Ayaan Hirsi Ali: “Emancipar a las mujeres es la mejor manera de terminar con el islamismo radical”

Durante su visita al país, la activista ex musulmana hoy firme defensora del liberalismo clásico, fue enfática en recalcar la importancia del rol de la mujer como factor central para terminar con el fundamentalismo religioso.

SANTIAGO.- Hasta hace unas semanas, la figura de Ayaan Hirsi Ali era casi completamente desconocida en Chile. Hoy, no es que a todos les suene su nombre, pero ya hay círculos que comienzan a seguir sus postulados, que están leyendo sus libros y se están interesando por los temas que plantea. Y es simple y claro: Ayaan Hirsi Ali se propuso advertir del tremendo problema que podría significar para el mundo el avance del radicalismo islámico.

Habla con la propiedad y seguridad que otorga la experiencia. Creció en una familia que practicaba profundamente el islam en la Somalía de los ’70; tuvo que arrancar del país con sus cercanos y ser nómada en Arabia Saudita, Etiopía y Kenia; sufrió la ablación a los 5 años; en su juventud siguió fervientemente a los Hermanos Musulmanes; en 1992 su padre concertó su matrimonio con un primo que residía en Canadá, al que nunca había visto. “La historia de cualquier muchacha del lugar de donde provengo”, ha sostenido en numerosas ocasiones. Pero ella se rebeló.

Camino a Canadá su avión hizo escala en Alemania y escapó a Holanda, donde pidió la residencia argumentando ser una refugiada. Consiguió la ciudadanía, aprendió el idioma, trabajó de intérprete para los refugiados somalíes que pedían ayuda, reviviendo todo tipo de historias propias. Estudió Ciencias Políticas, hasta que llegó a ser diputada en ese país. Hizo un documental con Theo Van Gogh titulado “Sumisión” (la traducción literal de la palabra árabe Islam), obra que le costó la vida a su socio holandés: fue asesinado por un marroquí en pleno Amsterdam en 2004, mismo año que estrenaron el video en la televisión pública holandesa.

Hoy, Ayaan Hirsi vive en Estados Unidos, trabaja en la Universidad de Harvard y se mueve con un equipo de seguridad que la protege de todas las amenazas a muerte que ha recibido. “Es cierto que he pagado un precio alto por todo esto. Pero yo soy feliz sintiendo que estoy luchando por la libertad de muchos otros”, comentó en La Tercera hace unas semanas.

Islam como doctrina y musulmanes como personas

Este lunes, en un almuerzo en Santiago organizado por Fundación Para el Progreso -que la trajo a Chile para dictar una charla-, Ayaan Hirsi fue clara con los comensales: “Yo distingo entre el islam como doctrina y los musulmanes como personas. No todos los que siguen al Corán son extremistas”. Y este punto es central en su pensamiento, porque hasta el 2011, ella estaba convencida de que el problema era el Corán y por ende, toda persona que siguiera a Alá, estaba condenada a ser fundamentalista. Sin embargo, llegó la llamada “Primavera Árabe” y con ella cambió su visión.

“En 2011 me di cuenta que hay una corriente reformista, que hay musulmanes que se atreven a decir públicamente que no hay que tomar el Corán literal, sino que poner las palabras escritas en contexto”, explicó. “Es como lo que hizo Lutero: si uno analiza el Antiguo Testamento de la Biblia también es muy fuerte, pero no lo toman literal”, continuó.
Y ahí viene una de sus principales teorías y por la que recorre el mundo -ahora Chile- creando consciencia: “Si no se toma literalmente el Corán, puede empezar a permear el pensamiento crítico, que es lo único que lleva a la libertad. No hay que enseñar qué pensar, sino cómo pensar. Y eso es lo que ha hecho (hasta ahora, recalca, con un dejo de escepticismo en su cara) Occidente”. Así, sigue la conversación hasta que llega a su punto central. Explica que permitir relativizar el Corán puede terminar con la opresión a la mujer. Si esto ocurre, dice, “la mujer musulmana puede aspirar a ser igual al hombre y ahí vendrá el verdadero cambio. Emancipar a las mujeres es la mejor manera de terminar con el islamismo radical”, sentenció.

Y este mismo postulado dicho directamente hoy en un almuerzo es el que sostiene en su primer libro, que retrata su historia. “A las mujeres se les niegan sus derechos sociales y económicos en nombre del islam, y mujeres ignorantes crían hijos ignorantes. Los hijos que ven cómo sus madres son golpeadas aprenden a usar la violencia”, describe en el texto Infiel.

En este contexto, la noticia de que las mujeres recién en 2018 tuvieran permiso para manejar en Arabia Saudita, para ella no es nimia: “es un hecho trascendental para toda musulmana, la sociedad se empieza a abrir a pensar que las mujeres quizás pueden tener libertad”. Y se ve esperanzada.

En definitiva, Ayaan Hirsi Ali es una activista que a través de su historia quiere hacer consciente a los demás de por qué la libertad es un fin en si mismo y los fundamentalismos -todos ellos- son corrosivos para la humanidad. Ella lo hace poniendo como ejemplo el islamismo duro, pero no tiene problema en extenderlo a los ultra nacionalismos, las políticas identitarias extremas y “todos esos términos que son una manufactura hecha para prohibir cosas y terminar así con el pensamiento crítico. Que se publique todo y luego debatamos, habiendo enseñado a nuestros niños a pensar”, sentencia.