Jonathan Haidt: “Trump habla de una manera que sintoniza con las personas autoritarias”

Noticia de www.cnnchile.com

Jonathan Haidt: “Trump habla de una manera que sintoniza con las personas autoritarias”

29 de Diciembre, 2016 – 23:45 Hrs.

Psicólogo aseguró que la estrategia del presidente electo “debería funcionar en casi todos los países”.

El psicólogo social estadounidense, Jonathan Haidt, conversó con CNN Chile desde Nueva York y analizó diversos termas que abarcaron la agenda internacional, como la crisis de confianza en la política y la inmigración.

Sobre este último punto, el especialista afirmó que en Estados Unidos la asimilación entre culturas “en los años 20 EE.UU. cerró la puerta y tuvimos una actitud general de asimilación”, la que a su juicio funcionó en el siglo XX pero no necesariamente en el siglo XXI.

Sobre el mandatario electo, Donald Trump, dijo que “pareciera tener algo muy personal que hace que sienta miedo de todo”.

“Algo particular sobre la psicología de Donald Trump es que tiene esta alta sensibilidad de desagrado y que habla de una manera que sintoniza con las personas autoritarias, que son partidarios de mantener las divisiones y alejar a cualquiera es diferente y eso es algo dañino”, complementó.

En esa línea, dijo que esa es una estrategia que “debería funcionar en casi todos los países”.

Sobre el escenario político mundial, Haid dijo que “la democracia está enfrentando una serie de desafíos”.

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Jonathan Haidt y el choque entre globalización y nacionalismo

Noticia de Pulso Economía & Dinero
2016-12- 27

ENTREVISTA CON EL PSICÓLOGO SOCIAL DE LA ESCUELA DE NEGOCIOS DE LA U. DE NUEVA YORK

Jonathan Haidt y el choque entre globalización y nacionalismo: “Soy pesimista sobre la posibilidad de que la disputa disminuya”

 

Una entrevista de FRANCISCA GUERRERO Una entrevista de FRANCISCA GUERRERO EL CONFLICTO es eterno, según Jonathan Haidt, psicólogo social de la Escuela de Negocios Stern de la Universidad de Nueva York, que no se siente optimista respecto a la disputa moral que se libra en nuestros tiempos. Globalización versus nacionalismos, la irrupción de las redes sociales y el aumento de la inmigración son factores que generan cada vez más tensiones en el mundo desarrollado, escenario en el que no descarta una confrontación más violenta.
El académico, que el próximo 4 de enero ofrecerá la conferencia ‘¿Cómo nos afecta el capitalismo y qué hace por nosotros?’, organizada por el CEP y La Otra Mirada, también trabaja en torno al sistema ético de las organizaciones. En ese marco, asegura que si muchos quebrantan la ley en una industria, como en los casos de colusión, no se puede culpar a manzanas podridas sino a todo el cajón.
Usted ahonda en la diputa moral que existe entre las personas respecto a su percepción sobre la economía, ¿podría explicar este concepto?
—Siempre va a haber conflictos en los grupos humanos, a veces simplemente es por los recursos, pero incluso en esos casos la gente tiende a entenderlo como una disputa moral, donde se tiene cierto derecho que otro está violando. La disputa es eterna, lo ves en el budismo, hinduismo, en la biblia.
En general los conflictos son específicos en cada país, pero estos conflictos son cada vez más similares unos de otros. Están creciendo los populismos en Gran Bretaña, Estados Unidos, Polonia, Hungría, en realidad en toda Europa y algunos están ganando fuerza. Personalmente, creo que en el siglo XXI habrá varios conflictos, uno de ellos en torno a la globalización, que se ha expandido con la prosperidad pero que ha intensificado la desigualdad en muchos países.
Otro tiene que ver con las redes sociales, que solo en los últimos años han permitido que todos sepamos lo que está pasando al otro lado. Con esto, la política se está volviendo algo mucho más personal. Lo tercero es el aumento de la inmigración en todos los países, lo que tiene un amplio efecto sociológico.
Hay varios países que están experimentando estas tres tendencias, lo que se traduce en ira política y polarización.
¿Forman parte de esto los cuestionamientos al libre comercio que atraviesan el triunfo de Donald Trump y del Brexit?
— Claro, es parte de la división emergente entre globalización y nacionalismos. Los partidarios de la globalización están generalmente en el ala izquierda de la moral, mientras que los nacionalistas están más cercanos a la derecha. Es fundamentalmente una discusión sobre la legitimidad del levantamiento de muros.
Los partidarios de la globalización no se sienten cómodos con la idea de los muros, creen en el libre movimiento de las personas, lo que se liga bastante a la idea que defiende la Unión Europea. En tanto, los nacionalistas tienden a ser más patriotas, más hostiles frene a la influencia extranjera en sus propios países, por lo tanto la sola idea de sobrepasar las líneas fronterizas es perturbador para los nacionalistas.
Si el comercio hubiera cumplido las promesas que hizo el siglo pasado, no habría tanta discusión al respecto. Pero debido a que al menos en Estados Unidos los tratados de comercio son negociados por miles de lobbies que representan interesas corporativos, no es claro quién realmente está hablando por la clase trabajadora.
En EEUU hay una división muy grande en relación a la gente que se ha visto beneficiada por la globalización, especialmente en ciudades donde la gente se ha visto dañada, por ejemplo en zonas rurales, en el medio oeste, en esos lugares donde triunfó Donald Trump.
¿Cree que esta disputa moral pueda llegar a una confrontación más violenta?
— En general soy muy pesimista sobre la posibilidad de que esta disputa disminuya en lugar de ponerse peor, bastante peor. La única esperanza que tengo es que los niveles de violencia en estos términos son mucho menores a los que vimos, por ejemplo, en los años ‘60.
En esos años Estados Unidos también estaba muy dividido pero había mucha más violencia, hubo mucha más muerte como respuesta a la ira política. Hasta el momento acá tuvimos elecciones muy divididas y en el peor de los casos, algunas peleas entre personas, pero nadie fue asesinado por las elecciones. Los niveles de violencia aún son muy bajos, pero no sé cuánto va a durar eso.
En su trabajo también aborda los sistemas éticos para las empresas ¿A qué se refiere exactamente?
— Es una forma de mirar a las compañías como sistemas complejos compuestos de personas individuales. Por lo tanto, si quieres mejorar los activos de una organización no puedes sólo hablar de ello, no puedes solo incentivarlos. Hay que mirar los diferentes niveles de análisis (individual, grupal y social), contar con una mirada sistémica.
Eso es lo que estamos tratando de hacer: aplicar el comportamiento de la investigación científica a los sistemas para mejorar la ética en los negocios.
¿Cómo una empresa puede desarrollar un sistema ético?
— Cada empresa tiene su propia cultura, por lo tanto, sus líderes tienen que estar atentos a ella y preguntarse qué pueden hacer para mejorarla. Actualmente en Estados Unidos la ética se aboca casi completamente al cumplimiento de los objetivos que impone la ley, tienen sistemas operando para medirlo y una capacitación que apunta en esa dirección. Cuando se piensa solo en cumplir la ley, los asuntos éticos se transforman en un obstáculo y estamos tratando de cambiar eso, que la ética vaya más allá del cumplimiento de esos estándares legales.
En ese marco, ¿cuáles son los temas más importantes para los sistemas regulatorios?
— Los sistemas regulatorios debiesen preocuparse de que no se incentiven las cosas equivocadas. La mayoría de los sistemas regulatorios son desarrollados por economistas, que no saben mucho de psicología. Por ejemplo en Estados Unidos en 1992 la ley se cambió para que cuando una compañía quiera pagar a un ejecutivo más de US$1 millón al año ese gasto no sea deducible, a no ser que la compañía pague por el sistema que puso en operación.
Los economistas apuestan a impulsar a los líderes a alcanzar metas de rendimiento, por ejemplo el precio más alto de una acción, pero esto puede ser una idea terrible, porque siempre que estableces metas concretas la gente las alcanza sea como sea, harán lo que sea posible para cumplirlas. En los ‘90 vimos mucho eso, que se establecían metas concretas en lugar de pensar en el bienestar de la compañía a largo plazo.
En Chile hemos visto muchos casos de colusión, en medicamentos, papel tissue y pollos.
¿Cree que se pueda atribuir a la falta de un sistema ético en nuestra cultura empresarial?
— No conozco mucho de Chile, por lo que no puedo hablar de su cultura. Pero aquí es donde caben los tres niveles de análisis: el más bajo es el individual y sabemos mucha de su psicología, en del medio es la cultura de la organización que afecta al grupo, el más alto es el sistema en el que está inserta, lo que incluye la ley y la regulación, pero también considera la cultura nacional.
Por lo tanto, al ver cómo se comporta una empresa en Chile, en relación a una en China o Suiza, va a ser muy diferente. Respecto a la colusión, es importante que exista una regulación consistente. Si el problema es de dos ejecutivos, las normas de la empresa pueden operar.
Cuando se ve que es algo que va más allá de unas pocas personas, es posible que se requiera de normas sobre lo que es bueno para el país.
Detectar los casos es difícil, porque los empleados que lo ven sienten que sacarlos a la luz es una traición a su equipo, pero lo que debe importar en este caso es el bienestar de la compañía a largo plazo.
En casos como estos hay gente que culpa a los individuos, pero hay quienes consideran que es algo propio del afán de acumular ganancias en el capitalismo.
¿A quién es más justo responsabilizar?
— Desde el punto de vista psicológico nos gusta culpar a individuos. Nos gusta encontrar a la manzana podrida. Es mucho más fácil. La idea central de los sistemas éticos apunta a la psicología social. Todos estamos muy influenciados por el ambiente y por lo que la otra gente está haciendo. Los sistemas éticos ponen más atención al cajón que a la manzana. Si hay industrias donde la mayoría de las personas está quebrantando la ley no puede ser por una manzana podrida, sino por el cajón. Si algo es común en una industria es porque se trata de un problema sistémico.
Teniendo eso en cuenta, hay que tener presente que dos manzanas podridas realmente pueden estropear al grupo. Por lo que de todas maneras los individuos importan. Recuadro : ‘Cuando se piensa solo en cumplir la ley, los asuntos éticos se transforman en un obstáculo’.
‘Si hay industrias donde la mayoría está quebrantando la ley no puede ser por una manzana podrida’.
‘Los sistemas regulatorios debiesen preocuparse de que no se incentiven las cosas equivocadas’.
‘Siempre que estableces metas concretas la gente las alcanza sea como sea’.
‘La globalización se ha expandido con prosperidad pero ha intensificado la desigualdad’.
‘No está claro quién realmente está hablando por la clase trabajadora (en la discusión de acuerdos comerciales)’
‘La única esperanza es que los niveles de violencia son mucho menores a los que vimos en los ‘60’.
‘Los partidarios de la globalización no se sienten cómodos con los muros, creen en el libre movimiento de personas’.

Noticia de Pulso Economía & Dinero
2016-12- 27

Deirdre McCloskey en Chile

Deirdre Nansen McCloskey enseñó en University of Illinois en Chicago economía, historia, inglés y comunicación desde el año 2000 al 2015. Ha escrito 17 libros, cerca de 400 publicaciones en tópicos que abarcan desde economía técnica y teoría estadística hasta promoción transgénero y las virtudes éticas de los burgueses.

Pronto Rudy Giuliani en Chile, invitan: UAI y La Otra Mirada

Lo llamaron “el alcalde de América” y “la persona del año”. Lo tildaron de héroe, pero antes de llegar a convertirse en una leyenda, Rudy Giuliani, hijo de padres inmigrantes italianos, nació en Brooklyn, creció en Long Island y se educó en Manhattan, siempre en el estado de Nueva York, donde se tituló cum laude de Derecho en NYU.

Después de graduarse de la universidad, emprendió una brillante carrera como abogado que lo llevó a convertirse en asistente del Fiscal General de Estados Unidos con apenas 37 años.

Unos años más tarde, como fiscal del distrito sur de Nueva York, lideró la lucha contra el narcotráfico, la corrupción y la mafia. Sin embargo, y a pesar de su popularidad entre la población y de haber ganado más de 4 mil casos como fiscal, no logró quedarse con la alcaldía de la ciudad en su primer intento en 1989. Sí lo logró en su segunda carrera, representando al Partido Republicano en las elecciones de 1993, permaneciendo en el cargo durante dos períodos, hasta el 2002.

Durante su gestión alcanzó la transformación de Nueva York desde varios ámbitos: redujo en un 65% el crimen, en un 70% los asesinatos y logró posicionar a la gran manzana como la ciudad más segura del país a través de la llamada “estrategia policíaca número cinco”, la tolerancia cero a la delincuencia y la rígida aplicación de la ley, convirtiendo a Nueva York, antes conocida en el mundo entero por el peligro reinante en sus calles, en un ejemplo para otras ciudades del mundo.

Pero la prueba más dura de su carrera vendría en el 2001, cuando tuvo que hacer frente a la crisis provocada por los atentados del 11 de septiembre, reaccionando con tanta rapidez y efectividad ante el mayor ataque terrorista de la historia, que cayó en la categoría de héroe. “Vamos a reconstruir, y vamos a ser más fuertes de lo que fuimos antes… quiero que la gente de Nueva York sea un ejemplo para el resto del país, y el resto del mundo, demostrando que el terrorismo no puede detenernos”, fueron parte de sus palabras a la ciudadanía durante esos duros momentos.

Luego vino la fama mundial, el título de “personaje del año” otorgado por la revista Time y el legado de ser un personaje que no sólo convirtió a una urbe en un mejor lugar para vivir, sino también de alguien que fue capaz de unir a sus habitantes durante sus peores momentos.

Después de un fallido intento por llegar a la Casa Blanca, hoy es presidente de Giuliani Partners LLC, consultora de seguridad con base en Houston.

Llegará a Chile en junio próximo invitado por la UAI junto a la plataforma La Otra Mirada, para dictar una conferencia el 16 de junio a las 8.30 am en el Hotel W. En el encuentro titulado “La otra mirada de Rudy Giuliani” abordará las temáticas que lo han caracterizado durante los últimos 30 años relativas a la seguridad pública y ahondará en las elecciones presidenciales de Estados Unidos en las que públicamente ha apoyado al pre-candidato republicano Donald Trump.

Más información de su visita a Chile en el correo comunicaciones@uai.cl

Fuente: UAI.CL

Rudy Giuliani dictará conferencia en Chile

El liderazgo con que se vio a Rudolph Giuliani durante los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 sobre Nueva York fue el hito que maximizó su popularidad como alcalde de la Gran Manzana y lo terminó por elevar como figura de carácter mundial. La revista Time lo reconoció como “Persona del Año” y fue condecorado por la reina Isabel II, además de recibir el premio Ronald Reagan Presidential Freedom, de manos de la ex Primera Dama Nancy Reagan.

Giuliani -a quien sus cercanos llaman Rudy- estará de visita en Chile el próximo 16 de junio, invitado por “El Mercurio” y la plataforma La Otra Mirada, además de la Universidad Adolfo Ibáñez. En el Hotel W, el abogado y político estadounidense será protagonista de la conferencia “La Otra Mirada de Rudy Giuliani”, en la que abordará las distintas temáticas que lo han caracterizado en las últimas décadas, partiendo por las relacionadas a la seguridad pública.

Giuliani fue elegido alcalde de Nueva York en 1993, puesto que ocupó por dos períodos consecutivos, culminando a fines de 2001. Para entonces, las listas de bienestar social de la ciudad se habían reducido aproximadamente en 700.000 beneficiarios, lo que da cuenta de las mejoras económicas alcanzadas, y -lo que más se ha mencionado- el crimen había bajado 57%. Esto significó un reconocimiento por parte del FBI como la ciudad más segura de los Estados Unidos.

Entre sus cercanos se destaca que varias de las estrategias sobre cumplimiento de la ley implementadas bajo su mandato en Nueva York para disminuir la criminalidad -para lo cual fichó a William Bratton- se convirtieron en modelo a seguir para otras ciudades alrededor del mundo, incluyendo el programa CompStat, que ayuda a monitorear la actividad delictual. Este programa incluso recibió el premio en Innovaciones Gubernamentales otorgado por la escuela de Gobierno Kennedy de la Universidad de Harvard.

Apoyo a Donald Trump

Desde que dejó la alcaldía de Nueva York, Rudolph Giuliani ha dedicado mucho de su tiempo a proyectos personales. En enero de 2002 fundó la consultora en seguridad Giuliani Partners LLC, donde es actualmente presidente y director ejecutivo. Esto no ha significado que se haya alejado de la política. Al contrario, ha sido muy activo en apoyar las campañas presidenciales de los candidatos republicanos a la Casa Blanca e incluso participó en la elección interna para definir el candidato del partido en 2008, pero no avanzó.

Más recientemente, el ex alcalde dio su apoyo al aspirante presidencial republicano Donald Trump, de acuerdo a declaraciones citadas por el periódico New York Post. Allí explicó que aunque no estaba de acuerdo en todos los planteamientos de Trump, sí confiaba en él para gestionar asuntos como la economía, la inmigración o la seguridad.

Giuliani comenzó su carrera como asistente jurídico para el Juez Lloyd F. MacMahon en una corte del Distrito Sur de Nueva York. En 1970 se unió a la oficina del Fiscal General y pronto se convirtió en Jefe de la Unidad de Narcóticos. En 1975 fue reclutado por Washington en distintos cargos asociados a la Fiscalía General y dos años más tarde regresó a Nueva York para trabajar con la firma de abogados Patterson, Belknap, Webb and Tyler . En 1981 fue nombrado por el Presidente Reagan como subsecretario del Secretario de Justicia, la tercera posición dentro de la jerarquía de ese departamento. En dicho cargo supervisó las oficinas del Fiscal General de Estados Unidos y las agencias de cumplimento de ley federal del Departamento de Justicia. En 1983 se convirtió en fiscal del Distrito Sur de Nueva York, donde sus esfuerzos por judicializar el crimen de cuello blanco y la corrupción gubernamental fueron reconocidos. Durante su carrera como fiscal, logró 4.125 condenas, de las cuales solo 25 fueron reversadas. Antes de asumir como alcalde, había regresado al mundo privado como socio de la firma White & Case y luego en Anderson, Kill & Olick .

Fuente: El Mercurio 

 

Deirdre McCloskey: Sorprendente biografía en pro del libre mercado y el cambio de sexo

Noticia de lasegunda.com

En su reciente visita a Chile, la economista de la U. de Illinois abordó tanto su crítica al enfoque que impera en el capitalismo como las lecciones a partir de su cambio de género, ámbitos que explican tanto su obra intelectual como su campaña antidiscriminación.

 

“¡Qué alivio, pensé que me ibas a decir que te convertiste al socialismo, lo que habría sido mucho peor!”. Así reaccionó el rector de la U. de Iowa, cuando uno de sus docentes estrella le anunció que cambiaría de sexo y de Donald se convertiría en Deirdre McCloskey. La anécdota revela cómo su sorprendente elección personal en 1995, repercutió en la esfera profesional de esta doctorada de Harvard, que ha alcanzado renombre mundial por sus agudos análisis del estado actual capitalismo y su crítica al papel de los economistas en la sociedad.

Reacción que se extendió a sus compañeros de academia, quienes del estupor pasaron a una aceptación generalizada, afirma. “A partir del principio de la libertad, ellos consideraron que yo tengo derecho a hacer lo que quiera si no le hago mal a nadie, y me dieron su reconocimiento” relató McCloskey en Santiago, la semana pasada, al dar su testimonio en la Fundación Iguales -que preside el escritor Pablo Simonetti – en apoyo a la campaña por la ley antidiscriminación, como parte de su visita a Chile para dar dos conferencias en el Centro de Estudios Públicos (CEP).

Contra lo que pudiera esperarse desde su mirada valórica y su obra intelectual de crítica mirada al sistema -como es el caso de su último libro “Dignidad de la burguesía: Por qué la economía no puede explicar el mundo moderno”- McCloskey mantiene una firme adhesión al libre mercado, que conoció en su propia cuna en la U. de Chicago desde fines de los sesenta y en estrecho trabajo con Milton Friedman. Una experiencia desde la cual hace una clara diferencia de principios entre el libremercadismo y el pensamiento conservador.

“El conservador busca que cada persona se quede en su lugar sin darle libertad, y hace distinciones entre ellas. El argumento debiera ser: bueno si esa persona cree en la libertad, entonces también debiera respetar la libertad personal, pero el problema es que los verdaderamente conservadores no atienden ese tipo de argumentos. Pero ése es un problema de los conservadores, no está en el libre mercado”, afirma.

De ahí que a pesar de su profunda crítica a lo que denomina “economía modernista”, McCloskey no duda en romper paradigmas haciendo un rescate del capitalismo y sus virtudes como la capacidad de dar forma a “un tipo de sociedad que podría educarnos en la diversidad. Y aunque no es una manera muy profunda de graficarlo, es un hecho que en este sistema uno se pasa optando entre productos, a la larga uno se acostumbra a las diferencias y las elecciones”.

En los últimos 15 años, la brillante carrera académica de esta profesora de la U. de Illinois ha estado marcada por el cruce de mundos que vivió desde su transformación en mujer. “En un congreso de economistas en Holanda, era la única entre 20 hombres, planteé un punto que nadie tomó en cuenta. Pero a los cinco minutos, un colega propuso lo mismo y ahí sí que el resto lo celebró instándolo a escribir un ensayo al respecto. Y dije: ¡Por fin me están tratando como una mujer!, aunque debo decir que fue la última vez que disfrute así desde esa perspectiva”, relata

Pese a su buen humor, McCloskey no esquiva los costos personales que pagó por su opción. Tal como detalla en su libro autobiográfico, “Crossing: A Memoir” editado en 1999, contra su voluntad, ingresó en tres oportunidades a establecimientos siquiátricos a instancias de su hermana menor, profesora de psicología empeñada en boicotear su cambio de sexo. De estos encierros, cuenta, sólo pudo salir con abogados y pagando elevados honorarios.

Aunque se declara firme en sus decisiones – “no tendría de nada de quejarme de mi vida y he tenido mucha suerte en verla desde dos lados”-, McCloskey no oculta su pesar por otras heridas que arrastra en la esfera familiar.

Y es que antes de su cambio de género a los 53 años, tuvo un matrimonio por 30 años del que nacieron dos hijos, con quienes hasta hoy perdió todo contacto. “La parte más triste es la de la relación con mis hijos, que no veo por decisión de ellos, lo que también implica la lejanía de mis nietos”.

Ley antidiscriminación y anglicanismo

Con una biografía como ésta, no extraña la autodefinición de McCloskey como “postmoderna, pro libre mercado, cuantitativa, anglicana, feminista y aristótelica”.

La referencia a la religión no es casual, ya que su adhesión a la Iglesia Anglicana se fue encaminando a la vertiente del cristianismo episcopaliano, que practica en una congregación “progresista” de Chicago, cuya apertura a las minorías sexuales le quedó clara al ver que no es la primera transexual en los oficios y que el pastor es gay.

“Soy una persona muy religiosa. Esta congregación sigue el camino de Jesús y no la vía del enojo y la dureza de otras iglesias cristianas, que no comprendo. Hay que dejar a la gente vivir su identidad a su manera”, argumenta.

Por eso es que su carta de apoyo a ley antidiscriminación en Chile dirigida a cada parlamentario, concluye así: “Los llamo a mantener la reputación de su país como un crisol de diferentes clases de personas, un país libre donde cada uno -heterosexual o no- es tratado con el respeto debido a un hijo de Dios. Los exhorto a tomar el camino de los derechos humanos, el camino que Jesús de Nazaret articuló hace ya tanto tiempo”.

Ejemplo para el proselitismo de las minorías

“Un ejemplo como el de la profesora McCloskey lo que más nos aporta es un sentido de orgullo de ser quien se es y no ocultarlo, sino todo lo contrario y hacer de eso parte de tu fortaleza”, asevera Pablo Simonetti de la fundación Iguales.

McCloskey está consciente del efecto que tiene su biografía en favor de la diversidad, en especial hacia minorías como las personas que cambian de género. “Hay que hacer ver a los políticos que éste es un movimiento internacional y que si el país no avanza en temas como la inclusión de las personas trans, se está quedando atrás respecto de otros países y de esta época”, dice la economista.

“Es una persona brillante en términos intelectuales y profesionales, y que además dedica tiempo importante al activismo. Es muy importante para demostrar que los transexuales pueden salir adelante a pesar de todas las barreras que existen. Habitualmente se muestra a personas trans estigmatizándolas y reduciéndolas a prostitución o la delincuencia, y si bien esa es una realidad que existe en un sector de dentro de la comunidad, no representa toda la realidad”, señala Valentina Verbal , coordinadora trans de la Fundación Iguales.

Noticia de lasegunda.com

McCloskey y las predicciones en economía

Noticia de elmercurio.com
LORETO COX De alguna manera, u otra, la crisis financiera ha puesto en tela de juicio el rol de los economistas, al menos desde el punto de vista de su capacidad predictiva. El escalofriante documental Inside Job (2010), de Charles Ferguson, presenta esto de buena manera: detrás de la crisis económica mundial de 2008, que costó a decenas de millones de personas sus ahorros, sus trabajos y sus casas, hubo una serie de predicciones económicas erradas (y muy bien pagadas) en las que se confió más de lo que correspondía. Aun dejando de lado el grave problema de conflictos de intereses que la película denuncia, cabe cuestionar la pretensión de exactitud de aquellas predicciones. En una escena clave, se les pregunta sobre esto a economistas importantes de las financieras, de las calificadoras de riesgo y de la academia, y la respuesta se repite: no eran más que opiniones. No obstante, es poco probable que lo hayan planteado así al momento de cobrar por ellas.

El problema de fondo tiene que ver con cuál es el fin de la ciencia y con cuáles son sus propios límites. En este contexto, Deirdre McCloskey -Ph.D en Economía en Harvard, ex economista de Chicago y actualmente profesora de economía, historia, inglés y comunicación en la Universidad de Illinois y profesora de historia económica en la Universidad de Gotemburgo-, quien se define a sí misma como “posmoderna, pro libre-mercado, cuantitativa, anglicana, feminista y aristotélica”, tiene mucho que decir.

Para McCloskey, las personas tienen una tendencia a buscar certezas, que a fin de cuentas, refleja un deseo por controlar el mundo. De ahí que oráculos y magos sean una constante antropológica. Pero el advenimiento del mundo moderno, con sus avances tecnológicos y su fe descomunal en la racionalidad humana, traspasó en alguna medida este rol de adivinadores a los científicos.

En el caso de la economía, esto es claro y quedó consagrado en el ya mítico artículo de Milton Friedman sobre metodología (1953): “la tarea es proveer un sistema de generalizaciones que pueda ser usado para hacer predicciones correctas sobre las consecuencias de cualquier cambio en las circunstancias”. Tanto así, dice Friedman, que en la medida en que las predicciones sean correctas, da lo mismo si los supuestos usados son falsos.

McCloskey no cree que haya problema con que la predicción sea uno de los fines del conocimiento, el problema está en creer que es el único relevante. Esto no sólo porque desatiende, entre otras cosas, a la explicación como objetivo de la ciencia (por ejemplo, la teoría de la evolución no predice nada, sino que sólo explica), sino también porque implica desconocer sus propios límites. La razón la da la misma teoría económica: en equilibrio, no es posible hacer predicciones rentables (si lo fueran, el mercado se ajustaría y, entonces, dejarían de serlo). Creer que las predicciones pueden generar riqueza así como así es olvidarse del problema de la escasez. Por eso, éstas operan sólo dentro de los márgenes, deben ser costosas y no pueden, por ejemplo, aparecer así nomás en los diarios (si éstas efectivamente tuvieran la capacidad de hacernos ricos, ¿por qué querría el predictor compartirlas con todos nosotros?). Y lo mismo vale para el resto de las ciencias sociales, si las maneras de ganar votos o de alcanzar rápidamente la felicidad pudiesen predecirse, ¿por qué no las han seguido todos los políticos y todos los mortales, respectivamente? A los economistas y demás cientistas sociales que creen dominar el futuro con exactitud, McCloskey les dice: “if you’re so smart, why ain’t you rich?” (Si eres tan inteligente, ¿por qué no eres rico?).

Y no es que esto hable mal de la capacidad de nuestros científicos, sino que tan sólo refleja la complejidad del objeto de estudio -los hombres y sus creaciones-. Quizá sea mejor comprender ex ante y no sólo ex post, que nuestros juicios no son sólo tecnicismos científicos, sino que tienen algo, además, de opiniones.

En tiempos en que se oyen fuertes críticas a la precisión de las predicciones de los economistas y, también, a su actual predominio en el diseño de las políticas públicas, tal vez valga la pena prestar atención a las críticas y abrirse algo hacia nuevas formas de argumentar. Aquí, McCloskey juega un rol importante, no sólo porque conoce en primera persona el quehacer de los economistas, sino que también porque ama profundamente la disciplina. Y, afortunadamente, ella estará de visita la próxima semana en el Centro de Estudios Públicos y en la conferencia de economistas de LACEA.

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Economistas, pretensiones y quehaceres. Breves notas sobre la crítica de Deirdre McCloskey a la economía modernista

Noticia de cepchile.cl

En 1970 Deirdre McCloskey recibió su doctorado en economía en Harvard. Trabajó en la Universidad de Chicago entre 1968 y 1980, obteniendo los tenures en economía en 1973 y en historia en 1979. Escribió decenas de artículos sobre historia económica británica, historia de las finanzas internacionales y sobre la revolución industrial, publicándolos en prestigiosos journals de economía.

Tras lo que ella misma denomina “una juventud positivista”, comenzó a interactuar con académicos de otros departamentos de ciencias sociales, lo que le generó fuertes inquietudes acerca de que la forma estándar de argüir en economía fuera la única válida.

Luego de años de investigación interdisciplinaria, McCloskey construyó una crítica profunda a lo que ella denomina economía modernista. Esta crítica resulta destacable, pues proviene de alguien que conoce en primera persona y, más aún, ama la disciplina. Los pilares de su argumento se encuentran en tres de sus libros: The Rhetoric of Economics (1985), If You’re So Smart: The Narrative of Economic Expertise (1990) y Knowledge and Persuasion in Economics (1994). Este breve artículo no pretende más que esbozar algunos puntos relevantes de esta parte de su obra.

Uno de sus puntos de partida es que toda vez que alguien dice algo está haciendo uso de la retórica, pues inevitablemente usamos lenguaje para comunicarnos y no existe una sola forma de decir cada cosa. Así, la economía tiene su retórica y debe someterse a análisis. McCloskey encuentra que en su versión modernista extrema, es como si el estilo retórico de la economía hablara sobre una verdad que está “escrita en los cielos”, apelando a una “retórica de no tener retórica”, ante la cual no quedaría más opción que una “aprobación unánime”.

Sin embargo, sabemos que en la ciencia económica, como en todos los campos de la vida, existen importantes desacuerdos, y aun la evidencia más ‘dura’ admite variadas interpretaciones. Y es que finalmente, como arguye McCloskey, es muy dudoso que los científicos puedan acceder a la verdad, conociéndola de manera exacta.

McCloskey critica también varios asuntos puntuales del quehacer de los economistas, tales como la obsesión por el uso de un razonamiento excesivamente formal que olvida la relevancia de la realidad, o como un culto excesivo a la significancia estadística como medida de la importancia de los resultados. Más aún, McCloskey cuestiona que la ciencia económica deba guiarse por reglas metodológicas formales que limitan las maneras de argumentar y dificultan el diálogo con las demás disciplinas.

Si bien resolver los aspectos que McCloskey critica en la forma imperante de hacer economía es una tarea difícil, tal vez el solo hecho de tomar conciencia de estas críticas contribuiría a hacer a los economistas más humildes en su rol de adivinos e ingenieros sociales, permitiéndoles participar de mejor manera en el ejercicio deliberativo que es indispensable para la democracia.
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El discurso contra el capitalismo se vuelve peor después de cada crisis

Noticia de economiaynegocios.cl

lunes, 07 de noviembre de 2011

Marcela Vélez
Economía y Negocios

La profesora de Economía e Historia de la Universidad de Illinois cree que el capitalismo vive un período delicado, ante el riesgo de que los políticos tomen las medidas equivocadas por la presión popular.
Deirdre McCloskey se describe a sí misma como una feminista, aristotélica, posmoderna, defensora del libre mercado y economista, que alguna vez fue hombre.

No sólo su descripción personal puede parecer rupturista. Su tesis sobre por qué las sociedades enriquecen, también desafía los parámetros comunes. Quizás por eso, en medio de las recientes críticas a la economía, la voz de esta economista de Harvard y profesora de la Universidad de Illinois ha ganado notoriedad.

“Dignidad de la Burguesía: Por qué la Economía no puede explicar el mundo moderno” es el último de sus 15 libros y lo presentará esta semana en Santiago, invitada por el Centro de Estudios Públicos y como una de las conferencias del encuentro económico Lacea-Lames 2011.

McCloskey sostiene que la única forma de crecer es a través de una valoración social de la innovación y del emprendimento, como sucedió más recientemente con China e India. De ahí que la premisa de su libro es que el gran salto de la sociedad moderna no se puede explicar por conceptos meramente económicos, sino sociológicos: “No fue el comercio ni los recursos naturales, el gran cambio fue la innovación y un nuevo aprecio por la clase media”.

-¿Y por qué las teorías económicas no pueden explicar el mundo moderno?
“Porque creen que el crecimiento económico tiene que ver con inversión, y no es así, tiene que ver con innovación, con novedad, con descubrimiento”.

“Hubo un cambio en Europa occidental hacia finales de 1600. Antes de eso, la clase media era vista como mala y corrupta. Eso cambió y era honorable ser un comerciante, un ingeniero o un inventor…”.

-¿Eso ha cambiado? ¿Estamos volviéndonos en contra de los comerciantes, los ingenieros, etcétera…?
“Sí, y a veces somos muy duros. Hay una actitud muy dura hacia los ricos. Por más de un siglo, economistas, analistas, académicos, periodistas, han creado un discurso contra el capitalismo y, claro, se vuelve peor después de cada crisis”.

McCloskey ve con preocupación las protestas que hay en contra del sistema económico alrededor del mundo. No las entiende, afirma. Pero duda o al menos espera que no logren cambiar las bases de la economía occidental. Aunque reconoce que el capitalismo está en un período “delicado”.

-¿Cree que después de este período de críticas y protestas contra el sistema podríamos arribar a una nueva forma de capitalismo? Parece que de repente, al menos aquí en Chile, el modelo está muy cuestionado.
“Eso es muy triste. Si el cuestionamiento se generaliza… las ideas son muy poderosas, las ideas pueden generar cambios, y algunas veces para peor. Creo en redes de seguridad, creo en educación financiada por el Estado, pero también estoy convencida de que la principal vía para generar crecimiento y enriquecer a las personas es la innovación que permite el mercado”.

“Si los políticos tienen que intervenir, deben hacerlo inteligentemente, subsidiar mejor la educación básica, que es lo realmente importante; revisar el diseño del sistema impositivo, que al menos en Estados Unidos es demasiado complicado… Lo que la gente necesita es sentir que el gobierno está tratando de hacer algo”.

-¿Deben los gobiernos entonces responder a las demandas sociales con grandes cambios?
“El riesgo es que los gobiernos traten de hacerlo nacionalizando determinada industria o interviniendo masivamente, y es bastante difícil que los gobiernos y funcionarios públicos puedan hacer un trabajo mejor que el mercado”.

“Es un período peligroso para el capitalismo… Si las medidas que se toman van hacia la dirección de una economía centralizada, eso sería desastroso”.

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