. Hoy salimos de la era de rápido crecimiento, ese que fue consecuenArcia del giro que tuvieron las economías de China e India hacia el libre mercado, generando una demanda global que crecía muy rápido, de lo cual se benefició Chile.

Ahora estamos en una nueva era, que yo llamaría de crecimiento normal, donde los países más grandes crecen entre 2% y 3% y los en desarrollo en torno al 5%. No puedes esquivar lo que pasa en el mercado global, siendo Chile un país pequeño, con un mercado pequeño.

En este nuevo escenario han caído los precios del cobre pero a un nivel normal, porque estaban muy altos. En este contexto, la ventaja comparativa de Chile eran dos cosas: empresas, incluyendo pequeñas, de orientación a las exportaciones y su estabilidad y predictibilidad, que es justamente lo que está en entredicho en estos momentos.

¿Inestabilidad y impredecibilidad son los mayores problemas de la economía chilena? 

—Chile arrastra otros dos problemas. Uno es que la competencia interna es muy limitada, el mercado local está muy regulado por lo que resulta difícil entrar. Si quieres empezar un emprendimiento en Chile o una compañía pequeña es muy difícil conseguir financiamiento o cualquier tipo de apoyo. Así, el número de empresas y emprendimientos en el país es muy reducido.

El segundo problema es que la mitad de la población vive en la pobreza. El mercado, que ya es pequeño, se reduce porque no todos están realmente en el mercado. La mitad de la población está en la periferia del mercado.

¿Cómo sacar a esa población de la pobreza e incluirla en el mercado? 

—El mayor drama de Chile es su mala educación primaria pública. Eso es lo que mantiene la mitad de la población en la pobreza. Fuera de Santiago no hay ninguna escuela primaria pública decente, por lo que la gente se mantiene en la pobreza.

En ese sentido, ¿qué le parece la reforma en curso?

—El gobierno se ha enfocado mucho en generar acceso gratuito a la educación superior para quienes no pueden pagarla, pero ese no es realmente el problema. Han olvidado la urgencia que hay en el sector primario, de contar con mejores profesores, traer la competencia entre las escuelas. Esas son las políticas que deberían seguir para mejorar la educación y sacar a más gente de la pobreza.

Pese a no considerarlo una prioridad, ¿le parece buena idea el acceso gratuito universal a la universidad? 

—La educación superior en Chile es bastante buena, no sólo a nivel regional sino mundial. Por lo que es una mala idea modificar un sistema que funciona bien. La gratuidad universal terminará por beneficiar a jóvenes de ingresos altos o altos medios, que saben que su educación es una inversión, por lo que deberían pagar ya sea en un establecimiento público o privado.

Si hay jóvenes que no pueden acceder pueden pedir créditos o recibir cierto apoyo del gobierno, pero el Estado debería centrar sus recursos en la educación primaria. El gobierno está totalmente equivocado en sus prioridades, por razones políticas o por las protestas, y se ha centrado en lo que funciona y no en mejorar lo que no funciona.

Además de la educación, ¿qué más puede hacer Chile para reducir la desigualdad?

—Debieran mirar sector por sector, mercado por mercado. La regulación actual frena la entrada de pequeños empresarios. También hace falta un sistema de sistema de crédito para las micro empresas. Digamos que tienes 20 años y quieres abrir un negocio muy pequeño, debieras poder contar con apoyo de la regulación y del crédito. Esa es la forma en que muchas personas podrían salir de la pobreza.

Considerando la situación externa e interna, ¿cómo ve a Chile de cara a los desafíos de 2016? 

—Chile se vio muy beneficiado por los altos precios de los commodities y aunque no me gusta hacer predicciones es probable que éstos sigan bajando, o quizá se estabilicen, pero no hay posibilidades de que suban en el futuro. Esto significa que Chile tendrá que reemplazar los beneficios que obtenía por los recursos naturales con exportaciones más creativas, como las que han explorado en la industria de los alimentos. La diversificación de exportaciones de alimentos puede compensar las pérdidas por los precios de los commodities. La clave es potenciar las marcas chilenas.

Si bien algunas de marcas de alimentos, vegetales y pescados son conocidas en la parte oeste de EEUU, en Europa nadie puede nombrar ni un solo producto chileno. “Hecho en Chile” no significa nada. Si compras algo hecho en Alemania significa que es resistente y técnicamente avanzado; en Francia, que es sofisticado, lo mismo en Japón.

Si es hecho en China, se sabe que la calidad no es buena, pero si es hecho en Chile simplemente no significa nada. La noción de branding en el mercado es muy importante y en eso deben trabajar las marcas chilenas pero también se debe promover la marca “hecho en Chile”.

No sé si el gobierno ha pensado alguna vez en esto. Recientemente, estuve en Corea del Sur y les dije exactamente lo mismo, porque todo el mundo conoce a Samsung pero nadie sabe que es coreana.

¿Pero Chile está a tiempo de trabajar en estos temas como para enfrentar la desaceleración actual? 

—Por supuesto. De hecho, no hay otra solución. En Chile no pueden hacer nada respecto a la desaceleración en China. Pueden esperar que India se comience a acelerar pero no generará la demanda de commodities que vimos en años previos.

En ese marco, es más importante garantizarles a los inversionistas que Chile es un país amigable. Y, fuera de que en el contexto latinoamericano puede ser diferente, Chile ya no es percibido como el país amigable que era para empresarios locales y extranjeros.

Publicado en Pulso.
Foto de Patricio Fuentes

Guy Sorman: “Los impuestos no tienen influencia en la igualdad”

El experto profundizó en las reformas estructurales del actual gobierno y el escenario económico que enfrenta Chile, entre otros temas.

En entrevista con CNN Chile, el economista y filósofo liberal Guy Sorman, conversó sobre la economía chilena calificándola como “un existoso modelo de desarrollo”.

Al hablar sobre gratuidad en eduación pública superior, aseguró que es una idea “absurda” porque finalmente los beneficiarios son los niños de las familias más ricas, ya que tuvieron una buena educación básica para empezar. En este marco enfatizó que una reforma trascendental para Chile “sería a la educación pública básica”.

“Si ves la composición social de quienes son los estudiantes, en las mejores universidades de Chile, ellos vienen de un origen rico. Pueden pagar o pedir prestado el dinero porque la educación superior es una inversión”, expresó.

Respecto al rol de los impuestos tras la desigualdad,  recalcó que éstos “no tienen influencia en la igualdad”. Asimismo explicó que aumentar los impuestos a las personas más ricas, éste sector desaparecerá ya que al ser un conjunto globalizado pueden cambiar su fortuna o ingresos a países con menores tasas.

Más detalles de la entrevista, en el video adjunto.

Publicado en CNN Chile

Sorman suspende su conferencia en Chile

El martes el destacado filósofo francés Guy Sorman se contactó con la fundación La Otra Mirada para suspender su conferencia sobre “La Economía no Miente” que se iba a realizar el viernes 21 de agosto en el Hotel W y a donde ya habían confirmado 1.200 personas para asistir, entre políticos, académicos, economistas, emprendedores y blogueros del ámbito nacional.

¿La razón? Un accidente en auto lo tenía sometido a controles y exámenes que no le permitirían viajar a Chile durante los próximos días. A pesar del esfuerzo del francés por mantener su viaje, los médicos no le permitieron prosperar con la idea.

La cancelación tuvo rápido eco en redes sociales donde había capturado mucha atención la entrevista realizada en El Mercurio la semana pasada y sus ideas liberales sobre una nueva derecha. Además, había que cancelar una extensa agenda de actividades que comprendían además de esta conferencia, una charla en la Universidad Adolfo Ibañez, un almuerzo con académicos y autoridades de la UAI, entrevistas a medios de comunicación local y hasta una reunión con el ex presidente Sebastián Piñera, con quien se conocen desde su última venida a Chile.

La Otra Mirada, una iniciativa del filántropo Nicolás Ibañez, ya ha traído a Chile al historiador británico Niall Ferguson, al político británico Jesse Norman y a la bloguera cubana Yoani Sanchez. En diciembre será el turno del destacado profesor y bloguero italiano Luigi Zingales, que viene a nuestro país a refrescar las ideas para analizar cómo detener el deterioro actual.

Francisco Sánchez: “Optimismo”

“Mi optimismo no es engreído, sino racional, basado en la realidad”, afirma Guy Sorman, fiel descendiente del pensamiento ilustrado. ¿Por qué visita Chile por segunda vez? Quizás por el propio interés que genera nuestro país que ha dejado, poco a poco, el dinamismo que lo caracterizó por casi 40 años, o tal vez por la fama que nos precede de “reformistas”.

Independiente de sus razón, lo importante es rescatar su relato, análisis y visión del mundo. Claramente, no hay recetas mágicas para sociedades perfectas, pero sí para ver la vida con otros ojos… una renovada perspectiva de optimismo.
Por Francisco Sánchez.
Publicado en Atacama Copiapó-Chile
Foto de Atlasone.org

Ernesto Medalla: “El fin de una era de crecimiento ‘milagroso'”

Es interesante lo que está aconteciendo en China, más que mal no es tan solo parte del dinamismo económico.

La caída de la Bolsa de Shangai en julio puede ser un simple hecho, con una mínima o ninguna consecuencia para la economía global. O podría ser un tiro de advertencia sobre un cambio significativo de rumbo en la historia china: el fin de una era de crecimiento “milagroso” al 10% anual, y el amanecer de una nueva era regida por la incertidumbre.
Guy Sorman sostiene que “partiendo con el rol de la Bolsa para los chinos. Este no es el mismo rol que juega en Occidente. La nueva clase media china que surgió del crecimiento económico durante los últimos 30 años está constituida más o menos de unos 200 millones de personas.
A diferencia de Occidente, estas personas no disfrutan de un seguro de salud colectivo, de pensiones públicas o educación gratuita. En China, todo el mundo paga por lo suyo, mientras que en Occidente el gobierno ahorra dinero para usted y, más o menos, lo redistribuye como corresponde.”
Quizás como sociedad debemos replantearnos el rol del Estado y nuestro accionar individual.
Publicado en La Estrella de Concepción.
Por Ernesto Medalla.

La Otra Mirada en conversación con Guy Sorman

Cecilia Guzmán, directora ejecutiva, y Carolina Ibáñez, miembro del directorio de La Otra Mirada viajaron a Francia, París para reunirse con Guy Sorman, el reconocido intelectual que dará la conferencia La economía no miente y una charla a los estudiantes de la Universidad Adolfo Ibáñez, el 21 de agosto de este año. El objetivo de la reunión fue ajustar los últimos detalles de la visita y además aprovechar de realizar una entrevista con los temas de contingencia nacional.

Las representantes del equipo le hicieron distintas preguntas. Sobre el aborto Sorman sostuvo que estaba “a favor de la libertad de elección, pero libertad de elección informada”, explicó que muchas mujeres abortan porque creen no tener más opciones, por lo que, la filantropía o los gobiernos deberían ampliar la libertad de elección con una sistema de apoyo hacia ellas.

Respecto a la gratuidad en la educación, Sorman aseguró que no existe la educación gratuita porque alguien tiene que pagar, ya sea como contribuyente o como estudiante. Incluso, expresó que “si tienes educación gratuita, por ejemplo en educación superior, quiere decir que la gente pobre está financiando a la gente rica”. A lo que agrega que “es totalmente reaccionario y contraproducente en términos de calidad”.

Sorman se declara optimista y cuando se le preguntó por las razones, dijo que tenía que ver con la realidad que vive. Explicó que hoy sus hijos van a Berlín o Estocolmo por el fin de semana, lo que sus padres no podían hacer dado los distintos conflictos internacionales de la época. “La mayoría de los europeos realmente tenemos libertad de elección y estamos en paz con nuestros países vecinos”, enfatiza la idea diciendo, “creo que tuve suerte al nacer en Europa” y termina sosteniendo que “no ser optimista es estúpido, porque es muy sencillo”.

La conferencia se llevará a cabo en el Hotel W el viernes 21 de agosto a las 08:30 horas y puedes inscribirte haciendo click aquí.

Guy Sorman: “Las fuerzas del mercado desestabilizan el régimen en China”

La caída del 14% en la Bolsa de Shanghai en julio puede ser un simple hecho técnico limitado, con una mínima o ninguna consecuencia para la economía global. O, en cambio, podría ser un tiro de advertencia sobre un cambio significativo de rumbo en la historia china: el fin de una era de crecimiento “milagroso” al 10% anual, y el amanecer de una nueva era regida por la incertidumbre.

Permítannos explicar esta hipótesis en términos simples, partiendo con el rol de la Bolsa para los chinos. Este no es el mismo rol que juega en Occidente. La nueva clase media china que surgió del crecimiento económico durante los últimos 30 años está constituida más o menos de unos 200 millones de personas.

A diferencia de Occidente , estas personas no disfrutan de un seguro de salud colectivo, de pensiones públicas o educación gratuita. En China, todo el mundo paga por lo suyo, mientras que en Occidente el gobierno ahorra dinero para usted y, más o menos, lo redistribuye como corresponde.

Cuando la clase media china y los miembros más modestos de la sociedad reciben un ingreso regular, ellos ahorran cerca de la mitad para financiar su salud, la educación y la jubilación. Los chinos tienen muy pocas alternativas cuando se trata de invertir sus ahorros. Los bancos ofrecen tasas de interés más bajas que la inflación e invertir en el extranjero es una opción que está abierta solo para la aristocracia comunista.

Para el ciudadano común racional y respetuoso de las leyes, las únicas alternativas que le quedan están entre las bolsas de Shanghai y Shenzhen e invertir en bienes raíces. Las nuevas ciudades chinas y sus casas y oficinas vacías actúan como la alcancía del país. Si estalla la burbuja inmobiliaria, la clase media china quedará en la ruina. Diversos observadores chinos han presagiado este colapso durante los últimos 10 años, pero por ahora han resultado estar equivocados. El éxodo de las zonas rurales y el próspero crecimiento han convertido estos edificios y ciudades nuevas en inversiones provechosas. Al menos hasta ahora.

Si el crecimiento afloja el paso y el éxodo rural disminuye paulatinamente -que parece ser cada vez más el caso-, estos edificios continuarán vacíos y desvalorizados. El efecto dominó significará que los inversionistas individuales no podrán entonces pagar por su salud, la educación de sus hijos, y pueden despedirse de sus pensiones. Lo mismo corre para la Bolsa.

Si las acciones continúan cayendo, creando los mismos riesgos que se ven en la burbuja inmobiliaria, la clase media inversionista también se va a desestabilizar. Esta es la razón de por qué el gobierno de Beijing está haciendo un esfuerzo extraordinario para calmar la Bolsa, obligando a los bancos que maneja el Estado a que compren acciones y prohibiendo que las empresas estatales las vendan. Pero todo parece ser para nada.

La caída continúa en una clara muestra de cómo el capitalismo en China se está escabullendo del control de los poderes existentes. Los actores de los mercados tanto financiero como inmobiliario han comprendido que el crecimiento anual del 10% llegó a su fin definitivamente.

Recuerde que este crecimiento fue posible porque China empezó sin nada (las reformas económicas de 1979 de Deng Xiaoping permitieron que los chinos trabajaran para ellos mismos) y tuvo una fuerza laboral considerable, lista para trasladarse de los campos a las fábricas. Esta transición del comunismo al capitalismo de Estado coincidió felizmente con la globalización y la demanda de Occidente de nuevos bienes de consumo, como los teléfonos móviles. Esta era terminó ahora: la demanda global aflojó el paso; China se ha encontrado con que está compitiendo con otros “subcontratistas”, como Vietnam, Bangladesh y México; la robótica ha estimulado la reindustrialización de Occidente y la fuerza laboral china se está debilitando debido a una población en disminución producto de la política de un solo hijo.

Se vieron situaciones similares en Japón, Corea del Sur y Taiwán hace una o dos generaciones. Pero sus gobiernos y emprendedores tuvieron la sagacidad suficiente como para pasar un nivel más sofisticado, creando marcas de renombre e intercambiando cantidad por calidad.

Difícilmente se puede decir lo mismo con respecto a China. El gobierno de Xi Jinping ha sucumbido a los delirios de grandeza, y ha vertido sus ganancias en proyectos fantásticos que han culminado en aeropuertos vacíos, autopistas desiertas, la creación de una flota de alta mar y repetidos Juegos Olímpicos. Los emprendedores más inventivos, aquellos que podrían haber fundado las versiones chinas de Samsung y Toshiba, han partido a EE.UU., donde sus patentes y la libertad de expresión están protegidas.

Los líderes chinos están completamente conscientes de este análisis crítico. Y el gobierno en parte lo tomó en cuenta al anunciar a principios de este año que el objetivo de crecimiento bajaría al 7%. China luego publicó cifras de crecimiento en el primer trimestre de… 7% a principios de julio, lo cual provocó el escepticismo de las estadísticas oficiales.

Mientras tanto, como hemos visto, se ha subido artificialmente el precio de las acciones para mostrar que el Partido Comunista todavía está al control del mercado, y no viceversa. Pero está sucediendo lo contrario. Las leyes del mercado están pesando más que las políticas del partido, y al verse enfrentado a una situación cada vez más fuera de su control, el partido decidió reprimir, en lugar de adaptarse. Nunca ha habido más disidentes, usuarios de internet y abogados en las prisiones desde la muerte de Mao Zedong.

Mao Yushi, economista residente en Beijing, prodemocracia y promercado, señaló: “Los chinos renunciarán a su libertad, pero jamás aceptarán perder sus ahorros”. Parece que ellos están a punto de perderlos tanto en el mercado bursátil como en el inmobiliario. ¿Qué deberíamos predecir? Para evitar engañar a los lectores, no sacaremos conclusiones potenciales.

Sería presuntuoso anunciar que el fin del crecimiento próspero, o incluso la desaparición de los ahorros, producirá inevitablemente el colapso del Partido Comunista. El actual gobierno dirige el país sin ninguna oposición real mientras garantice el orden civil. Y no hay nada que intimide más a los chinos que el desorden. Yo apostaría por el statu quo .

Guy Sorman
Economista y filósofo francés de la Universidad de París y autor de “El Corazón americano”, “Diario de un optimista” y “La economía no miente”.

Publicada en El Mercurio el sábado 08 de agosto de 2015.