David Gallagher: “Solidaridad latinoamericana”

Estos últimos días nos han recordado nuestra pertenencia a América Latina, lo que no está de más, dada nuestra ubicación geográfica y el hecho de que, a un año de gobierno, nuestra orgullosa excepcionalidad esté dando muestras de fragilidad, tanto que voceros oficialistas ahora dicen que Chile “sigue siendo” un país confiable y estable; un “sigue” que hace poco era inconcebiblemente superfluo.

Primero, hubo la cumbre de Panamá, pródiga en discursos demagógicos de Morales, Maduro, Castro y Correa: los fogosos de siempre. Se le atribuye a Obama decir que las cumbres latinoamericanas son muy entretenidas, y para él lo deben ser, como lo es para un nórdico visitar Brasil en carnaval. Pero había un subtexto alentador en Panamá. Desde ya, la reunión entre Raúl Castro y Obama. Inolvidable la imagen de Castro, vestido de traje gris oscuro y camisa blanca, sentado frente a Obama, los dos con corbatas parecidas, separados solo por un florero con rosas blancas en una pequeña mesa redonda. Castro diciéndole a Obama que en Cuba estaban “dispuestos a hablar de todo, con paciencia, con mucha paciencia”, alargando con su voz ronca la “o” de “todo”. Una muy mala noticia para Nicolás Maduro, porque el astuto cubano parece haber decidido que ya no es tan rentable Venezuela como colonia cubana. Más lo es acercarse al antiguo y vil colonizador de Cuba.

Aun peor noticia para Maduro fue la presencia en Panamá de Lilian Tintori y Mitzi Capriles, cuyos maridos están recluidos en la cárcel militar de Ramo Verde, en Caracas. El tremendo testimonio de estas bravas mujeres, de cómo se están violando los derechos humanos en Venezuela, con detenciones arbitrarias, torturas, asesinatos y desapariciones, socavó el ímpetu del caudillo bolivariano, con sus amenazas tenebrosas de “radicalizar la revolución”. Mitzi y Lilian hicieron ver que el desgobierno de Maduro está llevando a su país a ser un estado fallido, con una temible crisis humanitaria en ciernes.

Estos últimos días, ellas nos han estado visitando en Chile. Al oírlas, uno siente orgullo de ser parte de la América Latina noble y valiente que ellas representan. Yo entre 1977 y 1980 viví en Caracas cuando Chile estaba en dictadura y Venezuela era un ejemplo de prosperidad y democracia, que se estudiaba como tal en todo el mundo. Adquirí magníficos amigos allí, gente cálida, culta, acogedora. Por eso me emocionó la visita de estas valientes mujeres. No hay nada que haya pasado en su país que no nos podría pasar a nosotros, por lo que espero que su visita nos sirva como llamado de atención, para que cuidemos Chile.

Por cierto no se trata de un tema de izquierdas y derechas. ¿Por qué es de izquierda esa dictadura cuasi militar de un tirano populista como Maduro? ¿No es el chavismo más bien una versión criolla del fascismo? Con razón Mitzi y Lilian, quienes el lunes visitaron el Museo de la Memoria, quedándose espantadas con lo que vieron allí, le piden a la Nueva Mayoría algo de la solidaridad que Venezuela les mostró en la época del exilio chileno. Después de todo, la solidaridad internacional, incluida la venezolana, fue clave en el triunfo del No. Felizmente la respuesta ha sido de acogerlas con generosidad. Curioso en todo esto el caso de la Presidenta Bachelet. ¿Habrá creído que Chile gana algo complaciendo a un ” bully ” como Maduro?

La próxima semana nos visita otra mujer brava, la disidente cubana Yoani Sánchez. Sería notable -por improbable- que la recibiera en La Moneda una Presidenta que al visitar Cuba en 2009, no quiso conversar con los disidentes cubanos. En cambio corrió a ver a Fidel, quien al día siguiente sacó una columna pidiendo mar para Bolivia.

Así son los ” bullies ” cuando los complacen.

 

Publicada en El Mercurio