Yoani Sánchez: “Una visita más simbólica que política”

La última vez que un presidente de Estados Unidos visitó Cuba no se había inaugurado el capitolio de La Habana, moría el estelar lanzador de béisbol El Diamante Negro y mi abuela era una niña de pelo alborotado y mirada penetrante. No queda nadie que recuerde ese momento para contarlo en primera persona, de manera que la llegada de Barack Obama a la Isla será una situación inédita para todos los cubanos.

¿Cómo reaccionará la población? Con alegría y alivio. Aunque poco puede hacer el presidente de otro país por cambiar una nación donde los ciudadanos hemos permitido una dictadura, su visita tendrá un fuerte impacto simbólico. Nadie niega que el inquilino de la Casa Blanca resulta más simpático y popular entre los cubanos que el anciano y poco carismático general que heredó el poder por vía sanguínea.

Cuando el avión presidencial toque suelo en la Isla, el discurso de barricada que tan hábilmente ha levantado el Gobierno cubano durante más de medio siglo sufrirá un golpe irreversible. No es lo mismo ver a Raúl Castro y a Barack Obama darse la mano en Panamá, que ese encuentro en el territorio que hasta hace poco estaba lleno de vallas contra “el imperio” y burlas oficiales al Tío Sam.

La prensa del Partido Comunista tendrá que hacer malabarismos para explicarnos el recibimiento oficial al comandante en jefe de las fuerzas armadas del “país enemigo”. Los militantes más recalcitrantes se sentirán traicionados y quedará en evidencia que, detrás una supuesta ideología, solo hay la determinación de aferrarse al poder con las estrategias típicas de los camaleones políticos.

En la calle, la gente vivirá con entusiasmo ese acontecimiento inesperado. Para la población negra y mestiza, el mensaje es claro y directo en un país donde una gerontocracia blanca controla el poder. Quienes tengan una camiseta o un cartel con el rostro de Obama lo lucirán por esos días, aprovechando la permisividad oficial. Fidel Castro morirá un poco más en su custodiado refugio habanero.

La cerveza Presidente se agotará en las cafeterías, donde se escuchará en voz alta la frase de “dame dos Obamas más”, y no es de dudar que esa semana los registros civiles inscriban a varios recién nacidos como Obamita de la Caridad Pérez o Yurislandi Obama. Pepito, el niño de nuestros chistes populares, estrenará un par de bromas para la ocasión y los vendedores de baratijas sacarán productos con el perfil del abogado y las cinco letras de su nombre.

No obstante, algo queda claro, más allá de la hojarasca del entusiasmo, el mandatario estadounidense no podrá cambiar Cuba y es mejor que ni lo intente, porque este entuerto nacional es nuestra responsabilidad. Sin embargo, su viaje tiene un golpe de efecto duradero y debe aprovechar la oportunidad para enviar un mensaje alto y claro frente a los micrófonos.

Sus palabras deben dirigirse a esos jóvenes que ahora mismo arman la balsa de la desesperación en sus cabezas. A ellos hay que hacerles saber que la miseria material y moral que los rodea no es responsabilidad de la Casa Blanca. La mejor manera en que Barack Obama puede trascender para la historia de Cuba es dejando claro que los culpables del drama que vivimos están en la Plaza de la Revolución de La Habana.

Publicado en: El Líbero

Ernesto Medalla: “La sociedad civil”

El rol de la sociedad civil es fundamental, Guy Sorman un optimista por excelencia, nos recuerda que son las personas las que marcan diferencias claves en la sociedad, pues ésta genera cambios desde el propio anhelo personal y no por una planificación central que determine nuestras vidas.

Entre tantos intelectuales que visitan nuestro país, con visiones diversas, creo que no está de más recordar esta postura. Creer en las personas y que éstas se pueden desarrollar buscando su propia felicidad son ejes claves para comprender el rol de la Sociedad Civil.
Nuestro futuro no puede ser oscuro, recordemos que somos cada uno quienes forjamos nuestro destino y como dice Sorman “el pesimismo nos lleva a no avanzar en libertad”.
Ernesto Medalla
Analista Círculo Acton Chile
Publicado en La Estrella de Valparaíso.

Ángel Soto: “Crisis de Occidente y occidentalización del mundo”

A veces pareciera que todo se derrumba. Aquello en lo que vivimos —y hemos creído— nos deja la sensación que no fue más que algo pasajero o tal vez una burbuja. Esa es la impresión que podría dar al lector mirar lo que está pasando en el mundo: “Crisis”, “aún no llega lo peor”, “hay que estar preparados”.

El concepto de crisis da la impresión que —a diferencia de lo que ocurría en el pasado— llegó para quedarse. Evidentemente, éstas no tienen porque ser negativas. Sin embargo, tradicionalmente las asociamos a un estado de cierto malestar, tal vez debido a que una de sus características es que producen incertidumbre frente al cambio y suelen estar acompañadas de pesimismo.

Claro —como dice GuySorman—, ser pesimista tiene sus ventajas, ya que predecir lo peor y ante una señal de catástrofe jactarse de haberlo dicho es mucho más fácil y redituable, estratégicamente hablando. En tanto que ser optimista es mucho más peligroso, pues requiere mirar el horizonte, discernir la tendencia dominante y creer que hay algo mejor en el mejor mundo posible. Y de paso, luchar porque las noticias buenas no venden.

Difícil encontrar este tipo de relatos optimistas del mundo actual, pero los hay. Por eso me llamó, profundamente la atención el nombre del libro que escribió este intelectual francés, titulado: “Diario de un optimista”, que tiene como subtítulo: “observaciones de un economista filósofo acerca de nuestro mundo”.  Ahí lo entendí. No es una mirada puramente tecnocrática, sino que incorpora la dimensión humanista, que —como decían en mi época—: “eso explica muchas cosas”.

¿Qué plantea Sorman? Básicamente que, mientras los que estamos dentro de Occidente lo vemos como un sinónimo de crisis, quienes observan desde afuera lo asocian a libertad. Es lo que él denomina: “crisis de Occidente y occidentalización del mundo”.

Existe coincidencia en que un Estado de derecho, propiedad privada y la calidad de las instituciones son elementos básicos para que los países puedan progresar. ¿Qué significa esto? Que en la mirada optimista,Occidente tiene cuerda para rato. Pues si bien algunos se obnubilan con el Asia, y especialmente con China, el optimista —es decir alguien que cree en el progreso y en la libertad— observaría que los chinos aceptarían con gusto nuestras crisis si pudieran tener a cambio algo más de nuestras libertades.

El filósofo francés que comentamos, afirma con bastante razón que, es indudable que el progreso de Asia esta relacionado “con su conversión a los valores occidentales”, pero en China las instituciones son escasas, al tiempo que no podemos aceptar que el desprecio por los derechos humanos sea una “ventaja comparativa”.

Se queja de su falta de innovación, pues —dice— inventamos acá y producimos allá, y es en Occidente dónde sigue actuando la destrucción creativa.

Pero la innovación por sí sola no basta. Aquí, cobra protagonismo el capitalismo moderno que, con EEUU a la cabeza, combinó capital, trabajo e ideas haciendo competitiva su economía, dice el autor. Una cultura empresarial arraigada en la innovación, pero también en la toma de riesgos y la ganancia, fomentados por un imperio de la ley y unos derechos de propiedad que garantiza un Estado de calidad, no un Estado de cantidad.

Es indudable que hoy vivimos en un mundo mucho mejor que hace tan solo 25 años, y la perplejidad respecto de la economía, la democracia e incluso de nuestra identidad cultural solo se explican desde las bondades que entrega el propio sistema de libertades que son la esencia de Occidente.

Quizás, ya es tiempo de considerar la invitación que hace Guy Sorman a mirar de una manera optimista nuestra civilización, siempre perfectible, pero es bueno considerar el vaso medio lleno, más que medio vacío. Occidente no se está derrumbando, y mucho menos están en cuestión la confianza en las ideas que hicieron de esta parte del orbe una sociedad más desarrollada. La historia así lo demuestra, en tanto que la“occidentalización del mundo” lo confirma.

Por Ángelo Soto | @angelsotochile

Publicado en Plan B el 9 de julio de 2014

Foto de www.acague.cl

Álvaro Massardo Delgado: “La importancia de las buenas políticas económicas”

A lo largo del siglo XX la historia de la humanidad fue partícipe de políticas devastadoras en el plano económico, por nombrar algunos ejemplos respecto a aquello, es preciso mencionar que las medidas de colectivización de la tierra en los años veinte en Rusia; las que más tarde se repetirían en la década de los cincuenta en China y en los sesenta en Tanzania – mostrando en ambos casos resultados igual de devastadores-  dejarían a su paso a cientos de millones de campesinos muertos de hambre. Otro hito importante a este respecto fue la desestabilización de la moneda en la Alemania de Weimar, política monetaria que entre otras cosas, facilitó el alzamiento del nazismo, régimen que se encargó del inicio de una de las guerras más trágicas en la historia de la humanidad. Por otro lado, la expulsión de las empresas en Argentina en la década de los cuarenta, y luego en Egipto una década después, tuvo consecuencias realmente negativas, pues dichas medidas tendieron a evitar el progreso, la innovación y la estabilidad económica en esos países. Así las cosas, una de las características que une a todos los acontecimientos mencionados anteriormente es su sustento en malas políticas económicas.

Siguiendo con lo anterior, el siglo pasado fue un siglo de altos y bajos en el que los economistas y las naciones oscilaban entre las políticas económicas que propugnaba el Socialismo de Estado contra la Economía de Libre Mercado. Sin embargo, ante la opción de cuál sería el sistema imperante en el mundo, las políticas económicas tendientes a sostener un sistema de propiedad pública, que dejaba de lado la libre competencia en el mercado, privilegiando un sistema de producción planificada, fueron dejadas de lado poco a poco, siendo remplazadas por políticas tendientes a promover la propiedad privada, la libre competencia y en las que la producción es determinada por los privados, no por el Estado.

¿Cómo ocurrió lo anterior? Las malas políticas económicas fueron dejadas de lado, dando paso a la implementación de buenas políticas económicas. Aquella postura es sostenida por Guy Sorman, economista, periodista y filósofo político francés, defensor del libre mercado, la filantropía y el capitalismo moderno, quien en Marzo del presente año visitará nuestro país.

Sorman en su obra “La economía no miente” nos señala que la “Economía” ha tenido un desarrollo como ciencia independiente racional, refutable y contrastable con la realidad, solo en los últimos dos siglos, pues anteriormente dicha rama del conocimiento se discutía en los círculos intelectuales con vocación de intuición y especulación, sin fundamento empírico.

Hoy en día, dentro de un ámbito científico serio y racional, gracias al desarrollo de modelos matemáticos contrastables con la realidad en que vivimos, es posible demostrar la validez de las teorías económicas mediante su validación, refutación o corrección. No obstante lo anterior, como sostiene Sorman: “En tiempos de crisis suele resurgir el pensamiento mágico, el cual borra la racionalidad alcanzada; la demagogia y el pánico pueden anular las enseñanzas de la ciencia económica” y vaya que tiene razón el autor al sostener esto, pues basta señalar que aquello es fiel reflejo de las políticas económicas implementadas en la actualidad por nuestro gobierno de turno.

Con argumentos claros y precisos a lo largo de las páginas de su obra, Sorman al explicar porque la economía no miente, nos invita a no abandonar la creencia en la implementación de las buenas políticas económicas, aquellas que en el mundo durante las últimas décadas han sacado a la gente de la pobreza, han mejorado sus oportunidades y han permitido a las personas tener – en términos señalados por Milton Friedman- libertad de elegir.

Sorman es claro al sostener que: “Los ciclos económicos son resultado de la innovación. La innovación – ya sea técnica, financiera o gerencial- genera crecimiento, pero no todas las innovaciones son exitosas… sería bueno escapar de los ciclos económicos, pero no hay manera de tener crecimiento sin innovación, innovación sin riesgo, o riesgo sin ciclos económicos. Los ciclos económicos con sus altibajos no son enemigos del progreso económico; el enemigo del desarrollo humano son las malas políticas económicas”.

Alvaro Massardo Delgado
Analista Círculo Acton Chile

Foto de libertad.org.ar